Wednesday, July 01, 2009

FFAA

Javier Treviño Cantú
El Norte
1 de julio de 2009

Las guerras en Irak y Afganistán, la violencia en la frontera entre México y Estados Unidos, y la crisis en Honduras reflejan dos cosas: 1) los cambios en la función que juegan las Fuerzas Armadas (FFAA) nacionales en el escenario de la globalización; y, 2) la necesidad de contar con reglas claras para normar su actuación dentro del marco institucional. En México, ambas tareas siguen pendientes y, antes de que nos rebasen los tiempos sexenales, más vale que nos apresuremos a concluirlas.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 aceleraron algunos de los procesos que apuntaban hacia una redefinición del papel de las FFAA. En particular, al diluirse las diferencias entre los retos externos e internos a la seguridad nacional.

En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, esto se manifestó en las políticas legalmente cuestionables que adoptó la administración Bush para conducir su “guerra global contra el terrorismo” y las campañas militares en Medio Oriente, así como en la creación del Comando Norte, el Departamento de Seguridad Territorial y la ASPAN.

Ahora, la administración Obama busca darle mayor peso estratégico —y, por lo tanto, presupuestal— a su capacidad para pelear guerras “irregulares” mediante tácticas de contrainsurgencia en sitios como Afganistán, además de enfrentar conflictos “tradicionales” con rivales como Rusia o China, “híbridos” y cyberespaciales.

Uno de los lugares donde podría aplicarse el nuevo enfoque militar contrainsurgente de Estados Unidos es en la frontera con México. El Washington Post dio por hecho el sábado pasado que el gobierno estadounidense enviará 1,500 efectivos adicionales de la Guardia Nacional. Lo único que ha retrasado la decisión, son las diferencias entre el secretario de Defensa, Robert Gates, y la secretaria de Seguridad Territorial, Janet Napolitano, respecto a quién definirá su misión, y quién aportará los recursos presupuestales.

La segunda razón que ha propiciado un cambio en el papel que desempeñan las FFAA en países como Honduras, o México, ha sido el desfase entre los avances para instaurar gobiernos democráticos, y la capacidad de producir leyes eficaces para responder con suficiente agilidad a las amenazas transnacionales que enfrentamos. Este desfase provoca peligrosas lagunas legales, que abren espacios para el uso discrecional de recursos institucionales fundamentales, incluyendo a las FFAA.

La situación en Honduras es paradójica. La deposición del Presidente Manuel Zelaya por el Ejército había sido considerada como un golpe de Estado, hasta que la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, matizó el calificativo. El caso en efecto tiene aspectos muy confusos. El conflicto estalló después de que el general Romeo Vásquez, Jefe del Estado Mayor de las FFAA, se negó a obedecer una orden presidencial directa, por considerar que violaba la ley electoral. La Suprema Corte de Justicia le dio la razón, al ratificarlo en el cargo e instruirlo para deponer al mandatario hondureño, mientras el Congreso y todos los partidos validaron la decisión al nombrar un presidente interino.

La detención y expulsión a Costa Rica de Manuel Zelaya ha sido unánimemente rechazada. Sin embargo, más allá de la condena por una cuestión de principios, valdría la pena que la OEA, el Grupo de Río u otro organismo regional imparcial, determine en última instancia si la medida violó los preceptos legales de Honduras. El entramado institucional de ese país tiene características peculiares, y el aparente involucramiento de otros países en la consulta que buscaba realizar el Presidente Zelaya para impulsar su reelección, también deben ser considerados al momento de emitir un juicio definitivo.

Es importante despejar las dudas sobre la crisis hondureña, porque, en México, los huecos legales que amparan la participación de las FFAA en tareas de seguridad pública vinculadas al combate de la delincuencia organizada, siguen abiertos.

Las FFAA mexicanas han incrementado exponencialmente su participación en el esfuerzo para restaurar el orden en el país con base en mandatos jurídicos controvertidos, y entre cuestionamientos cada vez más intensos a nivel nacional e internacional sobre su apego al orden constitucional.

El pasado 19 de febrero, el General Guillermo Galván, secretario de la Defensa Nacional, dedicó parte del discurso que pronunció en el Día del Ejército a urgir un “debate legislativo para fortalecer las seis jurisprudencias emitidas por la Suprema Corte” que proveen sustento y otorgan competencia a las FFAA en la materia.

