Saturday, January 15, 2022

Predicadores, fiscales y políticos

 

 

Predicadores, fiscales y políticos


Javier Treviño

 

@javier_trevino

 

 

El lunes inicia un “parlamento abierto”. La Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados invitó a especialistas, empresarios, activistas y otros sectores interesados a participar en el parlamento abierto sobre la reforma eléctrica.

 

Con el lema “Conéctate al debate de la reforma eléctrica”, los diputados organizaron mesas del 17 de enero al 15 de febrero, para abordar los temas sobre el sistema eléctrico creado por la reforma de 2013; el papel del Estado en la construcción del sistema eléctrico nacional; la constitucionalidad y legalidad de la iniciativa de la reforma eléctrica de 2021; el impacto en el medio ambiente y la transición energética.

 

Todos estos preparativos me recordaron lo que leí en un libro de Adam Grant, un psicólogo organizacional y profesor de Wharton. Lo que más me llamó la atención de “Think Again: The Power of Knowing What You Don't Know” (“Piensa otra vez: el poder de saber lo que no sabes”) https://amzn.to/3Gwx23U fue el concepto del “poder de desaprender”.

 

Uno de los peligros de vivir en un país como México, que cambia rápidamente, es que los políticos cargan fósiles mentales en sus cabezas. Todos los días escuchamos y leemos opiniones y suposiciones que podrían haber tenido sentido en una versión anterior de México, en el siglo pasado, o en el antepasado, pero que ya no son verdaderas. Lo que los diputados de la 4T no han entendido es que debemos pensar las cosas otra vez.

 

Adam Grant dice que hay evidencia que sugiere que muchos de nosotros pasamos mucho tiempo pensando como predicadores, fiscales o políticos. Entonces, cuando estás en modo de predicador, defiendes tus puntos de vista. Cuando estás en modo de fiscal, atacas las opiniones de las otras personas. Y cuando estás en modo de político, sólo escuchas a los que están de acuerdo con tus puntos de vista. Y en las tres modalidades, estás convencido de que tienes la razón y que las demás personas están equivocadas. Sólo te alcanza para decir: “¡que ellos piensen de nuevo, porque mi trabajo mental está bien hecho!”

 

¿Cómo podríamos lograr que los legisladores de la 4T pasen menos tiempo en modo de predicador, fiscal y político? ¿Cómo le podríamos hacer para que piensen un poco más como científicos, donde reconozcan que pueden estar equivocados? Es cierto que, en algunos casos, hay firmes convicciones. Pero deberían estar motivados para entender las razones por las que podrían tener un conocimiento incompleto. 

 

Mi conclusión es que no escuchan las ideas que los harían pensar, porque prefieren oír las que los hacen sentirse bien. No se rodean de colegas o colaboradores que desafíen su proceso de pensamiento porque prefieren cerca a los que están de acuerdo con sus conclusiones. Si tuvieran un poco de humildad para saber lo que no saben, si tuvieran la curiosidad por descubrir más, podrían tener una mente más abierta. Nuestro país sería mejor.

 

Humildad y capacidad de desaprender son las dos herramientas clave que todo político de la 4T deberían tener en 2022.

 

La pandemia nos obligó a repensar todo: ¿dónde trabajamos? ¿Cómo hacemos las cosas? ¿Cómo colaboramos a distancia? ¿Cómo aprendemos? ¿Cómo convivimos? ¿Cómo manejamos la incertidumbre? Hubo mucha gente que no pudo adaptarse, porque se requiere estabilidad emocional.

 

El mayor desafío hoy es que los legisladores de la 4T aprueben una reforma eléctrica que lastima a la nación y la imprevisibilidad de no saber cuándo terminará la pandemia. 

 

Tal vez si pudieran crear una imagen mental más clara del futuro podrían pensar y manejar mejor la incertidumbre. La combinación de pandemia y legisladores de la 4T ha logrado que el electorado mexicano esté languideciendo. Hay una sensación de aburrimiento, estancamiento o vacío en el que los mexicanos sentimos que estamos mirando la vida en escala de grises en lugar de verla a color. 

 

Ya no se trata de la presencia de iniciativas legislativas inútiles sino de la ausencia de algo. Hay una ausencia de visión, de ilusión de mejorar, de procurar el bienestar de la gente. Creo que uno de los errores de los partidos políticos hoy es que en realidad no saben qué hacer. Hay una especie de niebla política pandémica. Hay una sensación de no tener mucho que esperar. La visión es estrecha. No hay resiliencia ni esperanza. Y los políticos del partido en el gobierno sólo recuerdan a los ciudadanos los momentos del pasado en que también languidecieron.

 

Ahora que viene el “parlamento abierto” vale la pena recordar lo que dice Adam Grant en su libro: “Las mejores mentes son aquéllas que están dispuestas a repensar sus suposiciones y cambiar sus opiniones; aquéllas que están dispuestas a admitir que pueden estar equivocadas”. Es el argumento central que nos invita a revisar nuestras suposiciones sobre casi todo. 

 

Ahora que tendremos un mes de “parlamento abierto” la pregunta es: ¿cómo lograr que otros reconsideren sus propias suposiciones? Sabemos que están equivocados, pero ¿cómo logras que reconozcan que están equivocados? Muchas veces aportamos los datos, les mostramos los hechos y las cifras. Compartimos anécdotas y experiencias personales que refuerzan nuestros puntos. Usamos la fuerza de nuestros argumentos para tratar de persuadirlos.

