Sunday, March 30, 2025

La metáfora de la cebolla

La metáfora de la cebolla

Javier Treviño

@javier_trevino

"Pelando la cebolla" es una autobiografía de Günter Grass que se publicó en 2006. Causó un gran revuelo debido a la confesión del autor sobre su pasado en las Waffen-SS nazis. Utiliza la metáfora de pelar una cebolla para describir el proceso de desentrañar los recuerdos y las capas de la memoria. Grass explora su vida desde la infancia hasta la publicación de su novela "El tambor de hojalata" en 1959. Habla de la Segunda Guerra Mundial y su impacto en Alemania.

La obra está estructurada como una narrativa que va desgranando la vida del autor capa a capa, al igual que se pela una cebolla. Grass recuerda su infancia en Gdansk, su incorporación al ejército nazi en las últimas semanas de la guerra, y su posterior evolución como escritor. El libro es una mezcla de historia personal, reflexión sobre la identidad alemana y análisis de la culpa colectiva que ha marcado a su país.

La confesión de Grass sobre su pasado en las SS generó un escándalo internacional, ya que muchos lo veían como un icono moral en Alemania. Sin embargo, su decisión de revelar este aspecto de su vida también fue vista como un acto de honestidad y valentía. La obra se convirtió en un éxito de ventas, con una primera tirada de 150,000 ejemplares que se agotó rápidamente.

Grass explora la complejidad de la memoria y la necesidad de enfrentar el pasado. Utiliza la metáfora de la cebolla para ilustrar cómo los recuerdos pueden ser dolorosos y cómo el proceso de recordarlos es similar a pelar capas que revelan verdades más profundas. El libro es un ejercicio de introspección que nos invita a reflexionar sobre la importancia de asumir el pasado y sus consecuencias.

Hoy podemos utilizar la metáfora de "pelar la cebolla" como una herramienta poderosa para analizar la complejidad política, el gobierno y las relaciones internacionales. 

La capa más externa de la política se refiere a las declaraciones públicas, las políticas oficiales y los discursos de los líderes. Esta capa es visible para todos y suele ser la que más atención recibe de los medios y el público en general. Sin embargo, a menudo oculta las verdaderas intenciones y motivaciones detrás de las decisiones políticas.

Debajo de la fachada oficial, se encuentran los intereses estratégicos y las alianzas políticas. Esta capa incluye las relaciones entre diferentes grupos de poder, las negociaciones ocultas y los acuerdos tácitos que moldean las decisiones políticas. Comprender esta capa es crucial para entender cómo se ejerce el poder en la práctica.

En el núcleo de la política se encuentran las dinámicas históricas y culturales que influyen en las percepciones y acciones de los actores políticos. Estas incluyen los conflictos pasados, las identidades nacionales y las creencias ideológicas que pueden condicionar las decisiones políticas de manera profunda.

Lecciones de la metáfora.

La metáfora de "pelar la cebolla" nos enseña varias lecciones para analizar la complejidad política:

1. No basta con quedarse en la superficie de los acontecimientos políticos. Es necesario profundizar para entender las verdaderas causas y consecuencias de las decisiones políticas.


2. La política está llena de intereses contrapuestos y alianzas complejas. Reconocer estas dinámicas es esencial para predecir y comprender los cambios políticos.


3. Las experiencias históricas y las identidades culturales juegan un papel crucial en la configuración de las políticas nacionales. Ignorar estas influencias puede llevar a malentendidos y errores estratégicos.

Aplicación en la práctica.

La metáfora de "pelar la cebolla" puede ser aplicada en varios contextos. Al analizar las políticas públicas, es importante considerar no sólo su impacto inmediato, sino también las motivaciones detrás de ellas y cómo se alinean con los intereses estratégicos y culturales más amplios.

En las negociaciones internacionales, comprender las capas más profundas de los intereses y las dinámicas históricas puede ayudar a encontrar puntos de acuerdo y evitar conflictos innecesarios.

Una metáfora para la política exterior y la diplomacia.

La política exterior y las relaciones internacionales son tareas complejas que requieren una estrategia cuidadosa, una comprensión profunda y paciencia. Una de las metáforas más adecuadas para interactuar con líderes extranjeros y abordar desafíos diplomáticos es justamente la de "pelar la cebolla". 

Las relaciones internacionales constan de múltiples capas que deben descubrirse cuidadosamente para alcanzar la verdad o la resolución central. Cada capa representa agravios históricos, intereses nacionales, dinámicas culturales, ideologías políticas y motivaciones personales. Comprenderlas es crucial para el éxito diplomático y la estabilidad global.

1. La capa más externa de la cebolla suele estar compuesta por la retórica y declaraciones públicas. Los líderes extranjeros suelen hacer proclamaciones audaces diseñadas para audiencias nacionales e internacionales. Estas declaraciones, si bien importantes, tienen fines políticos en lugar de revelar verdaderas intenciones. Los diplomáticos deben aprender a diferenciar entre posturas performativas y posturas políticas sustanciales.


2. Debajo de esta superficie se encuentra la capa de intereses estratégicos. Cada nación opera con base en un conjunto de prioridades geopolíticas, económicas y de seguridad. Si bien la postura pública de un país puede sugerir un compromiso ideológico con una causa particular, sus motivaciones subyacentes provienen de la autopreservación, la ventaja económica o el dominio regional. 


3. Los factores culturales e históricos desempeñan un papel crucial. Las experiencias pasadas, los conflictos, las alianzas y los valores culturales de una nación configuran su enfoque en política exterior. Un país con un historial de colonización puede desconfiar de las intervenciones extranjeras, incluso cuando se presentan como ayuda humanitaria. De igual manera, los agravios históricos entre naciones complican las negociaciones. Comprender estos factores ayuda a los diplomáticos a anticipar reacciones y elaborar políticas que reconozcan las sensibilidades históricas.


4. En un plano más profundo, las motivaciones personales y los estilos de liderazgo de los líderes extranjeros constituyen otro factor importante. Los líderes mundiales son individuos con personalidades, ambiciones y sesgos distintivos. Algunos priorizan la construcción de un legado, mientras que otros se centran en la reforma económica o la expansión militar. La reticencia de un líder a participar en conversaciones de paz podría deberse al deseo de mantener la fuerza política interna en lugar de la rigidez ideológica. Los diplomáticos eficaces analizan estas dinámicas personales para adaptar sus enfoques de negociación.

Desafíos de pelar la cebolla.

1. Una de las principales dificultades es la desinformación y el engaño. Las naciones pueden ocultar intencionalmente sus verdaderos motivos, presentando una imagen engañosa para ganar influencia en las negociaciones. 


2. La existencia de múltiples partes interesadas dentro de un mismo país también complica las cosas. Las agencias gubernamentales, los líderes militares, las élites empresariales y las facciones políticas tienen intereses contrapuestos, lo que dificulta discernir una posición nacional unificada.


3. Otro desafío es la imprevisibilidad de las crisis internacionales. Un líder extranjero puede responder de manera diferente a la misma situación en función de las presiones internas, las condiciones económicas o las alianzas cambiantes. Las estrategias diplomáticas deben ser flexibles para adaptarse a circunstancias cambiantes.

La importancia de la paciencia y la persistencia.

Dadas estas complejidades, una política exterior eficaz requiere paciencia y persistencia. Los diplomáticos deben estar dispuestos a participar en negociaciones prolongadas, revisar las conversaciones varias veces y lograr avances graduales. La diplomacia apresurada conduce a acuerdos superficiales que fracasan bajo presión, mientras que un diálogo metódico permite una estabilidad a largo plazo.

Generar confianza es un aspecto crucial para avanzar en la política exterior. Si bien las interacciones iniciales pueden estar plagadas de escepticismo, el diálogo sostenido y los gestos de buena voluntad pueden ayudar a establecer la credibilidad. Esto es particularmente importante en los esfuerzos de reconciliación posconflicto, donde las animosidades profundamente arraigadas deben desmantelarse gradualmente mediante el diálogo diplomático.