El Gral. Galván tiene razón. Las FFAA tienen un importante papel que cumplir en el desarrollo y la seguridad de nuestro país. No se trata, como concluye un desafortunado editorial del respetado diario El País, de que el Ejército simplemente se mantenga “calladito y encerrado en sus cuarteles”. Por ello, en la próxima legislatura, nuestros congresistas deben darle prioridad a un asunto pendiente, esencial para reforzar el endeble marco institucional de nuestro país.

Wednesday, June 17, 2009

Euro-lecciones

Javier Treviño Cantú
El Norte
17 de junio de 2009

Con la promesa pendiente de una “asociación estratégica” que todavía no logra ser dotada de contenido, en México necesitamos dedicarle mayor atención a Europa. En particular, a unas semanas de las elecciones del 5 de julio en nuestro país, el reciente proceso electoral para renovar el Parlamento Europeo nos ofrece al menos cuatro lecciones que pueden ser útiles:

1) A la vez que crece la fuerza política de los poderes legislativos, el respaldo ciudadano para integrarlos se reduce. Por diversas razones, en general los niveles de participación son menores cuando se eligen legisladores, y no a los responsables de los poderes ejecutivos. Este fenómeno se ha vuelto evidente en las elecciones que se realizan cada 5 años para elegir al Parlamento Europeo, donde el abstencionismo ha venido creciendo sostenidamente. En 1979, cuando la Unión Europea (UE) contaba con 9 miembros, la participación fue de casi 62%. Esta vez, ya con 27 países, apenas alcanzó poco más del 43%.

El abstencionismo es un mal endémico. Para combatirlo es necesario que se concientice a los electores de la importancia central que tiene el proceso legislativo en la construcción de una sociedad democrática, y que los ciudadanos encuentren mejores formas de exigir cuentas a los congresistas.

2) Toda política es local. En el caso de la UE, en lugar de que los partidos con una identidad ideológica similar realicen campañas regionales basadas en temas “transversales”, se llevan a cabo 27 campañas electorales nacionales. Los votantes definen sus preferencias por la competencia entre los partidos locales, para que los eurodiputados definan leyes de carácter supra-nacional.

Si el objetivo es promover una mayor participación en este tipo de comicios, el impacto de los cambios legislativos debe traducirse en una mejor calidad de vida a nivel local.

3) Los partidos que articulan la mejor narrativa ganan. En las elecciones parlamentarias de la UE, los partidos conservadores de centro-derecha se impusieron abrumadoramente a los social-demócratas de izquierda. Agrupados en el llamado Partido Popular Europeo, los parlamentarios vinculados con la corriente demócrata-cristiana obtuvieron 264 escaños, frente a 161 del Grupo Socialista.

Ante la crisis global y sus efectos devastadores en el empleo, la izquierda parecía estar en una posición inmejorable para alzarse con el triunfo, pero fue incapaz de plantear un discurso novedoso que la diferenciara de sus rivales. Los partidos de centro-derecha que gobiernan en Alemania, Francia e Italia, o que son oposición en países como Irlanda, España y el Reino Unido, se impusieron sin grandes dificultades.

Esto demostró que las batallas electorales se siguen ganando desde el centro del espectro político, y que los votantes prefieren respaldar a los partidos con un discurso que genere confianza. En México, también estamos viendo que algunos partidos buscan cambiar la narrativa tradicional, ya sea al adoptar un discurso que los convierte en “oposición” aunque estén en el poder, o al hacer propuestas radicales —como la pena de muerte— sin posibilidades reales de aplicarse, pero que tienen “resonancia” con un electorado insatisfecho.

4) A menor legitimidad institucional, menor influencia internacional. El elevado abstencionismo en la elección al Parlamento Europeo aún no pone en tela de juicio su legitimidad, pero puede tener un efecto colateral negativo en la continuidad del proyecto para fortalecer a la UE.

Por una parte, antes de que acabe el año se realizará un segundo referéndum en Irlanda para ratificar el Tratado de Lisboa, y el triunfo de la oposición dificultará esta decisión. Por otra parte, la derrota sufrida por los laboristas en el Reino Unido puede anticipar la llegada al poder del Partido Conservador. Su líder, David Cameron, ha dicho que si gana y el Tratado de Lisboa no ha sido ratificado por todos los demás países, podría impulsar su propio referéndum para revocar la participación de Gran Bretaña en la UE, con lo que seguramente se desataría una crisis de consecuencias imprevisibles.

