Saturday, September 26, 2020

El discurso en la ONU

 El discurso en la ONU

 

Javier Treviño Cantú

 


¡Estaba en la pantalla de la Asamblea General! ¡Era el 75 aniversario de la ONU! ¡El video se proyectó en el recinto que ha sido el foro de grandes declaraciones y debates sobre los temas más importantes de la humanidad, desde la pobreza y el desarrollo hasta la paz y la seguridad! ¡El multilateralismo era el tema central de 2020! ¡Se esperaba que los líderes mundiales hablaran sobre la respuesta global a la pandemia del coronavirus, el desarrollo sostenible, el cambio climático, la biodiversidad y el desarme nuclear!

 

En un mensaje de 1392 palabras, el Presidente de México presentó claramente su visión el 22 de septiembre. Dedicó 25 palabras al saludo inicial, 492 para contar la historia de México, 80 para el inicio de la cuarta transformación, 206 sobre su estrategia para hacer frente al coronavirus desde abajo, 200 para los programas sociales y las remesas, 152 para hablar de la corrupción, 86 para el avión, 49 sobre el extinto Estado Mayor Presidencial, 50 palabras para el TMEC y 52 de despedida.

 

¿Y el mundo? Pues no hubo ni mención. Precisamente en este momento en que la suerte de México y la del mundo están entrelazadas, Andrés Manuel López Obrador nos ha demostrado que conoce muy bien la historia de México. Pero también quedó claro que en su agenda no están los temas internacionales. Parecería que no importa mucho entender lo que pase con el mundo de hoy ni su impacto en el México de mañana. 

 

AMLO tiene razón. En esta crisis, haremos historia, para bien o para mal. La recuperación será azarosa. Cuando escuché su discurso me di cuenta de que el Presidente describe el presente en términos del pasado. Eso habla mucho de él y de su historia personal, en dónde ha estado y de dónde viene. Pero, desafortunadamente, aunque nos habló de fe en el futuro, felicidad, bienestar y fraternidad internacional, no nos dijo hacia dónde vamos como país.

 

Las relaciones internacionales de México son cada vez más importantes y se moverán sin el control gubernamental, quiéranlo o no el Presidente y sus colaboradores. La historia no se acabó con el colapso del PRI, ni el fracaso del PAN, ni la destrucción del modelo general de equilibrio político que teníamos. Todos los países requieren que sus líderes y ciudadanos estén familiarizados con el escenario internacional y puedan operar dentro y fuera de sus fronteras. El interés de cada mexicano en su propia economía, personal y familiar, la necesidad de ser competitivo, la urgencia de entender lo que está pasando dentro y fuera del país es esencial para los negocios y las decisiones de inversión.

 

A partir de enero, México ocupará un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Le interesa al Presidente saber más sobre los retos globales? Comercio, ciberseguridad, terrorismo, proliferación de armas de destrucción masiva, cambio climático, migración, drogas, tráfico de armas, delincuencia organizada, trata internacional de personas, pandemias, inteligencia artificial, son los temas de nuestro tiempo y exigen de los gobiernos atención, negociaciones, decisiones y manejo adecuado. Son el motivo de la estabilidad o desorden en el mundo.

 

¿Tendremos un nuevo orden mundial después del coronavirus? Seguramente. Y las principales palancas de estabilidad serán la noción de soberanía, el equilibrio del poder, las alianzas, el papel de las organizaciones internacionales, el comercio y el derecho internacional. ¿Le interesa todo esto al Presidente de México? Esperemos que el próximo año, cuando México ocupe su asiento en el Consejo de Seguridad, además de democracia, justicia, honestidad, austeridad y bienestar, escuchemos una visión clara sobre el nuevo papel de nuestro país en el mundo.

 

México tiene también otra rica experiencia histórica que el Presidente no contó en su video para la ONU. El proyecto nacional está conformado por intereses muy concretos: impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social, generar más empleo, profundizar la vida democrática, consolidar el estado de derecho, proyectar la cultura mexicana, contribuir a la generación y el mantenimiento de un entorno internacional en el que imperen la paz, el derecho y la justicia.