La metáfora de pelar una cebolla ilustra eficazmente el desafío constante de lidiar con la incertidumbre y desenvolverse en estructuras gubernamentales e internacionales complejas. Con cada capa que se elimina, surgen nuevos desafíos y complicaciones que requieren persistencia, adaptabilidad y resolución estratégica de problemas. El proceso puede ser frustrante. Por ello, es necesario un análisis cada vez más profundo para equiparse con las herramientas y los conocimientos adecuados.

Pero, ¡cuidado con las obsesiones! En su conferencia "The Inner Ring", pronunciada en el King's College de la Universidad de Londres en 1944, C.S. Lewis utilizó la metáfora de la cebolla para describir la futilidad de buscar exclusividad en los "círculos íntimos". Dijo: "cuando estás intentando pelar una cebolla, si lo consigues, no quedará nada". Esta frase se refiere a la idea de que, al intentar alcanzar el núcleo de un círculo exclusivo, uno puede descubrir que no hay nada sustancial en el centro, sólo una búsqueda vacía de pertenencia. Lewis critica la obsesión por formar parte de estos grupos exclusivos, sugiriendo que esta búsqueda es infructuosa y puede llevar a comportamientos poco éticos.

https://www.sdpnoticias.com/opinion/la-metafora-de-la-cebolla/


Saturday, March 22, 2025

Enfoque, alineación y disciplina

Enfoque, alineación y disciplina

Javier Treviño

@javier_trevino

Del 2001 al 2009 trabajé en CEMEX. Aprendí mucho de Lorenzo Zambrano y Héctor Medina. Ellos estaban convencidos de que, en una organización compleja, el éxito tiene tres ingredientes: enfoque, alineación y disciplina. Yo creo que esto no es exclusivo de las empresas. También se aplica al gobierno.

Una gobernanza eficaz es una sinfonía de acción coordinada, impulsada por un propósito claro y ejecutada con precisión inquebrantable. En esta orquestación, el enfoque, la alineación y la disciplina integran la batuta del director, guiando al gobierno hacia el logro de sus objetivos. Estos tres elementos, al armonizarse, transforman a un conjunto de individuos e instituciones en una poderosa fuerza para el cambio positivo.

En un mundo cada vez más complejo, la ejecución de un gobierno eficaz requiere más que discursos, conferencias de prensa, políticas y leyes: exige enfoque, alineación y disciplina. Estos tres principios son la base de un liderazgo visionario, garantizan que la gobernanza no sólo sea eficiente, sino también sostenible. Sin ellos, los gobiernos se arriesgan a la ineficiencia, la mala gestión y la pérdida de confianza pública.

Enfoque: el poder de las prioridades claras.

El enfoque es la capacidad de concentrarse en los asuntos más importantes sin distraerse con el ruido político ni las ganancias a corto plazo. Un gobierno sin enfoque es como un barco sin brújula, que navega sin rumbo de mes a mes, de crisis en crisis. Los gobiernos eficaces establecen prioridades nacionales claras, como el desarrollo económico, la seguridad, la educación y la atención médica, garantizando que los recursos y las políticas se dirijan a objetivos de largo plazo.

Por ejemplo, países como Singapur han demostrado el poder del enfoque al priorizar el crecimiento económico y la innovación. Al mantener una dirección clara, han pasado de ser naciones con dificultades a ser ejemplos de éxito mundial. Un gobierno enfocado no desperdicia recursos en iniciativas dispersas, sino que dirige su energía hacia políticas de alto impacto que impulsan el progreso nacional.

Alineación: unidad de visión y acción.

La alineación garantiza que todos los sectores del gobierno, desde los altos políticos hasta los modestos servidores públicos, trabajen hacia los mismos objetivos. Un gobierno puede tener una visión sólida, pero si diferentes secretarías y dependencias avanzan en direcciones opuestas, el progreso será lento e ineficiente. La alineación requiere un liderazgo cohesivo, colaboración interinstitucional y alianzas público-privadas para asegurar que todos avancen hacia un objetivo común.

Por ejemplo, cuando Estados Unidos lanzó el programa Apolo en la década de 1960, alineó a todo su aparato gubernamental, desde la NASA hasta el Congreso, para lograr el único objetivo de llevar al hombre a la Luna. Esta alineación de visión y acción permitió un logro histórico en tiempo récord. De igual manera, los gobiernos modernos que alinean políticas económicas, programas sociales y proyectos de infraestructura logran un desarrollo más rápido y eficaz.

Disciplina: coherencia y responsabilidad.

La disciplina es la fuerza que garantiza que las políticas se ejecuten con precisión e integridad. Un gobierno disciplinado cumple con sus compromisos, exige responsabilidades a sus funcionarios y mantiene la eficiencia en la toma de decisiones. Sin disciplina, incluso los mejores planes pueden desmoronarse debido a la corrupción, la mala gestión o la falta de compromiso. La disciplina es evidente en naciones que cuentan con estrictas medidas anticorrupción, burocracias eficientes y una gobernanza transparente. 

Por ejemplo, Alemania y Corea del Sur han destacado en gobernanza gracias a su enfoque disciplinado en la planificación económica, la aplicación de la ley y la ejecución de políticas. Cuando los gobiernos aplican la disciplina en todos los niveles, desde la responsabilidad fiscal hasta el liderazgo ético, se ganan la confianza y el respeto de sus ciudadanos.

Lo que dicen los expertos.

Los gobiernos que adoptan enfoque, alineación y disciplina pueden transformar naciones, impulsar sociedades y construir futuros prósperos. El enfoque garantiza que las prioridades sean claras e inquebrantables, la alineación garantiza que todos los sectores trabajen hacia objetivos comunes, y la disciplina promueve la rendición de cuentas y la eficiencia. 

Sin estos tres pilares, los gobiernos corren el riesgo de ser ineficaces, derrochadores e inestables. En una era de desafíos globales, adoptar estos principios no es una opción; es una necesidad para cualquier nación que busque el éxito a largo plazo. Ahora veamos lo que dicen los expertos.

Enfoque: la “estrella del norte” de la gobernanza.

"El guerrero exitoso primero es victorioso y luego busca la batalla", escribió Sun Tzu en “El arte de la guerra”. Este principio subraya la importancia de la claridad de propósito y la priorización estratégica. En el gobierno, el enfoque se traduce en identificar los desafíos más críticos y asignar los recursos en consecuencia. Como enfatiza Jim Collins en su libro "De bueno a excelente": "los líderes entienden que la pregunta clave no es ¿qué debemos hacer? sino ¿qué podemos hacer mejor que nadie?". Esto requiere un enfoque riguroso en las competencias clave y la voluntad de eliminar las distracciones. Los gobiernos deben establecer objetivos bien definidos y resistir la tentación de reaccionar impulsivamente ante cada crisis o presión pública.

Un gobierno con un enfoque claro evita los inconvenientes de dispersar demasiado los recursos, lo que resulta en esfuerzos diluidos y un impacto mínimo. Prioriza las iniciativas que generan el mayor retorno de la inversión, alineando sus acciones con su visión global. "La esencia de la estrategia es elegir qué no hacer", observó Michael Porter, experto en estrategia competitiva. El enfoque permite una asignación eficiente de recursos y un progreso medible.

La transformación de Singapur bajo el liderazgo de Lee Kuan Yew se enfoco en el desarrollo económico, la infraestructura y la seguridad nacional, convirtiendo a una pequeña nación con escasos recursos en una potencia mundial. El compromiso de su gobierno con objetivos bien definidos evitó la desviación de las políticas y garantizó un progreso nacional constante.

Alineación: la sinfonía de la colaboración.

Una gobernanza eficaz requiere alineación, el proceso de garantizar que todas las secretarías, dependencias y personal del gobierno trabajen hacia un objetivo común. Esto requiere una comunicación clara, un entendimiento compartido y un compromiso con la acción colectiva.

"La cultura se come a la estrategia en el desayuno", decía Peter Drucker. Esto resalta la importancia de fomentar una cultura de colaboración y un propósito compartido. La alineación no se trata sólo de instrucciones; requiere un enfoque de abajo hacia arriba, empoderando a las personas de todos los niveles para que contribuyan a la misión general. Como enfatiza Patrick Lencioni en “Las cinco disfunciones de un equipo”, la confianza, el conflicto, el compromiso, la rendición de cuentas y los resultados son esenciales para construir un equipo cohesionado y alineado.