A pesar de que no se considera que la UE esté en peligro de fracturarse, la incapacidad de dar nuevos pasos para actualizar sus instituciones sí le puede restar peso global frente a Estados Unidos y otras potencias emergentes, como China, o Rusia, país del cual depende en gran medida para su seguridad energética.

La fortaleza que surge de un amplio respaldo ciudadano a las instituciones nacionales —o supra-nacionales en el caso de la UE— es la base fundamental sobre la que cualquier país puede proyectarse como un actor relevante en un escenario internacional que sigue evolucionando rápidamente.

En el caso de México, por más bien intencionados que puedan ser los llamados a la anulación de las boletas en las próximas elecciones del 5 de julio, en realidad nada sustituye al voto efectivo de una elevada participación ciudadana para reforzar a nuestras propias instituciones democráticas y, por lo tanto, el nuevo lugar que intentamos ocupar en el mundo.

Wednesday, June 03, 2009

Sin ambición

Javier Treviño Cantú
El Norte
3 de junio de 2009

La “nueva relación” entre México y Estados Unidos se está definiendo más por la inercia de las iniciativas lanzadas desde el anterior gobierno del presidente Bush, que por cambios fundamentales en la forma de abordar los principales retos comunes. Una vez superada la intensa etapa de los primeros 100 días en el poder de la administración Obama, la conducción de la agenda bilateral tiende a estabilizarse. Desafortunadamente, está lejos de haber tomado una dirección cualitativamente diferente.

En lugar de estarse planteando metas ambiciosas para darle un impulso renovado a la relación, los estándares parecerían reducirse a niveles cada vez más modestos. No hay una presencia mexicana eficaz en todo el territorio estadounidense, el concepto de América del Norte se ha desdibujado, y no se perciben grandes ideas. Al igual que ocurre en otras áreas relacionadas con la política exterior estadounidense, la definición de lo que significa el éxito en la relación bilateral tiende a la baja.

Richard N. Haass —el presidente del Consejo de Relaciones Exteriores— opinaba el 14 de mayo en el Washington Post que, frente a casos como los de Afganistán, Norcorea e Irán, Estados Unidos debería limitar sus expectativas de éxito por las dificultades financieras y militares que padece. Para Haass, sería preferible que la administración Obama se propusiera logros parciales, acordes con los escasos recursos de que dispone, en lugar de establecer grandes objetivos que puedan resultar en fracasos incosteables.

En una coincidencia irónica, ese mismo día el Wall Street Journal publicó la primera entrevista concedida por el nuevo “zar” de la política para el control de drogas ilegales. Sin andarse por las ramas, Gil Kerlikowske declaró el fin de la “guerra contra las drogas”, porque los estadounidenses la perciben como un ataque hacia ellos, y el gobierno estadounidense “no está en guerra contra la gente”.

Más allá de la frase efectista para atraer la atención de los lectores, Kerlikowske dejó entrever un posible cambio significativo en las políticas antidrogas del vecino país. Además de rechazar la legalización, indicó que buscará darle un mayor énfasis a la prevención y el tratamiento de los adictos, para no verlo como un reto exclusivamente policíaco o de procuración de justicia, sino también como un tema de salud pública.

El cambio perfilado por Kerlikowske puede ser una buena señal, ya que implicaría una visión más amplia de un fenómeno que ha probado ser muy resistente al tratamiento tradicional. Lamentablemente, el inconveniente es que manda la señal equivocada a un vecino que sí está librando una auténtica guerra contra el crimen organizado.

Es probable que estemos de nuevo frente a un problema de comunicación. En su estrategia de cooperación con México sobre seguridad, la administración Obama ha optado por la continuidad de las políticas acordadas con el anterior gobierno estadounidense: a través de una Iniciativa Mérida con recursos muy limitados que todavía sigue sin concretarse, y al mantener el rechazo a la prohibición para la venta de armas de alto poder.

