Javier Treviño Cantú
El Norte
8 de octubre de 2008
El viernes pasado, el IFE inició formalmente el proceso electoral federal 2008-2009. En nuestro viejo sistema métrico sexenal, las elecciones intermedias para renovar la Cámara de Diputados — así como las gubernaturas de Nuevo León y otros cinco Estados, 469 diputaciones locales y 620 alcaldías— marcan el primer gran “corte de caja” para la administración en turno, los partidos políticos y, también, para las autoridades electorales encargadas de conducir y validar jurídicamente los resultados.
Sobre todo, los comicios federales a mitad del camino representan un “referéndum” sobre la actuación del gobierno y el partido en el poder. Hasta el momento, el panorama que puede anticiparse parecería poco favorable para la administración del Presidente Calderón, el PAN y sus aliados políticos.
Ante una limitada capacidad para aplicar iniciativas contra-cíclicas, el impacto de la crisis financiera global puede magnificarse con el endurecimiento de medidas proteccionistas por parte de Estados Unidos. Igualmente, resulta difícil considerar que en menos de un año se perciba una mejoría notable en la seguridad del país.
Hace poco más de una década, la derrota del PRI en las elecciones legislativas de 1997 acabó convirtiéndose en la puerta por donde entró la alternancia democrática en el 2000. Ahora, esa misma puerta quizás esté por volverse giratoria. Aún es temprano para hacer pronósticos, pero al día de hoy, las encuestas indican que la tendencia electoral a favor de PRI va creciendo, particularmente entre los votantes indecisos.
A las ventajas con que contaría el PRI frente al PAN, se suma una “izquierda” dividida por luchas intestinas y la persistencia del movimiento que dirige López Obrador. Algunas encuestas indican que las preferencias en favor del PRD se mantendrían estables, en su nivel “histórico” cercano al 15%. Otras muestran una caída más pronunciada, que le representaría haber perdido más de la mitad de los electores que votaron por este partido en 2006.
Como se comprobó en la reciente elección para la alcaldía de Acapulco, las fracturas perredistas sólo benefician a los partidos rivales. Frente al creciente rechazo ciudadano del movimiento lopezobradorista, numerosos analistas han señalado que el dirigente parece haber descartado la lógica electoral, optando por una radicalización que implicaría dar por perdidas las elecciones del 2009.
Desafortunadamente, este escenario parece factible. La intención de buscar oportunidades que contribuyan a la polarización de la sociedad mexicana, en lugar de ofrecer propuestas constructivas dentro de los cauces institucionales para resolver nuestros pendientes, en efecto apunta hacia una racionalidad extra-electoral.
Lo más grave de este escenario es que las elecciones intermedias apenas son la antesala de un momento singular y, potencialmente, mucho más divisivo. Tanto en México como en el resto de América Latina, la conmemoración en 2010 del Bicentenario de la Independencia —y, en nuestro caso, también del Centenario de la Revolución Mexicana—, se perfila ya como una batalla para apropiarse de su significado simbólico.
La celebración de los distintos movimientos latinoamericanos de independencia representa una oportunidad histórica para brindarle un sentido renovado a los factores culturales que le dan una identidad distintiva a cerca de 700 millones de personas en un mundo globalizado. Esa fue, por ejemplo, la idea detrás de la propuesta —planteada en la Cumbre de Santiago de Chile, donde el Rey Juan Carlos lanzó su famoso ¿Por qué no te callas?— para impulsar el Primer Congreso de la Cultura Iberoamericana, que acaba de efectuarse en la Ciudad de México con la participación de los Príncipes de Asturias.
Sin embargo, coyuntura del Bicentenario también ofrece una oportunidad inigualable a los opositores de cada gobierno latinoamericano en funciones, y a los impulsores de nuevos esquemas geopolíticos en una región donde el vacío que han dejado los Estados Unidos busca ser ocupado por otras potencias.
Sin duda, una de éstas es la misma España. Con una visión de largo plazo y evidente voluntad política, ese país le está dando un carácter estratégico a sus relaciones con la región. Más allá del avance que han registrado muchas de sus empresas emblemáticas en nichos de mercado claves —como energía, banca y telecomunicaciones—, España parece apostarle a su poder suave para consolidar una plataforma de influencia cultural en Latinoamérica que la fortalezca ante sus principales socios europeos.
En cambio, en México, a nivel federal todo lo relacionado con la Comisión para los festejos del 2010 se ha visto empañado por la falta de un proyecto claramente definido y por intrigas burocráticas (Reforma, Templo Mayor, 01/10/08). Con ello, lo único que se ha logrado es pavimentar el camino para que los opositores del gobierno —desgastados y cargando a cuestas una humillante derrota electoral en 2009—, intenten dar una batalla bicentenaria para dividir a los mexicanos.
Hace casi un año, Enrique Krauze (El Norte, Algunas ideas para el bicentenario, 28/10/2007) citaba a John Womack, señalando que “los Centenarios son fechas peligrosas para México". Lamentablemente, no parece que hayan leído su artículo en Los Pinos.
Wednesday, October 08, 2008
Wednesday, September 24, 2008
Esperanza
Javier Treviño Cantú
El Norte
24 de septiembre de 2008
En el México actual, manifestar cualquier clase de optimismo parece ser una costumbre en peligro de extinción. La realidad cotidiana -y la percepción que tenemos de ella a través de los medios de comunicación- sin duda nos ofrece muchas razones para creer que los pesimistas, en efecto, son optimistas medianamente bien informados.
A pesar de todos los retos que enfrentamos, no podemos perder la esperanza en el futuro de nuestra nación. La riqueza natural que todavía encierra México; el grado de desarrollo económico e institucional que hemos alcanzado; el peso específico dentro del sistema internacional que nos dan nuestra historia y nuestra ubicación geoestratégica, y, sobre todo, la calidad humana de los millones de mexicanos que se esfuerzan todos los días para superarse, nos dan elementos para matizar la visión pesimista que amenaza con afianzarse entre nosotros ante cada nueva noticia trágica.
Sin ir más lejos, en las mismas páginas de EL NORTE podemos encontrar numerosas historias alentadoras. Durante las últimas semanas, al leer este diario es posible comprobar avances en áreas fundamentales para el desarrollo de nuestro Estado y, por lo tanto, de nuestro País. Ya sea en el terreno educativo, de la investigación académica, la participación ciudadana o el éxito de jóvenes emprendedores, es posible descubrir razones para creer en nuestra capacidad de salir adelante. Tan sólo veamos uno cuantos ejemplos.
A finales de agosto se dieron a conocer los resultados de Enlace. Como ocurre en la mayor parte del País, en Nuevo León las instituciones privadas obtuvieron las mejores calificaciones. Sin embargo, como se resaltó en este diario, varias escuelas públicas lograron destacar: la secundaria Profr. Jesús M. Campos, de Cadereyta, obtuvo el primer lugar; la Profr. Emilio Rodríguez Cortés, también de Cadereyta, ocupó el tercer sitio; y la Guelatao, de Santa Catarina, quedó en séptimo lugar. Más importante aún: de las 10 secundarias que registraron un mayor avance con respecto a la puntuación obtenida en el 2007, ocho son públicas.
La voluntad de apoyar a estudiantes de bajos recursos también ha sido reseñada por este diario. A principios de mes, informó que la asociación Dividendo de Generosidad entregó becas a 150 estudiantes, desde primaria hasta profesional, de Fomerrey, Topo Chico y Tierra y Libertad, con la condición de mantener un promedio académico por arriba de 9. Unos días después, EL NORTE narró la historia de Elio Leonardo Aguilar, un estudiante de Ciénega de González que, gracias a su dedicación, obtuvo ayuda para estudiar inglés en el Camber College de Canadá.
La importancia de reconocer a estudiantes de excelencia ha sido debidamente subrayada por EL NORTE. Registró el homenaje que hizo la UANL a Mariana Sánchez Villarreal, por haber obtenido la medalla de plata en la 19 Olimpiada Internacional de Biología, celebrada en la India, y difundió que a los 38 niños regios que ganaron en la Olimpiada del Conocimiento Infantil 2008, la Secretaría de Educación estatal y la Fundación BBVA-Bancomer les otorgaron una beca mensual de mil pesos durante sus tres años de secundaria, así como una laptop a cada uno.
En estas semanas, EL NORTE también ha dado cuenta de los esfuerzos que realizan las universidades de nuestro Estado para mejorar su calidad. En el 39 aniversario de la UDEM, reseñó el nuevo énfasis que la universidad busca darle a sus tareas de investigación. Informó sobre la participación de la UANL en una red de universidades latinoamericanas y nórdicas, enfocada en temas de desarrollo sustentable. En el 65 aniversario del Tec, resaltó su labor para evaluar a los alumnos con exámenes estandarizados a nivel internacional, y luego difundió el acuerdo establecido con Microsoft que, entre otras cosas, ayudará a capacitar profesores de educación básica en el uso de nuevas plataformas tecnológicas.
Por otra parte, este diario ha registrado una creciente participación ciudadana que fortalece la cohesión de nuestra sociedad. Las actividades en Marco para promover la lectura entre los niños; la presentación del álbum con 16 piezas musicales de compositores de Nuevo León; el espectáculo multimedia para celebrar el centenario del Palacio de Gobierno; la presencia masiva de jóvenes en la marcha contra la inseguridad, y el trabajo que realizan organizaciones sociales en favor de niños con capacidades diferentes o las personas de la tercera edad son muestras del sentido renovado de comunidad que pueden impulsar los medios de comunicación.
Por último, EL NORTE también ha presentado historias de éxito de emprendedores, que pueden inspirar a muchos otros más. Un caso es el de Arturo García Rodríguez, que logró publicar su libro, "El Ocaso del Cristianismo", en la editorial electrónica Create Spaces, parte de la famosa compañía de ventas por internet Amazon. Otro es el de César Cantú y Gilberto Caballero, quienes en una década lograron convertir a su compañía de pirotecnia para espectáculos y eventos en la número uno del País, gracias al uso de las computadoras y las nuevas tecnologías.
Con estos ejemplos de logros, y con una cobertura periodística que le dedica atención a temas relevantes para nuestro avance, ¿se puede perder la fe en México?
El Norte
24 de septiembre de 2008
En el México actual, manifestar cualquier clase de optimismo parece ser una costumbre en peligro de extinción. La realidad cotidiana -y la percepción que tenemos de ella a través de los medios de comunicación- sin duda nos ofrece muchas razones para creer que los pesimistas, en efecto, son optimistas medianamente bien informados.
A pesar de todos los retos que enfrentamos, no podemos perder la esperanza en el futuro de nuestra nación. La riqueza natural que todavía encierra México; el grado de desarrollo económico e institucional que hemos alcanzado; el peso específico dentro del sistema internacional que nos dan nuestra historia y nuestra ubicación geoestratégica, y, sobre todo, la calidad humana de los millones de mexicanos que se esfuerzan todos los días para superarse, nos dan elementos para matizar la visión pesimista que amenaza con afianzarse entre nosotros ante cada nueva noticia trágica.
Sin ir más lejos, en las mismas páginas de EL NORTE podemos encontrar numerosas historias alentadoras. Durante las últimas semanas, al leer este diario es posible comprobar avances en áreas fundamentales para el desarrollo de nuestro Estado y, por lo tanto, de nuestro País. Ya sea en el terreno educativo, de la investigación académica, la participación ciudadana o el éxito de jóvenes emprendedores, es posible descubrir razones para creer en nuestra capacidad de salir adelante. Tan sólo veamos uno cuantos ejemplos.
A finales de agosto se dieron a conocer los resultados de Enlace. Como ocurre en la mayor parte del País, en Nuevo León las instituciones privadas obtuvieron las mejores calificaciones. Sin embargo, como se resaltó en este diario, varias escuelas públicas lograron destacar: la secundaria Profr. Jesús M. Campos, de Cadereyta, obtuvo el primer lugar; la Profr. Emilio Rodríguez Cortés, también de Cadereyta, ocupó el tercer sitio; y la Guelatao, de Santa Catarina, quedó en séptimo lugar. Más importante aún: de las 10 secundarias que registraron un mayor avance con respecto a la puntuación obtenida en el 2007, ocho son públicas.
La voluntad de apoyar a estudiantes de bajos recursos también ha sido reseñada por este diario. A principios de mes, informó que la asociación Dividendo de Generosidad entregó becas a 150 estudiantes, desde primaria hasta profesional, de Fomerrey, Topo Chico y Tierra y Libertad, con la condición de mantener un promedio académico por arriba de 9. Unos días después, EL NORTE narró la historia de Elio Leonardo Aguilar, un estudiante de Ciénega de González que, gracias a su dedicación, obtuvo ayuda para estudiar inglés en el Camber College de Canadá.
La importancia de reconocer a estudiantes de excelencia ha sido debidamente subrayada por EL NORTE. Registró el homenaje que hizo la UANL a Mariana Sánchez Villarreal, por haber obtenido la medalla de plata en la 19 Olimpiada Internacional de Biología, celebrada en la India, y difundió que a los 38 niños regios que ganaron en la Olimpiada del Conocimiento Infantil 2008, la Secretaría de Educación estatal y la Fundación BBVA-Bancomer les otorgaron una beca mensual de mil pesos durante sus tres años de secundaria, así como una laptop a cada uno.
En estas semanas, EL NORTE también ha dado cuenta de los esfuerzos que realizan las universidades de nuestro Estado para mejorar su calidad. En el 39 aniversario de la UDEM, reseñó el nuevo énfasis que la universidad busca darle a sus tareas de investigación. Informó sobre la participación de la UANL en una red de universidades latinoamericanas y nórdicas, enfocada en temas de desarrollo sustentable. En el 65 aniversario del Tec, resaltó su labor para evaluar a los alumnos con exámenes estandarizados a nivel internacional, y luego difundió el acuerdo establecido con Microsoft que, entre otras cosas, ayudará a capacitar profesores de educación básica en el uso de nuevas plataformas tecnológicas.
Por otra parte, este diario ha registrado una creciente participación ciudadana que fortalece la cohesión de nuestra sociedad. Las actividades en Marco para promover la lectura entre los niños; la presentación del álbum con 16 piezas musicales de compositores de Nuevo León; el espectáculo multimedia para celebrar el centenario del Palacio de Gobierno; la presencia masiva de jóvenes en la marcha contra la inseguridad, y el trabajo que realizan organizaciones sociales en favor de niños con capacidades diferentes o las personas de la tercera edad son muestras del sentido renovado de comunidad que pueden impulsar los medios de comunicación.
Por último, EL NORTE también ha presentado historias de éxito de emprendedores, que pueden inspirar a muchos otros más. Un caso es el de Arturo García Rodríguez, que logró publicar su libro, "El Ocaso del Cristianismo", en la editorial electrónica Create Spaces, parte de la famosa compañía de ventas por internet Amazon. Otro es el de César Cantú y Gilberto Caballero, quienes en una década lograron convertir a su compañía de pirotecnia para espectáculos y eventos en la número uno del País, gracias al uso de las computadoras y las nuevas tecnologías.
Con estos ejemplos de logros, y con una cobertura periodística que le dedica atención a temas relevantes para nuestro avance, ¿se puede perder la fe en México?
Wednesday, September 10, 2008
Al filo de la butaca
Javier Treviño Cantú
El Norte
10 de septiembre de 2008
Los estudios Warner Bros. anunciaron recientemente la decisión de posponer el estreno de la nueva película sobre el famoso aprendiz de mago, “Harry Potter y el misterio del príncipe”. Estaba programada para noviembre, y ahora sus seguidores tendrán que esperar hasta julio de 2009 para disfrutarla. Las protestas no se han hecho esperar; miles de correos electrónicos “amenazantes” han sido enviados a sus ejecutivos.
Sin embargo, los que disfrutan una buena película de suspenso, pueden encontrar una opción en otro espectáculo mediático, que también tiene a millones de espectadores al filo de sus asientos en todo el mundo: la elección presidencial de los Estados Unidos.
El guión del proceso electoral de nuestros vecinos ha tenido tantos imprevistos, que puede compararse a una novela de misterio llevada a la pantalla grande. Para empezar, los “protagonistas”, el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, no eran los favoritos, pero ambos “vinieron de atrás” para asegurar sus nominaciones.
McCain representa con toda naturalidad el papel del veterano de guerra. Está frente a la última oportunidad de su carrera política. Igual que los héroes solitarios en las películas del oeste, no sólo tiene que vencer a su rival demócrata, sino que también debe enfrentarse a su propio partido, para convencer al público de que ofrece un cambio.
Obama ha asumido con aplomo su rol protagónico. Es el símbolo del sueño americano: de raza negra y orígenes modestos, logró llegar al pie de la cumbre gracias a su talento, a su educación, y al esfuerzo para inventarse a sí mismo. Parafraseando a Marshall McLuhan, su historia personal y dominio del escenario, lo convierten en un medio en sí mismo para proyectar el mensaje del verdadero cambio.