 

En una serie de tuits del día de año nuevo, Grant presentó una jerarquía fascinante de estilos de pensamiento que colocan en la cima a aquéllos que están dispuestos a cambiar sus puntos de vista y seguir aprendiendo para siempre https://twitter.com/AdamMGrant/status/1477298927636566016 . En esta pirámide de cinco niveles, revela cómo la gran mayoría de nosotros procesamos nuestra vida cotidiana y, en consecuencia, crecemos o nos estancamos. La cima es por lo que todos deberíamos esforzarnos. Los mejores de todos los pensadores son capaces de decir: "podría estar equivocado". Dan la bienvenida a voces, opiniones y perspectivas externas. Se apoyan en la evidencia sin descartar el impacto emocional. En resumen, son aprendices: siempre quieren saber más. Y ese saber no es sólo recopilar información; es aprender nuevos procesos, nuevos sistemas, formas de pensar completamente nuevas.

 

Otros caen por debajo del nivel superior de la pirámide de Grant. A veces son "pensadores críticos", recopilan información de diferentes fuentes y están dispuestos a cuestionar su propia credibilidad. Más abajo están los que se niegan a aceptar que están equivocados; son los políticos que les encanta crear narrativas de “nosotros contra ellos”. Se engañan pensando que tienen todas las respuestas sin importar la evidencia de lo contrario.

 

Cuando tratamos de cambiar la opinión de una persona, nuestro primer impulso es sermonear sobre por qué tenemos razón y enjuiciarlos por estar equivocados. Sin embargo, los experimentos muestran que predicar y enjuiciar suele ser contraproducente, y lo que no convence a las personas puede fortalecer sus creencias. Grant nos dice que dejemos de lado esas tácticas porque no son muy efectivas. 

 

Hay una técnica llamada entrevista motivacional. La premisa central es: en lugar de tratar de obligar a otras personas a cambiar, es mejor ayudarlas a encontrar su propia motivación intrínseca para cambiar. Se hace dialogando con ellos, haciendo preguntas abiertas y escuchando atentamente, y sosteniendo un espejo para que puedan ver sus propios pensamientos con mayor claridad. Si expresan un deseo de cambiar, se les puede guíar hacia un plan.

 

Los psicólogos dicen que cuando escuchamos atentamente y llamamos la atención sobre los matices del pensamiento de las personas, se vuelven menos extremos y más abiertos en sus puntos de vista. Ojalá que así sea en el “parlamento abierto”.

 

“Think Again” es una exploración que invita a la reflexión sobre cómo provocar el pensamiento, cómo fomentar la apertura mental y llegar a mejores resultados al reexaminar regularmente las suposiciones. Desmantela algunas creencias triviales. 

 

Si lográramos que los legisladores piensen más científicamente, tomaríamos decisiones más sabias y probablemente tendríamos mejores conversaciones sobre un tema tan polarizante como la reforma eléctrica de la 4T.

 

https://www.sdpnoticias.com/opinion/predicadores-fiscales-y-politicos/

Wednesday, January 12, 2022

La importancia de lo que no se vio

 

 

La importancia de lo que no se vio


Javier Treviño

 

@javier_trevino

 

El 6 de enero pasado se cumplió un año del asalto al Capitolio en Washington. Vimos cómo el entonces presidente Donald Trump exhortaba a los asistentes a un mitin cerca de la Casa Blanca a exigir que los miembros del Congreso y el vicepresidente Mike Pence se opusieran al conteo de votos del Colegio Electoral. Al mismo tiempo las cámaras de televisión enfocaban a miles de partidarios de Trump que irrumpieron en el Capitolio.

 

Los estadounidenses no han llegado al fin de esta crisis. Sigue la desinformación. Los fiscales federales han acusado a más de 700 personas por delitos relacionados con el ataque. Un Comité Selecto del Congreso busca descubrir los detalles de lo que sucedió y quién fue el responsable.

 

Alexander Keyssar, profesor de Historia y Política Social de Harvard impartió un curso que examinó el ataque del 6 de enero y lo puso en una perspectiva histórica. El objetivo de las primeras cuatro semanas del curso fue tratar de encontrar respuestas a las preguntas más elementales: ¿Qué pasó exactamente? ¿Cómo podemos llamar a este evento? ¿Cuál es la cronología precisa de los eventos? ¿Cómo terminó? ¿Quiénes eran los actores? ¿Quién estaba en el mitin que ocurrió antes? Había poca claridad en febrero o marzo de 2021. Y nos da una lección a los que tratamos de interpretar un evento en el momento en que ocurre. El tiempo nos ayuda a entenderlo con otra perspectiva.

 

Keyssar nos dice: “días después del ataque, había un conjunto de suposiciones de que realmente no sabíamos lo que había sucedido y, por lo tanto, no podíamos comenzar a evaluar su importancia. En ese momento, hubo un enfoque dominante en los actores escandolosos del ataque en el Capitolio y lo que parecía ser un conjunto de eventos bastante incipientes, aunque muy inquietantes, en la tarde del 6 de enero. La otra cosa que estaba dando forma a lo que veíamos en ese primer mes fue el hecho de que después de que se despejó el Capitolio, el Congreso regresó, hizo su trabajo, anunció la elección de Biden y luego numerosos líderes republicanos denunciaron los eventos. Entonces, la forma en que apareció durante un tiempo, la primavera pasada, fue como una manifestación que se había convertido en un ataque al Capitolio liderado por grupos radicales de derecha, como Proud Boys y Oath Keepers, que estaban aprovechando el momento para perseguir sus objetivos y agendas propias”.