Por otra parte, Obama ya ha indicado que también le dará continuidad al TLC, al evitar que se contamine con la renegociación para incorporarle los acuerdos paralelos en materia laboral y energética. Aún así, basta señalar la prolongación indefinida del conflicto comercial por la suspensión del programa de acceso carretero a los camiones de carga mexicanos, para comprobar que la importancia del éxito de nuestra relación comercial sigue siendo subestimada.

De igual forma, a la vez que Obama ha retomado el tema de la reforma migratoria integral, también ha mantenido la continuidad del esquema que condiciona su avance al reforzamiento del control fronterizo.

Entre otras medidas, su administración ha reanudado la construcción de la “barda virtual”, para cubrir toda la frontera común en 2014 a un costo casi cinco veces mayor al de la Iniciativa Mérida; está ampliando un programa para identificar el estatus migratorio de los presos en todas las cárceles estadounidenses, que en cuatro años podría multiplicar por diez el número de convictos deportados; y está desarrollando programas “innovadores” para dificultar el paso de los migrantes indocumentados, incluyendo la infestación de los carrizales en las orillas del Río Bravo con avispas que, supuestamente, sólo acaban con este tipo de plantas y no son peligrosas para la gente.

Sin duda, la relación entre México y Estados Unidos está en un proceso de ajuste profundo. El problema es que cada vez hay más indicios de que tan sólo se busca administrar la problemática agenda bilateral, en lugar de buscar soluciones de fondo a los retos compartidos para establecer una visión de futuro mucho más ambiciosa.

Frente a la esperanza del cambio que trajo consigo la elección de Obama y la oportunidad que ofrecen las diversas crisis actuales, la definición de lo que significa el éxito de la relación bilateral sigue estando muy por debajo de su potencial, y de nuestras expectativas.

Wednesday, May 20, 2009

Espacio sin ley

Javier Treviño Cantú
El Norte
20 de mayo de 2009

¿Qué tienen en común la insólita solicitud del IFE para que YouTube “bajara” el video donde se hace una parodia del Gobernador de Veracruz; la cobertura del controvertido debate entre los candidatos del PAN y el PRI a la gubernatura de Nuevo León organizado por El Norte; y, sobre todo, la emergencia que provocó el nuevo virus de la influenza A/H1N1? Los tres temas sirvieron para recordarnos que, ante la creciente complejidad del mundo actual y la velocidad con que suceden los eventos que impactan nuestra forma de vida, contar con medios de comunicación profesionales, responsables y confiables es más necesario que nunca.

Además de la crisis económica internacional, el poco éxito que han tenido los nuevos modelos de negocio para compensar el acceso gratuito a contenidos de información y entretenimiento por Internet, así como el gran avance de los “medios sociales 2.0”, son algunos de los factores que están limitando el crecimiento de la industria mediático-periodística. A su vez, esto afecta el desarrollo de sociedades como la nuestra, ya que en las democracias —por más consolidadas o inmaduras que sean—, la información representa un “bien público” y los medios juegan un papel esencial.

Paradójicamente, la conectividad que han propiciado Internet y los aparatos portátiles de comunicación multi-media, está generando un gran “ruido” que dificulta entender y valorar el significado de lo que ocurre a nuestro alrededor. Ello complica la capacidad de los ciudadanos para formarse un criterio bien fundamentado de la realidad, tomar las decisiones apropiadas y actuar en consecuencia.

La multiplicación de voces capaces de hacerse escuchar en el ciberespacio puede enriquecer la discusión pública, al ayudar a generar una “conversación social” dinámica y potencialmente constructiva. Igualmente, los ciudadanos interesados en informarse a fondo sobre algún tema específico hoy cuentan con numerosas opciones. Sin embargo, al mismo tiempo, esta multiplicidad de canales y voces también puede contribuir a generar una gran confusión entre la mayoría de la gente o, en el peor de los casos, servir como espacio anónimo para la difusión de rumores malintencionados y como una plataforma para lanzar ataques encubiertos.

El caso más dramático se dio con la reciente emergencia de salud por la que todavía atravesamos. Hace casi un mes, Reforma ganó la primicia al revelar por primera vez que un brote atípico de influenza tenía en alerta a las autoridades sanitarias (“Golpea influenza al DF”, 22/04/09). Al día siguiente, el secretario de Salud, José Angel Córdova, anunció en Los Pinos que se trataba de un nuevo virus desconocido hasta entonces y el viernes se decretaban las primeras medidas de contingencia generalizada.