En el gobierno, la alineación se traduce en romper silos, fomentar la cooperación interinstitucional y garantizar que las políticas se implementen de manera consistente en todos los niveles. Esto requiere canales de comunicación sólidos, líneas de autoridad claras y una cultura de rendición de cuentas.

En “La quinta disciplina”, Peter Senge introduce el concepto de organización de aprendizaje, donde la alineación entre equipos conduce a un cambio sistémico. Argumenta que, sin alineación, incluso los planes mejor trazados se verán socavados por la fragmentación y la resistencia.

La recuperación económica de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, atribuida al liderazgo de Ludwig Erhard, se debió a la alineación eficaz de las políticas sobre economía social de mercado. De igual manera, el rápido desarrollo de China bajo el liderazgo de Deng Xiaoping fue posible gracias a la alineación entre las directivas del partido y las reformas económicas, lo que garantizó un movimiento colectivo hacia la modernización.

Disciplina: la búsqueda inquebrantable de la excelencia.

"La disciplina es el puente entre las metas y los logros", decía Jim Rohn. Una gobernanza eficaz requiere disciplina, el compromiso inquebrantable con la ejecución de los planes y el cumplimiento de los estándares establecidos. Esto exige una planificación rigurosa, una ejecución meticulosa y una búsqueda incansable de la excelencia.

La ejecución es clave. Los gobiernos pueden tener estrategias brillantes, pero sin una ejecución disciplinada, se quedarán en meras ideas. La disciplina se traduce en una gestión rigurosa de proyectos, una toma de decisiones basada en datos y un compromiso con la mejora continua.

Si aplicamos lo que dice Angela Duckworth en su libro "Grit: el poder de la pasión y la perseverancia", en el gobierno se requiere un compromiso incansable con el logro de objetivos, incluso frente a la adversidad. La disciplina garantiza que las políticas se implementen eficazmente, los recursos se gestionen eficientemente y los resultados se midan y evalúen.

Si bien el enfoque y la alineación sientan las bases para una gobernanza eficaz, la disciplina garantiza una ejecución sostenida. La disciplina no se trata de rigidez, sino de adherirse constantemente a principios y valores.

Uno de los ejemplos más citados de gobernanza disciplinada es el liderazgo de Franklin D. Roosevelt durante la Gran Depresión. Su administración implementó meticulosamente los programas del New Deal, demostrando disciplina en la ejecución a pesar de la oposición política y los desafíos económicos. 

La sinfonía del éxito.

Cuando el enfoque, la alineación y la disciplina se armonizan, crean una poderosa fuerza para el cambio positivo. Un gobierno enfocado prioriza sus esfuerzos, un gobierno alineado coordina sus acciones y un gobierno disciplinado ejecuta sus planes con precisión. 

https://www.sdpnoticias.com/opinion/enfoque-alineacion-y-disciplina/


Saturday, March 15, 2025

Estadista frente a políticos

Estadista frente a políticos

Javier Treviño

@javier_trevino

La distinción entre un estadista y un político, aunque para algunos sea borrosa, representa una divergencia fundamental en cuanto a propósitos y enfoques. Si bien ambos operan dentro del ámbito de la gobernanza, sus motivaciones, estrategias y legados difieren significativamente. Con mayor razón cuando vivimos en tiempos de políticos distraídos.

De acuerdo con la filosofía política, estudios de liderazgo y análisis históricos, hay características y diferencias que definen a estos dos arquetipos.

Un político es un individuo que participa en las actividades de gobierno o influye en las políticas públicas. Su enfoque principal gira en torno a ganar y mantener el poder, jugar en la arena política inmediata y responder a las demandas de sus electores, o de sus patrocinadores. Su enfoque en las ganancias a corto plazo y la conveniencia política inmediata siempre eclipsa los intereses nacionales de largo plazo.

Por el contrario, un estadista encarna una vocación superior; se caracteriza por una visión a largo plazo, un compromiso con el interés nacional y una disposición a tomar decisiones difíciles, basadas en evidencia, incluso a expensas de las ganancias políticas a corto plazo. Prioriza el bienestar de la nación por encima de la ambición personal.

El político representa un liderazgo transaccional, centrándose en la negociación y el compromiso para lograr objetivos inmediatos. El estadista encarna el liderazgo transformador, inspirando una visión compartida y movilizando la acción colectiva hacia objetivos nacionales a largo plazo.

La frase atribuida a James Freeman Clarke, "el estadista piensa en la próxima generación, el político en la próxima elección", resume esta diferencia fundamental. El enfoque del político se centra en los ciclos electorales inmediatos, lo que lo lleva a tomar decisiones que pueden priorizar la popularidad a corto plazo sobre la sostenibilidad. El estadista, sin embargo, considera las consecuencias a largo plazo de sus acciones, esforzándose por construir un legado duradero.

Si bien tanto los políticos como los estadistas enfrentan desafíos éticos, el estadista se guía por una sólida brújula moral, priorizando la integridad y el servicio público sobre el beneficio personal. Reconoce que la confianza es esencial para un gobierno eficaz y se esfuerza por mantener los más altos estándares éticos.

Martin Luther King Jr. decía que "un líder genuino no es un buscador de consensos sino un moldeador del consenso". El estadista posee la capacidad de unir a diversas facciones, generar consenso en torno a objetivos compartidos e inspirar un sentido de unidad nacional. Es un experto en navegar por aguas políticas turbulentas, construir alianzas y fomentar la cooperación.

El compromiso del estadista con la visión a largo plazo, la conducta ética y la unidad nacional lo distingue del político, que prioriza las ganancias a corto plazo, la ambición personal y las “selfies” que lo distraen. Ya ni siquiera intenta tomar el poder; lo que quiere es tomarse la foto.

El peligro de la distraccion política.

La distracción política se refiere al fenómeno en el que los líderes políticos y las instituciones desvían la atención de los problemas urgentes hacia asuntos triviales o sensacionalistas, con lo que se socava la gobernanza eficaz. Esta táctica puede conducir a un electorado mal informado, a la parálisis política y a la erosión de los principios democráticos.

En su libro “Truth Decay” (Decadencia de la verdad), Jennifer Kavanagh y Michael D. Rich analizan el papel cada vez menor de los hechos y el análisis en la vida pública. Identifican tendencias como el creciente desacuerdo sobre hechos objetivos y la difuminación de la línea entre opinión y hecho, que contribuyen a la distracción política. Estas tendencias dan lugar al deterioro del discurso civil y a la parálisis, ya que los responsables políticos se centran más en las batallas partidistas que en abordar cuestiones sustanciales.

Henry Kissinger introduce en su libro “World Order” (Orden mundial) el concepto de "frivolidad estratégica" para describir decisiones políticas miopes desconectadas de los intereses a largo plazo de una nación. Sostiene que dicha frivolidad puede conducir a importantes consecuencias geopolíticas, ya que los líderes priorizan las ganancias o distracciones inmediatas por encima de las estrategias sostenibles. 

Los medios de comunicación también colaboran con la distracción política. La proliferación de artículos basados en opiniones en lugar de periodismo basado en hechos contribuye a un público desinformado y desvía la atención de los debates políticos sustantivos. Este entorno permite a las figuras políticas explotar temas sensacionalistas, imágenes en redes sociales, distrayendo aún más tanto a los medios como al público de las cuestiones críticas.

La distracción política plantea una amenaza significativa para la gobernanza eficaz y la salud de las sociedades democráticas. Al desviar la atención de las cuestiones esenciales hacia asuntos triviales, los dirigentes políticos corren el riesgo de estancarse, erosionar la confianza pública y comprometer el interés nacional. La distracción política profundiza la polarización y obstaculiza la tarea del gobierno. 

 La naturaleza de la distracción política.

La distracción política se refiere al enfoque deliberado o inadvertido en asuntos triviales o sensacionalistas a expensas de abordar cuestiones críticas. Como señaló Thomas Sowell, muchos políticos priorizan sus propios problemas (como ser elegidos, reelegidos o promovidos) en lugar de la solución de los desafíos que enfrentan sus electores. Este comportamiento egoísta a menudo da como resultado un gobierno transaccional en lugar de uno basado en principios.