 

A un año de distancia, las cosas se ven muy diferentes:

 

Keyssar nos dice: “La información que ha estado saliendo revela un alto y constante nivel de compromiso con este evento por parte de los funcionarios de la Casa Blanca, incluido el presidente, su personal de apoyo y personas cercanas a él. Ahora sabemos que había un centro de comando en el hotel Willard y que los mensajes de texto circulaban entre los funcionarios de la Casa Blanca, los principales Republicanos, los miembros del Congreso e incluso Fox News. Ahora sabemos también de una supuesta estrategia constitucional legal para inducir al vicepresidente Pence a rechazar los votos electorales de ciertos estados, lo que luego podría llevar a un proceso que podría conducir a anunciar que Trump había ganado las elecciones. La idea de que había un plan conceptual que sustentaba esto y que apuntaba a utilizar el caos para tratar de producir un resultado electoral diferente no estaba clara la primavera pasada. En cambio, ahora parece cada vez más claro”.

 

En el curso del profesor Keyssar se revisaron analogías históricas. 

 

a)     Lecturas sobre Alemania en las décadas de 1920 y 1930; sobre el Beer Hall Putsch como preludio del incendio del Reichstag y la toma del poder por parte de Hitler una década después. 

b)     Un precursor relevante también fue lo que estaba sucediendo en Kansas en la década de 1850, “Bleeding Kansas”. Uno de los temas que identificados en la historia de Estados Unidos fue el uso de la violencia para suprimir cualquier poder político emergente de las minorías raciales. Kansas, en la década de 1850, se debatía entre ser un estado libre o un estado esclavista. 

c)     Otro ejemplo fue lo que sucedió en Wilmington, Carolina del Norte, en 1898, el único golpe exitoso en la historia de Estados Unidos. Y de hecho fue un caso en el que, en efecto, el resultado de una elección fue anulado por la violencia en una comunidad que se había convertido en uno de los centros de una vida afroamericana bastante próspera en el este de Carolina del Norte.

 

Los hilos históricos que se desprenden de las analogías, ayudan al observador a determinar si esos eventos están vinculados de alguna manera con el presente. Siempre hay riesgos cuando se abusa del pensamiento por analogía.

 

Lo que pasó el 6 de enero fue una amenaza al orden democrático de Estados Unidos. Pero todavía no sabemos cuál será su significado final. Todo dependerá de lo que se desarrolle en los próximos años, como consecuencia. 

 

Las cosas podrían regresar a la normalidad. Pero también hay otro camino que transitaría por las elecciones de 2022 y 2024. Podría haber una deslegitimación total de los procesos electorales. Sería una vía antidemocrática y destructiva. Estados Unidos está en una crisis. Lo que sucedió en 2020 expuso la plomería defectuosa de su sistema electoral. Hay ambigüedades y puntos débiles en ese sistema. Y Trump ya los identificó. 

 

La polarización en Estados Unidos es brutal. Hay una guerra de trincheras en las redes sociales. Las opiniones de ambos bandos son fijas. Ninguna nueva narrativa las va a cambiar. Al contrario; hay dos narrativas en conflicto; hay dos segmentos de la población, muy grandes, que creen en cosas diferentes. Son dos grupos irreconciliables. Los partidarios de Trump no ven CNN ni leen The New York Times o The Washington Post. Su fuente de información es Tucker Carlson de FOX. 

 

Un país no puede ser gobernable por mucho tiempo cuando dos narrativas diferentes persisten entre grandes grupos de la población. 

 

El 6 de enero pasado, el presidente Joe Biden habló del ataque. Prounció un extraordinario discurso con frases muy duras: “La democracia fue atacada”. “La voluntad del pueblo estuvo bajo ataque”. “La Constitución enfrentó la más grave de las amenazas”.

 

Biden dijo: “Por primera vez en nuestra historia, un presidente que acababa de perder una elección trató de evitar la transferencia pacífica del poder cuando una turba violenta irrumpió en el Capitolio. Pero fallaron. Y en este día de recordación, debemos asegurarnos de que tal ataque nunca vuelva a ocurrir”.

 

En su discurso, Biden hizo el mismo ejercicio que el profesor Keyssar. Pidió a todos cerrar sus ojos y recordar lo que vieron a ese día. Y luego les platicó lo que no vieron:

 

“No vimos a un ex presidente, que acababa de reunir a la mafia para atacar, sentado en el comedor privado de la Oficina Oval de la Casa Blanca, viéndolo todo en la televisión y sin hacer nada durante horas, mientras la policía era atacada, en riesgo, y la capital de la nación bajo asedio. Este no era un grupo de turistas. Esta fue una insurrección armada. No buscaban defender la voluntad del pueblo. No buscaban defender unas elecciones libres y justas. Buscaban subvertir la Constitución”.

 

Biden fue claro en que nunca debemos quedarnos atrapados en el pasado. El pasado no debe quedar enterrado. Esa es la única forma de avanzar. Eso es lo que hacen las grandes naciones. No entierran la verdad, la enfrentan: “debemos tener absolutamente claro qué es verdad y qué es mentira”. Y añadió: “el expresidente de Estados Unidos ha creado y difundido una red de mentiras sobre las elecciones de 2020”.

 

Estamos viviendo en un punto de inflexión de la historia: una lucha entre la democracia y la autocracia, entre las aspiraciones de los muchos y la codicia de los pocos. Hay una batalla por el alma de Estados Unidos. La reconciliación no va a ser fácil. 

 

https://www.sdpnoticias.com/opinion/la-importancia-de-lo-que-no-se-vio/

 

Monday, January 10, 2022

No serán los radicales, sino la microgestión

 

 

No serán los radicales, sino la microgestión


Javier Treviño

 

@javier_trevino

 

El senador de Morena, y aspirante a la candidatura por la presidencia en 2024, Ricardo Monreal, aseguró que los radicales acabarán con México. Cree que si un radical de Morena gana la presidencia “no va a quedar país para nadie”. En entrevista con Reforma, Monreal dijo que lo más viable para el país, y para Morena, es una persona que no se instale en el radicalismo y que busque el consenso.