La noticia corrió como reguero de pólvora por todo el mundo, y ese mismo fin de semana se desató un auténtico frenesí mediático a escala global. El esfuerzo inicial de comunicación por parte del gobierno mexicano no fue del todo atinado, pero en última instancia se logró informar y concientizar a la población de la importancia que tenía seguir las medidas adoptadas. El problema, sin embargo, llegó por la red.

Desde hace tiempo, sistemas como el HealthMap de Google permiten identificar tendencias sociales al detectar un aumento en el número de “búsquedas” que hace la gente en Internet, incluyendo brotes de enfermedades. Esta vez, la alarma provino de Veratect, una compañía que monitorea la red para identificar amenazas biológicas.

Supuestamente, Veratect habría alertado a la Organización Panamericana de la Salud, la OMS y el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos, sobre una situación inusual en México entre finales de marzo y principios de abril, pero sin obtener respuesta de las autoridades. Después de que se declaró la emergencia, los ejecutivos de Veratect empezaron a contar su historia, y al ser retomada por diarios tan influyentes como el Financial Times o el Washington Post, ésta ganó credibilidad.

La narrativa mediática de Veratect fue creciendo, y se convirtió en una de las “fuentes” que dieron pie a la propagación de toda clase de rumores en Internet, entre ellos la historia de que el gobierno mexicano pudo haber ocultado información para no poner en riesgo la visita del Presidente Obama al DF, y que fuera usada como ariete para la reciente embestida de Fidel Castro contra nuestro país.

Tan sólo en este caso, se puede ver como un periódico reconocido —Reforma— actuó con seriedad y oportunidad para dar a conocer una situación de interés general. También, la forma en la que los nuevos medios sociales —Google— pueden contribuir a detectar graves riesgos globales, pero el peligro que significa poner en manos privadas —Veratect— el seguimiento de fenómenos con implicaciones de salud pública. Por último, lo más delicado radica en la capacidad para convertir a Internet y las redes sociales 2.0 en un “espacio sin ley”, donde pueden circular libremente las teorías más descabelladas, con consecuencias reales muy graves.

Wednesday, May 06, 2009

La oportunidad del virus

Javier Treviño Cantú
El Norte
6 de mayo de 2009

El primer episodio del combate contra el nuevo virus de la influenza A/H1N1 deja un saldo preliminar negativo. Por una parte, es necesario reconocer que las medidas extremas adoptadas por el gobierno mexicano, y los mecanismos de respuesta global diseñados por la Organización Mundial de la Salud, parecen haber funcionado.

Sin embargo, también resulta evidente que el impacto económico y a nuestro prestigio internacional es inmenso. El recuento de los daños diplomático es especialmente preocupante. En los cuatro puntos cardinales del mapa mundial existen focos de alarma.

Hacia el norte, el virus puede contaminar la relación con Estados Unidos. El lunes pasado, al celebrar el 5 de mayo en la Casa Blanca, el Presidente Obama dejó atrás las dudas de que el gobierno mexicano hubiera ocultado información sobre la emergencia de salud para no poner en riesgo su visita a nuestro país. Pero, a pesar de que reafirmó su disposición para seguir trabajando junto con México, los principales rubros de la agenda bilateral se verán impactados.

El brote de influenza seguramente reafirmará las tendencias proteccionistas en el Congreso estadounidense, poniendo en riesgo nuestras exportaciones agropecuarias. Además, el reforzamiento de los controles fronterizos para contener ya no sólo el desbordamiento de la violencia, sino también de una epidemia o un ataque bioterrorista, puede obstaculizar la reinstalación del programa de transporte carretero. Igualmente, el resurgimiento de la xenofobia anti-inmigrante dificultará la reforma integral del sistema migratorio.

Hacia el sur, el virus exhibió la fragilidad de la recuperación de los espacios perdidos en Latinoamérica durante el sexenio anterior. La irracionalidad de las medidas adoptadas por los países directamente señalados por la Canciller Patricia Espinosa indica que aún existe una profunda desconfianza hacia México, precisamente en el área donde parecían haberse registrado los mayores avances diplomáticos de la presente administración.