La distracción es una herramienta deliberada utilizada por los regímenes autoritarios para mantener el control. Estos regímenes crean caos y sobrecargan a los ciudadanos con información contradictoria para oscurecer cuestiones críticas y socavar la transparencia. Si bien esta táctica es más pronunciada en las autocracias, algunos elementos de ella pueden filtrarse en los sistemas democráticos cuando los líderes se centran en la retórica divisiva en lugar de la formulación de políticas sustantivas.

Erosión de la confianza y las normas democráticas.

Los políticos distraídos debilitan la confianza pública en las instituciones al no abordar las necesidades sociales apremiantes. G.K. Chesterton criticó a los políticos modernos por estar más interesados en tomar el poder que en servir al bien público, y los contrastó con los estadistas que priorizan los principios constitucionales y el bienestar colectivo. Esta erosión de la confianza se ve agravada por la polarización política, que prospera en entornos donde los líderes explotan el sensacionalismo y la división.

La exposición diaria a las controversias políticas seguramente afecta negativamente la salud mental de las personas y reduce su motivación para participar en la acción cívica. Esta falta de compromiso debilita la democracia al disminuir la participación colectiva en el gobierno.

Impacto en la cohesión social.

La distracción política exacerba la polarización al enmarcar a los oponentes como enemigos en lugar de adversarios. Las investigaciones de académicos serios han demostrado que la polarización fomenta la hostilidad y la desconfianza entre los ciudadanos, creando cámaras de resonancia donde las personas tienen menos probabilidades de comprometerse con diferentes perspectivas. Esta división socava los esfuerzos por crear consenso en torno a soluciones para desafíos compartidos.

Además, el liderazgo distraído a menudo descuida las desigualdades sistémicas. Por ejemplo, el hecho de no abordar las disparidades en la educación o la atención médica perpetúa ciclos de pobreza y marginación. Las comunidades sufren cuando los líderes prefieren sus fotos y las ganancias políticas inmediatas sobre el progreso social de largo plazo.

Lecciones del estadista.

Los estadistas ejemplifican un liderazgo basado en la integridad y la deliberación. A diferencia de los políticos distraídos, los estadistas se centran en el bien común y resisten la tentación de gobernar a través del espectáculo o la conveniencia. La afirmación de Edmund Burke, “los representantes deben a sus electores no sólo esfuerzo sino buen juicio”, subraya la importancia de un liderazgo basado en principios para salvaguardar la democracia.

El contraste entre la habilidad política y la distracción es marcado: mientras que los estadistas construyen confianza y fomentan la unidad, los políticos distraídos siembran división y socavan la gobernabilidad. 

El camino a seguir.

Para mitigar los peligros de la distracción política, los ciudadanos deben exigir responsabilidad a sus líderes. Esto implica examinar el compromiso de los candidatos con la formulación de políticas sustantivas por encima de sus gestos teatrales. Los votantes deben priorizar la integridad y la visión, y no necesariamente el carisma o el partidismo.

Fomentar la educación cívica puede empoderar a las comunidades para reconocer y resistir las tácticas manipuladoras y las fotos convenencieras. Al promover el pensamiento crítico y alentar el diálogo, en lugar de las divisiones, las sociedades pueden contrarrestar los efectos polarizadores de la distracción política.

https://www.sdpnoticias.com/opinion/estadista-frente-a-politicos/


Saturday, March 08, 2025

Navegar la tormenta con Sun Tzu

Navegar la tormenta con Sun Tzu

Javier Treviño

@javier_trevino

El gobierno de Estados Unidos se ha convertido en un desafío formidable para México: disputas comerciales, tensiones migratorias, retos de seguridad, retórica hostil y un panorama geopolítico volátil. 

El martes pasado, el mismo día en que los aranceles de Estados Unidos entraban en vigor, el Secretario de Comercio Howard Lutnick dijo, en una entrevista en CNBC, que no se trata de una guerra comercial sino de una guerra contra las drogas.

Para navegar en este entorno complejo, el gobierno de México podría emplear estratégicamente la sabiduría de “El arte de la guerra” de Sun Tzu, adaptando principios ancestrales a la realidad política moderna. Es un tratado militar escrito hace más de 2,500 años en la antigua China. Es una guía estratégica para ganar.

Creo que estamos entrando en una era en la que los sabios y atemporales preceptos de "guerra cautelosa" y "derrotar al enemigo sin luchar", que enfatizan la prevención de conflictos, son particularmente relevantes.

Hace tres meses, se llevó a cabo el X Simposio Internacional sobre “El arte de la guerra” de Sun Tzu, en Beijing. Los asistentes, académicos chinos e internacionales, intercambiaron sus puntos de vista en torno al tratado clásico sobre estrategia y la importancia de la filosofía militar de Sun Tzu para el mundo moderno. 

1. Conocerse a uno mismo y al oponente.

Una de las lecciones fundamentales de Sun Tzu es: “si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas”. México debe realizar una evaluación exhaustiva de sus fortalezas, debilidades y apalancamiento estratégico. De manera similar, comprender el estilo de negociación del nuevo líder estadounidense, marcado por la imprevisibilidad, el transaccionalismo y la retórica nacionalista, puede ayudar a México a anticipar y contrarrestar políticas agresivas.

México posee importantes ventajas estratégicas, entre ellas su interdependencia económica con Estados Unidos, en virtud del TLCAN y el T-MEC, su papel en el control de la migración regional y su creciente sector energético. Reconocer estas fortalezas permite entrar en negociaciones con confianza, asegurándose de que no sea sumiso ni combativo, sino calculador en sus respuestas.

2. Alianzas estratégicas y diplomacia.

Sun Tzu enfatiza la importancia de las alianzas: “el arte supremo de la guerra es someter al enemigo sin luchar”. México debe profundizar sus lazos diplomáticos no sólo con Estados Unidos, sino también con otras potencias globales, como Canadá, la Unión Europea y China, para crear contrapesos en el comercio y la inversión. Fortalecer la cooperación con los gobernadores de los estados y alcaldes de las principales ciudades de Estados Unidos, los líderes empresariales y las comunidades hispanas, muchas de las cuales se oponen a las políticas de línea dura, también puede crear presión dentro de Estados Unidos para moderar las medidas extremas contra México.

3. El uso del engaño y la adaptabilidad.

Otra lección clave de “El arte de la guerra” es que se debe evitar la confrontación directa cuando sea posible: “aparenta ser débil cuando eres fuerte, y fuerte cuando eres débil”. Si el gobierno estadounidense amenaza a México con aranceles o cierres de fronteras, México no debería reaccionar impulsivamente. En cambio, debería emplear respuestas diplomáticas mesuradas, ofrecer soluciones alternativas y entablar negociaciones extraoficiales para reducir las tensiones mientras prepara planes de contingencia económica.

Además, Sun Tzu aboga por la flexibilidad en la estrategia: “en medio del caos, también hay oportunidades”. Si se intensifica la retórica anti-México, nuestro país puede convertir esto en una oportunidad para fortalecer su industria nacional, atraer inversión extranjera de países que buscan alternativas a Estados Unidos y mejorar su autosuficiencia en sectores clave como la energía y la manufactura.

4. El apalancamiento económico como arma.

Sun Tzu destaca la importancia de controlar los recursos en la guerra: “el combatiente hábil se coloca en una posición que hace imposible la derrota”. La relación comercial de México con Estados Unidos está profundamente entrelazada, y millones de empleos estadounidenses dependen de las importaciones y las cadenas de suministro mexicanas. Ante los aranceles o ante el intento de renegociar términos comerciales desfavorables, México puede aprovechar su papel en la industria manufacturera de América del Norte, en los sectores automotriz y agrícola, como contramedida.

Además, México puede explorar estrategias de diversificación mediante la expansión del comercio con Asia, América Latina y Europa. Reducir la dependencia económica de Estados Unidos le otorgaría a México una mayor autonomía en futuras negociaciones.

