Wednesday, April 10, 2013

¿A qué viene Obama?


Javier Treviño Cantú *

Milenio
10 de abril de 2013

La decisión del Presidente Barack Obama de aceptar la invitación que le hizo el Presidente Peña Nieto plantea varias interrogantes. Ante todo, porque se prevé que poco después vendría a la Cumbre de Líderes de América del Norte, acompañado por el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper. Considerando las crisis internacionales y las abultadas agendas de política interna y de política exterior que enfrenta al inicio de su segundo y último mandato, Obama seguramente pudo haber esperado unas semanas para reunirse por primera vez con Enrique Peña Nieto en su calidad de Presidente Constitucional. La pregunta es, ¿por qué optó por adelantar el encuentro?

Una primera respuesta podría ser que —parafraseando a McLuhan— “el viaje es el mensaje”. Contrario a lo que muchos analistas han sostenido, la administración Obama siempre ha estado muy al pendiente de la agenda bilateral con México. De entrada, la decisión que tomó para asumir como propia la cooperación en materia de seguridad a través de la Iniciativa Mérida, representó una apuesta estratégica que le ha reportado enormes logros a su país.

Como nunca antes, el gobierno del entonces Presidente Felipe Calderón le abrió las puertas a todas las agencias de seguridad e inteligencia de los Estados Unidos. El operativo “Rápido y Furioso”, el asesinato en la carretera a San Luis Potosí del agente de inmigración y aduanas Jaime Zapata, las fricciones registradas en los cables diplomáticos dados a conocer por WikiLeaks, y el aún inexplicado ataque contra dos presuntos agentes de la CIA en Tres Marías en agosto de 2012, fueron apenas algunos indicios de la complejidad que alcanzó la relación bilateral de seguridad en el sexenio anterior.

Durante su primer mandato, el Presidente Obama tampoco se desentendió de México en materia migratoria. Tan sólo en 2012 dedicó más de 18 mil millones de dólares a la aplicación de leyes y políticas migratorias, un monto mayor al de todas las demás agencias federales policiacas y fronterizas juntas (Migration Policy Institute, “Immigration Enforcement in the US”, enero de 2013). En parte, esto explica que durante sus primeros cuatro años el gobierno del Presidente Obama haya deportado a un número récord de inmigrantes indocumentados, con un total cercano al millón y medio de personas.

Igualmente, el mandatario estadounidense buscó resolver delicados temas comerciales, incluyendo el pleno acceso de los camiones mexicanos de carga al vecino país, el rezago en materia de infraestructura fronteriza y una mayor armonización regulatoria. A la vez, el Presidente Obama impulsó un acuerdo sobre yacimientos de hidrocarburos transfronterizos, y le dio una especial atención a los intercambios culturales, como lo muestra la firma en noviembre pasado del Anexo IX al Memorándum de Entendimiento sobre Educación.

Así, con su decisión de viajar a nuestro país, el Presidente Obama quizá busca reafirmar la importancia prioritaria que su gobierno le da a la relación con México, y su interés personal en despejar cualquier duda respecto a la continuidad de la colaboración binacional en todos los temas incluidos en la agenda bilateral. Empezando, por supuesto, con el referente a la seguridad.

Desde la campaña presidencial del año pasado en México, y en estos primeros meses de 2013, algunos de los diarios estadounidenses más influyentes no han dejado de insistir en las supuestas preocupaciones de Washington sobre el compromiso del Presidente Peña Nieto para proseguir la lucha contra la delincuencia organizada transnacional. Después de una intempestiva visita a México en enero de la Secretaria de Seguridad Territorial, Janet Napolitano, el asunto estalló cuando el New York Times publicó que el gobierno estadounidense había “vetado” al General Moisés García Ochoa como posible candidato a la titularidad de la Secretaría de la Defensa Nacional (NYT, “Hand of US is Seen in Halting General’s Rise in Mexico”, 4/02/13).

La reacción del nuevo gobierno mexicano fue mesurada, pero muy efectiva. Unos días después, el propio Embajador de los Estados Unidos en México, Anthony Wayne, se encargó de desacreditar lo publicado por el New York Times. No obstante, las presuntas inquietudes han seguido manifestándose (opinión editorial del Washington Post, “Mexico’s Grand Bargaining”, 29/03/2013). Por ello, la visita del presidente Obama seguramente servirá para aclarar posibles malos entendidos, y definir la ruta conjunta a seguir en un área donde la cooperación resulta absolutamente esencial.

Descontando que el tema de seguridad seguirá ocupando un lugar central en la relación, quizá la respuesta de fondo al viaje del Presidente Obama se encuentre en otro tema de vital importancia: el de los crecientes lazos económicos que nos unen desde la entrada en vigor del TLCAN hace ya casi 20 años, pero que estarían por iniciar un proceso de revisión estructural. La inclusión de México en las negociaciones para establecer el Acuerdo Trans-Pacífico, así como las discusiones en paralelo de Canadá y Estados Unidos con la Unión Europea para alcanzar sendos Acuerdos de Libre Comercio e Inversión, sumado a la actualización del Acuerdo de Asociación Económica entre México y la misma Unión Europea, plantean un desafío fundamental a la integración comercial de Norteamérica basada en el TLCAN.

Desde su primera reunión como mandatarios electos en Washington, a fines del año pasado, el Presidente Peña Nieto manifestó el interés de darle un mayor peso a los temas económicos dentro de la agenda bilateral. El Presidente Obama expresó su coincidencia y disposición de buscar formas de dinamizar una relación que ha sido en extremo benéfica para los Estados Unidos. El comercio entre ambos países no sólo ha crecido exponencialmente, sino que además tiene características singulares que nos convierten en auténticos socios estratégicos (Christopher Wilson, “Working Together: Economic Ties Between the US and Mexico”, WWC, noviembre de 2011).