 

Monreal, uno de los jugadores políticos de alto nivel cercanos a AMLO durante los últimos 24 años, simpatiza más con la ideología socialdemócrata. Monreal es un extraordinario operador que escucha, busca el consenso y se siente atraido por las ideas progresistas, que no caigan en la extrema izquierda ni la extrema derecha.

 

Es por eso que Ricardo Monreal se considera que es una buena opción para ser el candidato de Morena a la Presidencia en 2024, a pesar de que Claudia Sheinbaum sea notoriamente la favorita de AMLO.

 

Ricardo Monreal dijo que hay personas en Morena que están generando divisiones que afectarán el movimiento de la 4T. Dijo, también, que la mejor forma de solucionar es con unidad. “Esta sucesión adelantada ha provocado esta guerra temprana y, lamentablemente, si no hay reglas claras, compromisos políticos internos, la guerra se va agudizar”, dijo Ricardo Monreal a Reforma.

 

Yo creo que, antes de que llegaran los radicales, será la microgestión la que acabe con las posibilidades de futuro para el país.

 

Para entender al gobierno de la 4T he escrito en este sitio sobre los silos, los celos y los círculos íntimos que tienen un impacto en el diseño y la implementación de políticas públicas. También he tratado de comprender si acaso hay un modelo de toma de decisiones del presidente de México. 

 

El proceso adelantado de sucesión presidencial y la entrevista de Monreal a Reforma reafirman lo que he encontrado en mis observaciones: el común denominador en la 4T es que la señal inconfundible del líder a sus empleados es que les tiene desconfianza. Eso se ha manifestado en la microgestión del presidente. La regla de oro de esta administración es que todos tienen que consultar todas las decisiones al jefe del Ejecutivo. 

 

La razón por la que la microgestión es tan perjudicial para la productividad de los servidores públicos de la 4T se puede explicar, en parte, a través de la teoría que postula que para sentirse motivadas, las personas deben satisfacer tres necesidades básicas: competencia, autonomía y afinidad. Aquí lo único que importa es que el presidente crea que sus colaboradores son honestos y que él piense que confía en ellos. Pero ese estilo de gestión aniquila las posibilidades de tener colaboradores competentes, autónomos y que sientan que forman parte de un equipo.

 

Al seguir obsesivamente cada movimiento de sus colaboradores sugiere una falta de confianza en su capacidad para hacer bien su trabajo. También disminuye su autonomía. De hecho, lo que ocurre es que se destruye la relación personal. Los colaboradores tienen miedo, no le dicen la verdad al presidente y se sienten obligados a simplemente no cometer errores. Eso es lo único a lo que aspiran. No necesariamente a crear valor público. 

 

Tratar a los colaboradores como si fueran máquinas de lealtad elimina cualquier potencial de motivación. Eso va en contra de la naturaleza social de los individuos. Alguien tendría que decirle a AMLO que tiene que confiar en sus colaboradores, que son ​​lo suficientemente inteligentes y lo suficientemente bien intencionados como para hacer el trabajo correctamente.

 

Los estudios de psicología argumentan que las dos necesidades más fundamentales del cerebro humano son la seguridad y la autonomía. Las dos se basan en la confianza. Los líderes que inculcan un sentido de confianza en sus empleados fomentan ese sentido de seguridad y autonomía. Eso se transforma también en lealtad. Cuando los líderes políticos del más alto nivel no confían en sus colaboradores y se dedican a la microgestión, logran que la respuesta del cerebro de cada funcionario sea un comportamiento de evasión.

 

La microgestión le da al jefe del Ejecutivo la ilusión de control. Sin embargo, es, de hecho, una ilusión. Simplemente, no funcionará como forma de gobierno. La microgestión, como modelo de gobierno, siempre ha demostrado inseguridad en la capacidad para administrar realmente a las personas. 

 

El ambiente que se genera con la microgestión es un grupo de servidores públicos de alto nivel con ambiciones reprimidas y con la capacitación o los recursos insuficientes para hacer bien su trabajo. Con la microgestión, no se miden los resultados de las políticas públicas y todos dependen de “otros datos”, es decir, de las métricas que no miden lo que importa. Es un gobierno que, al final, se caracteriza por un trabajo desordenado y emocional, muy diferente al mundo racional que exigen los ciudadanos.

 

No serán los radicales, a los que se refiere Ricardo Monreal en su entrevista de Reforma, sino la microgestión política lo que podría poner en riesgo al país los próximos tres años. Los radicales llegarían cuando ya no quede mucho por gestionar.

 

https://www.sdpnoticias.com/opinion/no-seran-los-radicales-sino-la-microgestion/

Saturday, January 08, 2022

AMLO y su modelo de toma de decisiones

 

 

AMLO y su modelo de toma de decisiones


Javier Treviño

 

@javier_trevino

 

En la conferencia de prensa matutina del jueves 6 de enero, el presidente de México apareció prácticamente solo. Dijo: “el primer jueves de cada mes vamos a informar al pueblo de México sobre resultados en lo económico, en lo social, para que sepamos cómo vamos en todos los terrenos: cómo vamos en ingresos, cómo vamos en deuda, cómo vamos en inflación, cómo vamos en creación de empleos, cómo va la bolsa, la de valores y cómo va el precio de los básicos, cómo va el salario. Todo lo que tiene que ver con el desarrollo y el bienestar”. 

 

Sólo lo acompañó Carlos Torres Rosas, coordinador general de Programas para el Desarrollo. No estaba el Secretario de Hacienda, ni la Secretaria de Economía, ni la Secretaria del Trabajo. A diferencia de cuando habla de seguridad o de salud, que se hace acompañar de medio gabinete, cuando habla de economía lo hace solo. Esto nos dice mucho de su estilo.