5. Controlar la narrativa.

Sun Tzu advierte que la percepción determina los resultados: “toda guerra se basa en el engaño”. Si se ha utilizado históricamente a México como chivo expiatorio político, culpándolo de la migración, el fentanilo y los problemas económicos, es necesario contrarrestarlo. México debería dar forma proactiva a su narrativa en los medios estadounidenses e internacionales, destacando sus contribuciones a la economía estadounidense, la cooperación en materia de seguridad y los beneficios mutuos de una relación sólida entre ambos países.

Al interactuar con medios de comunicación influyentes, centros de estudios, universidades y responsables de políticas estadounidenses, México puede desmantelar estereotipos negativos y reforzar la realidad de que la colaboración, en lugar de la confrontación, beneficia a los intereses de ambas naciones.

6. Inteligencia y planes.

Además, Sun Tzu aboga por el “uso de espías", o en términos modernos, la recopilación de inteligencia. México debería invertir en el fortalecimiento de sus capacidades de inteligencia para monitorear el panorama político en Estados Unidos y anticipar posibles cambios en las tendencias y las medidas del gobierno. Esto incluye construir relaciones con grupos de expertos, instituciones académicas y otras fuentes de información.

Finalmente, Sun Tzu enfatiza la importancia de "trazar planes". México debería desarrollar planes de contingencia para una variedad de escenarios potenciales, desde disputas comerciales adicionales hasta restricciones más estrictas a la inmigración. Esto implica identificar vulnerabilidades potenciales, desarrollar estrategias alternativas y generar resiliencia en sectores clave de la economía.

En suma…

El énfasis de Sun Tzu en “conocerse a uno mismo y al adversario” es primordial. "Toda guerra se basa en el engaño". En el ámbito de las relaciones internacionales, esto se traduce en comunicación estratégica y maniobras diplomáticas eficaces. "El arte supremo de la guerra es someter al enemigo sin luchar". Este principio es particularmente relevante en el contexto de las negociaciones comerciales. 

Sun Tzu destaca la importancia de la adaptabilidad y flexibilidad: "el agua moldea su cauce de acuerdo con la naturaleza del suelo sobre el que fluye; el soldado calcula su victoria en relación con el enemigo al que se enfrenta". 

¿Qué hacer?

1. Inteligencia estratégica: establecer un grupo de trabajo especializado para monitorear de cerca las prioridades políticas y los mensajes públicos del gobierno de Estados Unidos. Esto permitiría a México predecir los cambios en la política estadounidense y preparar respuestas proactivas.

2. Aprovechar los intereses mutuos: destacar áreas de interdependencia en el marco del T-MEC, para enmarcar la cooperación como beneficiosa para ambas naciones.

3. Compromiso selectivo: evitar confrontaciones directas sobre temas muy publicitados como la inmigración o el fentanilo. En su lugar, centrarse en áreas menos polémicas donde se puedan alcanzar acuerdos, como la infraestructura o la cooperación energética.

4. Diversificar las asociaciones: fortalecer las relaciones comerciales con otros países.

5. Maniobras diplomáticas: enfatizar públicamente la colaboración mientras se negocian en privado posiciones de línea dura para mantener la flexibilidad.

6. Iniciativas sorpresa: lanzar propuestas inesperadas que se alineen con los intereses de Estados Unidos pero que sirvan a los objetivos de México, como programas conjuntos de seguridad.

7. Solidaridad regional: colaborar con otras regiones para presentar posiciones unificadas sobre cuestiones migratorias o comerciales.

8. Unidad nacional: involucrar a los ciudadanos comunicando de manera transparente lo que está en juego en las relaciones entre Estados Unidos y México, fomentando el apoyo nacional a las políticas gubernamentales.

9. Concesiones simbólicas: ofrecer medidas visibles pero de bajo costo en materia de seguridad fronteriza o migración que permitan al gobierno de Estados Unidos proclamar su éxito mientras se salvaguarda la soberanía mexicana.

10. Narrativa controlada: enmarcar las concesiones como logros mutuos en lugar de victorias unilaterales para Estados Unidos, manteniendo la dignidad en las negociaciones.

Al aplicar los principios básicos de “El arte de la guerra”, México puede sortear estratégicamente los desafíos que plantea el gobierno de Estados Unidos. En lugar de reaccionar a la defensiva, conviene actuar con previsión, convirtiendo los conflictos potenciales en oportunidades de crecimiento y un posicionamiento más fuerte en el escenario global. Al hacerlo, no sólo se protegerá el interés nacional, sino que también se garantizará una relación más equilibrada y cooperativa con nuestro vecino. 

https://www.sdpnoticias.com/opinion/navegar-la-tormenta-con-sun-tzu/


Saturday, March 01, 2025

¿Para qué sirve un gobierno?

¿Para qué sirve un gobierno?

Javier Treviño

@javier_trevino

Después de leer las noticias nacionales e internacionales de la semana y de escuchar las declaraciones de políticos de diferentes países, siempre surgen dos preguntas obligadas: ¿Para qué sirven los gobiernos? ¿Qué tipo de liderazgos necesitamos hoy?

El papel del gobierno ha sido una cuestión central en la filosofía política, la economía y las políticas públicas durante siglos. Desde las teorías clásicas de Aristóteles o Hobbes hasta los análisis modernos de académicos como John Rawls o Francis Fukuyama, el debate sobre el propósito del gobierno continúa vigente en todo el mundo. 

En esencia, el gobierno existe para mantener el orden, proporcionar bienes públicos, garantizar la justicia y fomentar el bienestar económico y social. 

El mantenimiento del orden.

Una de las funciones más ampliamente aceptadas del gobierno es el mantenimiento del orden social. Thomas Hobbes, en “Leviatán” (1651), sostuvo que sin el gobierno, la vida humana sería "solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta". Propuso que los individuos cedieran voluntariamente algunas libertades a una autoridad soberana a cambio de protección y estabilidad. Este concepto sigue siendo una idea fundamental en el pensamiento político. Max Weber lo desarrolló más en “La política como vocación” (1919) y definió al Estado como una entidad que reivindica el monopolio del uso legítimo de la fuerza dentro de un territorio determinado. Sin este monopolio, la anarquía y la ilegalidad podrían socavar la cohesión social.

Provisión de bienes públicos.

La teoría de los bienes públicos fue postulada por Paul Samuelson (1954) y sostiene que los bienes que se consumen colectivamente no son rivales ni excluibles. Fue diseñada para determinar la mejor manera de lidiar con las fallas del mercado, cuando la asignación de recursos no es óptima y, por lo tanto, para determinar la mejor distribución de bienes y servicios por parte del mercado o del Estado. ¿Cuáles son los principales ejemplos? Seguridad nacional, medio ambiente, infraestructura, salud pública, alumbrado y parques públicos, seguridad pública, educación. Se trata de servicios que los mercados privados probablemente no puedan proporcionar de manera eficiente debido a los problemas de costo de oportunidad, lo que hace necesaria la intervención del gobierno.

Estado de derecho y justicia.

Garantizar la justicia es otra función crucial del gobierno. John Locke, en “Dos tratados sobre el gobierno civil” (1689), sostuvo que el gobierno existe para proteger los derechos naturales: la vida, la libertad y la propiedad. El Estado de derecho, como lo destacó el politólogo Friedrich Hayek en “Derecho, legislación y libertad” (1973), garantiza que los marcos legales sean predecibles y se apliquen por igual a todos los individuos. Un sistema legal que funcione bien disuade el crimen, resuelve disputas y defiende los derechos humanos fundamentales, formando la columna vertebral de una sociedad justa y equitativa.

Estabilidad económica y bienestar social.

Los gobiernos también desempeñan un papel vital en la promoción de la estabilidad económica y el bienestar social. John Maynard Keynes, en “La teoría general del empleo, el interés y el dinero” (1936), demostró que la intervención del gobierno es necesaria para gestionar los ciclos económicos, mitigar las recesiones y mantener el empleo. Sus ideas influyeron en políticas como el “New Deal” de Roosevelt, que mostró la capacidad del gobierno para abordar las crisis económicas de manera efectiva. En discusiones más recientes, Amartya Sen enfatizó en “Desarrollo y libertad” (1999) que el desarrollo debe medirse no sólo por el PIB sino por las capacidades humanas, argumentando que los gobiernos deben garantizar el acceso a la atención médica, la educación y las protecciones sociales para mejorar el bienestar general.