México y los Estados Unidos, junto con Canadá, cuentan con bases sólidas para darle un mayor impulso a cada una de sus economías y reforzar la competitividad regional. Una Norteamérica más integrada tendría mayor capacidad de fortalecer su posicionamiento comercial frente a China, Asia, Europa y América Latina. Desafortunadamente, como ya se ha señalado (Robert Pastor, “Shortcut to US Economic Competitiveness: A Seamless North American Market”, CFR, 05/03/2013), la “idea” de Norteamérica ha perdido terreno, y la fragmentación de las negociaciones por parte de los tres socios con la Unión Europea reflejan con claridad esta tendencia negativa.

Durante el viaje que realizó en marzo a Washington, para extenderle al Presidente Obama la invitación de viajar pronto a nuestro país, el Canciller José Antonio Meade declaró que México “estaría dispuesto” a participar en una negociación conjunta entre los países de América del Norte y la Unión Europea, para alcanzar un solo acuerdo comercial entre las dos regiones. Por ello, finalmente la gran pregunta es si el Presidente Obama sólo reiterará su voluntad de seguir trabajando al lado de nuestro país para incrementar las oportunidades respectivas de un mayor desarrollo económico, o si aprovechará su estancia en México para hacer un gran anuncio que marque el inicio de una etapa de mayor prosperidad regional verdaderamente nueva.

En unos días sabremos a qué viene el Presidente Obama a México.

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Javier Treviño Cantú es Diputado Federal y fue Subsecretario de Relaciones Exteriores

Friday, February 15, 2013

Estrategia Nacional de Energía 2013-2027: el reto de crear valor público

Palabras del Diputado Federal Javier Treviño Cantú en el Foro Consultivo del Consejo Nacional de Energía

México, D.F., 14 de febrero de 2013

A nombre del Grupo Parlamentario del PRI (GP-PRI) en la Cámara de Diputados, quiero agradecer la invitación del Secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, para participar en este Foro Consultivo del Consejo Nacional de Energía.

También quiero agradecer al Subsecretario Leonardo Beltrán su detallada presentación sobre los avances de la Estrategia Nacional de Energía 2013-2027, así como felicitar a todos los representantes nacionales de los sectores académico, social y privado aquí presentes, al igual que a mis colegas legisladores por sus atinadas intervenciones.

Antes que nada, la presentación del Subsecretario Beltrán dejó en claro que la formulación de la Estrategia Nacional de Energía 2013-2027 prácticamente está por completarse.
Por ello, nuestro reconocimiento al Secretario de Energía, a su equipo de colaboradores, y a los distintos especialistas que han contribuido a elaborarla.

Sin duda, toda la industria y el escenario energético mundial atraviesan por un profundo proceso de cambio, mismo que por supuesto debemos tomar en consideración en México para articular nuestras propias políticas públicas en la materia.

En particular, la “revolución” tecnológica y energética que está ocurriendo en los Estados Unidos —nuestro principal socio comercial y, también, energético— puede tener profundas implicaciones para nuestra seguridad en este mismo ámbito, y para nuestra capacidad de promover un mayor crecimiento al ritmo que, con justeza, demanda la población.
Ante tales cambios, México no puede seguir permaneciendo estático.

La necesidad de llevar a cabo una reforma energética de fondo es evidente, y es urgente.
Necesitamos replantear en forma integral todo nuestro enfoque, para que los recursos con que contamos sean una palanca mucho más eficiente de crecimiento y produzcan resultados tangibles para el pueblo de México.

El Presidente Enrique Peña Nieto ha sido el primero en reconocer este imperativo nacional, y —con un gran arrojo político—, ha planteado la necesidad de dejar atrás prejuicios y conceptos obsoletos para concretar una reforma energética de gran calado.  Con altura de miras, ha reafirmado la voluntad de su Gobierno para plantear en su debido momento una iniciativa de reforma que —asegurando la plena potestad del Estado sobre los hidrocarburos y demás recursos energéticos con que contamos—, facilite asociaciones productivas que nos alleguen los recursos financieros y tecnológicos requeridos para potenciar su valor, así como para traducirlo en una economía que genere más y mejores empleos.

En el GP-PRI, reiteramos nuestra disposición para acompañarlo en este ambicioso proceso, de tal manera que logremos dar un paso en verdad trascendente, que contribuya al avance sostenido de nuestro país en los años y décadas por venir.

La gran ventaja, es que muy pronto contaremos con un referente muy útil para orientar una discusión informada y —esperemos— constructiva, como seguramente lo será la Estrategia Nacional de Energía 2013-2027.

Como lo expuso el Subsecretario Beltrán, la Estrategia parte de un diagnóstico preciso, que bosqueja un panorama de enormes desafíos para la industria energética de nuestro país.
En particular, la advertencia de que —si no emprendemos una reforma a fondo México puede llegar a ser en menos de una década netamente deficitario en energía—, debe constituir un claro y fuerte llamado a la acción decidida en favor de una reforma que beneficie a todos los mexicanos.

En este mismo sentido, considerar que se requiere un enfoque integral —que contemple los diversos aspectos relacionados tanto con la oferta como con la demanda energética—, constituye una sólida base para revertir la tendencia a la baja en materia de producción de hidrocarburos registrada en los últimos años, al igual que para mejorar significativamente nuestra eficiencia energética.

Los objetivos estratégicos que plantea la Estrategia son puntuales:

Que el sector energético sea un pilar fundamental de nuestro crecimiento económico, y que toda la población —tanto del México urbano como rural— cuente con acceso a servicios energéticos de calidad.

Asimismo, los elementos de integración que contempla —en materia de eficiencia, seguridad y sustentabilidad—, ofrecen la oportunidad de desarrollar medidas específicas de política en forma equilibrada y con base en una visión de largo plazo.

Por último, vale la pena destacar que la Estrategia contemple la necesidad de darle una especial atención a la transición energética, tanto en lo que se refiere a la producción y distribución de gas, así como al desarrollo de fuentes de energía renovables.

Como bien se señaló, es impostergable tomar medidas que garanticen el abasto energético y que contribuyan a lograr una mucho mayor eficiencia energética.