Los “actores de reparto” para la vicepresidencia también han dinamizado la contienda. A diferencia del Senador Joe Biden —aparentemente escogido por Obama para compensar su falta de experiencia internacional—, McCain volvió a demostrar su carácter imprevisible al seleccionar a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin.
Por un instante, la noticia de que su hija soltera de 17 años estaba embarazada, pareció indicar que McCain había cometido un error. Aún así, éxito del discurso de Palin en la convención republicana de Minnesota volvió a darle otro giro a la carrera.
McCain va a destacar su independencia partidista para insistir en que representa el cambio, pero necesita el apoyo de las bases republicanas más conservadoras si quiere ganar. Palin puede serle útil: miembro de la poderosa Asociación Nacional del Rifle, es una protestante evangélica opuesta al aborto y a favor de la enseñanza del creacionismo, la corriente de pensamiento que pretende ofrecer una alternativa a la teoría de la evolución.
Más de 38 millones de estadounidenses vieron por televisión el discurso de aceptación de Obama, y casi 40 millones el de McCain. A partir de ahora, la mayoría de los electores del vecino país van a empezar a revisar las propuestas de los candidatos y a buscar una narrativa convincente.
En las próximas ocho semanas, vamos a presenciar una batalla sin cuartel por la presidencia de Estados Unidos. Seguramente habrá más de una sorpresa, altibajos constantes en las encuestas (y en las apuestas), ataques y contraataques. También veremos riesgos y oportunidades para países como el nuestro.
El gobierno mexicano ha intentado ser cuidadoso en no tomar partido por algún candidato. Después de la visita de McCain a México, fueron evidentes sus esfuerzos para tratar de que Obama viniera a equilibrar la balanza. Una pequeña delegación, encabezada por el embajador Arturo Sarukhán, asistió a las dos convenciones. Desafortunadamente, cuando todo parecía marchar de acuerdo a un guión bien ensayado, el subconsciente pareció traicionar al Presidente Felipe Calderón.
El miércoles pasado, una nota atribuida a la agencia AP citaba declaraciones del mandatario mexicano: “Sé que el candidato Obama tiene un gran apoyo de la comunidad mexicana y mexicana-americana, y ojalá que la agenda que están planteando en materia migratoria la cumplan esta vez... pero a la vez sé que el señor McCain tiene un mayor conocimiento de la realidad mexicana”.
Pocos días después, Notimex difundió ampliamente otra nota, en donde se reproducían fragmentos de la entrevista que el abanderado republicano concedió a Jorge Ramos, de la televisora Univisión. Señaló que Felipe Calderón “está luchando en estos momentos por el alma de su país” en contra del crimen organizado (y) “tenemos que ayudarlo”.
La declaración no tiene nada de malo. Todo lo contrario. Pero la forma en que la divulgó la Agencia de Noticias del Estado Mexicano, puede generar la percepción de que se está produciendo una coincidencia de posturas entre el gobierno mexicano y uno de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos.
Son dos llamadas de atención. Ojalá alerten a todos los interesados en el cuidado de las formas, para reducir el riesgo de que se malinterprete la postura de un gobierno que, por definición, debe ser absolutamente neutral en la cerrada elección que está por resolverse en los Estados Unidos.
El Norte
10 de septiembre de 2008
Los estudios Warner Bros. anunciaron recientemente la decisión de posponer el estreno de la nueva película sobre el famoso aprendiz de mago, “Harry Potter y el misterio del príncipe”. Estaba programada para noviembre, y ahora sus seguidores tendrán que esperar hasta julio de 2009 para disfrutarla. Las protestas no se han hecho esperar; miles de correos electrónicos “amenazantes” han sido enviados a sus ejecutivos.
Sin embargo, los que disfrutan una buena película de suspenso, pueden encontrar una opción en otro espectáculo mediático, que también tiene a millones de espectadores al filo de sus asientos en todo el mundo: la elección presidencial de los Estados Unidos.
El guión del proceso electoral de nuestros vecinos ha tenido tantos imprevistos, que puede compararse a una novela de misterio llevada a la pantalla grande. Para empezar, los “protagonistas”, el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, no eran los favoritos, pero ambos “vinieron de atrás” para asegurar sus nominaciones.
McCain representa con toda naturalidad el papel del veterano de guerra. Está frente a la última oportunidad de su carrera política. Igual que los héroes solitarios en las películas del oeste, no sólo tiene que vencer a su rival demócrata, sino que también debe enfrentarse a su propio partido, para convencer al público de que ofrece un cambio.
Obama ha asumido con aplomo su rol protagónico. Es el símbolo del sueño americano: de raza negra y orígenes modestos, logró llegar al pie de la cumbre gracias a su talento, a su educación, y al esfuerzo para inventarse a sí mismo. Parafraseando a Marshall McLuhan, su historia personal y dominio del escenario, lo convierten en un medio en sí mismo para proyectar el mensaje del verdadero cambio.
Los “actores de reparto” para la vicepresidencia también han dinamizado la contienda. A diferencia del Senador Joe Biden —aparentemente escogido por Obama para compensar su falta de experiencia internacional—, McCain volvió a demostrar su carácter imprevisible al seleccionar a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin.
Por un instante, la noticia de que su hija soltera de 17 años estaba embarazada, pareció indicar que McCain había cometido un error. Aún así, éxito del discurso de Palin en la convención republicana de Minnesota volvió a darle otro giro a la carrera.
McCain va a destacar su independencia partidista para insistir en que representa el cambio, pero necesita el apoyo de las bases republicanas más conservadoras si quiere ganar. Palin puede serle útil: miembro de la poderosa Asociación Nacional del Rifle, es una protestante evangélica opuesta al aborto y a favor de la enseñanza del creacionismo, la corriente de pensamiento que pretende ofrecer una alternativa a la teoría de la evolución.
Más de 38 millones de estadounidenses vieron por televisión el discurso de aceptación de Obama, y casi 40 millones el de McCain. A partir de ahora, la mayoría de los electores del vecino país van a empezar a revisar las propuestas de los candidatos y a buscar una narrativa convincente.
En las próximas ocho semanas, vamos a presenciar una batalla sin cuartel por la presidencia de Estados Unidos. Seguramente habrá más de una sorpresa, altibajos constantes en las encuestas (y en las apuestas), ataques y contraataques. También veremos riesgos y oportunidades para países como el nuestro.
El gobierno mexicano ha intentado ser cuidadoso en no tomar partido por algún candidato. Después de la visita de McCain a México, fueron evidentes sus esfuerzos para tratar de que Obama viniera a equilibrar la balanza. Una pequeña delegación, encabezada por el embajador Arturo Sarukhán, asistió a las dos convenciones. Desafortunadamente, cuando todo parecía marchar de acuerdo a un guión bien ensayado, el subconsciente pareció traicionar al Presidente Felipe Calderón.
El miércoles pasado, una nota atribuida a la agencia AP citaba declaraciones del mandatario mexicano: “Sé que el candidato Obama tiene un gran apoyo de la comunidad mexicana y mexicana-americana, y ojalá que la agenda que están planteando en materia migratoria la cumplan esta vez... pero a la vez sé que el señor McCain tiene un mayor conocimiento de la realidad mexicana”.
Pocos días después, Notimex difundió ampliamente otra nota, en donde se reproducían fragmentos de la entrevista que el abanderado republicano concedió a Jorge Ramos, de la televisora Univisión. Señaló que Felipe Calderón “está luchando en estos momentos por el alma de su país” en contra del crimen organizado (y) “tenemos que ayudarlo”.
La declaración no tiene nada de malo. Todo lo contrario. Pero la forma en que la divulgó la Agencia de Noticias del Estado Mexicano, puede generar la percepción de que se está produciendo una coincidencia de posturas entre el gobierno mexicano y uno de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos.
Son dos llamadas de atención. Ojalá alerten a todos los interesados en el cuidado de las formas, para reducir el riesgo de que se malinterprete la postura de un gobierno que, por definición, debe ser absolutamente neutral en la cerrada elección que está por resolverse en los Estados Unidos.
Wednesday, August 27, 2008
Camino sinuoso
Javier Treviño Cantú
El Norte
27 de agosto de 2008
Mañana termina la convención del Partido Demócrata con la nominación oficial de Barack Obama como candidato a la presidencia de Estados Unidos. Sin experiencia en la administración pública ni logros destacados en su corta carrera legislativa, logró estar en el lugar correcto y en el momento indicado, para convertirse en el emblema de una nueva generación que busca superar la barrera racial y darle un sentido renovado de propósito a la superpotencia.
El triunfo electoral de Obama no está asegurado. A pesar del profundo desencanto con la saliente administración Bush, encuestas recientes indican que la contienda está prácticamente empatada. Su oponente republicano, John McCain, ha logrado sembrar dudas sobre la capacidad de Obama para dirigir a Estados Unidos en un mundo plagado de amenazas. En especial, su reacción al choque entre Rusia y Georgia, ayudó a reafirmar la percepción de que está mejor preparado para enfrentar crisis internacionales.
Sin embargo, la política exterior nunca ha definido el resultado de una elección presidencial en Estados Unidos. Como siempre, la economía es lo que más le preocupa a los electores. Esta tendencia se ve reforzada por tres factores: 1) la profundización de la crisis financiera; 2) el regreso de la inflación; 3) la desigualdad en el ingreso de las familias estadounidenses.
El derrumbe del mercado hipotecario de alto riesgo se ha convertido en lo que el Financial Times calificó como “la peor crisis financiera enfrentada por occidente en los últimos 70 años”. Hace unos días, la agencia Eurostat reportó que el PIB de la Unión Europea se contrajo 0.1 por ciento en el segundo trimestre. El de Japón disminuyó en 0.6 por ciento, y el de Estados Unidos apenas creció 0.5 por ciento. Además, en julio el índice de precios al consumidor en este último país registró su mayor incremento en 17 años, al elevarse 5.6 por ciento.
Las dificultades de los bancos de inversión y las principales compañías hipotecarias de Estados Unidos, han hecho que se restrinja el crédito a los consumidores. Ello amenaza con trasladar la crisis del sector financiero a la economía real, incluyendo sectores como la industria automotriz, en donde las tres principales compañías de Detroit enfrentan la etapa más delicada de su historia. A este complejo panorama se suma la peor desigualdad del ingreso en Estados Unidos desde los años 20 del siglo pasado.
Según David Leonhardt, del New York Times, el consenso entre los asesores económicos de Obama es que la desigualdad representa un problema más grave que la falta de crecimiento. Por ello, proponen una redistribución del ingreso, mediante un aumento de impuestos para las familias que ganan más de 250 mil dólares al año y reducciones prácticamente para todas las demás, así como una inversión anual de 50 mil millones de dólares en infraestructura y energía renovable.
Habrá que esperar para ver cómo reaccionan los electores estadounidenses ante las propuestas redistributivas de Obama. También habrá que esperar a ver quién gana la elección, para saber qué políticas en realidad impulsará la próxima administración. En cambio, no tenemos que esperar para saber dos cosas: primero, que las dificultades económicas en Estados Unidos no se resolverán pronto; y, segundo, que se está generando un nuevo consenso en favor de que el Estado juegue un papel más activo en el terreno económico.
Para México, estos dos hechos tienen implicaciones directas. Si bien el impacto de la desaceleración estadounidense ha sido menor al que se podía anticipar, sus efectos ya empiezan a resentirse. Las recientes cifras dadas a conocer por el INEGI, indicaron que el crecimiento anualizado al segundo trimestre fue de 2.1 por ciento, muy por debajo de las expectativas que tenían la mayoría de los analistas.
La integración de la planta productiva mexicana al sector industrial y manufacturero de Estados Unidos es cada vez más profunda. Si la crisis financiera del vecino país en efecto se traslada al resto de la economía, México se encuentra en una posición extremadamente vulnerable.
Esto exige redoblar esfuerzos para elevar nuestra competitividad, diversificar los mercados de exportación y fortalecer el mercado interno, pero sin poner en riesgo el control de la inflación, con luchas por el control de la política monetaria como las que hemos visto entre las autoridades de Hacienda y el Banco de México.
Sin duda, al igual que está ocurriendo en el resto del mundo, los distintos niveles de gobierno y el Congreso tienen que jugar un papel más activo para apoyar un mayor crecimiento sostenible de la economía. Para transitar por este camino sinuoso, hay que cerrar filas y acelerar el paso, sin olvidar las lecciones del pasado, y estando muy atentos a lo que ocurre en el exterior.
La velocidad de los cambios está por acelerarse con la llegada de la próxima administración estadounidense. Si no estamos preparados para aprovechar las oportunidades que ofrezca esa coyuntura, así como los riesgos que también puede plantear, vamos a estar en una situación de mayor desventaja. Por lo pronto, la plataforma económica de Barack Obama que surja de la Convención Demócrata, es un referente obligado para evaluar cómo nos puede pintar el panorama a corto plazo.
El Norte
27 de agosto de 2008
Mañana termina la convención del Partido Demócrata con la nominación oficial de Barack Obama como candidato a la presidencia de Estados Unidos. Sin experiencia en la administración pública ni logros destacados en su corta carrera legislativa, logró estar en el lugar correcto y en el momento indicado, para convertirse en el emblema de una nueva generación que busca superar la barrera racial y darle un sentido renovado de propósito a la superpotencia.
El triunfo electoral de Obama no está asegurado. A pesar del profundo desencanto con la saliente administración Bush, encuestas recientes indican que la contienda está prácticamente empatada. Su oponente republicano, John McCain, ha logrado sembrar dudas sobre la capacidad de Obama para dirigir a Estados Unidos en un mundo plagado de amenazas. En especial, su reacción al choque entre Rusia y Georgia, ayudó a reafirmar la percepción de que está mejor preparado para enfrentar crisis internacionales.
Sin embargo, la política exterior nunca ha definido el resultado de una elección presidencial en Estados Unidos. Como siempre, la economía es lo que más le preocupa a los electores. Esta tendencia se ve reforzada por tres factores: 1) la profundización de la crisis financiera; 2) el regreso de la inflación; 3) la desigualdad en el ingreso de las familias estadounidenses.
El derrumbe del mercado hipotecario de alto riesgo se ha convertido en lo que el Financial Times calificó como “la peor crisis financiera enfrentada por occidente en los últimos 70 años”. Hace unos días, la agencia Eurostat reportó que el PIB de la Unión Europea se contrajo 0.1 por ciento en el segundo trimestre. El de Japón disminuyó en 0.6 por ciento, y el de Estados Unidos apenas creció 0.5 por ciento. Además, en julio el índice de precios al consumidor en este último país registró su mayor incremento en 17 años, al elevarse 5.6 por ciento.
Las dificultades de los bancos de inversión y las principales compañías hipotecarias de Estados Unidos, han hecho que se restrinja el crédito a los consumidores. Ello amenaza con trasladar la crisis del sector financiero a la economía real, incluyendo sectores como la industria automotriz, en donde las tres principales compañías de Detroit enfrentan la etapa más delicada de su historia. A este complejo panorama se suma la peor desigualdad del ingreso en Estados Unidos desde los años 20 del siglo pasado.
Según David Leonhardt, del New York Times, el consenso entre los asesores económicos de Obama es que la desigualdad representa un problema más grave que la falta de crecimiento. Por ello, proponen una redistribución del ingreso, mediante un aumento de impuestos para las familias que ganan más de 250 mil dólares al año y reducciones prácticamente para todas las demás, así como una inversión anual de 50 mil millones de dólares en infraestructura y energía renovable.
Habrá que esperar para ver cómo reaccionan los electores estadounidenses ante las propuestas redistributivas de Obama. También habrá que esperar a ver quién gana la elección, para saber qué políticas en realidad impulsará la próxima administración. En cambio, no tenemos que esperar para saber dos cosas: primero, que las dificultades económicas en Estados Unidos no se resolverán pronto; y, segundo, que se está generando un nuevo consenso en favor de que el Estado juegue un papel más activo en el terreno económico.
Para México, estos dos hechos tienen implicaciones directas. Si bien el impacto de la desaceleración estadounidense ha sido menor al que se podía anticipar, sus efectos ya empiezan a resentirse. Las recientes cifras dadas a conocer por el INEGI, indicaron que el crecimiento anualizado al segundo trimestre fue de 2.1 por ciento, muy por debajo de las expectativas que tenían la mayoría de los analistas.
La integración de la planta productiva mexicana al sector industrial y manufacturero de Estados Unidos es cada vez más profunda. Si la crisis financiera del vecino país en efecto se traslada al resto de la economía, México se encuentra en una posición extremadamente vulnerable.
Esto exige redoblar esfuerzos para elevar nuestra competitividad, diversificar los mercados de exportación y fortalecer el mercado interno, pero sin poner en riesgo el control de la inflación, con luchas por el control de la política monetaria como las que hemos visto entre las autoridades de Hacienda y el Banco de México.
