Wednesday, July 05, 2006

México partido

Javier Treviño Cantú
El Norte
5 de julio de 2006

En una democracia ni se gana todo ni se pierde todo. Sin embargo, como en toda competencia, al final del día hay ganadores y perdedores. Y uno de los actores políticos que más parecen haber ganado con el turbulento proceso electoral que seguimos viviendo son los partidos políticos. Mientras esperamos saber en definitiva quién será el próximo Presidente de la República, ya podemos hacer un primer balance sobre el impacto de la contienda en los partidos.

Por lo pronto, entre los más beneficiados por esta elección se encuentran los partidos considerados como "pequeños". El Verde Ecologista, el PT y Convergencia obtuvieron buenas posiciones en el Congreso a cambio de sus respectivas alianzas con el PRI y con el PRD. Sin grandes esfuerzos, seguirán recibiendo jugosos recursos públicos y contarán con la suficiente visibilidad mediática para mantener la apariencia de que juegan una función verdaderamente relevante.

Por su parte, los dos nuevos partidos en busca del registro definitivo lograron obtenerlo. El evidente liderazgo de la promotora que impulsó a Nueva Alianza y la disciplina que demostró su base electoral fueron determinantes para superar la prueba. Ahora, deberá demostrar si su triunfo tiene algún sentido.

En cuanto a Alternativa, a pesar del desgaste provocado por las disputas internas entre las facciones que lo conformaban, este partido logró articular una plataforma atractiva para un segmento del electorado que se identifica con la llamada "izquierda progresista". Su candidata, y el equipo que la rodea, tendrán la oportunidad de promover las políticas públicas que plantearon durante su campaña y de contribuir a la discusión.

Pero, sin duda, los verdaderos ganadores fueron los tres principales partidos de nuestro peculiar universo político. El PAN tuvo, por lo menos, tres grandes logros. El primero fue recuperarse a sí mismo. A diferencia de lo que ocurrió en el 2000, esta vez su candidato no sólo obtuvo la nominación después de un proceso interno que lo revitalizó, sino que es el abanderado de una de las corrientes ideológicas más afines a los orígenes históricos del partido.

El segundo logro del PAN fue revertir la tendencia perdedora que venía sufriendo a nivel estatal desde 2003. Sus victorias en Jalisco, Guanajuato, Morelos y en alcaldías como las de Monterrey y San Pedro en Nuevo León, le dan un renovado impulso electoral. Por si fuera poco, el PAN se consolidó como la primera minoría legislativa, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.

El PRD fue el que más puede haber ganado como partido político en esta elección. Aglutinado en torno a la figura de su candidato presidencial, se reafirmó como una creciente fuerza electoral. Logró superar muchos de los problemas que lo habían distinguido en el pasado, manteniendo una gran disciplina en materia de comunicación y evitando nuevos escándalos. Las diferencias entre sus diversas corrientes y con personalidades como Cuauhtémoc Cárdenas lograron procesarse sin mayores tensiones. Además, confirmaron su abrumadora ventaja en la Ciudad de México, arrasando en la elección para Jefe de Gobierno.

En especial, de confirmarse los datos oficiales preliminares, el PRD logró dar un salto muy importante en el Congreso. Tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado logró elevar su participación a niveles ligeramente por arriba del 29 por ciento. De esta forma, el PRD básicamente duplicó su peso legislativo, con lo que su actuación en ambas cámaras tendrá una mayor trascendencia.

Finalmente, resulta claro que el gran perdedor de las elecciones fue el PRI. Su candidato a la Presidencia no se derrumbó, como algunos anticipaban, pero tampoco logró superar el "techo" electoral en el que lo colocaban la mayoría de las encuestas. Por distintos motivos, ninguno de sus candidatos a las gubernaturas en disputa, a la Jefatura de Gobierno del DF y a las principales alcaldías lograron resultar triunfadores. Lo más grave para este partido es que por primera vez cayó hasta el tercer sitio en las dos cámaras del Congreso.

A pesar de todo, en cierto sentido el PRI también ganó en estos comicios. Por una parte mantuvo una presencia en el Congreso muy significativa, que lo podría ubicar en una posición clave para convertirse en el artífice de los acuerdos que requiere nuestro país. Por la otra ganó la plena certeza de que debe renovarse a fondo si quiere volverse a convertir en una auténtica opción electoral de centro. La decisión está en sus propias manos.

Se ha escrito mucho sobre el papel de los partidos políticos en las democracias contemporáneas. No debería haber duda: los partidos buscan ganar elecciones. Pero ganar elecciones no significa necesariamente apoderarse del Estado. En realidad, el Estado es el que debe adueñarse de ellos y utilizarlos para avanzar, porque la esencia de la política es el debate y los partidos son indispensables para debatir.

La lección de la derrota política tiene que ver con algo que escribía Edmund Burke en sus "Reflexiones sobre la Revolución Francesa": "La adversidad es un instructor severo... En la lucha en su contra templamos los nervios, afilamos nuestras habilidades, aguzamos la inteligencia. Nuestro antagonista es nuestro aliado".

6 comments:

Anonymous said...

¿Y quién se va a encargar de refundar al PRI? ¿Quién podría hacerlo?

Anonymous said...

El futuro del PRI depende de un cambio generacional. ¡Fuera los dinos de Madrazo!

Anonymous said...

El Gober "Copetes" se quiere quedar con el control del PRI. Enrique Peña ya está haciendo muchas declaraciones. Son evidentes sus ansias de novillero. Pero está muy verde. ¿No se da cuenta que el PRI quedó en tercer lugar en el Estado de México?

Jose Luis Torres said...

No se vayan con la finta. El único que puede reformular al PRI es el Gobernador de Nuevo León. Ese ya perdió, entendió la lección, volvió a competir y ganó. Ojalá que no le gane la soberbia. (Por cierto, no se queden como anónimos y pongan su nombre.)

Martín Noyola said...

¿Quiénes serán los líderes del PRI en las Cámaras? ¿Beltrones o Labastida en el Senado? ¿Gamboa o César Camacho en la de Diputados? ¡Siempre caen parados! Ya hace falta una nueva generación.

Pablo Reyes said...

Curiosamente, el PRI va a ser el partido más importante en el Congreso. Tal vez le servirá para refundarse. Lo que necesita es un cambio de generación.