 

A lo largo de nuestra historia, la soberanía es lo que nos ha permitido tomar nuestras propias decisiones en el interior y promover nuestros intereses en el exterior de manera independiente. Nos ha permitido definir el estado de derecho que rige nuestra convivencia diaria. Es el fundamento sobre el que se ha construido el sistema democrático mexicano, que a su vez ha generado las condiciones para fomentar el crecimiento económico y el desarrollo social. 

 

Fui Subsecretario de Relaciones Exteriores. Conozco bien la Cancillería, sus retos y nuestra historia diplomática. La conducción de la política exterior se ha basado en principios sólidos, que le han dado a México prestigio mundial, y en la capacidad de respuesta y adaptación a la situación internacional cambiante. Estos dos elementos no son incompatibles. Los principios constituyen la guía que da estructura y rumbo a la política exterior del país. Son la base, el origen y la razón fundamental de la política exterior. Los principios son el punto de partida. Constituyen el instrumento idóneo para promover el interés nacional.

 

Nuestros principios de política exterior han merecido el reconocimiento y respeto del exterior. Han sentado las bases para la defensa de nuestra independencia y soberanía. Además, existe un consenso nacional en torno a la autodeterminación de los pueblos, no intervención, solución pacífica de las controversias, proscripción de la amenaza y del uso de la fuerza en las relaciones internacionales, igualdad jurídica de los Estados, cooperación internacional para el desarrollo y lucha por la paz y la seguridad internacionales. Al haberse elevado a rango constitucional dejan de ser deseables y se vuelven obligatorios. Son ley suprema.

 

Los principios son una guía para la acción, pero siempre debe preservarse la capacidad de respuesta y adaptación a las circunstancias. En el caso de México, requerimos una respuesta ágil y novedosa a los retos y oportunidades que plantean las circunstancias actuales. El ejercicio de una política exterior basada en principios que respondan con flexibilidad, pragmatismo, imaginación y efectividad a los cambios acelerados del entorno internacional para cumplir cabalmente con sus objetivos fundamentales: defender con eficacia la soberanía, promover los intereses de la nación y contribuir a la solución de los retos de carácter global.

 

México puede lograr una actuación digna y destacada en Naciones Unidas si mantiene una política exterior de estado y de amplio consenso nacional. ¿Se puede lograr la unidad nacional cuando el liderazgo del país promueve la división? ¿Se puede proponer el respeto al derecho internacional en los foros internacionales cuando se cambian las reglas del juego para las inversiones y no se respeta el Estado de Derecho internamente?

 

Se requiere que lo que sea expresado por México en el Consejo de Seguridad sea siempre respaldado por todos los niveles de la diplomacia mexicana. ¿Se cuenta con el respaldo del Senado de la Rpública? Es indispensable que sea debida y oportunamente informado de nuestras posiciones y actuación. ¿Respaldará el mundo académico lo que México proponga? Se requerirá una política de información pública permanente, que genere el apoyo de expertos, académicos y organizaciones de la sociedad civil. 

 

En el Consejo de Seguridad, México deberá seguir siendo un firme defensor del derecho internacional, de los derechos humanos y de los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas. Debemos continuar con nuestra larga y reconocida tradición multilateralista, defendiendo a las Naciones Unidas y a la cooperación internacional. Son muchos los retos y las preguntas. Seguramente los representantes de México tendrán que pronunciarse sobre situaciones complejas. 

 

Vivimos una severa crisis en nuestro país y en el mundo. Y las crisis siempre aclaran las cosas. En todo el relato histórico del Presidente de México en la ONU, valdría la pena añadir lo que dijo Abraham Lincoln: “Soy un firme creyente en la gente. Si se le dice la verdad, se puede depender de ella para enfrentar cualquier crisis nacional. El gran punto es traerle los hechos reales”.

 

 

*Javier Treviño Cantú es Director General de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial.