Sin duda, al igual que está ocurriendo en el resto del mundo, los distintos niveles de gobierno y el Congreso tienen que jugar un papel más activo para apoyar un mayor crecimiento sostenible de la economía. Para transitar por este camino sinuoso, hay que cerrar filas y acelerar el paso, sin olvidar las lecciones del pasado, y estando muy atentos a lo que ocurre en el exterior.
La velocidad de los cambios está por acelerarse con la llegada de la próxima administración estadounidense. Si no estamos preparados para aprovechar las oportunidades que ofrezca esa coyuntura, así como los riesgos que también puede plantear, vamos a estar en una situación de mayor desventaja. Por lo pronto, la plataforma económica de Barack Obama que surja de la Convención Demócrata, es un referente obligado para evaluar cómo nos puede pintar el panorama a corto plazo.
Wednesday, August 13, 2008
Gobernadores de película
Javier Treviño Cantú
El Norte
13 de agosto de 2008
Hoy inicia la reunión 26 de la Conferencia de Gobernadores Fronterizos (CGF) de México y Estados Unidos. Esta vez, el encuentro anual corre a cargo del Gobernador de California, Arnold Schwarzenegger. Como era de esperarse, el actor de origen austriaco transformado en político estadounidense, no escatimó esfuerzos para convertir el evento en un auténtico espectáculo al mejor estilo de Hollywood.
Schwarzenegger logró que General Electric patrocinara la reunión. Eso permitirá que los 10 gobernadores discutan sobre sus retos comunes en un escenario de película: los Estudios Universal. El tema que orientará sus pláticas será la “construcción de economías verdes”; es decir, que sean ambientalmente sustentables. Es un tema en el que California busca ir a la vanguardia y, a la vez, un área de negocios en la que GE tiene un creciente interés.
Algunos consideran que esta Conferencia se ha vuelto un ritual sin mayor trascendencia. Con el paso del tiempo, lo que empezó en 1980 como un intento para resolver asuntos urgentes, se ha ido reduciendo a un espacio para expresar simples deseos de impulsar una mayor cooperación, y a una oportunidad para que el anfitrión en turno promueva su imagen.
Para combatir la percepción de que es un evento rutinario, la CGF también ha caído en la tentación de buscar cada año un nuevo asunto en el cual concentrarse. En lugar de enfocarse en asegurar que los proyectos previamente definidos avancen con rapidez y eficacia, cada gobernador busca imprimirle un sello particular al encuentro.
Esta situación se ve empeorada por una de las principales limitaciones del mecanismo: la CGF no tiene una estructura institucional permanente, que esté dedicada a darle seguimiento sistemático a los esfuerzos que cada gobierno estatal lleva a cabo dentro del marco de colaboración.
Otro aspecto que tiene en común la CGF con encuentros como la reciente cumbre en Japón del G8 y las economías emergentes del G5, es que muchos de los factores que inciden sobre los retos que pretenden superar los gobernadores escapan a su control y capacidad de decisión. En el caso particular de la zona fronteriza, buena parte de las soluciones a los complejos problemas que se enfrentan en esta región no pueden provenir de las capitales estatales, sino que deben surgir tanto de la ciudad de México como de Washington.
Por su propia naturaleza, las respuestas integrales a retos como la inseguridad que provocan las organizaciones criminales transnacionales, la falta de infraestructura para responder al crecimiento de los intercambios comerciales, o la necesidad de replantear las políticas para ordenar los flujos migratorios, necesariamente tendrían que definirse de manera conjunta en las capitales de los dos países, y luego aplicarse en estrecha coordinación con los gobiernos fronterizos.
A pesar de todas las críticas que se le hacen, en los últimos años la CGF ha empezado a mostrar un mayor dinamismo. El número de programas que se desarrollan a través de 13 mesas de trabajo ha crecido significativamente. De igual forma, se han impulsado foros para analizar tendencias globales de negocios o la participación de empresas pequeñas y medianas en las cadenas de suministro de compañías ubicadas en clusters industriales.
En la Conferencia del 2007, realizada en Sonora, los gobernadores también decidieron hacer un mayor esfuerzo para estrechar relaciones con los gobiernos de ambos países. En febrero de este año, los gobernadores fronterizos se reunieron en Washington con el Presidente Bush y los secretarios de Seguridad Territorial, de Comercio y del Interior. A finales de mayo, estuvieron en la Ciudad de México para entrevistarse con el Presidente Calderón y nueve miembros de su gabinete.
La continuidad de los proyectos llevados a cabo por la CGF, y la coordinación con las instancias federales, representan una buena señal, porque todo lo que contribuya a un mejor manejo de la compleja zona fronteriza es positivo. Como lo muestra el magnífico libro que publicó en diciembre pasado la Universidad de Texas, sobre 50 años de cambio en la frontera México-EU, se necesita encontrar respuestas locales a los retos de una integración irreversible entre las comunidades de la región.
En 2009, Monterrey será la sede de la CGF. En lugar de buscar un nuevo tema coyuntural para re-etiquetar la reunión, y de que el Parque Fundidora se convierta en un escenario hollywoodense, quizás se podría plantear algo en verdad diferente, que ayude a fortalecer el carácter institucional de la Conferencia.
Entre otras posibilidades, por lo pronto se pueden pensar en cuatro opciones: 1) Comisionar un diagnóstico integral de los principales retos de la frontera; 2) establecer una secretaría permanente, dedicada a concretar los proyectos de cooperación; 3) compactar las mesas de trabajo, para darle una atención prioritaria a no más de seis áreas, incluyendo seguridad, migración, competitividad, medio ambiente, salud y educación; y 4) formalizar las reuniones anuales con los presidentes de los dos países y sus gabinetes.
El próximo año veremos si asistimos a la misma película de siempre, o al estreno de un capítulo que realmente marque la diferencia en la historia de la Conferencia de Gobernadores Fronterizos.
El Norte
13 de agosto de 2008
Hoy inicia la reunión 26 de la Conferencia de Gobernadores Fronterizos (CGF) de México y Estados Unidos. Esta vez, el encuentro anual corre a cargo del Gobernador de California, Arnold Schwarzenegger. Como era de esperarse, el actor de origen austriaco transformado en político estadounidense, no escatimó esfuerzos para convertir el evento en un auténtico espectáculo al mejor estilo de Hollywood.
Schwarzenegger logró que General Electric patrocinara la reunión. Eso permitirá que los 10 gobernadores discutan sobre sus retos comunes en un escenario de película: los Estudios Universal. El tema que orientará sus pláticas será la “construcción de economías verdes”; es decir, que sean ambientalmente sustentables. Es un tema en el que California busca ir a la vanguardia y, a la vez, un área de negocios en la que GE tiene un creciente interés.
Algunos consideran que esta Conferencia se ha vuelto un ritual sin mayor trascendencia. Con el paso del tiempo, lo que empezó en 1980 como un intento para resolver asuntos urgentes, se ha ido reduciendo a un espacio para expresar simples deseos de impulsar una mayor cooperación, y a una oportunidad para que el anfitrión en turno promueva su imagen.
Para combatir la percepción de que es un evento rutinario, la CGF también ha caído en la tentación de buscar cada año un nuevo asunto en el cual concentrarse. En lugar de enfocarse en asegurar que los proyectos previamente definidos avancen con rapidez y eficacia, cada gobernador busca imprimirle un sello particular al encuentro.
Esta situación se ve empeorada por una de las principales limitaciones del mecanismo: la CGF no tiene una estructura institucional permanente, que esté dedicada a darle seguimiento sistemático a los esfuerzos que cada gobierno estatal lleva a cabo dentro del marco de colaboración.
Otro aspecto que tiene en común la CGF con encuentros como la reciente cumbre en Japón del G8 y las economías emergentes del G5, es que muchos de los factores que inciden sobre los retos que pretenden superar los gobernadores escapan a su control y capacidad de decisión. En el caso particular de la zona fronteriza, buena parte de las soluciones a los complejos problemas que se enfrentan en esta región no pueden provenir de las capitales estatales, sino que deben surgir tanto de la ciudad de México como de Washington.
Por su propia naturaleza, las respuestas integrales a retos como la inseguridad que provocan las organizaciones criminales transnacionales, la falta de infraestructura para responder al crecimiento de los intercambios comerciales, o la necesidad de replantear las políticas para ordenar los flujos migratorios, necesariamente tendrían que definirse de manera conjunta en las capitales de los dos países, y luego aplicarse en estrecha coordinación con los gobiernos fronterizos.
A pesar de todas las críticas que se le hacen, en los últimos años la CGF ha empezado a mostrar un mayor dinamismo. El número de programas que se desarrollan a través de 13 mesas de trabajo ha crecido significativamente. De igual forma, se han impulsado foros para analizar tendencias globales de negocios o la participación de empresas pequeñas y medianas en las cadenas de suministro de compañías ubicadas en clusters industriales.
En la Conferencia del 2007, realizada en Sonora, los gobernadores también decidieron hacer un mayor esfuerzo para estrechar relaciones con los gobiernos de ambos países. En febrero de este año, los gobernadores fronterizos se reunieron en Washington con el Presidente Bush y los secretarios de Seguridad Territorial, de Comercio y del Interior. A finales de mayo, estuvieron en la Ciudad de México para entrevistarse con el Presidente Calderón y nueve miembros de su gabinete.
La continuidad de los proyectos llevados a cabo por la CGF, y la coordinación con las instancias federales, representan una buena señal, porque todo lo que contribuya a un mejor manejo de la compleja zona fronteriza es positivo. Como lo muestra el magnífico libro que publicó en diciembre pasado la Universidad de Texas, sobre 50 años de cambio en la frontera México-EU, se necesita encontrar respuestas locales a los retos de una integración irreversible entre las comunidades de la región.
En 2009, Monterrey será la sede de la CGF. En lugar de buscar un nuevo tema coyuntural para re-etiquetar la reunión, y de que el Parque Fundidora se convierta en un escenario hollywoodense, quizás se podría plantear algo en verdad diferente, que ayude a fortalecer el carácter institucional de la Conferencia.
Entre otras posibilidades, por lo pronto se pueden pensar en cuatro opciones: 1) Comisionar un diagnóstico integral de los principales retos de la frontera; 2) establecer una secretaría permanente, dedicada a concretar los proyectos de cooperación; 3) compactar las mesas de trabajo, para darle una atención prioritaria a no más de seis áreas, incluyendo seguridad, migración, competitividad, medio ambiente, salud y educación; y 4) formalizar las reuniones anuales con los presidentes de los dos países y sus gabinetes.
El próximo año veremos si asistimos a la misma película de siempre, o al estreno de un capítulo que realmente marque la diferencia en la historia de la Conferencia de Gobernadores Fronterizos.
Wednesday, July 30, 2008
Nunca rendirse
Javier Treviño Cantú
El Norte
30 de julio de 2008
Uno de los efectos del cambio demográfico en nuestro país se refleja en la creciente demanda de una educación universitaria de mayor calidad. Según el Consejo Nacional de Población, la actual generación de jóvenes de entre 15 y 24 años es la más numerosa en la historia de nuestro país. En cinco décadas se cuadruplicó, al pasar de cinco millones en 1950, a 20 millones en 2005. En los próximos dos años alcanzará su nivel máximo; el CONAPO calcula que para 2010 las personas de esa edad sumarán 21.5 millones.
Lamentablemente, sólo 10 por ciento de estos jóvenes logran llegar a la universidad. De acuerdo con cifras de la SEP, el número total de estudiantes que cursan alguna licenciatura universitaria ha crecido de 1.7 millones durante el ciclo escolar 2000-2001, a 2.1 millones en el correspondiente a 2005-2006. De este último ciclo egresaron poco más de 288 mil jóvenes, y unos 186 mil de ellos se titularon.
Terminar una carrera y graduarse es un gran logro en sí mismo. Sin embargo, apenas es el comienzo de la siguiente etapa, en donde los conocimientos, las habilidades y el carácter de los jóvenes egresados serán puestos a prueba de inmediato. Con la intención de ayudarles a entender algo de lo que les espera en el mundo real, muchas universidades invitan a ex-alumnos y otros oradores exitosos, para que les hablen de sus propias experiencias y los retos que han tenido que superar.
En Estados Unidos, por ejemplo, las ceremonias de graduación se han convertido en un gran acontecimiento. Al igual que en todo lo demás, las principales universidades compiten ferozmente para atraer a las personalidades más destacadas. En los últimos años, algunos de los discursos pronunciados se han vuelto famosos, ya sea por la popularidad del invitado, o porque realmente sus palabras encierran lecciones valiosas. En especial, cinco de ellas quizás podrían ser útiles para las nuevas generaciones de egresados universitarios, sin importar de qué país sean:
1) Confiar en uno mismo. Paradójicamente, uno de los discursos más comentados es el que pronunció Steve Jobs en 2005, ante los estudiantes de Stanford. Jobs es el director de Apple, una de las compañías más reconocidas del mundo, pero nunca terminó la universidad. Dejó el Reed College al poco tiempo de haber entrado, aunque siguió tomando clases que le interesaban. Una de ellas era de caligrafía, a la cual no le veía ninguna aplicación práctica. Sin embargo, cuando unos años más tarde desarrolló la primera computadora personal Macintosh, lo que aprendió en esa clase fue clave para su éxito y el de una larga lista de productos electrónicos, como el iPod o el iPhone, que se han convertido en símbolos del diseño más sofisticado.
2) Aprender de los tropiezos. Ese fue uno de los mensajes centrales del discurso que dio hace poco en Harvard la famosa escritora J.K. Rowling, autora de la serie de libros sobre el mago Harry Potter. Siete años después de graduarse, su vida era un fracaso de proporciones “épicas”. Sin un trabajo estable, con la responsabilidad de mantener a su hija después de un breve matrimonio fallido y sin mayores apoyos, se concentró en lo que siempre había querido hacer: escribir. El fracaso le enseño a distinguir lo esencial, y ello se convirtió en la base sobre la que reconstruyó su vida, hasta convertirse en una de las mujeres más ricas e influyentes del mundo. Todos cometemos errores, pero la diferencia está en la disposición para aprender de ellos y volverlo a intentar.
3) No confundir la vida con el trabajo. La presentadora de televisión estadounidense Oprah Winfrey también es una personalidad con una gran influencia. En junio pasado dio el discurso de graduación en la universidad de Stanford, y enfatizó algo que parece obvio, pero que se puede perder de vista ante las presiones del trabajo y los compromisos que se van adquiriendo en la vida. En cualquier profesión, el éxito exige muchos sacrificios, pero si se sacrifica todo lo demás, los logros no pueden ser plenos. Por ello, les pidió a los egresados de esa universidad que nunca dejaran de buscar la felicidad. Y, para Oprah, la felicidad consiste en ayudar a los demás.
4) Actuar con responsabilidad social. Ese fue el mensaje de otro exitoso empresario y filántropo que no terminó la universidad. Casi 30 años después de haber dejado Harvard para fundar Microsoft, Bill Gates regresó en 2007 para recibir un doctorado honoris causa y dirigirse a los alumnos que estaban por graduarse. Ante la persistencia en muchas partes del mundo de retos tan complejos como la pobreza, la desigualdad, las enfermedades endémicas y el deterioro ambiental, les recordó a los estudiantes de Harvard que tienen la responsabilidad de aplicar parte de su talento, recursos y tiempo a buscar soluciones innovadoras para superarlos.
5) Nunca rendirse. Ese fue el mejor consejo de Winston Churchill a los egresados de la Harrow School en octubre de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, su discurso tenía un sentido bélico, por el momento crítico que enfrentaban. Sin embargo, sus palabras siguen teniendo vigencia y son una guía para cualquier joven de hoy: “Nunca se rindan, nunca se rindan, nunca, nunca, nunca —ante ningún reto, por grande o pequeño que éste sea...”.
El Norte
30 de julio de 2008
Uno de los efectos del cambio demográfico en nuestro país se refleja en la creciente demanda de una educación universitaria de mayor calidad. Según el Consejo Nacional de Población, la actual generación de jóvenes de entre 15 y 24 años es la más numerosa en la historia de nuestro país. En cinco décadas se cuadruplicó, al pasar de cinco millones en 1950, a 20 millones en 2005. En los próximos dos años alcanzará su nivel máximo; el CONAPO calcula que para 2010 las personas de esa edad sumarán 21.5 millones.
Lamentablemente, sólo 10 por ciento de estos jóvenes logran llegar a la universidad. De acuerdo con cifras de la SEP, el número total de estudiantes que cursan alguna licenciatura universitaria ha crecido de 1.7 millones durante el ciclo escolar 2000-2001, a 2.1 millones en el correspondiente a 2005-2006. De este último ciclo egresaron poco más de 288 mil jóvenes, y unos 186 mil de ellos se titularon.