 

Cuando pensamos en lo que está ocurriendo en el mundo, el presidente de México no tiene la capacidad de elegir qué desafíos se le presentarán en 2022. Pero sí debe decidir cómo va a responder ante todos ellos.

 

Cuando ganó las elecciones de 2018, AMLO no esperaba que la pandemia del Covid-19 afectaría dramáticamente la vida de todos los mexicanos. No anticipaba la disrupción de las cadenas de suministro. Tampoco se imaginaba la dimensión y complejidad de la crisis migratoria. Seguramente no había puesto atención al recrudecimiento de la nueva guerra fría entre Estados Unidos y China. Cada crisis exige decisiones. Y cada decisión siempre tiene consecuencias.

 

¿Qué se necesita para tomar decisiones difíciles? Nadie estará nunca de acuerdo con todas las decisiones de AMLO. Pero sí esperaríamos que tuviera un proceso de toma de decisiones. Yo he escrito antes (ver www.javiertrevino.blogspot.com ) sobre la teoría de modelos de toma de decisión presidenciales. Muchos analistas tratamos de observar y conocer la manera en que AMLO estructura un proceso para tomar decisiones.  

 

En primer lugar, hemos visto que logra simplificar temas complejos. Creo que a veces es peligroso simplificar demasiado un problema. Pero me parece que el presidente encuentra la forma de superar la complejidad de los desafíos difíciles y reducirlos a su mínima esencia.

 

En segundo lugar, todos quisiéramos suponer que, una vez que simplifica los problemas, AMLO tiene el equipo adecuado para enfrentarlos. Son importantes los instintos presidenciales en cada mañanera. Pero eso no es suficiente. Un presidente necesita expertos motivados, capaces y dispuestos a brindar su conocimiento para tomar buenas decisiones. Un líder es tan bueno como su equipo.

 

En tercer lugar, esperaríamos que el equipo de AMLO reuna los hechos correctos y no nos salgan con que tienen “otros datos”. El gobierno y las políticas públicas tienen que ver con hechos. Si no se entienden correctamente los hechos, si no hay datos correctos, no hay buenas decisiones. 

 

En cuarto lugar, se requiere un proceso sólido, transparente, confiable. Es necesario un debate interno, justo, profesional, con las verdades duras, sobre las opciones de políticas para formular decisiones y hacer lo correcto. ¿Acaso sus colaboradores le dicen a AMLO lo que no quiere escuchar? Solicitar todas las opiniones de aquéllos que tienen un interés legítimo en un tema es vital. Todos sus colaboradores deben tener la oportunidad de presentar su visión. Para eso serviría el trabajo en gabinetes. Los mejores argumentos se deberían presentar ante el presidente de manera veraz, constructiva e imparcial.

 

En quinto lugar, lo que los ciudadanos vemos son las decisiones, la firmeza o la incompetencia en la ejecución. Hay decisiones que requieren un golpe de timón; otras un cambio incremental. El proceso de toma de decisiones será tan bueno como la eficacia en su implementación. Más que los discursos, las acciones del gobierno son fundamentales.

 

El presidente utiliza diferentes herramientas y estilos de liderazgo para diferentes desafíos y momentos. No tiene una técnica única para resolver un problema. AMLO puede ser reservado, extrovertido, pesimista, optimista, buen comunicador, astuto estratega político. Acude a la retórica vertiginosa y usa la fuerza de su silencio. Tiene visión y carisma peculiares. Es adaptable y tiene talento. Todo depende si está en un templete en un municipio rural, en una mañanera en Palacio Nacional o en una reunión privada y en corto en su oficina.

 

La complejidad de México exige la misma complejidad de su presidente. No existe un estilo correcto de liderazgo. Pero sí se requiere curiosidad y empatía por los demás; capacidad de escuchar. ¿Entiende AMLO que, como nación, tenemos valores fundamentales compartidos? ¿Cree en la construcción de comunidad y en la responsabilidad de todos para lograrlo?

 

A veces me parece que AMLO es bidimensional. Tiene estatura y amplitud; pero no profundidad. Sólo hay amigos y enemigos. Es fácil deshumanizar y atacar a quienes considera sus adversarios, pero se necesita fuerza de espíritu para verlos con profundidad y tratarlos con respeto. Parecería que AMLO ve al mundo en dos dimensiones. Descalifica o deshumaniza injustamente a alguien con quien no está de acuerdo. No dedica tiempo para comprender a los demás. Pienso que si el presidente tuviera una mentalidad tridimensional, su experiencia sería más enriquecedora, porque le permitiría actuar con cortesía, liderar con empatía y aspirar a unir a la nación.

 

En el México digital, la ira es la emoción más potente y contagiosa en las redes sociales. El enojo y el coraje nos dejan ansiosos y estresados. Por eso, cuando caricaturizamos a los demás y los tratamos con descortesía, corremos el riesgo de deshumanizarlos, inflamar nuestra ira, dañar nuestras mentes y envenenar nuestras almas.

 

Mejorar la capacidad de empatía es difícil. Requiere tomarse el tiempo para comprender a los demás, para tratar genuinamente de ver las cosas desde la perspectiva del otro. Ponernos en sus zapatos. Implica paciencia y tolerancia cuando pensamos que están equivocados. Y exige humildad cuando nos hemos equivocado. Es importante destacar que la empatía no significa estar de acuerdo con todos o aceptarlos. Pero lo importante es evitar estereotipar o caricaturizar a otras personas; verlas plenamente.

 

El poder del presidente se nutre de su capacidad de persuadir. Pero, para ello, primero debe establecer una visión y un propósito. A menudo, al tratar de persuadir a las personas, perdemos de vista el objetivo final: hacia dónde nos dirigimos con nuestra persuasión. La visión y el propósito son fundamentales para la persuasión.