 

@javier_trevino

 

Podcast: https://anchor.fm/javier-trevi361o

 

 

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/El-discurso-en-la-ONU-20200927-0015.html

Saturday, September 19, 2020

La autopsia del neoliberalismo

 

La autopsia del neoliberalismo

 

Javier Treviño Cantú

 


Faltan menos de nueve meses para la elección del 2021. Todos los estrategas intentan conocer qué es lo que influirá en el voto de los mexicanos. ¿Cuáles son las “cadenas de pensamiento” que llevan a un elector a votar en uno u otro sentido? Hay factores demográficos, económicos y políticos que influyen. También cuentan la ideología y la identificación con un partido. Sin embargo, los temas de campaña y los atributos de cada candidato podrían ser ahora más relevantes.

 

¿Qué impacto tienen los “temas de campaña” en el voto? Tanto el Presidente de la República, como los partidos y los candidatos, así como los medios de comunicación y otros actores tratarán de introducir temas en la agenda. Para que el “voto temático” funcione, se requiere que los electores estén interesados, que tengan una opinión o preferencia y que conozcan la posición de los partidos y candidatos sobre ese tema. Gracias a las redes sociales, hay mucha información en el ambiente. 

 

Las campañas electorales son un ejercicio de organización y de comunicación. El candidato que sea más hábil para definir la contienda, por lo general, se lleva el triunfo. No hay más que tres alternativas: o los candidatos debaten sobre posiciones en torno a un tema, o debaten sobre el desempeño del gobierno, o sobre la personalidad peculiar de cada contendiente. Russell J. Dalton, profesor de la Universidad de California en Irvine y Director del Centro para el Estudio de la Democracia, ha definido con agudeza el voto temático y ofrece un marco analítico que clasifica los temas en tres categorías relevantes: 1) temas de posición (position issues); 2) temas de desempeño (performance issues); y 3) temas de atributos (attribute issues).

 

En los últimos días se han presentado ante la nación dos visiones para intentar definir los temas de la elección del 2021:

 

La primera fue un desplegado en donde más de 500 exlegisladores, del PAN, PRI, PRD, MC e independientes de 16 legislaturas federales diferentes, llamaron a que se garantice en el país el equilibrio entre los poderes, se diseñen presupuestos razonables en los que se priorice el gasto en salud, educación, seguridad pública, cultura y fomento económico. Informaron que en breve darán a conocer su agenda y llamaron a los partidos políticos a incluir candidatas y candidatos no militantes para puestos de elección popular. A este grupo de personalidades les interesa definir la contienda en términos de “temas de desempeño”. Lo que estos exlegisladores proponen es que los electores analicen el récord del gobierno de López Obrador y decidan si su desempeño ha sido bueno o malo al enfrentar los desafíos de la pandemia, el desempleo, la pobreza, la corrupción y la violencia. La información está ahí, los resultados del gobierno son evidentes. Sólo falta empaquetarlos y venderlos.

 

La segunda visión es del Presidente López Obrador, quien envió al Senado la solicitud para la consulta popular que decida si se somete o no a proceso a los expresidentes. Es un recurso que no tiene precedentes. Es la primera vez que un Presidente solicita una consulta pública. En doce páginas, el Presidente hace una relación de los posibles delitos de cada uno de sus antecesores de 1988 a 2018, el período que ha bautizado como neoliberal. Y propone una pregunta: ¿Está de acuerdo o no con que las autoridades competentes, con apego a las leyes y procedimiento aplicables, investiguen, y en su caso sancionen, la presunta comisión de delitos por parte de los expresidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto antes, durante y después de sus respectivas gestiones? Al Presidente López Obrador le interesa definir la campaña y la elección en torno a un “tema de posición” y alejarse definitivamente de los “temas de desempeño”.

 

Los “temas de desempeño” se refieren el juicio del elector acerca de qué tan efectivamente un gobernante ha cumplido con su deber. Este tipo de voto no polariza a la sociedad, se basa en asuntos que no generan profundas divisiones sociales. Son temas que producen un alto grado de convergencia respecto de su relevancia tanto para las élites como para el electorado en general: creación de empleos, atención de la crisis sanitaria, reactivación económica, combate a la inseguridad, remediación de la pobreza, protección del medio ambiente.