Terminar una carrera y graduarse es un gran logro en sí mismo. Sin embargo, apenas es el comienzo de la siguiente etapa, en donde los conocimientos, las habilidades y el carácter de los jóvenes egresados serán puestos a prueba de inmediato. Con la intención de ayudarles a entender algo de lo que les espera en el mundo real, muchas universidades invitan a ex-alumnos y otros oradores exitosos, para que les hablen de sus propias experiencias y los retos que han tenido que superar.
En Estados Unidos, por ejemplo, las ceremonias de graduación se han convertido en un gran acontecimiento. Al igual que en todo lo demás, las principales universidades compiten ferozmente para atraer a las personalidades más destacadas. En los últimos años, algunos de los discursos pronunciados se han vuelto famosos, ya sea por la popularidad del invitado, o porque realmente sus palabras encierran lecciones valiosas. En especial, cinco de ellas quizás podrían ser útiles para las nuevas generaciones de egresados universitarios, sin importar de qué país sean:
1) Confiar en uno mismo. Paradójicamente, uno de los discursos más comentados es el que pronunció Steve Jobs en 2005, ante los estudiantes de Stanford. Jobs es el director de Apple, una de las compañías más reconocidas del mundo, pero nunca terminó la universidad. Dejó el Reed College al poco tiempo de haber entrado, aunque siguió tomando clases que le interesaban. Una de ellas era de caligrafía, a la cual no le veía ninguna aplicación práctica. Sin embargo, cuando unos años más tarde desarrolló la primera computadora personal Macintosh, lo que aprendió en esa clase fue clave para su éxito y el de una larga lista de productos electrónicos, como el iPod o el iPhone, que se han convertido en símbolos del diseño más sofisticado.
2) Aprender de los tropiezos. Ese fue uno de los mensajes centrales del discurso que dio hace poco en Harvard la famosa escritora J.K. Rowling, autora de la serie de libros sobre el mago Harry Potter. Siete años después de graduarse, su vida era un fracaso de proporciones “épicas”. Sin un trabajo estable, con la responsabilidad de mantener a su hija después de un breve matrimonio fallido y sin mayores apoyos, se concentró en lo que siempre había querido hacer: escribir. El fracaso le enseño a distinguir lo esencial, y ello se convirtió en la base sobre la que reconstruyó su vida, hasta convertirse en una de las mujeres más ricas e influyentes del mundo. Todos cometemos errores, pero la diferencia está en la disposición para aprender de ellos y volverlo a intentar.
3) No confundir la vida con el trabajo. La presentadora de televisión estadounidense Oprah Winfrey también es una personalidad con una gran influencia. En junio pasado dio el discurso de graduación en la universidad de Stanford, y enfatizó algo que parece obvio, pero que se puede perder de vista ante las presiones del trabajo y los compromisos que se van adquiriendo en la vida. En cualquier profesión, el éxito exige muchos sacrificios, pero si se sacrifica todo lo demás, los logros no pueden ser plenos. Por ello, les pidió a los egresados de esa universidad que nunca dejaran de buscar la felicidad. Y, para Oprah, la felicidad consiste en ayudar a los demás.
4) Actuar con responsabilidad social. Ese fue el mensaje de otro exitoso empresario y filántropo que no terminó la universidad. Casi 30 años después de haber dejado Harvard para fundar Microsoft, Bill Gates regresó en 2007 para recibir un doctorado honoris causa y dirigirse a los alumnos que estaban por graduarse. Ante la persistencia en muchas partes del mundo de retos tan complejos como la pobreza, la desigualdad, las enfermedades endémicas y el deterioro ambiental, les recordó a los estudiantes de Harvard que tienen la responsabilidad de aplicar parte de su talento, recursos y tiempo a buscar soluciones innovadoras para superarlos.
5) Nunca rendirse. Ese fue el mejor consejo de Winston Churchill a los egresados de la Harrow School en octubre de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, su discurso tenía un sentido bélico, por el momento crítico que enfrentaban. Sin embargo, sus palabras siguen teniendo vigencia y son una guía para cualquier joven de hoy: “Nunca se rindan, nunca se rindan, nunca, nunca, nunca —ante ningún reto, por grande o pequeño que éste sea...”.
Wednesday, July 16, 2008
Falta liderazgo
Javier Treviño Cantú
El Norte
16 de julio de 2008
Los resultados alcanzados en la reciente cumbre de los siete países más industrializados y Rusia, el G8, destacaron por su pobreza. Además, la falta de voluntad política para institucionalizar la participación de China, India, Brasil, Sudáfrica y México, el G5, en la búsqueda de soluciones a los retos globales más urgentes, demostró los límites de la arquitectura internacional establecida desde mediados del siglo pasado.
Sobre todo, la reunión celebrada en Japón se caracterizó por un grave déficit de liderazgo que está impidiendo la definición de políticas concertadas, para ir más allá de los retos del momento y emprender una amplia reforma del sistema multilateral.
El Consejo de Seguridad de la ONU y muchos otros organismos ya no responden a los nuevos equilibrios de poder. Lo malo es que mecanismos de concertación más compactos, como el G8, están resultando disfuncionales. El cambio climático, los altos precios de energéticos y alimentos, la crisis del sistema financiero y otros desafíos globales, sólo pueden resolverse mediante esfuerzos conjuntos entre las naciones desarrolladas y las potencias emergentes.
El problema es que los gobiernos no han construido el consenso sobre los cambios que se necesitan. En la cumbre de Japón, la posibilidad de formalizar la ampliación del G8 para incluir a las economías emergentes, de nuevo fue rechazada. Ante la supuesta inquietud por la atención que recibiría China si se destacaba el papel del G5, el gobierno anfitrión decidió invitar adicionalmente a Australia, Corea del Sur e Indonesia, para combatir el calentamiento global. La iniciativa no prosperó.
El G8 sólo propuso “considerar y adoptar como meta una reducción de 50% en las emisiones globales para el año 2050”. No hubo estrategia para lograrlo, ni claridad en el año que se tomaría como base para medir la tarea. El planteamiento fue rechazado por el G5: insistió en que los países desarrollados son los que más deben reducir sus emisiones, entre 80 y 95% para 2050, tomando como referencia los niveles de 1990.
También se manifestaron diferencias entre los países emergentes. En particular, la propuesta que ha estado impulsando el Presidente Calderón para crear un Fondo Verde se topó con un proyecto similar de China, por lo que el G5 únicamente acordó “evaluar” ambos proyectos.
Entre otros, tres factores explican los pobres resultados (e incluso la ausencia de frases memorables) en estas cumbres anuales: 1) la burocratización de un mecanismo originalmente más informal; 2) la constante ampliación de la agenda; y 3) el choque natural de intereses, entre naciones desarrolladas que buscan mantener su hegemonía y países en proceso de crecimiento que intentan ejercer mayor influencia.
Pero, más que nada, la incapacidad para definir acuerdos fundamentales sobre el mejor rumbo a seguir, se debe a la falta de un liderazgo eficaz que haga frente a las dinámicas condiciones del entorno actual.
En parte, ello obedece a la coyuntura política. El mundo está a la espera del cambio de gobierno en Estados Unidos. La mayoría de los mandatarios europeos no atraviesan por su mejor momento. El peso de las potencias emergentes aún es insuficiente para llevar la voz cantante. Y las contradicciones de China difícilmente la convertirán en el modelo universal.
Por otra parte, quizás el viejo concepto del liderazgo monolítico tampoco sea la respuesta para un mundo a-polar. Se necesita una nueva visión. Valdría la pena que los miembros del G8 y del G5 analizaran al menos dos tipos de liderazgo.
El primero es lo que mi profesor de Harvard, Joe Nye, llama “liderazgo transformativo”: la capacidad para articular una nueva visión y lograr que los demás se sumen a ella para concretarla. La “inteligencia contextual” es determinante para ejercerlo, ya que permite “entender un entorno cambiante y alinear los recursos disponibles con las metas fijadas para ir a favor de las tendencias prevalecientes, y no en contra de ellas”. Esto implica ajustar el estilo de liderazgo a distintas situaciones, de manera que se tomen en cuenta las necesidades de los demás. La clave está en darle sentido a ese liderazgo, al definir el proyecto común e inspirar un esfuerzo colectivo.
El segundo tipo es contra-intuitivo. Se trata del “liderazgo compartido”, un concepto desarrollado por el profesor Craig Pearce, de la Universidad de Claremont. De acuerdo a sus estudios, en la economía del conocimiento se necesitan equipos de especialistas para resolver retos específicos cada vez más complejos. En lugar de una estructura rígida y jerárquica, con una sola persona al frente y todos los demás siguiéndolo, las organizaciones más eficientes comparten el liderazgo. Dependiendo de la tarea, la persona con mayores conocimientos, experiencia y habilidad para dirigir encabeza el esfuerzo.
La aplicación de un liderazgo de esta naturaleza en el terreno empresarial implica muchas dificultades y, sin duda, llevarlo a la esfera de la política global requiere una gran imaginación. Sin embargo, la cumbre del G8 confirmó que las soluciones tradicionales para los nuevos problemas que está enfrentando la comunidad internacional no lograrán grandes resultados. Por ello, quizás sea hora de empezar a pensar en opciones diferentes, como el “liderazgo compartido”.
El Norte
16 de julio de 2008
Los resultados alcanzados en la reciente cumbre de los siete países más industrializados y Rusia, el G8, destacaron por su pobreza. Además, la falta de voluntad política para institucionalizar la participación de China, India, Brasil, Sudáfrica y México, el G5, en la búsqueda de soluciones a los retos globales más urgentes, demostró los límites de la arquitectura internacional establecida desde mediados del siglo pasado.
Sobre todo, la reunión celebrada en Japón se caracterizó por un grave déficit de liderazgo que está impidiendo la definición de políticas concertadas, para ir más allá de los retos del momento y emprender una amplia reforma del sistema multilateral.
El Consejo de Seguridad de la ONU y muchos otros organismos ya no responden a los nuevos equilibrios de poder. Lo malo es que mecanismos de concertación más compactos, como el G8, están resultando disfuncionales. El cambio climático, los altos precios de energéticos y alimentos, la crisis del sistema financiero y otros desafíos globales, sólo pueden resolverse mediante esfuerzos conjuntos entre las naciones desarrolladas y las potencias emergentes.
El problema es que los gobiernos no han construido el consenso sobre los cambios que se necesitan. En la cumbre de Japón, la posibilidad de formalizar la ampliación del G8 para incluir a las economías emergentes, de nuevo fue rechazada. Ante la supuesta inquietud por la atención que recibiría China si se destacaba el papel del G5, el gobierno anfitrión decidió invitar adicionalmente a Australia, Corea del Sur e Indonesia, para combatir el calentamiento global. La iniciativa no prosperó.
El G8 sólo propuso “considerar y adoptar como meta una reducción de 50% en las emisiones globales para el año 2050”. No hubo estrategia para lograrlo, ni claridad en el año que se tomaría como base para medir la tarea. El planteamiento fue rechazado por el G5: insistió en que los países desarrollados son los que más deben reducir sus emisiones, entre 80 y 95% para 2050, tomando como referencia los niveles de 1990.
También se manifestaron diferencias entre los países emergentes. En particular, la propuesta que ha estado impulsando el Presidente Calderón para crear un Fondo Verde se topó con un proyecto similar de China, por lo que el G5 únicamente acordó “evaluar” ambos proyectos.
Entre otros, tres factores explican los pobres resultados (e incluso la ausencia de frases memorables) en estas cumbres anuales: 1) la burocratización de un mecanismo originalmente más informal; 2) la constante ampliación de la agenda; y 3) el choque natural de intereses, entre naciones desarrolladas que buscan mantener su hegemonía y países en proceso de crecimiento que intentan ejercer mayor influencia.
Pero, más que nada, la incapacidad para definir acuerdos fundamentales sobre el mejor rumbo a seguir, se debe a la falta de un liderazgo eficaz que haga frente a las dinámicas condiciones del entorno actual.
En parte, ello obedece a la coyuntura política. El mundo está a la espera del cambio de gobierno en Estados Unidos. La mayoría de los mandatarios europeos no atraviesan por su mejor momento. El peso de las potencias emergentes aún es insuficiente para llevar la voz cantante. Y las contradicciones de China difícilmente la convertirán en el modelo universal.
Por otra parte, quizás el viejo concepto del liderazgo monolítico tampoco sea la respuesta para un mundo a-polar. Se necesita una nueva visión. Valdría la pena que los miembros del G8 y del G5 analizaran al menos dos tipos de liderazgo.
El primero es lo que mi profesor de Harvard, Joe Nye, llama “liderazgo transformativo”: la capacidad para articular una nueva visión y lograr que los demás se sumen a ella para concretarla. La “inteligencia contextual” es determinante para ejercerlo, ya que permite “entender un entorno cambiante y alinear los recursos disponibles con las metas fijadas para ir a favor de las tendencias prevalecientes, y no en contra de ellas”. Esto implica ajustar el estilo de liderazgo a distintas situaciones, de manera que se tomen en cuenta las necesidades de los demás. La clave está en darle sentido a ese liderazgo, al definir el proyecto común e inspirar un esfuerzo colectivo.
El segundo tipo es contra-intuitivo. Se trata del “liderazgo compartido”, un concepto desarrollado por el profesor Craig Pearce, de la Universidad de Claremont. De acuerdo a sus estudios, en la economía del conocimiento se necesitan equipos de especialistas para resolver retos específicos cada vez más complejos. En lugar de una estructura rígida y jerárquica, con una sola persona al frente y todos los demás siguiéndolo, las organizaciones más eficientes comparten el liderazgo. Dependiendo de la tarea, la persona con mayores conocimientos, experiencia y habilidad para dirigir encabeza el esfuerzo.
La aplicación de un liderazgo de esta naturaleza en el terreno empresarial implica muchas dificultades y, sin duda, llevarlo a la esfera de la política global requiere una gran imaginación. Sin embargo, la cumbre del G8 confirmó que las soluciones tradicionales para los nuevos problemas que está enfrentando la comunidad internacional no lograrán grandes resultados. Por ello, quizás sea hora de empezar a pensar en opciones diferentes, como el “liderazgo compartido”.
Wednesday, July 02, 2008
El viaje de McCain
Javier Treviño Cantú
El Norte
2 de julio de 2008
La idea de la integración norteamericana se ha vuelto un tema políticamente tóxico en los tres países. Ahora, las visitas de John McCain a Canadá y México (además de Colombia) muestran que este proceso de creciente interrelación regional ha rebasado el plano comercial para desbordarse hasta el terreno de la política interna. Nos hemos convertido en actores directos de una elección cada vez más inusual.
McCain, el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, siempre ha sido un político poco ortodoxo, y sabe que debe distanciarse de de la administración Bush para tener posibilidades de ganar. También sabe que las diferencias de matiz no serán suficientes para contrarrestar el cambio que ofrece su rival demócrata, Barack Obama.
John McCain está buscando modificar toda la narrativa de la contienda para posicionarse como un lider que ofrece seguridad, por su experiencia en temas de política exterior y compromiso con el libre comercio. El problema es que va a contracorriente de un electorado más preocupado por la desaceleración económica y el supuesto efecto negativo del TLC, que por el futuro de Irak o las amenazas a su seguridad nacional.
Haciendo honor a su reputación, McCain decidió introducir un elemento novedoso y atractivo para los medios, pero a la vez arriesgado, al llevar su campaña fuera de Estados Unidos. Si bien Obama está moderando su discurso proteccionista, sus principales asesores han confirmado que irá por algún tipo de renegociación comercial con sus dos vecinos. Por ello, el tema central de las visitas realizadas por McCain a Canadá y México está precisamente orientado a contrastarse con su rival, al manifestar su compromiso para mantener el TLC en sus términos actuales, así como a impulsar el acuerdo comercial pendiente de aprobarse con Colombia.
McCain también intenta reafirmar su imagen de liderazgo en materia de seguridad, insistiendo en que apoyará la cooperación para combatir al crimen organizado. Es un tema vital para Colombia, y en nuestro país está adquiriendo una importancia trascendental con la aprobación de la Iniciativa Mérida.
Además, McCain espera que la visita le ayude con los electores hispanos. Recientemente participó —al igual que Obama— en la convención de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados (NALEO), donde reiteró que le dará prioridad a la reforma migratoria. Este año votarán más de 9 millones de latinos, y a finales de mayo una encuesta de Gallup le dio una ventaja a Obama sobre McCain de 62% contra 29% entre este segmento del electorado.
La audacia electoral de McCain le ha acarreado críticas, pero también ha despertado interés en su campaña. Su decisión implica riesgos, pero le ofrece la oportunidad de hacer crecer su candidatura frente a un oponente con un mayor atractivo mediático. Si McCain quiere demostrar que tiene estatura de Estadista, en lugar de centrarse en temas electoreros de corto alcance, como la falsa disyuntiva entre renegociar el TLC o dejarlo como está, quizás debería atreverse a proponer un proyecto verdaderamente de largo alcance, para impulsar una mayor integración de América del Norte.