 

En segundo lugar, no basta con lugares comunes y estereotipos. El presidente debe a) conocer y manejar los detalles; b) saber identificar y movilizar a las personas adecuadas; c) presentar los argumentos correctos; d) unir a aquéllos que pueden influir de manera efectiva en una decisión. 

 

En tercer lugar, quizás el elemento más definitorio de la persuasión es estar dispuesto a presionar inteligentemente a la gente. Para bien o para mal, el presidente argumenta, arenga, amenaza, adula, intimida y convence. Pero todo es personal. La política moderna no se hace al mayoreo, sino al menudeo. Se trata de la capacidad de hablar uno a uno. En la era digital, el enfoque de persona a persona puede ser incluso más poderoso.

 

AMLO está siempre preocupado en construir su legado. Pero el legado del presidente no será perfecto si lo dejamos solo. Ya sea en política exterior o interior, muchas de sus acciones fueron y siguen siendo controvertidas. Su personalidad podía ser irritante, tosca y difícil. Pero ha hecho cosas destacables. Y aunque su estilo de persuasión no sea el adecuado para todas las personas o circunstancias, vale la pena comprenderlo. Porque, para bien o para mal, en el 2022, el éxito o fracaso de AMLO será el éxito o fracaso de nuestro país.

 

https://www.sdpnoticias.com/opinion/amlo-y-su-modelo-de-toma-de-decisiones/

 

Wednesday, January 05, 2022

Remesas de dinero y sociales

 

 

Remesas de dinero y sociales


Javier Treviño

 

@javier_trevino

 

Una buena parte de las primeras planas de los periódicos de ayer fue dedicada a las remesas. Los envíos de dinero hacia México, por parte de los connacionales que radican en el extranjero, sumaron 46 mil 834 millones de dólares a noviembre de 2021. Es un monto histórico. Todo indica que superarán los 50 mil millones de dólares en todo el año.

 

El crecimiento acumulado de estos flujos fue de 26.7 por ciento anual, el más alto en 18 años, según los registros del Banco de México. Entre enero y noviembre del 2021 se registraron casi 124 millones de envíos, cifra 14.2 por ciento mayor a los 108.6 millones de igual lapso del año previo. La remesa promedio en el periodo fue de 378 dólares, 11.2 por ciento mayor a la de 2020. En 2021 residían cerca de 12 millones de migrantes mexicanos en Estados Unidos, 400 mil más que en 2020. Ellos sí han sido un motor de transformación.

 

“El flujo de 12 meses de remesas (de diciembre 2020 a noviembre 2021) supera por primera vez los 50 mil millones de dólares al registrar 50 mil 483.6 millones de dólares”, destacó el subgobernador de Banxico, Jonathan Heath, a través de su cuenta de Twitter.

 

Definitivamente, esto no es un logro del gobierno de la 4T. Los mayores envíos han sido impulsados por el dinamismo en la economía estadounidense. En realidad, los flujos de remesas reflejan el alto crecimiento económico en Estados Unidos y la débil recuperación de México. 

 

El plan de infraestructura de la administración de Joe Biden podría impulsar este año el envío de más dinero por parte de los connacionales empleados en el sector de la construcción. Esto debería ser una lección para que los líderes gubernamentales de México entiendan que la reactivación económica de nuestro país necesita mucho más que programas sociales. Se requiere inversión, certeza, estado de derecho.

 

Me llama la atención cuando el gobierno de la 4T celebra el crecimiento de las remesas y muestra con orgullo las gráficas comparativas. ¿Acaso cree que es su mérito este aumento? Nada más lejano. La verdad es que tenemos otros elementos para el análisis.

 

1.     Cada migrante elige salir de casa por diferentes motivos. Muchos tienen la ilusión de un empleo mejor remunerado. Pero todos traen consigo de regreso sus experiencias de vida, conocimientos, cultura y ambiciones. 

2.     A medida que se instalan en Estados Unidos, los migrantes mexicanos adquieren nuevas habilidades y conocimientos. Eso los transforma para siempre.

3.     Invariablemente, nuestros paisanos contribuyen al bienestar de sus familias y comunidades en sus lugares de origen enviando dinero a casa.

4.     Las remesas han sido reconocidas como un importante vehículo de desarrollo asociado con la migración. 

5.     Las cifras demuestran que el dinero enviado a casa desde Estados Unidos es más estable que otros flujos de capital.

6.     El total de las remesas es mucho mayor que cualquier ayuda internacional para el desarrollo que México pudiera recibir.

7.     Ante la falta de inversión pública y privada, a nivel individual y comunitario, los flujos de remesas para las familias migrantes pueden ser un salvavidas económico. 

 

Más allá de lo que nos digan en las “mañaneras” desde Palacio Nacional, debemos reflexionar sobre el impacto que estos flujos, esencialmente privados, tienen en las familias. Las remesas sacan a las familias de la pobreza, mejoran las condiciones de salud y nutrición, aumentan las oportunidades de educación para los niños, mejoran la vivienda y el saneamiento, promueven el espíritu empresarial y reducen la desigualdad. Y nada tiene que ver el gobierno con esto.

 

Pero no todo es dinero. También hay otro tipo de remesas: las “remesas sociales”. Son el flujo de habilidades, conocimientos, ideas y valores que los migrantes transmiten a sus hogares y comunidades. Esas remesas sociales tienen un impacto en México en áreas como educación, salud, empleo, negocios y aspectos de gobernanza local.

 

También hay un efecto de desarrollo más amplio, ya que los receptores de las remesas sociales se extienden más allá del círculo inmediato de familiares y amigos de los migrantes. Es una forma de construcción de comunidad, de fortalecimiento de tejido social.