Por esta razón, en el GP-PRI estamos convencidos de que es indispensable concientizar a la ciudadanía de:

• Los graves retos que nos plantea en el corto y mediano plazos un cambiante escenario energético global;

• De la necesidad urgente que tiene impulsar cambios de fondo para alcanzar nuestros objetivos estratégicos en materia energética;

• Y de que nos corresponde a todos —autoridades de los tres poderes y órdenes de gobierno, a los sectores productivos y a la ciudadanía en general— esforzarnos para desarrollar una nueva cultura de racionalidad y eficiencia energética, acorde con el momento actual y la realidad que estamos viviendo.

De nuevo, mi reconocimiento personal y el del GP-PRI al valioso esfuerzo que han hecho el Secretario Pedro Joaquín Coldwell y la Secretaría de Energía, para establecer la Estrategia Nacional de Energía 2013-2027.

En el Congreso próximamente tendremos la responsabilidad de analizarla cuidadosamente a fin de lograr los consensos para lograr las metas que plantea.

No debemos olvidar que nuestra verdadera responsabilidad es crear valor público.  La idea de lo que la Secretaría de Energía considera como valor público debe ser apoyada y compartida por los actores que autorizan y legitiman sus acciones. Pero eso no es suficiente. Debe además contar con la capacidad operativa para hacer de esa idea una realidad. El reto es que esa capacidad operativa está fuera de la Secretaría de Energía. Ahí está la esencia del éxito de esta Estrategia Nacional de Energía.  Consolidar ese triángulo estratégico será la tarea fundamental.

Muchas gracias por su atención.

Tuesday, January 08, 2013

Política exterior integral en el 2013

Javier Treviño Cantú *

Milenio

8 de enero de 2013
 

La “Ley de Miles” fue acuñada, a mediados de los años 1940s, por un servidor público del Departamento de Presupuesto del Gobierno de los Estados Unidos, Arnold Miles, quien con razón decía: “tu posición ante un determinado tema depende de dónde estás sentado” (where you stand depends on where you sit).

En mi caso, he tenido la oportunidad de observar directamente los cuatro lados de “la mesa” del escenario internacional: desde la Embajada de México en Washington y la Subsecretaría de Relaciones Exteriores; desde CEMEX, una empresa global de origen mexicano; desde la Secretaría General de Gobierno de Nuevo León; y, ahora, desde la curul que tengo el honor de ocupar en la Cámara de Diputados. Y, hoy, no me queda duda de que el 2013 le planteará numerosos desafíos en materia de política exterior al nuevo gobierno de México que encabeza el presidente Enrique Peña Nieto.

Con un equipo renovado en la Cancillería y las demás dependencias del gobierno federal, así como en la red de embajadas y consulados de nuestro país alrededor del mundo, el nuevo gobierno deberá encarar un escenario turbulento, que exigirá una clara visión estratégica y una rápida capacidad de respuesta para promover nuestros intereses y reafirmar a México como una auténtica potencia emergente.

La complejidad e interrelación de los principales temas que conforman la agenda de política exterior para nuestro país harán necesaria, ante todo, una amplia visión panorámica y una estrecha coordinación entre todas las áreas del gobierno federal —así como una vinculación eficaz con los otros Poderes de la Unión, las demás instancias de gobierno y los diversos sectores de la sociedad— para desplegar una diplomacia con un enfoque integral.

La lista de asuntos internacionales a considerar en este año que apenas inicia es muy extensa y está en constante evolución. Sin embargo, entre los más relevantes destaca, por supuesto, la puesta al día de la relación con nuestros vecinos de los Estados Unidos. La llegada de un nuevo gobierno en México y la reelección para un segundo mandato del Presidente Barack Obama facilita la revisión de las prioridades respectivas y la articulación de nuevos canales de comunicación entre ambos países. Además, el nombramiento de los nuevos secretarios estadounidenses de Estado y de Defensa, así como la próxima designación de un nuevo embajador de México en Washington, permitirá replantear las premisas fundamentales en que se basa la relación bilateral.

El tema de seguridad necesariamente seguirá ocupando buena parte de la atención, mientras que la aparente voluntad del Presidente Obama para impulsar en el corto plazo una profunda reforma migratoria hará necesario que el gobierno mexicano defina cuál es la mejor forma de contribuir a su éxito, para regularizar la situación de los millones de compatriotas que ya viven en el vecino país y ordenar los flujos futuros. Igualmente, el cambiante escenario energético en Canadá y los Estados Unidos, sumado al compromiso del Presidente Peña Nieto de buscar una reforma en la materia, abre nuevas perspectivas para reforzar la competitividad de la región.

Sin embargo, el área que se vislumbra con un mayor potencial de avance es la de los intercambios económicos y comerciales. La creciente integración entre los aparatos productivos de México y Estados Unidos demanda una mayor inversión público-privada en infraestructura para agilizar el tránsito seguro de personas y bienes, así como la interconexión de los sistemas de aprovisionamiento energético. En especial, la participación de México, Canadá y los Estados Unidos en las negociaciones del Acuerdo Trans-Pacífico, podría significar una oportunidad ideal para actualizar algunos aspectos del TLCAN.

A la vez, las nacientes negociaciones en paralelo de Canadá y los Estados Unidos con la Unión Europea para establecer sendos acuerdos de libre comercio, exigirán, mínimamente, algún tipo de consulta con México para armonizar los diversos instrumentos que podrían llegar a co-existir. A menos, claro está, que México tome la iniciativa de proponer una gran negociación “marco” entre los integrantes del TLCAN y la Unión Europea para establecer un nuevo y ambicioso Acuerdo Trans-Atlántico.

Hacia el sur, el panorama es en extremo complejo. Todos los países de Centroamérica al igual que Venezuela enfrentan serias problemáticas políticas y de seguridad que pueden derivar en crisis de distinta naturaleza, frente a las cuales México tiene que estar preparado para actuar con la congruencia, firmeza y oportunidad que cabe esperar de una potencia regional. Superar múltiples tensiones con Brasil y Argentina es un pendiente de primera importancia, mientras que el gran reto regional para México será dar forma concreta a la Alianza del Pacífico con Colombia, Perú y Chile. Esta reciente Alianza tiene un enorme potencial, pero también implica riesgos de seguridad muy delicados, frente a los cuales habrá que estar particularmente atentos.