Tendría que ser un proyecto basado en el respeto a la soberanía de cada país, y en políticas integrales que tomen en cuenta la asimetría de los tres países, para articular bajo un mismo paraguas los cuatro grandes temas de la agenda regional: 1) competitividad económica, comercial y energética; 2) cooperación equitativa sobre seguridad, para enfrentar amenazas externas comunes y retos compartidos, como el manejo de recursos transfronterizos; 3) desarrollo de un mercado laboral migratorio funcional; y 4) creación de nuevos centros de estudios especializados e intercambios educativos y culturales mucho más ambiciosos.
Robert Pastor, uno de los promotores más consistentes de esta idea, señala en su más reciente artículo (Foreign Affairs, julio-agosto) que el tema se ha convertido en rehén de presentadores de televisión populistas, grupos antiinmigrantes, organizaciones sindicales y teóricos de la conspiración. No está equivocado. En YouTube circula un video, supuestamente visto casi 6 y medio millones de veces, en donde se narra una disparatada fantasía sobre la forma en la que fuerzas oscuras buscan apoderarse del área para crear una sola nación.
Hasta ahora, la única respuesta por el mismo medio ha provenido de un comediante, Drew Carey, quien defiende al TLC con el argumento de que el verdadero enemigo para los trabajadores estadounidenses no somos los mexicanos, sino los robots. Puede ser, pero sin duda son más convincentes los argumentos de especialistas como Pastor.
Hay quienes afirman que McCain lleva las de perder en la elección presidencial frente a Obama. En cualquier caso, ésta será la primera y última oportunidad que tenga de ocupar la Casa Blanca. No debería desperdiciarla con propuestas “de cajón”, así sean tan favorables para México como la intención de respetar el TLC, apoyar la Iniciativa Mérida y buscar una reforma migratoria. Ahora sería el momento para demostrar altura de miras. Si de verdad quiere ir a contracorriente, debería promover el fortalecimiento de toda América del Norte.
El Norte
2 de julio de 2008
La idea de la integración norteamericana se ha vuelto un tema políticamente tóxico en los tres países. Ahora, las visitas de John McCain a Canadá y México (además de Colombia) muestran que este proceso de creciente interrelación regional ha rebasado el plano comercial para desbordarse hasta el terreno de la política interna. Nos hemos convertido en actores directos de una elección cada vez más inusual.
McCain, el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, siempre ha sido un político poco ortodoxo, y sabe que debe distanciarse de de la administración Bush para tener posibilidades de ganar. También sabe que las diferencias de matiz no serán suficientes para contrarrestar el cambio que ofrece su rival demócrata, Barack Obama.
John McCain está buscando modificar toda la narrativa de la contienda para posicionarse como un lider que ofrece seguridad, por su experiencia en temas de política exterior y compromiso con el libre comercio. El problema es que va a contracorriente de un electorado más preocupado por la desaceleración económica y el supuesto efecto negativo del TLC, que por el futuro de Irak o las amenazas a su seguridad nacional.
Haciendo honor a su reputación, McCain decidió introducir un elemento novedoso y atractivo para los medios, pero a la vez arriesgado, al llevar su campaña fuera de Estados Unidos. Si bien Obama está moderando su discurso proteccionista, sus principales asesores han confirmado que irá por algún tipo de renegociación comercial con sus dos vecinos. Por ello, el tema central de las visitas realizadas por McCain a Canadá y México está precisamente orientado a contrastarse con su rival, al manifestar su compromiso para mantener el TLC en sus términos actuales, así como a impulsar el acuerdo comercial pendiente de aprobarse con Colombia.
McCain también intenta reafirmar su imagen de liderazgo en materia de seguridad, insistiendo en que apoyará la cooperación para combatir al crimen organizado. Es un tema vital para Colombia, y en nuestro país está adquiriendo una importancia trascendental con la aprobación de la Iniciativa Mérida.
Además, McCain espera que la visita le ayude con los electores hispanos. Recientemente participó —al igual que Obama— en la convención de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados (NALEO), donde reiteró que le dará prioridad a la reforma migratoria. Este año votarán más de 9 millones de latinos, y a finales de mayo una encuesta de Gallup le dio una ventaja a Obama sobre McCain de 62% contra 29% entre este segmento del electorado.
La audacia electoral de McCain le ha acarreado críticas, pero también ha despertado interés en su campaña. Su decisión implica riesgos, pero le ofrece la oportunidad de hacer crecer su candidatura frente a un oponente con un mayor atractivo mediático. Si McCain quiere demostrar que tiene estatura de Estadista, en lugar de centrarse en temas electoreros de corto alcance, como la falsa disyuntiva entre renegociar el TLC o dejarlo como está, quizás debería atreverse a proponer un proyecto verdaderamente de largo alcance, para impulsar una mayor integración de América del Norte.
Tendría que ser un proyecto basado en el respeto a la soberanía de cada país, y en políticas integrales que tomen en cuenta la asimetría de los tres países, para articular bajo un mismo paraguas los cuatro grandes temas de la agenda regional: 1) competitividad económica, comercial y energética; 2) cooperación equitativa sobre seguridad, para enfrentar amenazas externas comunes y retos compartidos, como el manejo de recursos transfronterizos; 3) desarrollo de un mercado laboral migratorio funcional; y 4) creación de nuevos centros de estudios especializados e intercambios educativos y culturales mucho más ambiciosos.
Robert Pastor, uno de los promotores más consistentes de esta idea, señala en su más reciente artículo (Foreign Affairs, julio-agosto) que el tema se ha convertido en rehén de presentadores de televisión populistas, grupos antiinmigrantes, organizaciones sindicales y teóricos de la conspiración. No está equivocado. En YouTube circula un video, supuestamente visto casi 6 y medio millones de veces, en donde se narra una disparatada fantasía sobre la forma en la que fuerzas oscuras buscan apoderarse del área para crear una sola nación.
Hasta ahora, la única respuesta por el mismo medio ha provenido de un comediante, Drew Carey, quien defiende al TLC con el argumento de que el verdadero enemigo para los trabajadores estadounidenses no somos los mexicanos, sino los robots. Puede ser, pero sin duda son más convincentes los argumentos de especialistas como Pastor.
Hay quienes afirman que McCain lleva las de perder en la elección presidencial frente a Obama. En cualquier caso, ésta será la primera y última oportunidad que tenga de ocupar la Casa Blanca. No debería desperdiciarla con propuestas “de cajón”, así sean tan favorables para México como la intención de respetar el TLC, apoyar la Iniciativa Mérida y buscar una reforma migratoria. Ahora sería el momento para demostrar altura de miras. Si de verdad quiere ir a contracorriente, debería promover el fortalecimiento de toda América del Norte.
Wednesday, June 18, 2008
¿Un peligro para Estados Unidos?
Javier Treviño Cantú
El Norte
18 de junio de 2008
La semana pasada estuve en Washington, para participar en una conferencia organizada por el Mexico Institute del Centro Woodrow Wilson, sobre las elecciones en Estados Unidos y su impacto en la relación bilateral con nuestro país. La pregunta que todo el mundo se hizo es ¿quién le convendría más a México, Barack Obama o John McCain?
La mayoría cree que McCain ofrece mejores perspectivas. Sin embargo, debemos ser realistas: las posibilidades de que Obama gane la Presidencia de Estados Unidos son cada vez más amplias.
Ello puede tener serias implicaciones para México por dos razones. Primero, por que sin duda Obama buscaría revisar el TLC, lo cual podría “contaminar” toda la relación. Segundo, por que, al menos en la conferencia, la percepción fue que el gobierno mexicano no está listo para negociar con una administración demócrata.
La elección arranca con Obama a la cabeza en las encuestas. El viernes pasado, la de NBC y el Wall Street Journal le dio una ventaja sobre McCain de 47% a 41%; el martes, la de ABC y el Washington Post también lo coloca al frente por seis puntos porcentuales, 48% contra 42%. Para McCain, quizás su mejor opción sería retomar uno de los lemas que le dieron el triunfo a Felipe Calderón en el 2000, y tratar de convencer a los votantes de que “Obama es un peligro para Estados Unidos”.
Obama sabe que la elección está muy lejos de haberse decidido, por lo que está buscando atraer electores independientes y a los que no votaron por él en las primarias, incluyendo a los hispanos. Esto se reflejó en la entrevista que le concedió a Jorge Ramos, el presentador de Univisión, publicada por El Mercurio de Chile el 11 de junio.
Obama sostuvo que las bardas en ciertas zonas de la frontera con México pueden “ayudar a salvar vidas”, reconoció que el consumo de drogas en su país debe disminuir, y se comprometió a impulsar una reforma migratoria integral durante su primer año de gobierno. Sobre todo, insistió en que le daría prioridad a México, ya que quiere “descubrir qué necesitan del otro lado de la frontera para promover el desarrollo económico y la creación de empleos. Más trabajos allá significan menos indocumentados que vienen a Estados Unidos".
El problema es que Obama tiene otras prioridades (“cuando se termine la guerra en Irak podremos volver a enfocar nuestra atención en Latinoamérica”), y que está comprometido a renegociar el TLC. Es indudable que ello contribuiría a profundizar el clima de confrontación entre ambos países. Según el Centro Pew, el porcentaje de mexicanos que tienen una percepción positiva de Estados Unidos cayó de 56% en 2007, a sólo 47% este año; lo más grave, es que 31% cree que el vecino país es nuestro “enemigo”.
Iniciar la próxima etapa de la relación revisando el TLC contaminaría toda la agenda bilateral. A reserva de que el Congreso estadounidense apruebe pronto los recursos para la Iniciativa Mérida en términos “aceptables” para el gobierno y el Congreso mexicanos, cualquier avance en materia de cooperación sobre seguridad podría verse truncado, con la consecuente ventaja adicional para el verdadero enemigo común.
Además, las tensiones que provocaría la renegociación del TLC podrían acabar con la posibilidad de que los intereses de nuestros trabajadores migratorios y sus familias en Estados Unidos recibieran cualquier tipo de consideración especial, como parte de la supuesta reforma migratoria integral a la que Obama se ha “comprometido”.
En la conferencia del Centro Woodrow Wilson, la percepción fue que México no se está preparando para hace frente al probable escenario de una administración encabezada por el Presidente Obama. Por ello, un primer paso consistiría en hacer una evaluación exhaustiva sobre los beneficios del TLC y diseñar una campaña informativa para difundirlos, aquí y allá, como parte de un esfuerzo de comunicación más amplio para mejorar la deteriorada imagen de México en Estados Unidos.
En segundo lugar, es urgente empezar a considerar los aspectos que nosotros quisiéramos revisar del TLC, y definir las “fichas” con las que podríamos negociar. Canadá ya anticipó que usaría sus exportaciones petroleras como moneda de cambio, así que México tendrá que ser muy imaginativo para buscar alternativas, por que ese tema ya está previamente contaminado por la discusión de la reforma propuesta para Pemex.
Por último, deberíamos empezar a conocer mejor al equipo de Obama. Es necesario tender puentes con gente como Austan Goolsbee y Jason Furman, sus principales consejeros económicos; Susan Rice, que se perfila como la posible asesora de Seguridad Nacional; Tony Lake y Richard Holbrooke, quienes podrían ocupar el Departamento de Estado; y con Dan Restrepo, el actual encargado en la campaña de las relaciones con América Latina.
El estratega electoral de Obama, David Axelrod, señaló hace poco que uno de los mayores talentos del candidato demócrata es “distinguir entre aquellas cuestiones que son absolutamente esenciales, y las que son secundarias”. Es una habilidad que deberíamos aprovechar, para que conozca la complejidad de la agenda bilateral, y se convenza de que la relación con México en efecto debe recibir una atención prioritaria.
El Norte
18 de junio de 2008
La semana pasada estuve en Washington, para participar en una conferencia organizada por el Mexico Institute del Centro Woodrow Wilson, sobre las elecciones en Estados Unidos y su impacto en la relación bilateral con nuestro país. La pregunta que todo el mundo se hizo es ¿quién le convendría más a México, Barack Obama o John McCain?
La mayoría cree que McCain ofrece mejores perspectivas. Sin embargo, debemos ser realistas: las posibilidades de que Obama gane la Presidencia de Estados Unidos son cada vez más amplias.
Ello puede tener serias implicaciones para México por dos razones. Primero, por que sin duda Obama buscaría revisar el TLC, lo cual podría “contaminar” toda la relación. Segundo, por que, al menos en la conferencia, la percepción fue que el gobierno mexicano no está listo para negociar con una administración demócrata.
La elección arranca con Obama a la cabeza en las encuestas. El viernes pasado, la de NBC y el Wall Street Journal le dio una ventaja sobre McCain de 47% a 41%; el martes, la de ABC y el Washington Post también lo coloca al frente por seis puntos porcentuales, 48% contra 42%. Para McCain, quizás su mejor opción sería retomar uno de los lemas que le dieron el triunfo a Felipe Calderón en el 2000, y tratar de convencer a los votantes de que “Obama es un peligro para Estados Unidos”.
Obama sabe que la elección está muy lejos de haberse decidido, por lo que está buscando atraer electores independientes y a los que no votaron por él en las primarias, incluyendo a los hispanos. Esto se reflejó en la entrevista que le concedió a Jorge Ramos, el presentador de Univisión, publicada por El Mercurio de Chile el 11 de junio.
Obama sostuvo que las bardas en ciertas zonas de la frontera con México pueden “ayudar a salvar vidas”, reconoció que el consumo de drogas en su país debe disminuir, y se comprometió a impulsar una reforma migratoria integral durante su primer año de gobierno. Sobre todo, insistió en que le daría prioridad a México, ya que quiere “descubrir qué necesitan del otro lado de la frontera para promover el desarrollo económico y la creación de empleos. Más trabajos allá significan menos indocumentados que vienen a Estados Unidos".
El problema es que Obama tiene otras prioridades (“cuando se termine la guerra en Irak podremos volver a enfocar nuestra atención en Latinoamérica”), y que está comprometido a renegociar el TLC. Es indudable que ello contribuiría a profundizar el clima de confrontación entre ambos países. Según el Centro Pew, el porcentaje de mexicanos que tienen una percepción positiva de Estados Unidos cayó de 56% en 2007, a sólo 47% este año; lo más grave, es que 31% cree que el vecino país es nuestro “enemigo”.
Iniciar la próxima etapa de la relación revisando el TLC contaminaría toda la agenda bilateral. A reserva de que el Congreso estadounidense apruebe pronto los recursos para la Iniciativa Mérida en términos “aceptables” para el gobierno y el Congreso mexicanos, cualquier avance en materia de cooperación sobre seguridad podría verse truncado, con la consecuente ventaja adicional para el verdadero enemigo común.
Además, las tensiones que provocaría la renegociación del TLC podrían acabar con la posibilidad de que los intereses de nuestros trabajadores migratorios y sus familias en Estados Unidos recibieran cualquier tipo de consideración especial, como parte de la supuesta reforma migratoria integral a la que Obama se ha “comprometido”.
En la conferencia del Centro Woodrow Wilson, la percepción fue que México no se está preparando para hace frente al probable escenario de una administración encabezada por el Presidente Obama. Por ello, un primer paso consistiría en hacer una evaluación exhaustiva sobre los beneficios del TLC y diseñar una campaña informativa para difundirlos, aquí y allá, como parte de un esfuerzo de comunicación más amplio para mejorar la deteriorada imagen de México en Estados Unidos.
En segundo lugar, es urgente empezar a considerar los aspectos que nosotros quisiéramos revisar del TLC, y definir las “fichas” con las que podríamos negociar. Canadá ya anticipó que usaría sus exportaciones petroleras como moneda de cambio, así que México tendrá que ser muy imaginativo para buscar alternativas, por que ese tema ya está previamente contaminado por la discusión de la reforma propuesta para Pemex.
Por último, deberíamos empezar a conocer mejor al equipo de Obama. Es necesario tender puentes con gente como Austan Goolsbee y Jason Furman, sus principales consejeros económicos; Susan Rice, que se perfila como la posible asesora de Seguridad Nacional; Tony Lake y Richard Holbrooke, quienes podrían ocupar el Departamento de Estado; y con Dan Restrepo, el actual encargado en la campaña de las relaciones con América Latina.
El estratega electoral de Obama, David Axelrod, señaló hace poco que uno de los mayores talentos del candidato demócrata es “distinguir entre aquellas cuestiones que son absolutamente esenciales, y las que son secundarias”. Es una habilidad que deberíamos aprovechar, para que conozca la complejidad de la agenda bilateral, y se convenza de que la relación con México en efecto debe recibir una atención prioritaria.