 

Los “temas de posición” se establecen en relación con asuntos que habitualmente generan profundas divisiones entre el electorado (aborto, matrimonios entre personas del mismo sexo) y sobre los cuales los partidos y candidatos también mantienen posiciones divergentes. AMLO es muy hábil, es un gran administrador del enojo de la gente. Al intentar definir la contienda con el juicio a los expresidentes, el elector tiene que asumir una posición: ¿estás a favor o en contra de un rechazo a los expresidentes, de un México justo y sin corrupcion?

 

¿Quién es el dueño del tema en una contienda? El que lo define a tiempo. Todo se tratará después de arrebatar las banderas y apropiarse del terreno de la discusión. 

 

Cuando se plantea un tema de desempeño, el reto está en ser creíble de poder lograr mejores resultados que tu adversario. La reputación, credibilidad y prestigio de los actores políticos frente al tema en cuestión se vuelve muy importante. No bastan las promesas y las expectativas de acciones futuras. 

 

En cambio, los temas de posición se refieren a los conflictos más importantes en la sociedad y la manera en que los partidos y los electores los ven. Los votantes tienden a escoger al partido, o al candidato, que tiene la posición que es más cercana a su propia posición. 

 

Todo equipo de campaña tiene una teoría de cómo ganar la elección. Eso se define al inicio. Si no hay estrategia, no hay triunfo. Todo empieza con la pregunta ¿qué voy a hacer para ganar? Se hace el análisis de los resultados de las elecciones anteriores y de la demografía del electorado. Se requiere evidencia empírica, diseñar un plan e implementarlo. Se necesita entusiasmo, voluntarios y dinero. 

 

Cuando vemos desde ahora la estrategia que vislumbra el Presidente nos preguntamos: ¿realmente trata de entrar al peligroso juego de la culpabilidad? Eso es fácil. Acusar a los predecesores no es novedad. ¿Por qué no mejor asumir la responsabilidad de la gestión gubernamental? Los líderes responsables en el siglo XXI no hacen el juego de buscar culpables. 

 

La habilidad del gran líder es confrontar la realidad, los hechos por más brutales que sean (muertos por el Covid, desempleados por la crisis económica autoinflingida, decrecimiento de la economía por la falta de estímulos, muertos por la delincuencia organizada). El gran líder tiene que aceptar la realidad y enfrentarla.

 

¿Podrá AMLO hacer la autopsia del neoliberalismo sin culpar a nadie? Es importante que vea, reflexione, analice y encuentre lo que no funcionó. Los errores siempre son lecciones invaluables. Mirar cuidadosamente las decisiones que se tomaron mal es indispensable para no repetirlas. Es la única manera de poder hacer las cosas mejor que los de antes.

 

Un gran Jefe de Estado hace suyos los resultados. Nunca busca excusas ni culpa a otros. Cuando se culpa a los otros pone el freno de mano a cualquier mejora posible. Cuando se culpa a los otros se está desperdiciando la gran oportunidad de resolver los problemas. Los fracasos de ayer tienen que convertirse en el éxito de hoy.

 

En lugar de consultar al pueblo si se debe o no culpar a los expresidentes, el Presidente podría preguntarse: ¿Qué puedo hacer para encarar con eficacia los retos de México en el siglo XXI y hacer que todo funcione mejor? Tiene todo para innovar y crear valor público. Cuando se asume la responsabilidad se despeja el horizonte para mirar hacia adelante. En lugar de entrar al juego de la culpabiidad, deberíamos crear una cultura de la rendición de cuentas.

 

*Javier Treviño Cantú es Director General de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial.

 

@javier_trevino

 

Podcast: https://anchor.fm/javier-trevi361o

 

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/La-autopsia-del-neoliberalismo-20200920-0011.html

 

 

 

 

 

 

Saturday, September 12, 2020

El triunfo de la política


 

El triunfo de la política



Javier Treviño Cantú

 


Los eventos de la semana pasada en torno a la presentación del Paquete Económico 2021 me recordaron el libro que David Stockman publicó en 1986 y escandalizó a la clase política estadounidense: The Triumph of Politics: Why the Reagan Revolution Failed.  Stockman, quien a los 35 años fue Director de la Oficina de Presupuesto y Administración de la Casa Blanca, nos cuenta detalles sobre los errores de cálculo, choques frontales, manipulaciones secretas y contubernios que condujeron al fracaso de la revolución reaganiana, produciendo un enorme déficit en lugar del presupuesto equilibrado que el presidente había prometido en la elección de 1984.