Democracia y participación política.

Más allá de las responsabilidades económicas y sociales, los gobiernos también proporcionan el marco institucional para la participación política y la democracia. Alexis de Tocqueville, en “La democracia en América” (1835), observó que la gobernanza democrática fomenta el compromiso cívico y la confianza social. Más recientemente, Francis Fukuyama, en “Los orígenes del orden político” (2011) sostuvo que el estado de derecho y la rendición de cuentas democrática forman los pilares de un gobierno fuerte y eficaz. Estos mecanismos garantizan que los gobiernos sigan respondiendo a sus ciudadanos y, al mismo tiempo, impidan la concentración del poder en manos de unos pocos.

Liderazgo y toma de decisiones.

Los gobiernos necesitan líderes. Y el verdadero líder, el estadista, cultiva una mentalidad orientada al futuro, guiando a su país hacia una realidad más próspera, justa y equitativa. Este liderazgo transformador requiere una combinación de pensamiento estratégico, convicción moral y capacidad de inspirar la acción colectiva.

John C. Maxwell escribió que "un líder es aquél que conoce el camino, recorre el camino y muestra el camino". En el gobierno, este "camino" es la visión articulada, una hoja de ruta que guía a la nación hacia el futuro deseado. Esta visión debe estar basada en una comprensión profunda de las fortalezas y debilidades de la nación, su contexto histórico y el panorama global en evolución.

"La tarea del líder es llevar a su gente de donde está a donde nunca ha estado", decía Henry Kissinger. Este viaje requiere un líder que sepa crear un entorno que fomente la innovación y el progreso. Esto implica desafiar el status quo, aceptar el cambio y empoderar a los ciudadanos para que contribuyan al desarrollo de la nación.

El liderazgo transformador en el gobierno no se trata únicamente de lograr el crecimiento económico o la estabilidad política; también se trata de fomentar un sentido de identidad y propósito nacional. Como enfatizó Warren Bennis, "el liderazgo es la capacidad de traducir la visión en realidad". Esta traducción requiere que un líder genere consenso, inspire confianza y movilice recursos para alcanzar objetivos compartidos.

James MacGregor Burns escribió que "el liderazgo transformador sólo ocurre cuando una o más personas se relacionan con otras de tal manera que los líderes y los seguidores se elevan mutuamente a niveles más altos de motivación y moralidad". En el gobierno, esto se traduce en un compromiso con la transparencia, la rendición de cuentas y el estado de derecho.

La capacidad de ver una nación como podría ser requiere que un líder sea pragmático, idealista y  ambicioso. Pero que también combine humildad personal con una intensa capacidad profesional, que siempre tenga los pies en la tierra y sepa adaptarse a las circunstancias cambiantes.

Legado.

En última instancia, el liderazgo eficaz en el gobierno consiste en crear un legado, con un propósito duradero que motive a los ciudadanos a contribuir al progreso de la nación:

Defensa del territorio nacional contra agresiones extranjeras.

Garantizar la seguridad ciudadana, prevenir y combatir el crimen.

Establecer y hacer cumplir leyes que regulen la convivencia social.

Construcción y mantenimiento de carreteras, puentes, escuelas, hospitales.

Garantizar el acceso a la educación pública de calidad.

Proveer servicios de salud y promover la salud pública.

Asistencia a personas en situación de vulnerabilidad.

Establecer políticas fiscales y monetarias para promover el crecimiento económico.

Fomentar la inversión y la creación de empleo.

Proteger los derechos de los consumidores. Garantizar la seguridad y calidad de los productos y servicios.

Proteger los derechos humanos. Garantizar la igualdad y la no discriminación.

Reducir las desigualdades y garantizar el acceso a oportunidades.

Regular las actividades que puedan dañar el medio ambiente.

Establecer mecanismos para que los ciudadanos puedan expresar sus opiniones y participar en la toma de decisiones.

Defender los intereses del país en el ámbito internacional.

Creación de valor público.

A final de cuentas, la esencia del gobierno es la creación de valor público a través del liderazgo, la formulación de políticas y la gobernanza. El gobierno existe para servir a los ciudadanos garantizando la estabilidad, la justicia y el bien común. Como expresa Mark Moore, profesor de la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard, en su libro “Creación de valor público” (1995), “la responsabilidad fundamental del gobierno es crear valor para el público mediante el uso eficiente de los recursos y la implementación de políticas que mejoren el bienestar colectivo”.

Los gobiernos deben equilibrar la eficiencia, la eficacia y la legitimidad para garantizar que satisfacen las necesidades de sus ciudadanos. Moore sostiene que “los administradores públicos deben pensar como empresarios, buscando constantemente innovar y mejorar la prestación de servicios manteniendo al mismo tiempo la rendición de cuentas”. 

Una gobernanza eficaz requiere un diálogo continuo entre los responsables de las políticas y los ciudadanos para determinar las prioridades y alinearlas con los recursos disponibles. Gobernar bien es esencial para evitar que el poder caiga en malas manos. Nunca debemos perder de vista la lección de Platón: "el precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres".

https://www.sdpnoticias.com/opinion/para-que-sirve-un-gobierno/


Saturday, February 22, 2025

La paradoja del PowerPoint de los gobiernos

La paradoja del PowerPoint de los gobiernos

Javier Treviño

@javier_trevino

El profesor emérito de la universidad de Yale, Edward R. Tufte, escribió en 2003 en la revista Wired, parafraseando a Lord Acton, “Power corrupts, PowerPoint corrupts absolutely” (el poder corrompe y el PowerPoint corrompe absolutamente). 

A veces me siento intoxicado con tantas presentaciones de PowerPoint que veo al día. Desde las conferencias mañaneras de la presidenta hasta las reuniones con integrantes del equipo de gobierno; desde las reuniones de consejos hasta las juntas con ejecutivos de empresas, PowerPoint es omnipresente en el panorama gubernamental y empresarial. Sin embargo, presenta una paradoja. 

Aunque fue concebido como una herramienta para mejorar la comunicación, su uso excesivo e inadecuado puede convertirse en una barrera para el pensamiento claro y la gestión eficaz. Si bien ofrece ventajas innegables, la dependencia del PowerPoint también ha generado una cultura de superficialidad, sobrecarga de información y una disminución del pensamiento crítico.

Las fortalezas del PowerPoint son evidentes: 

1. Ofrece un marco estructurado para presentaciones que permite la integración de elementos visuales, datos y puntos clave de conversación. 

2. Puede ser una valiosa ayuda para organizar las ideas y mantener la concentración de la audiencia. 

3. Para el público, las diapositivas bien diseñadas pueden aclarar información compleja y mejorar la comprensión. 

4. En los negocios, facilita el intercambio de análisis de mercado, actualizaciones de proyectos y planes estratégicos. 

5. En el gobierno, ayuda a comunicar propuestas de políticas, asignaciones presupuestarias e iniciativas novedosas. 

6. Puede ser una herramienta poderosa para la narración visual, haciendo que los datos sean más atractivos y accesibles.

Sin embargo, la facilidad con la que se pueden crear presentaciones de PowerPoint ha llevado a su uso excesivo e inadecuado. El fenómeno de la "muerte por PowerPoint" está bien documentado y se caracteriza por diapositivas repletas de texto, animaciones que distraen y un bombardeo incesante de viñetas. Esta sobrecarga de información puede abrumar a las audiencias, dificultando la comprensión y provocando la desconexión. 

Edward Tufte, un reconocido estadístico y experto en diseño de información, ha sido un crítico de PowerPoint, argumentando en su ensayo "El estilo cognitivo de PowerPoint" que fomenta la "basura gráfica" y las "jerarquías de información", simplificando cuestiones complejas y obstaculizando el pensamiento crítico. El autor aboga por presentaciones claras, concisas y ricas en datos que respeten la inteligencia de la audiencia.

Más allá de las cuestiones estéticas, la dependencia de PowerPoint también puede afectar al proceso de pensamiento. La necesidad de condensar ideas complejas en viñetas puede conducir a una simplificación excesiva y a una pérdida de matices. 