Wednesday, June 04, 2008
Del miedo a la esperanza
Javier Treviño Cantú
El Norte
4 de junio de 2008
El fin de semana pasado estuve en Medellín, Colombia. Cuando aterricé en el aeropuerto José María Córdova no sabía qué esperar. He visitado Bogotá y Cartagena varias veces, pero nunca antes la capital de Antioquia. Las percepciones son difíciles de cambiar. Las imágenes que tenía en mente eran las del Medellín de los años ochenta y noventa, controlado por Pablo Escobar y el narcotráfico, donde el común denominador era el terror, la angustia y la destrucción del capital social. Medellín era el lugar más peligroso del mundo.
Asistí a la junta del consejo del Trust of the Americas, una fundación sin fines de lucro asociada a la Organización de Estados Americanos. Paradójicamente, la OEA realizó en Medellín su Asamblea General para celebrar el 60 aniversario de su fundación, al adoptar en 1948 la Carta de Bogotá. Recorrí la ciudad, visité el Museo de Antioquia y pude ver la obra de Fernando Botero; caminé con toda tranquilidad por el centro y los barrios. Quedé gratamente sorprendido.
La transformación que vive Colombia no se puede entender sin conocer los cambios radicales que han ocurrido en Medellín durante los últimos años. Sin duda esa fue la intención del Presidente Álvaro Uribe, cuando invitó a los representantes de los 34 países integrantes de la OEA a festejar su aniversario en la segunda ciudad más importante del país.
Una cifra resume los esfuerzos para cambiar toda la imagen de Medellín. En 1991 el número de homicidios fue de 6,500; es decir, aproximadamente 380 por cada 100,000 habitantes. En 2006, bajó a 700 homicidios, ó 29 por cada 100,000, muy por debajo del promedio registrado en muchas de las principales ciudades de América Latina o Estados Unidos.
La fórmula para transformar esta ciudad de más de 3 millones de habitantes se concentró en reducir la violencia, mediante una activa participación social, una mayor presencia de fuerzas policiales mejor capacitadas, y programas para permitir la reinserción de unos 4,000 paramilitares.
En forma paralela se han tendido puentes de convivencia, mediante proyectos que incluyen la construcción de parques y excelentes bibliotecas en barrios marginales, y la generación de oportunidades para "emprendedores" que quieren salir de la economía informal. Además, se han desarrollado importantes sistemas de transporte público, como el Metroplús y el Metrocable.
Las pruebas están a la vista: en unos cuantos años, Medellín ha logrado pasar “del miedo a la esperanza”.
El responsable de la transformación de esta ciudad fue Sergio Fajardo, un doctor en matemáticas por la Universidad de Wisconsin, de 51 años. Sin experiencia previa en el terreno político, fue electo alcalde para el periodo 2004-2007, y logró obtener resultados notables con una rapidez impresionante.
Conocí a Fajardo hace un mes, en Washington, en una reunión del Diálogo Inter-Americano en donde analizamos el futuro de América Latina. Me platicó lo que hizo en Medellín, pero no me imaginaba la dimensión de los cambios que impulsó hasta que llegué a su ciudad.
Fajardo se ha vuelto una figura pública, que incluso tiene posibilidades de ser candidato a la presidencia de Colombia. Con un estilo fuera de lo común y un nivel de aprobación cercano al 90% en las encuestas, el ex alcalde de Medellín practicó un valor poco conocido en la política de nuestros países: la coherencia. "Fui un alcalde cívico independiente con una propuesta para Medellín", me decía en Washington. “Desde el primer día en que empezamos a hacer política tuvimos principios bien definidos, una propuesta clara, y siempre actuamos con coherencia. Para mí eso es muy poderoso”.
Como buen científico, basó su propuesta en una planeación rigurosa para evitar la improvisación. Su campaña electoral la hizo en la calle, estableciendo contacto directo con la gente, para tratar de saltarse la estructura clientelar inevitablemente asociada a los partidos políticos. Se rodeó de colaboradores con poca experiencia en el mundo de la política, pero con reconocimiento en los sectores privado, académico y social. Esta fórmula innovadora le dio muy buenos resultados para vincular a la empresa privada con los proyectos públicos que están cambiando a la ciudad.
Su herramienta estratégica fue el programa " Medellín, la más educada". Fajardo destinó el 40% del presupuesto local a la educación, como alternativa fundamental para superar la injusticia social.
¿Cuáles serían algunas de las lecciones de Medellín que podrían aprovechar los aspirantes a gobernar los estados y ciudades de nuestro país? Entre otras, quizás destacarían tres:
Primero, hay que atreverse a impulsar proyectos innovadores, pero basados en diagnósticos precisos, que reflejen las necesidades y preocupaciones de la mayoría de los ciudadanos, para desarrollar políticas públicas bien diseñadas en coordinación con el sector privado y las universidades.
Segundo, es indispensable enfocarse en elevar la calidad de la educación a todos niveles. Este factor sigue reafirmándose como el elemento determinante para mejorar la competitividad a nivel internacional, y sobre todo para reducir la brecha de la desigualdad a nivel interno.
Tercero, sin coherencia entre lo que se ofrece en campaña y lo que se realiza desde los palacios de gobierno, los mejores planes se quedan en simples ocurrencias.
El Norte
4 de junio de 2008
El fin de semana pasado estuve en Medellín, Colombia. Cuando aterricé en el aeropuerto José María Córdova no sabía qué esperar. He visitado Bogotá y Cartagena varias veces, pero nunca antes la capital de Antioquia. Las percepciones son difíciles de cambiar. Las imágenes que tenía en mente eran las del Medellín de los años ochenta y noventa, controlado por Pablo Escobar y el narcotráfico, donde el común denominador era el terror, la angustia y la destrucción del capital social. Medellín era el lugar más peligroso del mundo.
Asistí a la junta del consejo del Trust of the Americas, una fundación sin fines de lucro asociada a la Organización de Estados Americanos. Paradójicamente, la OEA realizó en Medellín su Asamblea General para celebrar el 60 aniversario de su fundación, al adoptar en 1948 la Carta de Bogotá. Recorrí la ciudad, visité el Museo de Antioquia y pude ver la obra de Fernando Botero; caminé con toda tranquilidad por el centro y los barrios. Quedé gratamente sorprendido.
La transformación que vive Colombia no se puede entender sin conocer los cambios radicales que han ocurrido en Medellín durante los últimos años. Sin duda esa fue la intención del Presidente Álvaro Uribe, cuando invitó a los representantes de los 34 países integrantes de la OEA a festejar su aniversario en la segunda ciudad más importante del país.
Una cifra resume los esfuerzos para cambiar toda la imagen de Medellín. En 1991 el número de homicidios fue de 6,500; es decir, aproximadamente 380 por cada 100,000 habitantes. En 2006, bajó a 700 homicidios, ó 29 por cada 100,000, muy por debajo del promedio registrado en muchas de las principales ciudades de América Latina o Estados Unidos.
La fórmula para transformar esta ciudad de más de 3 millones de habitantes se concentró en reducir la violencia, mediante una activa participación social, una mayor presencia de fuerzas policiales mejor capacitadas, y programas para permitir la reinserción de unos 4,000 paramilitares.
En forma paralela se han tendido puentes de convivencia, mediante proyectos que incluyen la construcción de parques y excelentes bibliotecas en barrios marginales, y la generación de oportunidades para "emprendedores" que quieren salir de la economía informal. Además, se han desarrollado importantes sistemas de transporte público, como el Metroplús y el Metrocable.
Las pruebas están a la vista: en unos cuantos años, Medellín ha logrado pasar “del miedo a la esperanza”.
El responsable de la transformación de esta ciudad fue Sergio Fajardo, un doctor en matemáticas por la Universidad de Wisconsin, de 51 años. Sin experiencia previa en el terreno político, fue electo alcalde para el periodo 2004-2007, y logró obtener resultados notables con una rapidez impresionante.
Conocí a Fajardo hace un mes, en Washington, en una reunión del Diálogo Inter-Americano en donde analizamos el futuro de América Latina. Me platicó lo que hizo en Medellín, pero no me imaginaba la dimensión de los cambios que impulsó hasta que llegué a su ciudad.
Fajardo se ha vuelto una figura pública, que incluso tiene posibilidades de ser candidato a la presidencia de Colombia. Con un estilo fuera de lo común y un nivel de aprobación cercano al 90% en las encuestas, el ex alcalde de Medellín practicó un valor poco conocido en la política de nuestros países: la coherencia. "Fui un alcalde cívico independiente con una propuesta para Medellín", me decía en Washington. “Desde el primer día en que empezamos a hacer política tuvimos principios bien definidos, una propuesta clara, y siempre actuamos con coherencia. Para mí eso es muy poderoso”.
Como buen científico, basó su propuesta en una planeación rigurosa para evitar la improvisación. Su campaña electoral la hizo en la calle, estableciendo contacto directo con la gente, para tratar de saltarse la estructura clientelar inevitablemente asociada a los partidos políticos. Se rodeó de colaboradores con poca experiencia en el mundo de la política, pero con reconocimiento en los sectores privado, académico y social. Esta fórmula innovadora le dio muy buenos resultados para vincular a la empresa privada con los proyectos públicos que están cambiando a la ciudad.
Su herramienta estratégica fue el programa " Medellín, la más educada". Fajardo destinó el 40% del presupuesto local a la educación, como alternativa fundamental para superar la injusticia social.
¿Cuáles serían algunas de las lecciones de Medellín que podrían aprovechar los aspirantes a gobernar los estados y ciudades de nuestro país? Entre otras, quizás destacarían tres:
Primero, hay que atreverse a impulsar proyectos innovadores, pero basados en diagnósticos precisos, que reflejen las necesidades y preocupaciones de la mayoría de los ciudadanos, para desarrollar políticas públicas bien diseñadas en coordinación con el sector privado y las universidades.
Segundo, es indispensable enfocarse en elevar la calidad de la educación a todos niveles. Este factor sigue reafirmándose como el elemento determinante para mejorar la competitividad a nivel internacional, y sobre todo para reducir la brecha de la desigualdad a nivel interno.
Tercero, sin coherencia entre lo que se ofrece en campaña y lo que se realiza desde los palacios de gobierno, los mejores planes se quedan en simples ocurrencias.
Wednesday, May 21, 2008
La cereza del pastel
Javier Treviño Cantú
El Norte
21 de mayo de 2008
La reciente reunión Cumbre entre la Unión Europea (UE) y los países de América Latina y el Caribe (ALC), reafirmó la percepción de que nuestra capacidad para traducir esa relación en un activo que nos reporte mayores beneficios, sigue siendo muy limitada.
Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos redujo su atención hacia Latinoamérica. El subsecretario de Estado Tom Shannon ha reconocido que su país ya no es el “socio por excelencia” en nuestra región. Hace poco, el Council on Foreign Relations (CFR) publicó un reporte que coincide con esta visión.
El informe del CFR señala que “la era de la influencia hegemónica de Estados Unidos en América Latina terminó”. Considera que el vecino del norte debería dedicarle más atención a cuatro temas: pobreza y desigualdad, seguridad pública, migración y seguridad energética. Sugiere que Estados Unidos se concentre en fortalecer sus relaciones con México y Brasil, y en redefinirlas con Venezuela y Cuba.
La quinta Cumbre EU-ALC, celebrada en Lima, Perú, se articuló precisamente en torno a dos grandes ejes: por un lado, pobreza, desigualdad y cohesión social; por el otro, desarrollo sostenible, cambio climático, medio ambiente y energía.
La reunión arrancó entre señales preocupantes. No asistieron los mandatarios de Gran Bretaña, Francia e Italia, restándole estatura al evento. Justo un día antes de que iniciara, Interpol validó la información de las computadoras aseguradas por Colombia, durante el ataque al campamento de las FARC en Ecuador. Las posibilidades de un nuevo choque tensaron el ambiente.
El presidente peruano, Alan García, se apuntó un logro diplomático al evitar que las diferencias entre sus vecinos acapararan la atención. La Cumbre fue calificada como una de las más fructíferas que se han realizado. La Declaración de Lima tiene mucha sustancia, aunque el formato de la reunión y la amplitud de los temas abordados hicieron que se diluyera la trascendencia de los acuerdos.
Tras bambalinas, se registraron fricciones delicadas. Según el diario El País: “Europa ha decidido variar drásticamente su relación económica, y en el fondo también política, con los países de la zona, dando prioridad a unos sobre otros. Aunque la declaración final enfatiza que la prioridad política es lograr acuerdos por bloques, como el Mercosur o la Comunidad Andina, las trabas puestas por Venezuela y Bolivia han llevado a los europeos a optar por la negociación individual del libre comercio”.
En medio de las turbulencias, el presidente Felipe Calderón tuvo una buena Cumbre en Lima. La mesa de trabajo que presidió le permitió enfocarse en el tema de la seguridad alimentaria. Su propuesta de crear un Fondo Verde, que complemente esfuerzos para reducir el impacto del cambio climático, fue bien recibida, y se confirmó una línea de crédito por 50 millones de euros para programas ambientales en México.
Además, al mismo tiempo que la Iniciativa Mérida avanzaba de manera condicionada por el Congreso de Estados Unidos, la Declaración incluyó un compromiso para impulsar una mayor cooperación en materia de seguridad, en particular para combatir el narcotráfico, con base en el principio de la co-responsabilidad.
Sin duda, la cereza del pastel fue que se formalizó la designación de México como “socio estratégico” de la UE. La medida representa un espaldarazo a las aspiraciones de nuestro país para ser considerado como una de las principales potencias emergentes del escenario internacional. Aparte de Estados Unidos, la UE solamente había incluido en este exclusivo club a Canadá, Japón, Rusia, India, China, Sudáfrica y Brasil.
La noticia se filtró poco antes de la visita que realizó a nuestro país el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Quizás por ello, el anuncio no fue promovido por los encargados de la comunicación gubernamental. Incluso, en la conferencia de prensa conjunta que ofrecieron ambos presidentes en Los Pinos, el tema fue completamente opacado por la reiteración del controvertido llamado que hizo Felipe Calderón, a cerrar filas en torno a su estrategia para combatir al crimen organizado.
El embajador de la UE ante México, Mendel Goldstein, reveló que México fue el que pidió que se le diera el mismo trato que a Brasil (Reforma, “Dice UE que México pidió ser estratégico”, 09/05/2008). Sin embargo, ningún funcionario explicó a los medios el sentido y alcance del nombramiento. Las razones para hacerlo quizás sean evidentes; pero, sin argumentos claros por parte del gobierno, la designación acabó resultando deslucida.
La próxima Cumbre UE-ALC se realizará hasta el 2010, en España, cuando varios países del área estaremos festejando el bicentenario de nuestra independencia.
Para entonces, quizás sabremos si la intención de buscar esta sociedad estratégica era llevar nuestra relación con Europa a un plano cualitativamente superior, para tratar de equilibrar el peso de nuestra cercanía a los Estados Unidos y proyectarnos como una auténtica potencia emergente en un escenario global marcadopor la a-polaridad. O tal vez nos enteraremos que se trató de un ejercicio más de relaciones públicas para mejorar nuestra imagen internacional.
El Norte
21 de mayo de 2008
La reciente reunión Cumbre entre la Unión Europea (UE) y los países de América Latina y el Caribe (ALC), reafirmó la percepción de que nuestra capacidad para traducir esa relación en un activo que nos reporte mayores beneficios, sigue siendo muy limitada.
Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos redujo su atención hacia Latinoamérica. El subsecretario de Estado Tom Shannon ha reconocido que su país ya no es el “socio por excelencia” en nuestra región. Hace poco, el Council on Foreign Relations (CFR) publicó un reporte que coincide con esta visión.
El informe del CFR señala que “la era de la influencia hegemónica de Estados Unidos en América Latina terminó”. Considera que el vecino del norte debería dedicarle más atención a cuatro temas: pobreza y desigualdad, seguridad pública, migración y seguridad energética. Sugiere que Estados Unidos se concentre en fortalecer sus relaciones con México y Brasil, y en redefinirlas con Venezuela y Cuba.
La quinta Cumbre EU-ALC, celebrada en Lima, Perú, se articuló precisamente en torno a dos grandes ejes: por un lado, pobreza, desigualdad y cohesión social; por el otro, desarrollo sostenible, cambio climático, medio ambiente y energía.
La reunión arrancó entre señales preocupantes. No asistieron los mandatarios de Gran Bretaña, Francia e Italia, restándole estatura al evento. Justo un día antes de que iniciara, Interpol validó la información de las computadoras aseguradas por Colombia, durante el ataque al campamento de las FARC en Ecuador. Las posibilidades de un nuevo choque tensaron el ambiente.
El presidente peruano, Alan García, se apuntó un logro diplomático al evitar que las diferencias entre sus vecinos acapararan la atención. La Cumbre fue calificada como una de las más fructíferas que se han realizado. La Declaración de Lima tiene mucha sustancia, aunque el formato de la reunión y la amplitud de los temas abordados hicieron que se diluyera la trascendencia de los acuerdos.