 

La revolución de Reagan empezó en 1980 con una agenda de reformas económicas, recortes de impuestos y drásticas reducciones en el gasto público y los programas del gobierno, dejando intactos los gastos militares. Esa estrategia tropezó con dificultades cada vez mayores. Miembros del propio gabinete de Reagan y del Congreso, favorables en principio a la reducción del gasto, empezaron a desertar cuando las medidas propuestas chocaron con las demandas de su propio electorado. Stockman tuvo que aceptar la realidad de que sus teorías, convincentes en el papel, se fundaban en un profundo error de valoración del funcionamiento del sistema político de su país.

 

Es un libro que cuenta la historia de los “malos” contra los “buenos”, de “ellos” contra “nosotros”. Stockman escribió que la ignorancia de Ronald Reagan y la incompetencia de sus más cercanos colaboradores, crearon un sueño irrealizable. La política triunfó sobre la realidad, que no se modificó. Calificó de “analfabetos políticos” a los asesores de Reagan porque sólo estaban preocupados de lo que se decía en los noticieros de televisión, que era su única realidad. Describe a Reagan como poseedor de un conocimiento fundamentalmente impresionista, que registra anécdotas más que conceptos y que fue engañado por él mismo y por los “supply-siders” que le decían que un recorte monumental de impuestos y del gasto público liberaría las fuerzas económicas y provocaría automáticamente mayores ingresos y un mayor crecimiento.

 

Stockman decía: “el Presidente nunca comprendió la relación entre el sistema fiscal y el presupuesto. ¿Qué se puede hacer cuando tu presidente ignora todos los datos relevantes y deambula en círculos?  Reagan era un político de consensos y no un ideólogo. No estaba preparado ni quería hacer una revolución. Sólo tenía una visión conservadora”.

 

¿Algo de esa historia nos suena conocido hoy aquí? 

 

En el México del 2020 parecería que lo único que importa es la política. Para el Presidente de la República, gobernar es comunicar y comunicar es gobernar. Pero la semana pasada nos recordó que presupuestar es también gobernar. Y Arturo Herrera, el Secretario de Hacienda, lo sabe. Presentó con el Paquete Económico 2021 todo un acto de magia.

 

En otra etapa de mi carrera, fui Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda, Secretario General de Gobierno de mi estado y Diputado Federal. Conozco lo que significa elaborar un presupuesto, presentarlo ante el Congreso y defenderlo. Y no tengo la menor duda de que el presupuesto es el instrumento político por excelencia. 

 

Hay quienes, equivocadamente, dicen que el presupuesto es exclusivamente técnico y que el análisis y las comparaciones deben estar basadas sólo en la eficiencia y la efectividad. Hacen mal quienes ven a la política como un intruso que hace que el proceso sea menos racional. Eso sólo lleva a un choque inútil entre técnicos y políticos.

 

La verdad es que siempre hay una intensa negociación entre los actores: analistas, tomadores de decisiones, secretarios de estado, directores de organismos, gobernadores, alcaldes, legisladores. Todos tienen que ganar algo en el proceso. 

 

El Presidente cumplió su compromiso de no aumentar impuestos durante sus primeros tres años; se apegó al principio de la austeridad y nos presenta un panorama macroeconómico prudente, buscando la estabilidad y el equilibrio fiscal. Según el Secretario de Hacienda, las proyecciones del Paquete Económico 2021 no son optimistas, sino responsables. Y tiene razón, si se piensa que habrá una caída de 8% y sobre ello un crecimiento de 4.6%, ni siquiera nos pone en los niveles de crecimiento del 2019. Herrera dice que lo que va a ir condicionando la recuperación económica es el ritmo de la pandemia del Covid-19 y, mientras no exista la vacuna, la economía seguirá operando en condiciones inusuales.