Hacia el Atlántico, el brote de influenza volvió a evidenciar el reto que implica mantener una situación tirante con Francia. Los destellos de una cooperación basada en los “cinco soles” que planteó el Presidente Sarkozy ante el Senado de la República, fueron eclipsados por la propuesta francesa para que la Unión Europea cancelara todos los vuelos con México. La iniciativa finalmente no prosperó, pero dejó en claro que la falta de solución definitiva al caso de Florence Cassez seguirá distorsionando una relación bilateral que tiene un peso mayúsculo para el conjunto de nuestra presencia en Europa.

Por último, hacia el Pacifico, el enfrentamiento con China por el lamentable trato a los mexicanos en ese país, ya generó roces que van a tardar mucho tiempo en superarse. El choque frontal con nuestro país no sólo puede afectar aún más nuestro marcado desequilibrio comercial con esa nación: con su enfoque de largo plazo, el gobierno chino ha ido tejiendo una creciente presencia en Latinoamérica, y nuestra capacidad de mantenernos activos en el complejo juego geopolítico que está desarrollando en la región puede verse seriamente debilitada.

Como lo han señalado varios expertos, debido a los cambios demográficos y ambientales en nuestro planeta, podríamos estar apenas en el principio de los que ya se conoce como la nueva “era de las pandemias”. Por lo pronto, los especialistas han advertido que los brotes de influenza se dan en “oleadas”, y si la historia se repite, es probable que hacia finales de año se presente un segundo episodio aún más intenso.

Esto le plantea a México un triple desafío: 1) Concentrarse en el frente interno para anticipar el resurgimiento de la influenza A/H1N1, evitar la confusión informativa que propició el pánico inicial, y prevenir el deterioro de nuestra deshilachada cohesión social con esfuerzos destinados a propiciar una mayor unidad nacional. 2) Aplicar una amplia estrategia de comunicación en el exterior, que busque contrarrestar los efectos inmediatos de la emergencia en el terreno económico, comercial y, sobre todo, laboral. 3) Replantear los grandes objetivos diplomáticos durante la segunda mitad del gobierno del Presidente Calderón, para privilegiar nuestros intereses verdaderamente estratégicos y, sobre todo, recuperar el prestigio internacional que debe gozar nuestro país.

La respuesta de los ciudadanos mexicanos a la emergencia ha sido ejemplar, y se demostró que México tiene un nivel de desarrollo institucional mucho más sólido de lo que se aprecia en el resto del mundo. No se puede pretender que una campaña de relaciones públicas cambie a corto plazo la percepción negativa que hoy existe del país. Sin embargo, podemos ver como una oportunidad la creciente atención que hoy existe por la aparición del nuevo virus, o incluso por la violencia asociada al combate de la delincuencia organizada, para destacar los indudables avances que México ha registrado en los últimos años y, más que nada, la extraordinaria fortaleza de nuestra gente.

Wednesday, April 22, 2009

Partida de... ajedrez

Javier Treviño Cantú
El Norte
22 de abril de 2009

En su visita a México y la Cumbre de las Américas, el Presidente Obama llegó, sedujo a todo el mundo, y se regresó a Washington. Pero eso no significa que se haya tratado de un simple ejercicio cosmético de diplomacia pública. Todo lo contrario: Obama apenas acaba de empezar a mover sus piezas en el nuevo escenario regional que está conformándose y, detrás de sus palabras, hay sustancia.

El embajador de México ante Estados Unidos ha dicho que nuestros dos países tienen que “dejar de jugar ‘damas’ y empezar a jugar ajedrez”, para darle un sentido estratégico a la relación. Después de la visita de Obama, el tablero ya cambió, y ahora le toca mover al gobierno mexicano.

El viaje a América Latina se enmarca dentro de la definición de lo que ya empieza a conocerse como la nueva “ doctrina Obama” de política exterior. Al terminar la Cumbre, Obama señaló que busca aplicar dos principios básicos: primero, el reconocimiento de que ningún país, por poderoso que sea, puede resolver por sí solo los grandes retos globales. Y, segundo, que los valores representados por Estados Unidos siguen teniendo validez universal, por lo que la mejor forma de promoverlos es mantenerse fiel a ellos para predicar con el ejemplo.