Tras bambalinas, se registraron fricciones delicadas. Según el diario El País: “Europa ha decidido variar drásticamente su relación económica, y en el fondo también política, con los países de la zona, dando prioridad a unos sobre otros. Aunque la declaración final enfatiza que la prioridad política es lograr acuerdos por bloques, como el Mercosur o la Comunidad Andina, las trabas puestas por Venezuela y Bolivia han llevado a los europeos a optar por la negociación individual del libre comercio”.
En medio de las turbulencias, el presidente Felipe Calderón tuvo una buena Cumbre en Lima. La mesa de trabajo que presidió le permitió enfocarse en el tema de la seguridad alimentaria. Su propuesta de crear un Fondo Verde, que complemente esfuerzos para reducir el impacto del cambio climático, fue bien recibida, y se confirmó una línea de crédito por 50 millones de euros para programas ambientales en México.
Además, al mismo tiempo que la Iniciativa Mérida avanzaba de manera condicionada por el Congreso de Estados Unidos, la Declaración incluyó un compromiso para impulsar una mayor cooperación en materia de seguridad, en particular para combatir el narcotráfico, con base en el principio de la co-responsabilidad.
Sin duda, la cereza del pastel fue que se formalizó la designación de México como “socio estratégico” de la UE. La medida representa un espaldarazo a las aspiraciones de nuestro país para ser considerado como una de las principales potencias emergentes del escenario internacional. Aparte de Estados Unidos, la UE solamente había incluido en este exclusivo club a Canadá, Japón, Rusia, India, China, Sudáfrica y Brasil.
La noticia se filtró poco antes de la visita que realizó a nuestro país el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Quizás por ello, el anuncio no fue promovido por los encargados de la comunicación gubernamental. Incluso, en la conferencia de prensa conjunta que ofrecieron ambos presidentes en Los Pinos, el tema fue completamente opacado por la reiteración del controvertido llamado que hizo Felipe Calderón, a cerrar filas en torno a su estrategia para combatir al crimen organizado.
El embajador de la UE ante México, Mendel Goldstein, reveló que México fue el que pidió que se le diera el mismo trato que a Brasil (Reforma, “Dice UE que México pidió ser estratégico”, 09/05/2008). Sin embargo, ningún funcionario explicó a los medios el sentido y alcance del nombramiento. Las razones para hacerlo quizás sean evidentes; pero, sin argumentos claros por parte del gobierno, la designación acabó resultando deslucida.
La próxima Cumbre UE-ALC se realizará hasta el 2010, en España, cuando varios países del área estaremos festejando el bicentenario de nuestra independencia.
Para entonces, quizás sabremos si la intención de buscar esta sociedad estratégica era llevar nuestra relación con Europa a un plano cualitativamente superior, para tratar de equilibrar el peso de nuestra cercanía a los Estados Unidos y proyectarnos como una auténtica potencia emergente en un escenario global marcadopor la a-polaridad. O tal vez nos enteraremos que se trató de un ejercicio más de relaciones públicas para mejorar nuestra imagen internacional.
Wednesday, May 07, 2008
México y la elección de EU
Javier Treviño Cantú
El Norte
7 de mayo de 2008
Después de los resultados de ayer en las elecciones primarias de Indiana y Carolina del Norte, aún nadie puede predecir quién ganará la candidatura demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, y mucho menos quién ocupará la Casa Blanca a partir del próximo año. La contienda se ha convertido en un drama verdaderamente épico.
Por un lado, los protagonistas. En la esquina de los demócratas, Hillary Clinton, una mujer que busca reinventarse a sí misma como una estadista con peso político propio, en contra de Barack Obama, un sofisticado pero inexperto Senador afroamericano, que intenta encarnar la esperanza del cambio con una forma post-moderna de hacer política.
Los demócratas siguen enfrascados en una lucha interna fratricida, que les puede significar la derrota ante su oponente republicano: John McCain, un héroe de guerra, capaz de sobreponerse a todo para seguir en la pelea, e incluso con posibilidades de ganar, a pesar de la lamentable situación en que deja al vecino país la administración Bush.
Por otro lado, un escenario marcado por el miedo. Los votantes de la superpotencia mundial se acercan a la hora de las definiciones atemorizados por el impacto de la desaceleración económica y de los profundos ajustes que implica la competencia económica global. También, por las consecuencias de las guerras contra Irak y Afganistán, y por la pérdida de su “poder suave” ante el rechazo generalizado a prácticas ilegales, como la tortura para combatir al terrorismo, o reprobables, como la construcción de la barda en la frontera con México.
En esta lucha épica por la Presidencia de Estados Unidos, también entra la redefinición a corto plazo de la relación con nuestro país.
La semana pasada estuve en Washington para participar en Vanguardia Latina, la extensión del Espacio de vinculación que ha abierto Televisa. Ahí comenté que, desde la perspectiva mexicana, con la elección en Estados Unidos está en juego: 1) la oportunidad de que las relaciones mejoren y se busque una solución integral a los retos comunes que enfrentamos en materia de seguridad, migración y competitividad; 2) el riesgo de que las relaciones empeoren por falta de voluntad, incapacidad institucional o la adopción de políticas proteccionistas; y 3) la probabilidad de que se mantenga la situación actual, sin grandes cambios, para ir sobrellevando una relación incómoda para todos.
El contraste entre los precandidatos demócratas y el republicano es muy claro, sobre todo respecto al libre comercio. Por ello, hay quienes opinan que la elección de McCain ofrecería mejores opciones para nuestro país.
Debido a que es un republicano curtido en temas de seguridad nacional, se considera que existirían mayores probabilidades de que mantenga la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte. En particular, la elección de McCain quizás represente la mejor oportunidad para que se concrete la Iniciativa Mérida, propuesta por el presidente Calderón.
McCain también ha sido consistente en su postura a favor de una reforma integral al sistema migratorio de Estados Unidos. Pero, sobre todo, su abierto rechazo a cualquier posibilidad de replantear los términos actuales del TLC, es lo que despierta mayores esperanzas de que la relación se mantuviera en el rumbo correcto.
Con todas sus fallas y limitaciones, el Tratado ha sido clave para establecer reglas claras y generar una confianza que se traduzca en inversiones productivas de largo plazo. Sin embargo, los Senadores Obama y Clinton han insistido en que, de ganar la Presidencia, procederían de inmediato a renegociar el TLC. Una cosa es la retórica de campaña y otra muy diferente el difícil arte de gobernar, pero con sus repetidas declaraciones, han metido el tema en una camisa de once varas de la que no se podrán escapar.
Un viraje proteccionista radical representa el mayor factor de riesgo pare el futuro de las relaciones bilaterales. Es imposible subestimar el deseo de cambio que existe en Estados Unidos. A pesar de los temores que puedan despertar ambos precandidatos demócratas, eso significa que la probabilidad de que alguno de los dos triunfe en las elecciones de noviembre es alta.
El gobierno mexicano no tiene tiempo que perder. Además de mantener el barco a flote ante el recrudecimiento de la lucha contra el crimen organizado y el vendaval económico global, necesita fortalecer su capacidad para defender los derechos de nuestros connacionales en el vecino país ante la creciente ola antiinmigrante, y promover los intereses de México.
El futuro cambio de gobierno en Estados Unidos no sólo exige a México preparativos para ser anfitriones de la próxima cumbre de la ASPAN, ni reclamos altisonantes para que los vecinos se hagan corresponsables de la inseguridad que nos azota.
Hoy por hoy, ante la posibilidad real de una administración Obama o Clinton, el gobierno mexicano quizás debería empezar por revisar a fondo la estrategia de comunicación y cabildeo que permitió alcanzar la firma del TLC en 1993.
En estos años, la llegada del Internet y las redes de organizaciones han generado cambios estructurales en los dos países. Actualmente, desarrollar un esfuerzo similar para asegurar la supervivencia del TLC sería mil veces más complejo. Es hora de anticipar riesgos.
El Norte
7 de mayo de 2008
Después de los resultados de ayer en las elecciones primarias de Indiana y Carolina del Norte, aún nadie puede predecir quién ganará la candidatura demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, y mucho menos quién ocupará la Casa Blanca a partir del próximo año. La contienda se ha convertido en un drama verdaderamente épico.
Por un lado, los protagonistas. En la esquina de los demócratas, Hillary Clinton, una mujer que busca reinventarse a sí misma como una estadista con peso político propio, en contra de Barack Obama, un sofisticado pero inexperto Senador afroamericano, que intenta encarnar la esperanza del cambio con una forma post-moderna de hacer política.
Los demócratas siguen enfrascados en una lucha interna fratricida, que les puede significar la derrota ante su oponente republicano: John McCain, un héroe de guerra, capaz de sobreponerse a todo para seguir en la pelea, e incluso con posibilidades de ganar, a pesar de la lamentable situación en que deja al vecino país la administración Bush.
Por otro lado, un escenario marcado por el miedo. Los votantes de la superpotencia mundial se acercan a la hora de las definiciones atemorizados por el impacto de la desaceleración económica y de los profundos ajustes que implica la competencia económica global. También, por las consecuencias de las guerras contra Irak y Afganistán, y por la pérdida de su “poder suave” ante el rechazo generalizado a prácticas ilegales, como la tortura para combatir al terrorismo, o reprobables, como la construcción de la barda en la frontera con México.
En esta lucha épica por la Presidencia de Estados Unidos, también entra la redefinición a corto plazo de la relación con nuestro país.
La semana pasada estuve en Washington para participar en Vanguardia Latina, la extensión del Espacio de vinculación que ha abierto Televisa. Ahí comenté que, desde la perspectiva mexicana, con la elección en Estados Unidos está en juego: 1) la oportunidad de que las relaciones mejoren y se busque una solución integral a los retos comunes que enfrentamos en materia de seguridad, migración y competitividad; 2) el riesgo de que las relaciones empeoren por falta de voluntad, incapacidad institucional o la adopción de políticas proteccionistas; y 3) la probabilidad de que se mantenga la situación actual, sin grandes cambios, para ir sobrellevando una relación incómoda para todos.
El contraste entre los precandidatos demócratas y el republicano es muy claro, sobre todo respecto al libre comercio. Por ello, hay quienes opinan que la elección de McCain ofrecería mejores opciones para nuestro país.
Debido a que es un republicano curtido en temas de seguridad nacional, se considera que existirían mayores probabilidades de que mantenga la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte. En particular, la elección de McCain quizás represente la mejor oportunidad para que se concrete la Iniciativa Mérida, propuesta por el presidente Calderón.
McCain también ha sido consistente en su postura a favor de una reforma integral al sistema migratorio de Estados Unidos. Pero, sobre todo, su abierto rechazo a cualquier posibilidad de replantear los términos actuales del TLC, es lo que despierta mayores esperanzas de que la relación se mantuviera en el rumbo correcto.
Con todas sus fallas y limitaciones, el Tratado ha sido clave para establecer reglas claras y generar una confianza que se traduzca en inversiones productivas de largo plazo. Sin embargo, los Senadores Obama y Clinton han insistido en que, de ganar la Presidencia, procederían de inmediato a renegociar el TLC. Una cosa es la retórica de campaña y otra muy diferente el difícil arte de gobernar, pero con sus repetidas declaraciones, han metido el tema en una camisa de once varas de la que no se podrán escapar.
Un viraje proteccionista radical representa el mayor factor de riesgo pare el futuro de las relaciones bilaterales. Es imposible subestimar el deseo de cambio que existe en Estados Unidos. A pesar de los temores que puedan despertar ambos precandidatos demócratas, eso significa que la probabilidad de que alguno de los dos triunfe en las elecciones de noviembre es alta.
El gobierno mexicano no tiene tiempo que perder. Además de mantener el barco a flote ante el recrudecimiento de la lucha contra el crimen organizado y el vendaval económico global, necesita fortalecer su capacidad para defender los derechos de nuestros connacionales en el vecino país ante la creciente ola antiinmigrante, y promover los intereses de México.
El futuro cambio de gobierno en Estados Unidos no sólo exige a México preparativos para ser anfitriones de la próxima cumbre de la ASPAN, ni reclamos altisonantes para que los vecinos se hagan corresponsables de la inseguridad que nos azota.
Hoy por hoy, ante la posibilidad real de una administración Obama o Clinton, el gobierno mexicano quizás debería empezar por revisar a fondo la estrategia de comunicación y cabildeo que permitió alcanzar la firma del TLC en 1993.
En estos años, la llegada del Internet y las redes de organizaciones han generado cambios estructurales en los dos países. Actualmente, desarrollar un esfuerzo similar para asegurar la supervivencia del TLC sería mil veces más complejo. Es hora de anticipar riesgos.
Wednesday, April 23, 2008
Visiones del nuevo orden mundial
Javier Treviño Cantú
El Norte
23 de abril de 2008
Durante el vuelo de regreso de Nueva Orleáns, seguramente el Presidente Calderón quedó convencido de que está por cerrarse un ciclo al concluir la administración del presidente Bush. Tal vez también se hizo preguntas sobre el futuro.
Después de ganar la Guerra Fría y quedar como la única superpotencia en un sistema unipolar, el consenso es que Estados Unidos ha malgastado su poder al iniciar una guerra injustificable contra Irak, recurrir a prácticas ilegales como la tortura para combatir el terrorismo, y poner en riesgo la estabilidad económica mundial con su incapacidad para prevenir el colapso del mercado hipotecario de alto riesgo.
Para México, el fin del ciclo se resume en la construcción a marchas forzadas de la barda fronteriza, y en el rechazo proteccionista al TLC por parte de los aspirantes demócratas a la presidencia, Hillary Clinton y Barack Obama. Por ello, la visión de cuatro reconocidos analistas puede ayudar a definir algunas preguntas que México necesita hacerse en el marco del nuevo orden mundial que está surgiendo.
Para Fred Kaplan, el mismo fin de la Guerra Fría destruyó el concepto de “superpotencia”. En su libro Daydream Believers: How a Few Grand Ideas Wrecked American Power, sostiene que este cambio debilitó a Estados Unidos, al reducir los espacios para imponerle su voluntad a otros países y actores. Pero, en lugar de reconocerlo, la administración Bush asumió la conclusión opuesta: la idea de que su poderío era casi absoluto los llevó a cometer costosos excesos.
Según Kaplan, Estados Unidos sólo es una potencia más, en un sistema que oscila entre la multipolaridad y la anarquía, por lo que la primera tarea de la siguiente administración sería reconstruir los lazos con sus principales aliados. Igualmente, la primera pregunta para México sería cómo convencer al próximo ocupante de la Casa Blanca de que nuestro país debe ser incluido en esta categoría.
Por su parte, Robert Kagan sostiene en sus ensayos The Return of History and the End of Dreams y The End of the End of History, que el mundo ha regresado a la “normalidad”. El mundo sigue siendo unipolar; lo que ha cambiado es la reanudación de la competencia entre potencias regionales. Estados Unidos sigue a la cabeza, pero rivaliza con Rusia, China, la Unión Europea, Japón y otras naciones para predominar.
De acuerdo con Kagan, las democracias liberales además compiten en el terreno ideológico con autocracias económicamente exitosas, como China y en menor medida Rusia, por definir el mejor modelo de desarrollo para miles de millones de personas.
Ante la falta de acuerdos básicos entre las potencias, Kagan opina que Estados Unidos podría encabezar una nueva “liga de países democráticos”, que complemente los esfuerzos de organismos como la ONU. John McCain, el candidato Republicano a la presidencia estadounidense, ya incluyó esta idea en su plataforma electoral. En caso de que gane, la pregunta es cómo lograr que México se sume a este club, cuando nuestra inmadura democracia puede ser secuestrada por un dirigente mesiánico.
Parag Khanna ofrece un enfoque alternativo. En su libro The Second World: Empires and Influence in the New Global Order, considera que hay tres grandes potencias: Estados Unidos, la Unión Europea y China. La competencia entre ellas estaría dándose en el “segundo mundo” de las potencias regionales, desde Rusia y la India, hasta Brasil.
Lo que caracteriza a las potencias “segundomundistas” más exitosas, sería la capacidad de equilibrar sus relaciones con las tres potencias principales, para no depender de una sola. A pesar de contar con un acuerdo privilegiado con la Unión Europea y de los puentes con Asia a través de la membresía en APEC, México ha puesto prácticamente todos sus huevos en la canasta norteamericana. La pregunta, por lo tanto, sigue siendo cómo ir más allá de la retórica para reducir la vulnerabilidad estratégica que significa nuestra excesiva dependencia frente al vecino del norte.
Por último, Richard N. Haass, uno de los internacionalistas estadounidenses más influyentes, acaba de publicar un largo artículo en la revista Foreign Affairs, en donde sostiene que el mundo se ha vuelto “a-polar”: el poder se ha dispersado entre un creciente número de centros, donde los Estados apenas son uno de los actores.
Para Haass, el poder de los gobiernos nacionales se ve limitado desde “arriba”, por los organismos multilaterales y regionales; desde “abajo”, por las organizaciones criminales transnacionales; y desde los “lados”, por las capacidades de las grandes compañías multinacionales y de ONGs dedicadas a temas como los derechos humanos.