 

Un presupuesto vincula las tareas que se tienen que cumplir con la cantidad de recursos que se requieren para lograr esos objetivos. El presupuesto es un conjunto de decisiones. Ahí se plasma lo que el gobierno quiere y lo que no va a hacer. El presupuesto debería reflejar el consenso de la gente sobre lo que el gobierno debe hacer, pero parece que, para eso, no hay consultas al pueblo sabio.

 

Por ejemplo, ¿es justo dedicar el 22% del gasto programable a “fortalecimiento energético” mientras que el sector privado podría invertir en ello? ¿Es suficiente el 5.4% que se invertirá en salud? ¿No debería el gobierno mejor apoyar a las micro y pequeñas empresas para preservar el empleo y evitar que una crisis de liquidez se convierta en una de solvencia? ¿Por qué se dedican más recursos a los programas sociales de bienestar y se mantiene el mismo nivel de antes para educación o para los apoyos al campo y a las empresas? 

 

Cuando el Secretario de Hacienda habla de que el 80% del presupuesto son gastos obligatorios, ya comprometidos ¿no se tendría que hablar también de una obligación del gobierno de implementarlo bien y sin interrupción? ¿Debería replantearse la fórmula para la distribución de recursos a los estados? Cuando hablamos de un billón 867 mil millones de pesos que se entregará a estados y municipios, y que representan el 29.7% del gasto total y el 55% de la recaudación federal participable, ¿eso es mucho o poco? 

 

El presupuesto es un instrumento que refleja las prioridades del gobierno. Es un proceso de negociación y mediación entre individuos que quieren cosas diferentes. El debate en el Congreso y las modificaciones reflejarán el grado de importancia que los Diputados le dan a sus estados, electores y a los grupos de interés que los apoyan. La publicación del presupuesto será el reflejo de la obligación de rendir cuentas a los ciudadanos que quieren saber cómo se va a gastar “su dinero”. El presupuesto es un vínculo entre las preferencias de los ciudadanos y los resultados del gobierno. Es un gran instrumento de la democracia… ¡o debería serlo!

 

El presupuesto es un espejo del poder y de la lucha entre grupos de interés, partidos políticos, gobernadores y alcaldes. Refleja las decisiones de políticas públicas más importantes para una nación. Por ello se necesita un proceso de decisión ordenado. Se requiere que sea escuchado todo aquél que tiene un interés legítimo en un tema. Se deben analizar opciones, alternativas. Separar los indispensable de lo deseable.  Hay muchos participantes, con prioridades diferentes. Hay muchas limitantes y restricciones. Hay ganadores y perdedores. 

 

A México no le basta con que triunfe la política. La gente debe ganar. No todo es presupuesto. Hacen falta decisiones esenciales del gobierno: 1. Dado que el presupuesto no contiene programas específicos para la recuperación económica, será fundamental dinamizar y estimular la inversión privada. Sólo con inversión privada, se podrán recuperar los empleos perdidos e incrementar el consumo. 2. Requerimos un ambiente de negocios que promueva la inversión, con certeza jurídica y reglas claras que no se cambien constantemente. Para que la economía prospere, necesitamos respeto irrestricto al Estado de Derecho. 3. Es indispensable una verdadera simplificación administrativa y fuentes de financiamiento accesibles para las pequeñas y medianas empresas, que son las mayores generadoras de empleos. 4. Urge incentivar la formalidad. Necesitamos que cada vez más empresas e individuos se sumen al financiamiento del erario público, y a la vez obtengan los beneficios de seguridad social y cobertura de salud que brinda la formalidad, y que son más necesarios que nunca. 

 

*Javier Treviño Cantú es Director General de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial.