Aunque es temprano para hablar de una “doctrina Obama”, tres elementos adicionales pueden darle forma: 1) la decisión de enfrentar una enorme cantidad de asuntos al mismo tiempo; 2) la aparente seriedad con la que asume las responsabilidades de Estados Unidos, ante situaciones como la violencia en México por el combate a la delincuencia organizada; y 3) la adopción de iniciativas pragmáticas, de “bajo costo” económico y político.

Durante su breve estancia en nuestro país tuvimos varias muestras de estas características. En materia de seguridad, si bien rechazó enfrentar a los poderosos grupos de interés para reforzar el control sobre la venta de armas de alto poder, el enfoque integral que están adoptando las agencias civiles y militares involucradas en la cooperación con México, simplemente no tiene precedentes. Es un esfuerzo que requerirá un profundo cambio para superar el déficit histórico de coordinación entre ellos, y también con las autoridades mexicanas a todos niveles.

Esa transformación, y el nombramiento de Alan Bersin como nuevo “Zar Fronterizo” del Departamento de Seguridad Territorial, le exigen a México un esfuerzo correspondiente. Reforzar la coordinación entre las dependencias del Gabinete de Seguridad se vuelve un auténtico “imperativo de Estado”, y designar a un funcionario de alto nivel como contraparte de Bersin es una decisión impostergable.

En el terreno migratorio, Obama decidió añadir la discusión de la reforma integral a su complicada agenda interna, y obtuvo el apoyo tentativo de las principales organizaciones sindicales de su país. Con ello, volvió a colocar el tema entre las prioridades de la relación con México, y también nos ubicó en el centro de un debate estadounidense políticamente “tóxico”, para el que debemos estar bien preparados.

Igualmente, Obama acabó por descartar la renegociación de los acuerdos paralelos del TLC. Después de la preocupación que reiteró el Presidente Calderón en Los Pinos, y de medir el ambiente en la Cumbre de las Américas, Obama instruyó a su Representante Comercial, Ron Kirk, para que busque una solución “sin reabrir el Tratado”.

El pragmatismo de Obama ya quedó demostrado. Lo que falta por comprobar es otra de sus cualidades características: la perseverancia. En la conferencia de prensa con el Presidente Calderón, Obama reconoció que la clave para mejorar la relación estará en darle un seguimiento sistemático a los esfuerzos conjuntos, y para ello se necesita un mecanismo igualmente conjunto de evaluación que permita realizar ajustes oportunos.

Supuestamente, en materia de seguridad la evaluación será responsabilidad de la Oficina Bilateral de Implementación, que se establecerá en la Ciudad de México para coordinar la cooperación. Pero, ante las sospechas que ya desató, habría que evitar que se convierta en otra versión del infame proceso de “certificación” que tantas fricciones causó antes.

El enfoque pragmático que se está adoptando para conducir el inicio de la nueva etapa en la relación bilateral tiene sus ventajas, sobre todo ante la urgencia que significa coordinar esfuerzos para combatir a la delincuencia organizada, reactivar la economía, regular una migración ordenada y segura, e impulsar el desarrollo fronterizo.

Sin embargo, la necesidad de resolver los pendientes urgentes ha hecho que se posponga la definición de un proyecto común con visión de largo plazo. Esa tarea está relacionada con el futuro de América del Norte, pero todo parece indicar que habrá que esperar hasta agosto —cuando se reúnan en México los mandatarios de los tres países del área bajo el esquema de la ASPAN—, para saber si mantendrán un esquema “de bajo costo” que les permita sobrellevar un desarrollo regional muy por debajo de su potencial, o si optarán por pensar en grande para empezar a jugar ajedrez.

Wednesday, April 08, 2009

Multitasking

Javier Treviño Cantú
El Norte
8 de abril de 2009

En las últimas semanas, varias giras internacionales, reuniones cumbre y la reacción que desató Corea del Norte al lanzar un “cohete”, son algunos de los acontecimientos que reflejan el profundo proceso de reacomodo geopolítico que está ocurriendo actualmente.

El sistema mundial está en un proceso de cambio multidimensional, donde una gran cantidad de eventos trascendentes ocurren al mismo tiempo. Esta “simultaneidad” se ha convertido en un factor que incrementa exponencialmente las dificultades para tomar decisiones en un escenario cada vez más dinámico.