Europa seguirá representando un factor de riesgo en 2013, no sólo para México, sino para el mundo entero. Aún así, nuestro país goza de una posición privilegiada para relanzar las relaciones bilaterales e institucionales con la Unión Europea. En particular, al fomentar un mayor aprovechamiento del propio acuerdo comercial con que ya contamos, al replantear a fondo los términos de la cooperación para el desarrollo, y al dotar de contenido a una “asociación estratégica” que, hasta ahora, ha estado muy por debajo de su potencial para concertar posturas comunes en el plano multilateral.

Por diversas razones, Asia puede representar el desafío más complicado para la renovada política exterior mexicana. Por una parte, nuestra inclusión en las negociaciones del Acuerdo Trans-Pacífico puede ayudar a revitalizar nuestra presencia en toda la zona, pero para ello habrá que superar la dispersión que ha padecido en años recientes. Por la otra, reorientar la desastrosa relación bilateral con China implica un esfuerzo específico prioritario y urgente, el cual podría verse favorecido por el respectivo relevo en la dirigencia de su gobierno.

En su esfuerzo para reafirmarse como una auténtica potencia emergente, México también deberá mantener una presencia no sólo activa, sino destacada en los principales foros multilaterales. En especial, tendrá que enfocarse en definir una “hoja de ruta” para darle seguimiento y asegurar el éxito de la Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU donde se revisen las políticas y estrategias actuales para enfrentar el problema mundial de las drogas, misma a la que nuestro país convocó originalmente el año pasado.

Finalmente, la nueva política exterior de México tendrá que englobar todos estos esfuerzos, las demás acciones de política pública que lleve a cabo el gobierno, e iniciativas a las que se sumen los sectores de nuestra sociedad, para ir transformando la deteriorada imagen de nuestro país en el mundo y generar un mucho mayor aprecio por nuestra cultura y capacidad de desempeñarnos en el escenario internacional como la gran nación que sin duda somos. Esta tarea es de tal magnitud y resulta tan trascendente, que es indispensable evitar un enfoque burocratizado o fragmentado. Para fortalecer nuestra ejemplar tradición diplomática, se requiere la participación de todos.

 
* Javier Treviño Cantú es Diputado Federal y fue Subsecretario de Relaciones Exteriores.

Friday, December 14, 2012

Javier Treviño - Premio Fulbright - García Robles 2012


Ver adicionalmente el comunicado de la Embajada de Estados Unidos en México

 http://spanish.mexico.usembassy.gov/es/spress/embajador-wayne-promueve-asociaciones-pblico-privadas-e-intercambios--educativos-en-gala-de-comexus.html




Thursday, December 13, 2012

Premio Fulbright-García Robles 2012


Palabras de Javier Treviño Cantú al recibir el "Premio Fulbright-García Robles 2012"

México D.F., 12 de diciembre de 2012


Apenas el mes pasado tuvimos una muestra de lo paradójico que siguen resultando tanto la creciente cercanía que existe entre nuestros dos países, pero también la gran distancia que lamentablemente todavía nos separa por la falta de un mejor conocimiento y entendimiento mutuos.

El 20 de noviembre, acompañado por el Embajador Tony Wayne, el Secretario de Educación Pública de la anterior administración, el Dr. José Angel Córdova, firmó el Memorándum de Entendimiento sobre Educación entre México y los Estados Unidos, un instrumento orientado a facilitar el intercambio de alumnos de bachillerato y de educación superior.

Sin embargo, lo paradójico fue que, ese mismo día, un estimado amigo mío —y también un buen amigo de México—, Jimmy Taylor, de la compañía consultora Vianovo, dio a conocer un estudio de opinión en donde se muestra con toda claridad... la pésima imagen que existe de México en los Estados Unidos.

Según esta encuesta, la conclusión principal es que la gran mayoría de nuestros vecinos en los Estados Unidos ven a México —ante todo— como una fuente de problemas. La verdad me entristeció... y también me enojó mucho.

Resulta increíble —por decir lo menos— que después de tantos esfuerzos para estrechar nuestros vínculos y establecer una relación madura, a la altura de los enormes cambios que han ocurrido al menos durante las últimas tres décadas en todos los espacios de nuestra relación, sigamos siendo unos simples “vecinos distantes” que básicamente se reconocen por sus respectivos estereotipos.

Nuestros dos países han registrado avances sin precedente en el terreno de la indispensable cooperación sobre seguridad, para hacer frente al reto común del crimen organizado transnacional y asegurar una operación eficaz de nuestra frontera compartida.

Con base en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y gracias al enorme esfuerzo de los sectores empresariales de ambos países, hemos pasado de ser meros socios comerciales, a contar con economías crecientemente integradas.

Incluso, después de unas elecciones en los Estados Unidos donde los votantes de origen “hispano” fueron determinantes para asegurar el triunfo del Presidente Obama, hoy se reconocen cada vez más las valiosas aportaciones de los migrantes mexicanos al desarrollo de nuestro vecino país.

Ahora, resulta indispensable darle una atención prioritaria al fortalecimiento de nuestros intercambios educativos y culturales, para darle un soporte mucho más sólido y constructivo a una relación que, por incontables razones, es tan importante para México, como lo es para los Estados Unidos.

Sólo si nos conocemos mejor... si establecemos mejores canales de comunicación entre nuestras sociedades... si hablamos idiomas comunes, en términos de los valores que compartimos... y si de esta forma nos entendemos mejor... podremos tener una relación de mucha mayor calidad, que en verdad nos reafirme como socios estratégicos y como pueblos hermanos.

Los intercambios educativos y culturales son una herramienta fundamental para superar los viejos y nuevos estereotipos que existen en ambos lados de nuestra frontera, y estoy convencido de que en esta nueva etapa de la relación que está iniciando, recibirán una atención mucho mayor por parte de ambas administraciones.