 

@javier_trevino

 

Podcast: https://anchor.fm/javier-trevi361o


https://www.eleconomista.com.mx/opinion/El-triunfo-de-la-politica-20200913-0018.html

Saturday, September 05, 2020

La crisis México-Estados Unidos de 1985-1986

 

La crisis México-EUA de 1985-1986

 

Javier Treviño Cantú

 


El fin de semana pasado vi los cuatro capítulos de la serie documental de Amazon, “The Last Narc” (el último agente). Héctor Berréllez narra los principales aspectos de su investigación del asesinato del agente de la DEA en México Enrique “Kiki” Camarena. Berréllez, ex agente de la DEA, encontró elementos que implicarían a la CIA en la planeación del secuestro y tortura de Kiki. La miniserie presenta documentos y testigos del crimen y argumenta que un agente de la CIA, Félix Rodríguez, fue uno de los interrogadores de Camarena durante su tortura. La tesis es grave: todo se trataba de la operación de la CIA para apoyar a la Contra en Nicaragua. Se vendían las drogas para solventar las operaciones negras. Camarena se interpuso y se había convertido en un obstáculo. Por eso lo mataron.

 

Esto ocurrió hace 35 años. Pero la miniserie no cuenta toda la dimensión de la crisis bilateral.  La recuerdo muy bien porque esos fueron los años en los que yo estaba estudiando la maestría en políticas públicas en la Universidad de Harvard. Ahí investigué, analicé y escribí sobre la formulación de la política antinarcóticos de Estados Unidos y su impacto en México. 

 

En febrero de 1985 las relaciones entre México y Estados Unidos llegaron al punto más bajo en muchos años. El problema de las drogas no había tenido, en el primer periodo del Presidente Reagan, un lugar en la agenda gubernamental. De pronto, el Presidente y la Primera Dama se comprometieron, en 1985-1986, a erradicar la drogadicción en EUA. En esos años, Reagan necesitaba lograr resultados rápidos como respuesta a la indignación de la opinión pública por la muerte de dos ciudadanos estadounidenses: uno de ellos participó en la lucha contra el narco, Kiki Camarena, y el otro un atleta, Len Bias, prestigiado jugador de baloncesto, fue víctima del consumo de drogas. 

 

Después del secuestro, tortura y asesinato de Camarena en Jalisco, el Servicio de Aduanas estadounidense paralizó la frontera mediante la detallada inspección de cada vehículo y de cada persona que intentara cruzar. Esto fue, en realidad, una manera de expresar el resentimiento que había en Washington y de presionar a las autoridades mexicanas para que investigaran el caso.

 

Esta operación irritó a los funcionarios mexicanos quienes alegaban que no se había seguido el procedimiento establecido de notificar a México antes de llevar a cabo la orden. Además, John Gavin, Embajador de EUA en México, sugirió públicamente, en Washington, que los ciudadanos estadounidenses debían ser advertidos del peligro de viajar a México.

 

Estos lamentables eventos desencadenaron una serie de reacciones que amenazaron la estabilidad de la relación bilateral. Artículos periodísticos y reportajes en los noticieros televisivos de EUA sobre corrupción en México; audiencias en el Congreso de EUA que condenaban las políticas mexicanas; desafortunadas declaraciones de funcionarios de alto nivel sobre la corrupción y la inefectividad imperantes en el gobierno mexicano. 

 

Todo ello dio lugar a reacciones nacionalistas en nuestro país. Hubo manifestaciones anti yanquis en la ciudad de México, debates en el Congreso, notas diplomáticas iban y venían reprobando las medidas, pidiendo una explicación y una disculpa. Se desató un gran resentimiento por el extremismo de las políticas del vecino del norte.

 

Los problemas no terminaron entonces. La escalada fue rápida. En 1986 varios acontecimientos importantes aumentaron la preocupación sobre el futuro de la relación bilateral:

 

1.     El Presidente Ronald Reagan firmó la Directriz de Seguridad Nacional que identificaba el tráfico de narcóticos como una amenaza a la seguridad nacional. Este documento condujo a su gobierno a aumentar la intensidad en el uso de los aparatos militar y de inteligencia en la lucha contra las drogas.

 

2.     En agosto de 1986 los Senadores Demócratas Joe Biden y Lawton Chiles anunciaron la formación de un Grupo de Trabajo Demócrata, de 9 miembros, sobre drogadicción y abuso de sustancias tóxicas. Su propósito era crear la oficina del Zar contra las Drogas, para que supervisara el gran número de agencias federales que participaban en la estrategia antinarcóticos. El director de esta Oficina de Políticas y Operaciones Antinarcóticos Nacionales e Internacionales, a nivel de gabinete, estaría autorizado a diseñar, revisar, instrumentar y asegurar el cumplimiento de las políticas del gobierno. 