Lo que a veces me molesta es que los presentadores pueden priorizar la creación de diapositivas visualmente atractivas en lugar del desarrollo de argumentos bien razonados. El enfoque se desplaza de la sustancia del mensaje a la superficialidad de la presentación. 

Clifford Nass, profesor de comunicación de Stanford, ha escrito que las personas procesan la información presentada en viñetas con menos profundidad que la información presentada en forma narrativa. Esto puede ser particularmente problemático en entornos gubernamentales y empresariales donde las decisiones políticas complejas y las iniciativas estratégicas requieren un análisis y reflexión profundos.

Otra cosa que me preocupa es que la prevalencia de PowerPoint puede crear una cultura de escucha pasiva. Las audiencias se acostumbran a recibir información en un formato pre-empaquetado, en lugar de participar activamente. Esto puede sofocar el pensamiento crítico y desalentar el diálogo. El énfasis en la presentación, en lugar de la conversación, puede obstaculizar el intercambio colaborativo de ideas que es esencial para una gestión eficaz.

PowerPoint de los gobiernos

Para mitigar los impactos negativos del uso excesivo de PowerPoint, es necesario un cambio de mentalidad. Los servidores públicos deben priorizar la claridad, la concisión y la sustancia en lugar de obsesionarse con el embellecimiento visual. Deben usar PowerPoint como una herramienta para respaldar su mensaje, no como un sustituto de él. 

Muchas veces vemos en la televisión a orgullosos servidores públicos que piensan que su responsabilidad en la formulación e implementación de políticas públicas termina cuando proyectan una presentación. Grandes iniciativas gubernamentales se quedan atoradas en un PowerPoint, y no pasan de ahí. 

El PowerPoint de los gobiernos tiene ventajas y peligros:

Ventajas

1. Proporciona un formato estructurado que ayuda a los servidores públicos a organizar la información compleja de una manera visualmente atractiva. Al utilizar viñetas, gráficos e imágenes, los presentadores pueden descomponer datos densos en partes digeribles, lo que mejora la comprensión y la retención. Esto es particularmente útil en conferencias de prensa donde el gobierno debe comunicar a los periodistas rápidamente su mensaje.

2. Fomenta la coherencia y el profesionalismo en la comunicación. El gobierno puede estandarizar sus relatos, lo que garantiza la coherencia de la marca y la uniformidad de los mensajes en todos los equipos y dependencias. Esto es esencial para mantener la claridad en las presentaciones y los discursos.

3. Respalda la toma de decisiones al permitir la visualización de datos a través de gráficos, tablas e infografías. Los informes financieros complejos, las actualizaciones del progreso de los proyectos y las propuestas estratégicas se pueden comunicar de manera más eficaz cuando se complementan con elementos visuales, lo que facilita que los líderes identifiquen tendencias.

Peligros

1. Promueve un enfoque fragmentado del pensamiento que simplifica en exceso las cuestiones complejas. Esto puede llevar a una comprensión superficial de los problemas, en la que se sacrifican los matices y la profundidad en aras de la brevedad y la comodidad.

2. Reduce la profundidad analítica. Un ejemplo notable es el uso de PowerPoint en el ejército de Estados Unidos, donde las diapositivas demasiado simplistas han sido culpables de la toma de decisiones estratégicas defectuosas. El general James Mattis se refirió a PowerPoint como "una amenaza interna", argumentando que crea una ilusión de comprensión sin fomentar el verdadero pensamiento crítico.

3. Tiene un potencial de sobrecarga de información. El uso excesivo de diapositivas llenas de texto, diagramas complejos o información redundante puede diluir los mensajes clave y hacer que el público se desconecte. Este fenómeno, llamado "muerte por PowerPoint", da como resultado una reducción de la capacidad de atención y una menor retención de la información.

4. Puede crear una falsa sensación de confianza en la representación de los datos. Las diapositivas mal diseñadas pueden oscurecer ideas críticas o presentar información engañosa, lo que conduce a conclusiones erróneas. Un ejemplo clásico es el desastre del Challenger de la NASA, donde una presentación de PowerPoint defectuosa no logró comunicar eficazmente los riesgos, lo que contribuyó a la decisión de lanzarlo a pesar de las preocupaciones de seguridad.

La virtud del equilibrio

Para maximizar los beneficios de PowerPoint y otras herramientas, y mitigar sus desventajas, los gobiernos deben adoptar las mejores prácticas en su uso: 

1. Las presentaciones deben complementar, no reemplazar, los debates y análisis en profundidad. Los encargados de tomar decisiones deben confiar en informes, documentos y diálogos de apoyo en lugar de reducir cuestiones complejas a diapositivas únicamente.

2. Se deben priorizar la claridad y la participación mediante el uso de principios de diseño minimalistas. Esto significa reducir el texto, centrarse en los puntos clave e incorporar elementos visuales sólo cuando agreguen valor. Seguir la regla 10-20-30 (no más de 10 diapositivas, una presentación de 20 minutos y una fuente de 30 puntos) puede ayudar a mantener la participación de la audiencia.

3. Se sugiere fomentar los enfoques interactivos y dinámicos. En lugar de leer pasivamente las diapositivas, los presentadores deben involucrar a su audiencia con debates, sesiones de preguntas y respuestas y demostraciones de datos en vivo.

Las ideas del profesor Tufte sobre claridad visual e integridad de los datos ofrecen una valiosa orientación. El público también tiene un papel que desempeñar: exigir presentaciones más reflexivas y atractivas. Un mayor énfasis en la narración, el debate y el pensamiento crítico pueden conducir a una comunicación más eficaz y a una mejor toma de decisiones. 

La clave está en reconocer el potencial de herramientas como Google Slides, Canva, Prezi, Keynote, Beautiful.ai, LibreOffice Impress, así como el reconocido PowerPoint. Pero también se tienen que ver que impiden el pensamiento claro, el diálogo significativo y la gestión eficaz.

La simplicidad, accesibilidad y capacidad para estructurar visualmente las ideas son indispensables para la toma de decisiones y la comunicación. Sin embargo, el uso excesivo, y mal uso, del PowerPoint puede obstaculizar la gestión eficaz, distorsionar los procesos de pensamiento y contribuir a malas decisiones.

El gobierno tiene que ir más allá de las presentaciones. Su tarea es promover la deliberación pública, tomar decisiones difíciles, diseñar, formular e implementar políticas para crear valor público.

https://www.sdpnoticias.com/opinion/la-paradoja-del-powerpoint-de-los-gobiernos/


Saturday, February 15, 2025

Pragmatismo estratégico

Pragmatismo estratégico

Javier Treviño

@javier_trevino

El “pragmatismo estratégico” es un enfoque crucial para la formulación de políticas públicas. En el caso de la política exterior, ayuda a equilibrar los objetivos de largo plazo con la flexibilidad de corto plazo. Eso es precisamente lo que México necesita hoy para encarar los retos que día a día surgen del nuevo gobierno de Estados Unidos: pragmatismo estratégico.

Este concepto enfatiza soluciones prácticas sobre la rigidez ideológica, permitiendo a los responsables de los gobiernos adaptarse a circunstancias cambiantes mientras mantienen objetivos estratégicos generales. El pragmatismo estratégico ha sido empleado por estadistas, responsables de políticas y organizaciones internacionales que buscan operar en entornos políticos, económicos y de seguridad complejos.

A lo largo de los años, he leído algunos libros sobre “pragmatismo estratégico”. El primero fue “Strategic Pragmatism: Japanese Lessons in the Use of Economic Theory” de Michele y Henrik Schmiegelow, publicado en 1989. Unos años después, en 1996, leí “Strategic Pragmatism: The Culture of Singapore's Economics Development Board”, de Edgar H. H. Schein con un extraordinario texto de Lester Thurow. En 2013 se publicó “Iran’s Policy on Afghanistan, The Evolution of Strategic Pragmatism”, de Bruce Koepke. Más recientemente, en 2021, leí “Towards Strategic Pragmatism in Foreign Policy: Cases of United States of America, China and Singapore” de Charles Chao Rong Phua.

Origen y definiciones.

