Wednesday, March 14, 2007

Saber decir 'no'

Javier Treviño Cantú
El Norte
14 de marzo de 2007

La gira por América Latina del Presidente George W. Bush no puede considerarse como un simple acto de escapismo político o un ejercicio de relaciones públicas. El viaje obedece a razones de fondo. Para toda la región, empezando por México, puede tener profundas consecuencias.

El viaje ha sido interpretado como un intento por distraer la atención de los escándalos políticos que siguen asolando a la Casa Blanca, y de la desastrosa situación que sigue imperando en Iraq. Pero más que un "descanso de primavera", lo que el Mandatario estadounidense parece estar buscando ante este panorama, son opciones para que el legado histórico de su administración no quede exclusivamente definido por una guerra injustificable.

En el plano interno está esforzándose por trabajar junto con los legisladores demócratas para sacar adelante iniciativas como la reforma migratoria, o evitar que le bloqueen los recursos necesarios para aumentar el nivel de las tropas en Iraq. Y, en el plano externo, desde que nombró a la Secretaria Condoleezza Rice para ocuparse del Departamento de Estado, y ahora con John D. Negroponte como su segundo de a bordo, la diplomacia estadounidense ha tomado un rumbo distinto.

El nuevo enfoque diplomático, definido por el propio Presidente Bush como "más discreto y efectivo", se ha reflejado, por ejemplo, en el acuerdo alcanzado con Corea del Norte, y en la mesa de diálogo que reunió este fin de semana a representantes de 13 países y de tres organizaciones internacionales en Bagdad.

Por supuesto, también se manifestó en la visita del Presidente Bush a cinco países de América Latina, incluyendo a México. En cada uno trató asuntos específicos, que interesan a los anfitriones. Sin embargo, todos y cada uno de los puntos abordados por el Mandatario estadounidense parecieron tener un mismo "hilo conductor".

A pesar de los esfuerzos de los comunicadores de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, la percepción generalizada fue que la gira se diseñó con un solo objetivo: buscar un equilibrio al creciente peso del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Era algo que se esperaba desde hace tiempo. Ante el vacío generado por la falta de atención estadounidense hacia la región, y gracias a factores como la bonanza provocada por los altos precios de los energéticos, el Mandatario venezolano ha logrado articular una opción al modelo de desarrollo impulsado por nuestros vecinos.

También se esperaba que Estados Unidos buscaría sumar aliados para tratar de recuperar el terreno perdido. Desde hace varias semanas, el semanario inglés The Economist sostuvo que son los países latinoamericanos los que estarían mejor ubicados para contrarrestar la influencia de Chávez.

Es una opinión que comparten personalidades como el ex Canciller Jorge Castañeda. En un artículo publicado el 7 de marzo en el diario Washington Post, señaló que, si recibe la "cobertura política y el apoyo financiero" que se requieren, el más indicado para enfrentar a Hugo Chávez sería el Presidente Felipe Calderón. Castañeda es un gran conocedor de la región, y sus opiniones son valoradas por los centros de decisión. Pero esta vez se equivoca. México no tiene nada que ganar entrando en una dinámica de confrontación con Venezuela.

México necesita hacer su propia tarea para recuperar los espacios de interlocución que perdimos en el área durante los últimos años, y concentrarse en aplicar una política exterior activa, con un gran oficio diplomático, que contribuya al desarrollo del País.

Antes que nada, el gobierno del Presidente Calderón tiene que definir la forma en que buscará conducir la relación con Estados Unidos durante los dos años que le restan a la administración del Presidente Bush, y preparar desde ahora el terreno para entrar a una nueva etapa cuando se defina quién será su sucesor. La clave es ver hacia el futuro.

En la reunión de Mérida entre ambos mandatarios vimos que el Presidente Calderón y su equipo desean impulsar una relación más equitativa, de corresponsabilidad frente a los retos que compartimos. Para lograrlo, lo primero que hay que hacer es ganarse el respeto de nuestros interlocutores actuando con seriedad, decisión y consistencia.

"Decir que no" siempre es algo muy difícil. De acuerdo con la reseña publicada en la revista Time, William Ury, director del Proyecto Global de Negociación de la Universidad de Harvard, señala en su más reciente libro que hacerlo pone de manifiesto la tensión entre la capacidad de ejercer el poder con que se cuenta para obtener resultados inmediatos, y mantener abiertas las opciones para seguir sosteniendo relaciones constructivas en el largo plazo.

Después de la gira latinoamericana de George W. Bush, México parece encontrarse precisamente en esta disyuntiva. Si lo que se busca a corto plazo es que nos sumemos, en forma directa o tangencial, a una "coalición de los dispuestos" a competir con Venezuela para contribuir a un legado histórico que no sólo pase por Iraq, habrá que estar dispuestos a decir que no. Con claridad, mucho tacto y, sobre todo, firmeza.

De otra manera, el canto de las sirenas puede hacer que el barco de la relación bilateral vuelva a encallar de aquí al 2009. Son dos años que no podemos desperdiciar.

2 comments:

Andrew Wilson said...

El Presidente Calderón manejó muy bien todos los temas en la reunión con el Presidente Bush. Sin embargo, no podemos esperar mucho. Bush no tiene remedio. No va a lograr avances significativos en el tema migratorio. No tiene fuerza para convencer a los legisladores. La reforma migratoria puede ser resultado del liderazgo Demócrata. Pero no va a ser un triunfo de Bush. Por eso Calderón debe tener cuidado. Es mejor planear bien para lograr una mayor integración a partir del 2009.

Jon said...

Lo mejor que puede hacer México es observar desde lejos y aprender. El 2009 no asegura ninguna mejoría entre las relaciones de México y EUA a menos que Calderón juegue un papel de negociación en lugar de doblar las manos como hizo Fox.

Debemos de dejar el miedo y entrar a jugar nuestras cartas. México pierde su influencia internacional si seguimos siendo la sombra del vecino.