 

3.     Un informe del Departamento de Estado indicaba que México era la fuente individual más grande de heroína y mariguana que entraban en EUA. El 17 de octubre de 1986 la Cámara de Representantes aprobó una legislación contra las drogas (HR 5484) autorizando 1,700 millones de dólares para el año 87 como fondos destinados a la prohibición, erradicación aplicación de la ley, educación, tratamiento y rehabilitación. Era el inicio de la certificación de que un país cooperaba con EUA para detener la producción o transportación de drogas. 

 

4.     El Secretario de Estado entabló negociaciones con México para establecer una Comisión Intergubernamental México-Estados Unidos sobre Narcóticos, Drogadicción y Control. Y el Congreso emitió una resolución que exigía a México lograr un progreso sustancial hacia la resolución de los temas de las drogas, discutidos en agosto de 1986 entre los Presidentes Reagan y De la Madrid. El gobierno de EUA debería considerar acciones contra México, tales como una advertencia para los viajeros estadounidenses que quisieran visitar México; la negativa a un trato arancelario favorable para los productos mexicanos; votos norteamericanos contra México en los bancos multilaterales de desarrollo; la retención de la ayuda externa hasta que el gobierno mexicano enjuiciara y condenara a los responsables del asesinato de Camarena.

 

5.     Estados Unidos inició la Operación Alianza. De noviembre de 1986 a enero de 1988, miles de nuevas posiciones para oficiales encargados de la aplicación de la ley antinarcóticos fueron asignadas para reforzar la frontera: 122 agentes del IRS, 120 de la DEA, 75 del FBI, 60 ministerios públicos, 400 oficiales de la Patrulla Fronteriza y casi 1,000 nuevos oficiales e inspectores de Aduanas. Todo organizado y coordinado por el Consejo Nacional de Políticas contra las Drogas bajo la supervisión del Procurador Meese.

 

6.     Se realizaron una serie de cambios burocráticos y se definieron nuevas prioridades: se asignó al FBI la autoridad para conducir investigaciones sobre narcóticos junto con la DEA; se establecieron 13 grupos de aplicación de la ley contra narcóticos y contra el crimen organizado para atacar a los traficantes de alto nivel; se creó el Sistema Nacional de Prohibición de Narcóticos en las Fronteras; se incrementaron los recursos de la DEA y del IRS destinados a las tareas de investigación de lavado de dinero; se puso un mayor énfasis en las técnicas de investigación sofisticadas, como el monitoreo electrónico; y se aumentó la asistencia del Departamento de Estado para las campañas de erradicación en otros países.

 

7.     Desde la perspectiva del análisis burocrático, la lucha contras las drogas era compleja: en el lado de EUA, en 1985, participaban 11 Departamentos a nivel de gabinete (Justicia, Tesoro, Transporte, Estado, Defensa, Salud, Agricultura, Interior, Trabajo, Educación, Comercio), más de 30 organizaciones del gobierno federal y casi un centenar de actores estatales y locales.

 

En fin, durante el corto periodo 1985-1986 un problema que había sido materia de rutina en la agenda bilateral se convirtió de inmediato en una de las altas prioridades para el gobierno de EUA. La “guerra contra las drogas” había sido declarada.

 

Pero, de acuerdo con los testimonios de la miniserie “The Last Narc”, había otra agenda, oscura. Eran los últimos años de la Guerra Fría y queda claro que la muerte del agente Camarena marcó un antes y un después en el combate al narcotráfico. Mostró la disputa entre la DEA y la CIA. Parecería que, ante la aparente convicción de los actores políticos de ganar una guerra contra las drogas, para algunas agencias del gobierno de Estados Unidos, ser comunista era peor que ser narcotraficante.

 

*Javier Treviño Cantú es Director General de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial.

 

@javier_trevino

 

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