Por ejemplo, en el caso de México, la Visita de Estado del Presidente Felipe Calderón al Reino Unido se magnificó al coincidir con la Cumbre del G-20. Su encuentro con el anfitrión de la reunión multilateral — el Primer Ministro Gordon Brown— y la oportunidad de dirigirse al Parlamento británico, le ofrecieron una plataforma mucho más visible para lanzar su mensaje contra las políticas comerciales proteccionistas. El tema es clave para México, por las tendencias que han manifestado en ese sentido la administración Obama y el Congreso estadounidense.

La visita del Presidente Calderón también coincidió con el más reciente desencuentro con los vecinos del norte. Éste se debió a la confusión sobre la supuesta exigencia de un aumento mayúsculo en los recursos de la Iniciativa Mérida, a la comparación que hizo Obama entre Calderón y Elliot Ness, y a las señales contradictorias sobre una mayor cooperación entre las fuerzas armadas de ambos países.

Sin embargo, la falta de coincidencia entre la comunicación de los dos países fue superada por otro evento paralelo: la visita a México de la Secretaria de Seguridad Territorial de Estados Unidos, Janet Napolitano, y del Procurador General de Justicia, Eric Holder, donde se reafirmó el mensaje de co-responsabilidad en la lucha contra la delincuencia organizada, la atención del fenómeno migratorio y el enfoque a largo plazo sobre la frontera común.

Otro ejemplo de esta simultaneidad fue el debut de Barack Obama en el escenario internacional. Con su gira por Europa, Turquía e Irak logró distanciarse de la fallida política exterior unilateral de su antecesor, y empezar a retomar un liderazgo mundial todavía incierto.

En Londres, Obama contribuyó al éxito relativo de la reunión del G-20, al conciliar posturas con la dupla franco-alemana y mediar entre China y Francia para alcanzar un delicado equilibrio en el comunicado final. Durante la cumbre de la OTAN, en Estrasburgo, obtuvo un apoyo prácticamente simbólico de la Unión Europea para apuntalar el esfuerzo en Afganistán. Y, en Praga, al mismo tiempo que proponía retomar el tema del desarme nuclear, Corea del Norte lanzaba su misil.

El evento marcó la primera crisis internacional que la nueva administración estadounidense deberá canalizar a través del Consejo de Seguridad de la ONU, y coincidió con la presidencia rotativa que le corresponde ejercer durante abril precisamente a México. Nuestro país parecía preparado para atender la agenda “rutinaria” del organismo, pero ahora deberá hacerse cargo de un asunto que marcará los cambiantes equilibrios de poder en la política de seguridad multilateral.

Por si faltara algo, a la vez que Obama buscaba recuperar terreno en Europa, contener el resurgimiento de Rusia y tender puentes con el mundo islámico mediante su visita a Turquía, otros actores también andaban de gira para reforzar sus propios espacios en el tablero geopolítico: el Presidente Hugo Chávez realizaba su séptima visita oficial a Irán—como parte de un viaje que además lo llevó a Qatar, Japón y China—, donde se anunció la creación de un Banco Binacional Irán-Venezuela.

El escenario global sin duda está caracterizado por una agenda cada vez más compleja, con temas “transversales” que exigen una atención constante y un tratamiento integral. En especial, el carácter simultáneo de los distintos procesos geopolíticos —incluyendo la crisis económica, la recomposición de alianzas bilaterales y regionales, el cambio climático y una larga lista de asuntos relevantes—, hace evidente la necesidad para cualquier gobierno de contar con cuatro elementos esenciales:

1) Una visión estratégica de conjunto, que permita aplicar políticas consistentes y realizar ajustes tácticos constantes; 2) una capacidad de análisis y diagnóstico superlativa, para identificar tendencias y acontecimientos previsibles con la mayor anticipación posible; 3) una coordinación mucho más estrecha, tanto entre todas las áreas gubernamentales como con los sectores empresarial, académico y social; y, 4) una política de comunicación eficaz, que maximice los resultados y reduzca los espacios para las fricciones.

Como lo señaló el Presidente Obama, Estados Unidos no puede ser el único país que cambie, y un primer paso recomendable para México es reconocer que se necesita actuar en varios planos a la vez. El “multitasking” no es una moda, sino una virtud esencial en el nuevo entorno global que está conformándose a toda velocidad.