El reto es mayúsculo.

De acuerdo con "Open Doors 2012", el informe anual de movilidad académica internacional que publica el Institute of International Education con el apoyo del Departamento de Estado, durante el año escolar 2011-2012 estuvieron inscritos en alguna institución de educación superior de Estados Unidos un total de 764 mil 495 estudiantes provenientes de diversos países.Poco más de 194 mil provenían de China, unos 100 mil de India, poco más de 72 mil de Corea, otros 34 mil de Arabia Saudita, y casi 27 mil de Canadá. Los otros tres países con un número significativo de estudiantes fueron Taiwán, con 23 mil, Japón con 20 mil, y Vietnam con casi 16 mil.

La buena noticia es que México ocupa el lugar número 9, con cerca de 14 mil estudiantes. Pero, la mala noticia, es que desde los primeros años de este siglo dicha cifra ha permanecido estancada.Estos 14 mil estudiantes mexicanos en Estados Unidos representan un activo de un valor incalculable para mejorar a fondo nuestra relación bilateral, pero sólo si los consideramos no como un grupo disperso de historias individuales, sino como una comunidad que representa en conjunto a nuestro país.

Habría que verlos como el "Campus México" en Estados Unidos.Los cerca de 14 mil universitarios de México que estudian en Estados Unidos son en sí mismos una excepcional historia de éxito. En la gran mayoría de los casos, han logrado su meta con muy poca ayuda del gobierno y enormes sacrificios por parte de sus familias. Son gente valiosa, que a su regreso pueden contribuir mucho al desarrollo de nuestro país, y también a que logremos tener un mayor entendimiento con nuestros vecinos.

Para darle forma al "Campus México" y poder apoyarlos, primero habría que saber quiénes son, en dónde está cada uno de ellos, qué estudian, cuáles son sus aspiraciones profesionales, y cuándo deberán regresar. Con las tecnologías actuales, no se necesita un gran esfuerzo para lograrlo. Lo que se requiere es la visión política para considerarlos como un recurso que pueden hacer grandes aportaciones a la construcción de una relación más constructiva y benéfica para nuestros dos países.

Los Presidentes Peña Nieto y Obama aspiran a dejar un legado de mayor entendimiento mutuo entre México y los Estados Unidos, y para hacer realidad este elevado propósito, se tendría que dedicarle una atención prioritaria a la cooperación educativa, incluyendo un programa masivo de becas.

Por supuesto, fortalecer estos intercambios es un reto que va más allá del trabajo que puedan hacer los gobiernos, y por ello es indispensable sumar a esta tarea decisiva a un creciente número de escuelas, universidades, centros de estudio y asociaciones culturales... a compañías y cámaras empresariales... a organizaciones ciudadanas... a los medios de comunicación... y a todos los que compartimos la convicción de que México y los Estados Unidos son dos grandes países que se merecen una mucho mejor relación.

Muchas gracias por su atención.

Thursday, November 08, 2012

Mensaje de Javier Treviño en la Comparecencia del Secretario de Energía y el Director de PEMEX


Preguntas para el Secretario de Energía y el Director de PEMEX


Palabras del Diputado Federal Javier Treviño Cantú durante la comparecencia del Secretario de Energía y del Director General de Pemex ante la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados

México, D.F., 7 de noviembre de 2012

Señor Secretario,

Señor Director General:

El Grupo Parlamentario del PRI tiene absoluta claridad en que el sector energético y PEMEX, en particular, deben ser una palanca del desarrollo nacional y que la seguridad energética resulta crucial para el crecimiento y la integridad de la nación.

Igualmente podemos estar de acuerdo en que la actual dependencia que las finanzas públicas tienen del ingreso petrolero constituye una fuente de vulnerabilidad para el desarrollo y el crecimiento económico sostenido de nuestro país.

Nos interesa que el sector energético nacional se mantenga debidamente actualizado, ante las tendencias recientes que se observan en el mercado de hidrocarburos a nivel mundial y regional, por las oportunidades que generan los incesantes avances tecnológicos en el campo de la exploración y producción, tanto en la que se refiere al petróleo, el gas y otros combustibles fósiles, como a las crecientes fuentes de energía renovables y el progreso en materia de eficiencia energética.

Por ello vemos con profunda preocupación la crisis que presenta el sector de energía y con la cual concluyen ustedes su gestión. Porque seis años después del compromiso de asegurar un suministro confiable, de calidad y a precios competitivos de los insumos energéticos, como establece el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, nos encontramos con un sector que está frenando el desarrollo del país y que requiere de una urgente reforma.

Por lo anterior, nos interesa dejar establecido, en forma clara y objetiva, cuál es el estado que a esta fecha guarda el sector energético nacional, así como las responsabilidades y omisiones correspondientes.      

Veamos sólo algunos de los problemas evidentes del sector.

 En primer lugar, en los últimos 10 meses se han presentado 15 “alertas críticas” por falta de gas en los ductos, lo que implica un desabasto o racionamiento de gas a los industriales, especialmente a los del centro y norte del país. Ello ha generado un profundo malestar en el sector privado, ante pérdidas que se estiman en 150 millones de dólares diarios por cada 24 horas de alertas críticas.

Adicionalmente, el sistema de gasoductos es anticuado y está saturado, la infraestructura disponible no permite aumentar el consumo de gas natural, y no se está utilizando la alternativa de importar gas natural por barco e internarlo en las plantas regasificadoras del país, a pesar de que la demanda del sector público energético es la que ha saturado el Sistema Nacional de Gasoductos.

Asimismo, es causa de consternación el deterioro significativo de la seguridad industrial en el sector energético, ante la frecuencia y la gravedad de los incidentes que causan trágicas muertes e incapacidad de horas-hombre trabajadas, cuya frecuencia se incrementó en un 17% en el primer semestre de 2012, con respecto al año anterior.