 

Entonces tenemos que analizar, en conjunto, las remesas financieras y sociales. Ambas tienen un impacto en el logro de los objetivos familiares individuales, las prioridades de desarrollo comunitario y nacional. Y nada tiene que ver el gobierno con esto.

 

Por ello, más allá de las gráficas en las mañaneras, y de las declaraciones presidenciales que transcriben los periódicos, ¿qué podría hacer el gobierno de la 4T en torno a las remesas?

 

1.     Crear un entorno propicio para fomentar los flujos de remesas a los sectores productivos de la economía. El gobierno podría alentar el compromiso social y financiero con sus comunidades de origen de los mexicanos que viven en Estados Unidos a través de incentivos y políticas públicas como exenciones fiscales, productos financieros, educación financiera, acceso a instituciones financieras, productos de ahorro, oportunidades empresariales y esquemas simplificados y seguros de entrada cuando regresan al país.

 

2.     Reducir el costo de las transferencias, aumentar la seguridad y eliminar los fraudes. Los altos costos de transferencia de remesas financieras reducen la disponibilidad de fondos a nivel individual. Bancos, operadores de transferencia de dinero menos costosos, nuevas plataformas como los servicios de transferencia en línea, carteras digitales y aplicaciones de dinero móvil, criptomonedas, podrían crear una mayor competencia y transparencia dentro del mercado de transferencias de remesas.

 

3.     Facilitar el flujo migratorio y aduanal de regreso. Las aduanas, los puertos de entrada, las carreteras siguen siendo lugares intimidatorios y plagados de corrupción e inseguridad. Esto afecta a los paisanos. Los obstáculos para la movilidad son enormes y no hay ningún tipo de sentimiento positivo de acogida de los migrantes cuando llegan a su país de origen. Las autoridades son sus principales enemigos.

 

4.     Los migrantes que llegan a Estados Unidos necesitan algún tipo de apoyo, sensibilización, educación financiera y acceso a servicios financieros asequibles. Ahí está una tarea para la Secretaría de Relaciones Exteriores y su red de consulados. Esto permitiría a los migrantes tomar decisiones informadas sobre los medios más baratos y seguros de enviar dinero a casa, y les permitiría comprender los productos financieros en los que sus familias pueden invertir. Esto, a su vez, reforzaría el sistema financiero en México.

 

5.     El gobierno de la 4T debería aprender a colaborar con organizaciones especializadas, la sociedad civil, la academia y el sector privado en proyectos e iniciativas concretos destinados a mejorar el conocimiento y el uso de las remesas sociales y financieras. Muchas organizaciones han realizado estudios y han trabajado para mejorar el impacto de las remesas en el desarrollo comunitario y la inclusión financiera.

 

Reconozcamos la tremenda contribución de los migrantes, tanto en sus remesas financieras como sociales, a la economía mexicana; pero lo más importante es la transformación de las familias. Los migrantes deben ser vistos en México como agentes de cambio. Pueden contribuir directamente al desarrollo humano, político y económico de sus comunidades. 

https://www.sdpnoticias.com/opinion/remesas-de-dinero-y-sociales/

Monday, January 03, 2022

2022 será el año de la colaboración

 

 

2022 será el año de la colaboración


Javier Treviño

 

@javier_trevino

 

Durante los últimos días de diciembre pudimos leer todo tipo de predicciones para 2022. Algunas fueron útiles. Otras no tanto. No pienso reproducirlas aquí. Más que plantear escenarios y escribir ocurrencias sobre endebles pronósticos, creo que podríamos sugerir al gobierno de la 4T que defina una lista de tareas pendientes. Pero, al elaborarla, el común denominador de las políticas públicas debería ser el concepto de valor público.

 

En 1995, el profesor Mark Moore de la Escuela Kennedy de Gobierno de Harvard postuló que la tarea de los servidores públicos es crear valor público. ¿Qué es valor público? Se refiere al valor creado por el gobierno a través de políticas públicas, servicios, leyes, regulaciones y otras acciones. Es diseñado e implementado por administradores públicos que navegan con éxito en un triángulo estratégico que los ayuda a:

 

1.     Producir resultados valiosos.

2.     Actuar con innovación dentro de limitaciones de recursos y capacidades organizacionales disponibles.

3.     Avanzar en un entorno autorizador, de jurisdicción formal e informal, de marcos y mandatos legales y regulatorios.

 

Dejemos a un lado, por un momento, las mañaneras y la ambición de concentración de poder; olvidémonos de la ideología de muchos de los activistas convertidos en funcionarios de la 4T; vayamos más allá de la polarización y el enfrentamiento social que se alienta desde el gobierno.

 

En las tareas del gobierno, la incompetencia es también una forma de corrupción. Lo que los ciudadanos esperan es que la administración pública se concentre en generar, eficazmente, la satisfacción que merecen. ¿Cómo? El objetivo debe ser enfocarse en crear:

 

Valor económico: generación de actividad económica vigorosa, crecimiento, más y mejores empleos.

Valor social y cultural: mayor capital social y cohesión comunitaria. 

Valor político: diálogo democrático efectivo y participación pública eficaz.

Valor ecológico: desarrollo sostenible, reducción de la contaminación y de residuos, menor calentamiento global.

 

Los mexicanos esperamos una prestación de servicios públicos de calidad, accesibles, convenientes, que tengan en cuenta las necesidades de los usuarios. El gobierno de la 4T será reconocido si combate realmente la corrupción y si logra los máximos beneficios con los mínimos recursos. Las políticas públicas deben minimizar costos y evitar la burocracia innecesaria. Queremos que el desempeño financiero del gobierno sea eficiente, prudente y eficaz. Deseamos que la acción del gobierno se ejecute en un marco de certidumbre, estado de derecho, y proteja siempre los derechos de los ciudadanos.