El “pragmatismo estratégico” se originó en las ideas de Charles Sanders Peirce y John Dewey. Esta filosofía sostiene que la teoría está al servicio de la práctica y no al revés, evitando el dogmatismo y reconociendo que todo conocimiento humano es temporal y falible. 

En el contexto de la formulación de políticas, el pragmatismo estratégico exige priorizar acciones tangibles y alcanzables mientras se mantiene un enfoque flexible ante las circunstancias cambiantes.

Va más allá de un enfoque estrecho en las ganancias inmediatas para considerar lo que funcionará de manera sostenible en el tiempo, incorporando previsión y una comprensión profunda de los sistemas interconectados. Este enfoque equilibra la necesidad de acción con la de cambio sistémico.

Aspectos clave:

1. Orientado a la acción: enfatiza la utilidad, viabilidad y practicidad de las ideas, políticas y propuestas.

2. Adaptativo: ayuda a aprender de la experiencia y ajustar las estrategias en función de la retroalimentación. Reconoce que los desafíos de la sostenibilidad son complejos e inciertos, lo que requiere un enfoque flexible e iterativo.

3. Pensamiento sistémico: destaca la interconexión de los sistemas políticos, sociales, ambientales y económicos, abordándolos de manera interconectada en lugar de centrarse en cuestiones aisladas.

4. Basado en la evidencia: enfatiza la toma de decisiones fundamentada en datos científicos sólidos y análisis rigurosos.

5. Contextualizado: reconoce que no existe una única solución a los desafíos y que las estrategias más eficaces suelen ser específicas para cada contexto y adaptables.

6. Equilibra el corto y el largo plazo: reconoce la necesidad de acciones a corto plazo y de planificación a largo plazo, y hace hincapié en la importancia de equilibrar las necesidades inmediatas con los objetivos de largo plazo.

Características.

El pragmatismo estratégico se define, además, por varias características clave:

1. Flexibilidad orientada a objetivos: las políticas se diseñan con objetivos estratégicos a largo plazo, pero permiten ajustes tácticos basados en realidades cambiantes.

2. Toma de decisiones empírica: las decisiones se basan en datos, precedentes históricos y resultados del mundo real en lugar de compromisos ideológicos.

3. Incrementalismo: las políticas evolucionan en etapas en lugar de a través de reformas radicales, lo que reduce el riesgo y permite una evaluación continua.

4. Multipartidismo y cooperación: un enfoque pragmático fomenta la formación de coaliciones y el consenso entre las distintas divisiones políticas para lograr políticas sostenibles.

5. Realismo adaptativo: reconoce la dinámica y las limitaciones del poder, lo que garantiza que las políticas sigan siendo viables e implementables.

Aplicaciones.

En el mundo de las políticas públicas, el pragmatismo estratégico garantiza que la gobernanza siga respondiendo a las necesidades de la sociedad, evitando al mismo tiempo los obstáculos que suponen las decisiones reaccionarias y dogmáticas. Entre sus principales aplicaciones se incluyen:

1. Política económica: los gobiernos adoptan estrategias económicas mixtas, que combinan medidas impulsadas por el mercado y regulatorias, para fomentar el crecimiento y la estabilidad.

2. Educación y política social: Las reformas progresistas pero mesuradas, como los programas de alivio de préstamos estudiantiles o los ajustes de bienestar, encarnan el pragmatismo estratégico al equilibrar la responsabilidad fiscal con la equidad social.

3. Política exterior: en asuntos exteriores, el pragmatismo estratégico desempeña un papel vital para garantizar la seguridad nacional y la estabilidad global. Algunos ejemplos son:

a) Relaciones entre Estados Unidos y China: Estados Unidos emplea una combinación de estrategias de compromiso y contención, manteniendo los lazos económicos al tiempo que contrarresta las rivalidades geopolíticas.

b) Diplomacia de la Unión Europea: la UE adopta políticas pragmáticas para abordar el Brexit, equilibrando las preocupaciones de soberanía nacional con la estabilidad regional.

c) Esfuerzos de paz en Oriente Medio: el pragmatismo estratégico sustenta los esfuerzos diplomáticos fomentando la cooperación a pesar de los conflictos profundamente arraigados.

d) Movimiento de Países No Alineados: Durante la Guerra Fría, países como la India utilizaron el pragmatismo estratégico para sortear las tensiones entre las superpotencias y al mismo tiempo salvaguardar los intereses nacionales.

Ventajas.

El pragmatismo estratégico ofrece:

1. Eficacia de las políticas: garantiza que las políticas sean viables y adaptables a las condiciones del mundo real.

2. Estabilidad política: reduce la polarización ideológica al centrarse en soluciones prácticas.

3. Gestión de crisis: mejora la capacidad de los gobiernos para responder eficazmente a las crisis económicas, de seguridad y ambientales.

4. Credibilidad internacional: los países que adoptan políticas exteriores pragmáticas son vistos como socios confiables en la diplomacia y el comercio.

Desventajas.

Sin embargo, también tiene problemas:

1. Falta de una dirección ideológica clara: los críticos sostienen que el pragmatismo estratégico puede conducir a políticas inconsistentes o a una falta de liderazgo visionario.

2. Compromisos en la implementación: el incrementalismo puede retrasar las reformas urgentes.

3. Oportunismo percibido: algunos consideran que el pragmatismo estratégico carece de principios o convicciones, lo que podría socavar la confianza en el liderazgo.

4. Cortoplacismo: el enfoque en las ganancias inmediatas puede llevar a descuidar los desafíos estructurales a largo plazo.

Pensadores y teóricos clave.

Varios pensadores y académicos políticos han contribuido al desarrollo del pragmatismo estratégico:

1. John Dewey: pionero de la filosofía pragmática, sus ideas sobre el experimentalismo y la resolución de problemas influyen en la formulación de políticas modernas.

2. Richard Neustadt y Ernest May: su trabajo sobre la toma de decisiones presidenciales enfatiza el aprendizaje histórico pragmático.

3. Henry Kissinger: abogó por un equilibrio entre el realismo y la adaptabilidad en la política exterior.

4. Joseph Nye: introdujo el concepto de "poder inteligente", que combina pragmáticamente el poder duro y el blando.

5. Graham Allison: su "modelo de política burocrática" subraya las limitaciones prácticas y la naturaleza adaptativa de las decisiones políticas.

Conclusión.

Michele y Henrik Schmiegelow tienen razón cuando definen en su libro que el “pragmatismo estratégico” exige de los responsables de las políticas:

1. Conciencia de la falibilidad de su propio juicio.

2. Evitar el dogmatismo de cualquier tipo.

3. Estar dispuestos a corregir y ajustar su propia acción tan pronto como se reconozcan disfunciones.

4. Enfocarse en horizontes temporales escalonados: corto/mediano/largo.

5. Usar el mejor conocimiento disponible, el más nuevo, en el corto plazo.

6. Buscar un mayor desarrollo de la estructura en el mediano plazo con un conocimiento constantemente ajustado.

7. Objetivos claros a largo plazo, aunque eso signifique trabajar bajo incertidumbre científica.

Los autores añaden que algunas personas confunden el “pragmatismo estratégico” con un “salir del paso” sin principios. Esto es incorrecto por dos razones: a) El pragmatismo estratégico se basa en el racionalismo crítico, que es el estándar de la ciencia universalmente aceptado. b) El pragmatismo estratégico no carece de principios, sino que se guía por normas éticas transculturales.

El “pragmatismo estratégico” es un enfoque esencial que podría ser considerado en la formulación e implementación de la política exterior mexicana hoy, ante los retos que le presenta el nuevo gobierno de Estados Unidos. Ofrece un marco equilibrado que integra la visión estratégica con la adaptabilidad práctica. Si bien tiene limitaciones, su eficacia en entornos políticos complejos lo hace indispensable en la gobernanza moderna. Al adoptar la toma de decisiones empírica, la flexibilidad y la cooperación multipartidista, los responsables de la política exterior pueden diseñar políticas sostenibles y resilientes que aborden los desafíos contemporáneos y, al mismo tiempo, garanticen el interés nacional a largo plazo.

https://www.sdpnoticias.com/opinion/pragmatismo-estrategico/