También en materia de seguridad, reiteramos la preocupación que ya hemos expresado en esta Cámara, por el incremento de 100% en el número de tomas clandestinas, entre 2010 y 2011. A lo cual se agregan los faltantes en las refinerías, los cuales ascendieron a 15.8 miles de barriles diarios entre enero y agosto de 2011.

Por otra parte, las ineficiencias en el sistema eléctrico se reflejan en altas tarifas de servicio. El problema es grave, porque no se cobra alrededor del 18% de la electricidad generada. Y la Tarifa doméstica de alto consumo, DAC, que es la tarifa de referencia en baja tensión sin subsidios, es de las más caras del mundo.

Las elevadas tarifas industriales reflejan también la ineficiencia del sector y la desventaja competitiva en que se encuentra el aparato productivo nacional. De acuerdo con las estadísticas disponibles, el mayor consumo de electricidad está en la industria, pues el 0.7% de los usuarios consumen el 58% de la electricidad. Y aunque se permite el autoabastecimiento eléctrico, éste no se facilita para los usuarios en mediana tensión.

Sin duda, el sector de transporte también incide en las ineficiencias del sector energía. México cuenta con un parque vehicular anticuado e ineficiente, por lo que los combustibles para la movilidad de las personas y de la carga están orientados exclusivamente a los derivados del petróleo. Los combustibles para el transporte son de baja calidad, y no se cuenta con los incentivos para aprovechar otras opciones tecnológicas, como el gas natural o la electricidad.

Estas son solamente algunas de las preocupaciones que tenemos ante la situación crítica que observamos en el sector de energía. En intervenciones posteriores habremos de extendernos en temas particularmente sensibles.

Frente a este panorama desolador para el sector energético nacional, deseamos dejar claramente asentada la convicción que tenemos de que México está destinado a consolidarse como una potencia emergente, pero para lograrlo no puede seguir dejando pasar el tiempo y las oportunidades en un ámbito de carácter estratégico.

Es absolutamente impostergable una reforma energética de fondo que resguarde la propiedad y la rectoría fundamental del Estado mexicano sobre los recursos energéticos y, a la vez, promueva la inversión y facilite el aprovechamiento de la participación privada.

La potestad soberana del Estado mexicano sobre los recursos energéticos con que contamos en el país, no está ni estará jamás a discusión.

Lo que sí es necesario y urgente, es replantear la forma en que el Estado ejerce su rectoría sobre dichos recursos, para asegurar que su eficaz explotación, procesamiento y distribución contribuyan a la seguridad energética de la nación, al abasto oportuno y a precios accesibles para todos los consumidores, a la generación de mayores recursos e ingresos presupuestales, así como a la asignación de tales recursos con base en criterios transparentes y de largo plazo, como una inversión estratégica para el desarrollo actual y futuro de México.

Señor Secretario:

Con respeto y con la responsabilidad que merece el tratamiento de estos temas vitales para el desarrollo del país, quisiéramos tener una respuesta puntual a las siguientes inquietudes:

¿Cómo concibe usted la seguridad energética de México? ¿Cómo explica la escasez de gas natural en algunas zonas del país y el hecho de que hasta esta hora no se haya remediado el desabasto que afecta la actividad productiva y la generación de empleos? ¿Qué respuesta inmediata tiene usted para las agrupaciones industriales que han demandado a las autoridades cumplir con su responsabilidad de mantener el abasto de gas natural? ¿Quién debe desarrollar la capacidad de transporte de gas natural? ¿Cuándo estima que se podrá tener acceso a gas natural en todos los Estados de la República?
¿Por qué no se revisaron a tiempo la red de gasoductos para intensificar el uso industrial y doméstico en todo el país? ¿Por qué no se hizo una revisión completa de las tarifas eléctricas? ¿Por qué no se facilitó la compra de electricidad entre las mismas empresas privadas?
¿En qué estado se habrá de entregar a la próxima administración federal la infraestructura crítica nacional integrada por las instalaciones del sector energético? ¿Cuáles son los retos y riesgos inmediatos que deberán atenderse?
¿Qué acciones se han tomado para incentivar otros métodos de movilidad que no usen gasolina o diesel y qué medidas considera usted que deberán adoptarse en el plazo inmediato?

Señor Director de Pemex:

También con el debido respeto y consideración a los delicados asuntos que tratamos:
Si la respuesta es negativa, ¿quien tiene el mandato? Si la respuesta es afirmativa ¿por qué no lo ha cumplido?


¿Tiene Pemex un mandato u obligación de suministrar gas natural?
¿Por qué debe PEMEX asumir los altos riesgos de la exploración de petróleo en aguas profundas?
¿Qué seguridad se tiene de la rentabilidad de las inversiones en exploración y explotación de petróleo?
¿Qué seguridad se tiene de que la producción de crudo sobrepasará los 3 millones de barriles diarios como lo estima la Estrategia Nacional de Energía?
¿Considera usted convincente la Estrategia Nacional de Energía cuando plantea que, de manera inercial, PEMEX una vez más producirá 3.35 millones de barriles de petróleo crudo por día?
¿Es realmente factible que PEMEX logre restituir con nuevos descubrimientos los 16 mil millones de barriles de crudo que se producirían en los próximos 15 años?
¿Podría usted explicarnos por qué no obstante que Chicontepec representa el 36% de las Reservas 3P, sólo representa el 2.8% de la producción? ¿Cuál es su índice de productividad?

Nos preocupa que en 11 años, del 2000 al 2011, la producción acumulada aumentó de 27,576 millones de barriles de petróleo crudo a 39,695.  Es decir, se produjeron 12,119 millones de barriles de petróleo crudo adicionales. Sin embargo, las reservas probadas, en ese mismo período, disminuyeron en 13,635 millones de barriles de petróleo crudo, es decir, bajaron de 23,660 a 10,025.  Y las reservas probables también bajaron 434 millones de barriles de petróleo crudo, de 8,982 a 8,548.  Las únicas reservas que subieron fueron las posibles, y lo hicieron en 4,764 millones de barriles.  Es decir, las reservas posibles pasaron de 7,275 a 12,039 millones de barriles de petróleo crudo. 