 

Si el gobierno de la 4T se aplica a hacer su tarea con responsabiidad, el 2022 podría ser recordado por:

 

1. Logros y resultados concretos.

2. Confianza y legitimidad.

3. Calidad de la prestación de servicios.

4. Eficiencia.

 

Pero en el México del siglo XXI, el gobierno no puede hacer todo solo. La sociedad espera colaboración entre el sector público y el sector privado. Los ciudadanos saben que puede haber convergencia en los beneficios y el propósito de ambos, si se ponen de acuerdo y trabajan juntos.

 

¿Se pueden alcanzar los objetivos empresariales y, al mismo tiempo, avanzar en los objetivos de la sociedad? ¿Pueden las empresas, el gobierno y las organizaciones sin fines de lucro crear un cambio social juntos? ¿Cuál es la manera más eficaz para hacerlo? En el México del 2022, la colaboración debería ser el principio rector, no la confrontación. La colaboración es lo que nos hará exitosos como país.

 

Con frecuencia leemos que una gran mayoría de los ciudadanos quiere cambios en el gobierno; quiere ver una manera diferente de gestionar la administración pública y resolver los problemas. Pero también quieren que las empresas actúen de forma diferente, en una nueva dimensión social. No bastan las prácticas tradicionales de responsabilidad social corporativa. Las empresas deben beneficiar a todas sus partes interesadas, incluidos los accionistas, empleados, clientes y las comunidades en las que operan.

 

Podemos vivir mejor con los resultados de una buena colaboración, en una sociedad justa y armoniosa. 

 

Peter Drucker escribió en su libro “La era de la discontinuidad” que todos los sectores de la sociedad son tocados por el interés público. Pero todos los sectores deben operar en simbiosis, como si fueran una orquesta, cada uno de ellos desempeñando su propio papel en colaboración con otras instituciones. 

 

El premio Nobel Joseph Stiglitz argumentó que si decidimos colaborar entre los distintos sectores de nuestra sociedad tendríamos la capacidad de hacer crecer la economía y avanzar hacia la igualdad. Podríamos crear una prosperidad compartida.

 

Para que las empresas sobrevivan y tengan éxito en el México complejo de hoy, y en el mundo globalizado e hiperconectado, los líderes empresariales deben estar dispuestos a adoptar la colaboración como el principio rector, más que la competencia.

 

En verdad, los intereses empresariales y los intereses sociales pueden ser los mismos si logramos que en 2022 opere la colaboración entre empresas, gobierno, filantropía y comunidad. Para ello se requiere diseñar e implementar un proceso común, compartido, para la asociación productiva de los diferentes sectores. No hay nada escrito sobre esto. Los jugadores deben definir creativamente este proceso.

 

Es necesaria, primero, una visión de largo plazo y un plan coordinado e integral. A través de un proceso operativo bien estructurado, se pueden ampliar y alinear los esfuerzos y así aprovechar las fortalezas comparativas.

 

La gente es lo que hace la diferencia. El trabajo en equipo es vital. La colaboración exige una red de líderes que operan programas y organizaciones independientes pero coordinadas en cuanto al propóstio último. Estos líderes y sus equipos tienen fortalezas diferenciadas pero están alineados en torno a objetivos compartidos. Cuando empoderamos a las personas, las organizaciones públicas y privadas triunfan.

 

La definición de lugares para la colaboración es indispensable. La colaboración no se puede dar sólo en la imaginación de un líder. Cuando se logra la integración de las partes interesadas de todas las organizaciones y comunidades en un determinado lugar, el trabajo conjunto brinda resultados poderosos. Esto suele requerir tiempo y esfuerzo para generar confianza y requiere intencionalidad en torno a priorizar las preferencias y los mejores intereses de las partes interesadas. Trabajar en colaboración con un sentido de comunidad permanente, basada en el lugar específico, refuerza las relaciones a largo plazo.

 

La colaboración necesita financiamiento para compensar el riesgo y lograr una mayor escala. Las asociaciones entre el gobierno y las empresas pueden aprovechar y combinar diversas herramientas e inversiones financieras. Esto permitirá diversificar el riesgo y ampliar el fondo de capital disponible para llevar a cabo programas exitosos y obtener mejores resultados. Al combinar capital financiero de diferentes fuentes, incluido el capital filantrópico (que puede asumir riesgos significativos), los programas se benefician de una cartera versátil y coordinada de financiadores.

 

Siempre hay que medir el rendimiento y el impacto social. La colaboración exige que todos los actores trabajen juntos para identificar y seleccionar prioridades y programas que maximicen el valor público.

 

En conclusión, la colaboración público-privada y la inversión para generar valor público es la mejor manera de alinear los intereses y objetivos de las organizaciones del gobierno y empresariales. La eficiencia empresarial y la orientación al cliente pueden beneficiar los esfuerzos de los sectores público y filantrópico. 

 

La colaboración no es una tarea fácil. El desarrollo eficaz de asociaciones entre el gobierno, empresarios y organizaciones de la sociedad requiere una compleja planificación integral, toma tiempo y es imposible de implementar sin finaciamiento adecuado y apoyos específicos, públicos y privados. Es difícil también porque requiere liderazgo visionario, participación comprometida, transparencia en la operación y medición del desempeño. Pero juntos podremos lograrlo.

 

Demos la bienvenida al 2022, el año que nos exige la colaboración entre el gobierno, los empresarios y las organizaciones de la sociedad.

 

https://www.sdpnoticias.com/opinion/2022-sera-el-ano-de-la-colaboracion/