¿Está usted en la capacidad de ratificar la veracidad de estos datos? Porque parece evidente que en un escenario como éste las finanzas públicas no podrían depender del petróleo en el futuro. ¿Qué alternativas considera usted factibles?

Wednesday, October 24, 2012

Una reforma energética para México


Palabras del Diputado Federal Javier Treviño Cantú durante la Instalación de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados, LXII Legislatura

México, D.F., 24 de octubre de 2012

 A nivel mundial, en la actualidad, todo el conjunto de la industria energética está en proceso de cambio acelerado, y México no puede —ni debe— seguir empantanado en el rezago de los últimos años.

Otros países productores de energéticos, al igual que algunos de nuestros principales socios comerciales, están llevando a cabo numerosas acciones para capitalizar las oportunidades que generan los incesantes avances tecnológicos en el campo de la exploración y producción, tanto en la que se refiere al petróleo, el gas y otros combustibles fósiles, como a las crecientes fuentes de energía renovables.

México está destinado a consolidarse como una potencia emergente en el concierto de las naciones, pero, para lograrlo, no puede seguir dejando pasar el tiempo, de manera improductiva, en un ámbito de carácter estratégico, con ramificaciones directas en todos los planos de un avance potencialmente integral de nuestro país.

Una reforma energética de fondo —que resguarde la propiedad y la rectoría fundamental del Estado mexicano sobre los recursos energéticos y, a la vez, promueva la inversión y facilite el aprovechamiento de la participación privada— es absolutamente impostergable.

El pueblo de México no merece ser rehén de atavismos ideológicos rebasados, cuya única consecuencia ha sido el retraso de un mayor bienestar para la población, la pérdida de competitividad para la industria del país, y la falta de acciones decididas para aminorar la vulnerabilidad frente a la reducción de nuestras reservas y a las volátiles condiciones del escenario energético internacional.

México no merece ser presa fácil de quienes hacen de la oposición sistemática a cualquier propuesta de cambio una forma de lucrar con la política, para preservar la vigencia de un modelo ya superado en los hechos.

La potestad soberana del Estado mexicano sobre los diversos recursos energéticos con que contamos en el país, no está, ni estará jamás a discusión.  Lo que sí es necesario y urgente, es replantear la forma en la que el Estado ejerce su rectoría sobre dichos recursos, para asegurar que su eficaz explotación, procesamiento y distribución contribuya —ante todo— a la seguridad energética de la nación; al abasto oportuno y a precios accesibles para todos los consumidores; a la generación de mayores recursos e ingresos presupuestales; así como a la asignación de tales recursos, con base en criterios transparentes y de largo plazo, de forma que no se desperdicien ni representen un mero gasto, sino una verdadera inversión en el desarrollo actual y futuro de México.

Durante la pasada campaña electoral, el presidente electo, Enrique Peña Nieto, se comprometió a impulsar una reforma energética responsable, que contribuya en forma tangible al avance de México.

Hoy, el grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, también reafirma su compromiso de trabajar a través de esta Comisión de Energía, para lograr los acuerdos que permitan concretar una iniciativa de avanzada en la materia.

Confiamos en el patriotismo, la altura de miras, y la responsabilidad de nuestros colegas legisladores, para que la voluntad que han manifestado de concurrir en este elevado propósito, se traduzca, con la rapidez que exigen las necesidades de nuestra población y nuestras perspectivas como nación, en una reforma de largo aliento que permita transformar al sector energético en un auténtico detonador para el desarrollo de nuestro país.

Thursday, September 13, 2012

Política exterior eficaz: principios y resultados


Palabras de Javier Treviño Cantú, Diputado Federal por Nuevo León, durante la glosa del sexto Informe de Gobierno.
México, D.F. 13, de septiembre de 2012

Con su venia, señor presidente.  
Honorable asamblea:

Es un honor para mí hacer uso de la palabra para referirme al estado que guarda la política exterior en el Sexto Informe de Gobierno.

La formulación y conducción de nuestra política exterior revisten una tarea especial y delicada, porque constituye el principal vínculo institucional de México con el mundo.

Es desafortunado, por tanto, que el capítulo dedicado a lo que el actual Ejecutivo federal denomina Política Exterior “Responsable” —como si fuera necesario aclararlo— presente serias deficiencias de forma y fondo.

Es lamentable que se haya hecho entrega a este Congreso de la Unión de un Informe tan desaseado, no sólo plagado de errores orto-tipográficos[1], sino en el que se llegan a confundir siglas de organismos internacionales como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito[2].

Sin una introducción clara, el capítulo en la materia se reduce a un listado de diagnósticos, iniciativas y acciones, muchas veces inconsistentes entre sí.

Esta simple enumeración no indica cómo ha beneficiado en concreto a nuestra población el esfuerzo realizado en materia de política exterior, ni en qué ha contribuido a fortalecer al Estado mexicano.

Sobre todo, el Informe refleja un grave problema de fondo, porque en los últimos seis años, México ha carecido de una política exterior con una orientación estratégica.

A diferencia de lo indicado en el documento, durante su conferencia de prensa sobre el tema[3], la secretaria de Relaciones Exteriores señaló que la política exterior del gobierno saliente se planteó “tres objetivos concretos”.

El primero fue, y cito, “resolver y superar cualquier tipo de enfrentamiento con otros países”, para luego sostener que, “hoy, México no tiene conflictos con ningún país”.

Más allá de lo triste que resulta para un país con nuestra tradición diplomática sostener como fundamental este ínfimo propósito, la historia y las palabras del presidente Felipe Calderón mismo matizan dicha afirmación.

En una entrevista concedida la semana pasada a la televisión rusa, el presidente Calderón por ejemplo calificó de “complicadas y en ocasiones tensas”[4] las relaciones entre México y los Estados Unidos.

Quizás ambas naciones podemos discrepar en forma respetuosa sobre cuestiones específicas, pero no debemos olvidar que este sexenio pasará a la historia por el episodio que llevó al presidente de la República a exigir el retiro del entonces embajador estadounidense Carlos Pascual.

Fue un incidente lamentable, que reflejó las tensiones producto de una cooperación en materia de seguridad basada en criterios jurídicos vagos, y que se ha operado a escondidas, como lo demuestra el ataque en Tres Marías contra funcionarios encubiertos de Estados Unidos.

El Poder Legislativo, que una y otra vez ha solicitado información precisa sobre las condiciones en las que se conduce esta cooperación bilateral, nunca ha recibido respuestas que no sean elusivas.

Pero las persistentes tensiones con Estados Unidos no son el único saldo negativo que deja la administración saliente.

Es necesario recordar las fricciones con Brasil, que hicieron que ni el presidente de la República, ni la secretaria de Relaciones Exteriores acudieran en 2011 a la ceremonia de toma de posesión de la presidenta Dilma Rousseff.

Y hay otros casos: como el de Canadá, que de manera poco diplomática impuso requisitos draconianos para la concesión de visas; o el controvertido tema de Florence Cassez, que sigue afectando la relación con Francia; y el de Cuba, donde la detención de supuestos activistas del PAN, en vísperas del viaje del Papa Benedicto XVI, estuvo a punto de descarrilar la única y tardía visita del presidente Calderón a ese país.

En la misma rueda de prensa, la secretaria de Relaciones Exteriores manifestó que el segundo objetivo de la política exterior en este sexenio era, vuelvo a citar, que “México fuera un actor internacional unánimemente reconocido y respetado”, y además sostuvo que “esto es ya un hecho”.

No cabe duda de que nuestro país es mundialmente apreciado por numerosas razones. No obstante, lo que hoy es un hecho, es que a México se le reconoce por la violencia asociada a la estrategia federal para combatir el crimen organizado, por la baja tasa de crecimiento económico en los últimos seis años, y por la incapacidad que esto ha producido para superar los rezagos de pobreza y desigualdad extremas que aún persisten.

Durante seis largos años, el gobierno saliente fue incapaz de articular una política de comunicación internacional y una diplomacia pública eficaz, que permitieran contrarrestar la percepción negativa de México que se fue generando.

Y, todo esto, limitó en forma notoria la capacidad de alcanzar el tercer objetivo de política exterior que se fijó el Ejecutivo Federal saliente, que era —y cito por última vez— “dar al país una nueva capacidad de influencia global”.

Señoras y señores legisladores:

La actual administración deja un legado de claroscuros en materia de política exterior: México aparece como un país desorientado y “desdibujado” en el escenario internacional.

La cercanía con Estados Unidos en materia de seguridad no sólo no se ha reflejado en mejores condiciones para nuestros migrantes, sino que, por el contrario, se ha traducido en deportaciones masivas, en legislaciones anti-migratorias a nivel estatal, y en incesantes ataques de la Patrulla Fronteriza contra compatriotas inocentes.

Ante dicha realidad, es indispensable diversificar la agenda con Estados Unidos para que tenga un carácter integral; es decir, que no solo esté supeditada al tema de seguridad, y en cambio nos permita enfocarnos —con auténtica corresponsabilidad— en la generación de una mayor prosperidad que, a su vez, se traduzca en nuevos empleos en ambos lados de la frontera.

Por otro lado, la desarticulación entre el Plan Puebla Panamá y la promesa incumplida del Proyecto Mesoamericano, hicieron que nuestro país perdiera capacidad de maniobra en Centroamérica, un área vital para nuestra seguridad nacional y desarrollo económico.

En América del Sur, a pesar de que la Alianza del Pacífico entre nuestro país, Colombia, Perú y Chile abre una ventana de oportunidad que es indispensable aprovechar, las fricciones comerciales y nuestra marcada ausencia en el plano cultural, han hecho que a México se le perciba distante de sus raíces y vocación latinoamericanas.

Por ello, en el PRI celebramos que la primera gira de trabajo del presidente electo, Enrique Peña Nieto, sea a Latinoamérica, con lo que demuestra su compromiso de estrechar los lazos de amistad y cooperación con la región.

Respecto a Europa, en estos últimos años México no parece haber dotado de contenido propio a una “asociación estratégica” que ha estado muy por debajo de su potencial.

Y, frente a Asia, México quedó rezagado, justo en el momento en que las principales tendencias mundiales exigían poner énfasis en países clave de esa región.

Ahora, a unos meses de que inicie la nueva administración, el grupo parlamentario del PRI se declara listo para acompañar al próximo titular del Poder Ejecutivo, Enrique Peña Nieto, en la formulación y conducción de una política exterior renovada, que contribuya con eficacia al desarrollo nacional, y permita recuperar el prestigio y el activo papel de nuestro país en el mundo.

Tenemos que redefinir la política exterior, de forma que no sólo sea de principios, sino también de resultados.

Nuestra política exterior tiene que estar vinculada, más estrechamente que nunca, con la eficacia que demanda la política interior para lograr mayor bienestar y desarrollo.

Es cuestión de contar con una visión en verdad estratégica, claramente alineada con esfuerzos coordinados para reconstruir la presencia internacional de México.

Con base en los acuerdos necesarios para sacar adelante las reformas estructurales que se requieren, habremos de establecer las condiciones para que nuestra economía crezca a tasas más elevadas y, con ello, logremos asumir nuestra condición plena de potencia regional.

Asimismo, trabajaremos para dotar a la Cancillería de recursos adecuados en el Presupuesto de Egresos de la Federación, para impulsar nuevos proyectos que permitan subsanar el rezago de los últimos doce años.

Este es el compromiso que asume el Grupo Parlamentario del PRI, porque la Cámara de Diputados está llamada a jugar un papel decisivo en la política exterior del país.

Muchas gracias por su atención.



[1]bit.ly/P8rAqL, p. 743; bit.ly/Q9wSje, p. 726; bit.ly/NQKnYW, p. 730.
[2]bit.ly/RIC6W7, pp. 97, 100, 104.
[4] Reforma, “Reconoce FCH relación difícil México-EU”, 8 de septiembre de 2012, bit.ly/NjeruR