De acuerdo con Haass, el mundo a-polar es por naturaleza inestable, lo que aumenta los riesgos y las dificultades para concertar acciones frente a retos globales como la inseguridad energética. En este sentido, las alianzas cobran mayor importancia que nunca, así como la diplomacia multilateral.
México probablemente ocupará un asiento no-permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU durante los dos próximos años. La pregunta es si está preparado para aprovechar ese espacio, o si, como ocurrió la vez anterior, terminará pagando costos tan altos como el enfriamiento glacial de la relación con los Estados Unidos, justo al arranque del nuevo ciclo que está por comenzar.
El Norte
23 de abril de 2008
Durante el vuelo de regreso de Nueva Orleáns, seguramente el Presidente Calderón quedó convencido de que está por cerrarse un ciclo al concluir la administración del presidente Bush. Tal vez también se hizo preguntas sobre el futuro.
Después de ganar la Guerra Fría y quedar como la única superpotencia en un sistema unipolar, el consenso es que Estados Unidos ha malgastado su poder al iniciar una guerra injustificable contra Irak, recurrir a prácticas ilegales como la tortura para combatir el terrorismo, y poner en riesgo la estabilidad económica mundial con su incapacidad para prevenir el colapso del mercado hipotecario de alto riesgo.
Para México, el fin del ciclo se resume en la construcción a marchas forzadas de la barda fronteriza, y en el rechazo proteccionista al TLC por parte de los aspirantes demócratas a la presidencia, Hillary Clinton y Barack Obama. Por ello, la visión de cuatro reconocidos analistas puede ayudar a definir algunas preguntas que México necesita hacerse en el marco del nuevo orden mundial que está surgiendo.
Para Fred Kaplan, el mismo fin de la Guerra Fría destruyó el concepto de “superpotencia”. En su libro Daydream Believers: How a Few Grand Ideas Wrecked American Power, sostiene que este cambio debilitó a Estados Unidos, al reducir los espacios para imponerle su voluntad a otros países y actores. Pero, en lugar de reconocerlo, la administración Bush asumió la conclusión opuesta: la idea de que su poderío era casi absoluto los llevó a cometer costosos excesos.
Según Kaplan, Estados Unidos sólo es una potencia más, en un sistema que oscila entre la multipolaridad y la anarquía, por lo que la primera tarea de la siguiente administración sería reconstruir los lazos con sus principales aliados. Igualmente, la primera pregunta para México sería cómo convencer al próximo ocupante de la Casa Blanca de que nuestro país debe ser incluido en esta categoría.
Por su parte, Robert Kagan sostiene en sus ensayos The Return of History and the End of Dreams y The End of the End of History, que el mundo ha regresado a la “normalidad”. El mundo sigue siendo unipolar; lo que ha cambiado es la reanudación de la competencia entre potencias regionales. Estados Unidos sigue a la cabeza, pero rivaliza con Rusia, China, la Unión Europea, Japón y otras naciones para predominar.
De acuerdo con Kagan, las democracias liberales además compiten en el terreno ideológico con autocracias económicamente exitosas, como China y en menor medida Rusia, por definir el mejor modelo de desarrollo para miles de millones de personas.
Ante la falta de acuerdos básicos entre las potencias, Kagan opina que Estados Unidos podría encabezar una nueva “liga de países democráticos”, que complemente los esfuerzos de organismos como la ONU. John McCain, el candidato Republicano a la presidencia estadounidense, ya incluyó esta idea en su plataforma electoral. En caso de que gane, la pregunta es cómo lograr que México se sume a este club, cuando nuestra inmadura democracia puede ser secuestrada por un dirigente mesiánico.
Parag Khanna ofrece un enfoque alternativo. En su libro The Second World: Empires and Influence in the New Global Order, considera que hay tres grandes potencias: Estados Unidos, la Unión Europea y China. La competencia entre ellas estaría dándose en el “segundo mundo” de las potencias regionales, desde Rusia y la India, hasta Brasil.
Lo que caracteriza a las potencias “segundomundistas” más exitosas, sería la capacidad de equilibrar sus relaciones con las tres potencias principales, para no depender de una sola. A pesar de contar con un acuerdo privilegiado con la Unión Europea y de los puentes con Asia a través de la membresía en APEC, México ha puesto prácticamente todos sus huevos en la canasta norteamericana. La pregunta, por lo tanto, sigue siendo cómo ir más allá de la retórica para reducir la vulnerabilidad estratégica que significa nuestra excesiva dependencia frente al vecino del norte.
Por último, Richard N. Haass, uno de los internacionalistas estadounidenses más influyentes, acaba de publicar un largo artículo en la revista Foreign Affairs, en donde sostiene que el mundo se ha vuelto “a-polar”: el poder se ha dispersado entre un creciente número de centros, donde los Estados apenas son uno de los actores.
Para Haass, el poder de los gobiernos nacionales se ve limitado desde “arriba”, por los organismos multilaterales y regionales; desde “abajo”, por las organizaciones criminales transnacionales; y desde los “lados”, por las capacidades de las grandes compañías multinacionales y de ONGs dedicadas a temas como los derechos humanos.
De acuerdo con Haass, el mundo a-polar es por naturaleza inestable, lo que aumenta los riesgos y las dificultades para concertar acciones frente a retos globales como la inseguridad energética. En este sentido, las alianzas cobran mayor importancia que nunca, así como la diplomacia multilateral.
México probablemente ocupará un asiento no-permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU durante los dos próximos años. La pregunta es si está preparado para aprovechar ese espacio, o si, como ocurrió la vez anterior, terminará pagando costos tan altos como el enfriamiento glacial de la relación con los Estados Unidos, justo al arranque del nuevo ciclo que está por comenzar.
Wednesday, April 09, 2008
Una cómoda apuesta
Javier Treviño Cantú
El Norte
9 de abril de 2008
A unos días de que se celebre la cumbre de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), México parece ir a contracorriente en su relación con Estados Unidos. El mundo espera grandes cambios cuando llegue una nueva administración a la Casa Blanca, ya sea demócrata o republicana. Sin embargo, en México el Gobierno le está apostando a la inercia del continuismo.
Los pendientes en materia de política exterior que deja Bush a su sucesor(a) son interminables: Iraq y Afganistán; el Medio Oriente; China, Rusia, la India y otras potencias emergentes con programas nucleares; la relación transatlántica con Europa; África. Todos recibirán una atención prioritaria antes de que alguien se ocupe de América Latina.
Además, el nuevo Gobierno deberá definir su postura frente a temas globales como la "guerra contra el terrorismo", la proliferación de armas de destrucción masiva, el calentamiento global, la inseguridad energética, la promoción de la democracia y, por supuesto, la reactivación de la economía estadounidense.
Es cierto que algunos especialistas opinan que la política exterior de la siguiente administración será definida más por la continuidad, que por el cambio. Si acaso tienen razón, la clave estará en el nuevo "principio rector" que oriente la toma de decisiones en la Casa Blanca para distinguir entre lo urgente, y lo importante.
Parecería que México le está apostando a este escenario de continuismo. En el caso de la relación comercial tiene sentido. La gran mayoría de los estudios muestra que, con todo y sus limitaciones, el TLC ha tenido efectos positivos para México. Por ello el Gobierno mexicano ha cerrado filas para defenderlo a capa y espada. El pasado fin de semana, el Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, sostuvo en Miami que "lo que importa es que (el TLC) continúe... nosotros no expresamos, como miembros de gobierno, preferencia por ningún candidato".
El caso de la ASPAN es más complicado. Ésta fue una iniciativa de Washington para atender las preocupaciones por su seguridad tras los atentados del 11 de septiembre. Nunca contempló espacios para discutir otros asuntos de importancia fundamental para las contrapartes, especialmente el tema migratorio. Su peculiar diseño ha despertado sospechas y temores, especialmente en Estados Unidos. En México y Canadá también existe un gran escepticismo acerca de sus ventajas.
A pesar de todo, el Gobierno mexicano considera que la ASPAN es el mejor instrumento para asegurar la supervivencia de proyectos como la "Iniciativa Mérida". Los mil 400 millones de dólares que solicitó el mandatario estadounidense para esta iniciativa están congelados en su Congreso. El pasado 4 de abril se publicaron declaraciones del Subsecretario para América del Norte, Carlos Rico Ferrat, quien habría sostenido que "para nosotros es fundamental que quien llegue (a la Presidencia de Estados Unidos) no quiera cambiarnos la agenda o no aprovechar todo el avance que hemos logrado". Con ello, reafirmó que la continuidad de la ASPAN es una de las principales metas para la cumbre que sostendrán los Presidentes Bush y Calderón, junto con el Primer Ministro canadiense Stephen Harper, el 21 y 22 de abril en Nueva Orleans.
El Presidente Felipe Calderón llegará a esa cumbre con una posición de fuerza relativa. La economía mexicana ha resistido mejor de lo esperado la desaceleración económica en Estados Unidos. La estrategia de combate a la inseguridad dista mucho de haber logrado sus objetivos, pero la reestructuración de la Policía Federal y otras medidas indican que México por lo menos está tratando de hacer su parte para enfrentar el reto común. Además, se ha recuperado capacidad de interlocución con América Latina a través de la presidencia del Grupo de Río, y pronto ocuparemos un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Para que México capitalice esta fortaleza del Presidente y los "espacios ganados" a los que se refirió el Subsecretario Rico, habría que concentrarse en cuatro aspectos: 1) Replantear la estrategia de comunicación internacional del Gobierno para dejar atrás los reclamos altisonantes y la dispersión de mensajes. 2) Designar un nuevo encargado de llevar todos los hilos de la ASPAN. La agenda de seguridad está a cargo de la Secretaría de Gobernación, y la de prosperidad queda bajo la coordinación de la Secretaría de Economía, ambas con todo el apoyo de la Cancillería. Pero el diseño de la ASPAN exige que haya un responsable de mantener la perspectiva global, y para ello debe estar lo más cerca posible del Presidente, en Los Pinos. 3) Mejorar la coordinación dentro del gabinete de seguridad. Esto es esencial, particularmente ante las recientes muestras públicas de diferencias entre la SSP y la Sedena. 4) Diseñar un nuevo modelo para ampliar la participación de otros actores en el mecanismo, sin perder efectividad, tomando como referente la experiencia del Consejo de Competitividad de América del Norte.
Ante la oportunidad de que México presente una iniciativa de reforma para la relación con Estados Unidos y Canadá, en la próxima cumbre de la ASPAN deberíamos apartarnos de la cómoda apuesta por la continuidad.
El Norte
9 de abril de 2008
A unos días de que se celebre la cumbre de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), México parece ir a contracorriente en su relación con Estados Unidos. El mundo espera grandes cambios cuando llegue una nueva administración a la Casa Blanca, ya sea demócrata o republicana. Sin embargo, en México el Gobierno le está apostando a la inercia del continuismo.
Los pendientes en materia de política exterior que deja Bush a su sucesor(a) son interminables: Iraq y Afganistán; el Medio Oriente; China, Rusia, la India y otras potencias emergentes con programas nucleares; la relación transatlántica con Europa; África. Todos recibirán una atención prioritaria antes de que alguien se ocupe de América Latina.
Además, el nuevo Gobierno deberá definir su postura frente a temas globales como la "guerra contra el terrorismo", la proliferación de armas de destrucción masiva, el calentamiento global, la inseguridad energética, la promoción de la democracia y, por supuesto, la reactivación de la economía estadounidense.
Es cierto que algunos especialistas opinan que la política exterior de la siguiente administración será definida más por la continuidad, que por el cambio. Si acaso tienen razón, la clave estará en el nuevo "principio rector" que oriente la toma de decisiones en la Casa Blanca para distinguir entre lo urgente, y lo importante.
Parecería que México le está apostando a este escenario de continuismo. En el caso de la relación comercial tiene sentido. La gran mayoría de los estudios muestra que, con todo y sus limitaciones, el TLC ha tenido efectos positivos para México. Por ello el Gobierno mexicano ha cerrado filas para defenderlo a capa y espada. El pasado fin de semana, el Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, sostuvo en Miami que "lo que importa es que (el TLC) continúe... nosotros no expresamos, como miembros de gobierno, preferencia por ningún candidato".
El caso de la ASPAN es más complicado. Ésta fue una iniciativa de Washington para atender las preocupaciones por su seguridad tras los atentados del 11 de septiembre. Nunca contempló espacios para discutir otros asuntos de importancia fundamental para las contrapartes, especialmente el tema migratorio. Su peculiar diseño ha despertado sospechas y temores, especialmente en Estados Unidos. En México y Canadá también existe un gran escepticismo acerca de sus ventajas.
A pesar de todo, el Gobierno mexicano considera que la ASPAN es el mejor instrumento para asegurar la supervivencia de proyectos como la "Iniciativa Mérida". Los mil 400 millones de dólares que solicitó el mandatario estadounidense para esta iniciativa están congelados en su Congreso. El pasado 4 de abril se publicaron declaraciones del Subsecretario para América del Norte, Carlos Rico Ferrat, quien habría sostenido que "para nosotros es fundamental que quien llegue (a la Presidencia de Estados Unidos) no quiera cambiarnos la agenda o no aprovechar todo el avance que hemos logrado". Con ello, reafirmó que la continuidad de la ASPAN es una de las principales metas para la cumbre que sostendrán los Presidentes Bush y Calderón, junto con el Primer Ministro canadiense Stephen Harper, el 21 y 22 de abril en Nueva Orleans.
El Presidente Felipe Calderón llegará a esa cumbre con una posición de fuerza relativa. La economía mexicana ha resistido mejor de lo esperado la desaceleración económica en Estados Unidos. La estrategia de combate a la inseguridad dista mucho de haber logrado sus objetivos, pero la reestructuración de la Policía Federal y otras medidas indican que México por lo menos está tratando de hacer su parte para enfrentar el reto común. Además, se ha recuperado capacidad de interlocución con América Latina a través de la presidencia del Grupo de Río, y pronto ocuparemos un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Para que México capitalice esta fortaleza del Presidente y los "espacios ganados" a los que se refirió el Subsecretario Rico, habría que concentrarse en cuatro aspectos: 1) Replantear la estrategia de comunicación internacional del Gobierno para dejar atrás los reclamos altisonantes y la dispersión de mensajes. 2) Designar un nuevo encargado de llevar todos los hilos de la ASPAN. La agenda de seguridad está a cargo de la Secretaría de Gobernación, y la de prosperidad queda bajo la coordinación de la Secretaría de Economía, ambas con todo el apoyo de la Cancillería. Pero el diseño de la ASPAN exige que haya un responsable de mantener la perspectiva global, y para ello debe estar lo más cerca posible del Presidente, en Los Pinos. 3) Mejorar la coordinación dentro del gabinete de seguridad. Esto es esencial, particularmente ante las recientes muestras públicas de diferencias entre la SSP y la Sedena. 4) Diseñar un nuevo modelo para ampliar la participación de otros actores en el mecanismo, sin perder efectividad, tomando como referente la experiencia del Consejo de Competitividad de América del Norte.
Ante la oportunidad de que México presente una iniciativa de reforma para la relación con Estados Unidos y Canadá, en la próxima cumbre de la ASPAN deberíamos apartarnos de la cómoda apuesta por la continuidad.
Wednesday, March 26, 2008
Cambios en las noticias
Javier Treviño Cantú
El Norte
26 de marzo de 2008
En México existen pocos indicadores para conocer la forma en la que están evolucionando el periodismo y los noticieros dentro de la industria de los medios de comunicación. Los tirajes reales de los diarios siguen siendo un misterio para la mayoría del público, mientras que los ratings de los programas de radio o televisión solamente son conocidos por los mismos medios, o por empresas con capacidad de pagar sumas considerables para saber a ciencia cierta los niveles de audiencia.
Sin embargo, es evidente que en nuestro país también se presentan muchas de las tendencias que están cambiando de manera radical todo el panorama de la comunicación, tanto por el avance de las tecnologías, como por la forma en la que los ciudadanos están dispuestos a ejercer su capacidad de participar directamente en el proceso para crear o definir lo que es noticia.
Una muestra la tenemos en los noticieros matutinos de las principales televisoras de nuestro país. Uno de sus conductores no sólo mantiene un blog para que él y su equipo sostengan un intercambio directo con los televidentes, sino que incluso ha puesto a trabajar al público, pidiéndole que se transforme en un ejército de reporteros para que investiguen sobre diversos temas y manden imágenes que permitan armar historias periodísticas novedosas.
Hasta en un país tan resistente al cambio como el nuestro, los nuevos “medios sociales” están creciendo. Con base en cifras de la red social bitacoras.com, el blog Rienzie calcula que en México hay más de 22,600 bitácoras personales actualizadas en línea, mientras que el directorio blogsmexico.com incluye casi 11,000.
La falta de avances en materia de conectividad en nuestro país ha hecho que su alcance siga siendo limitado. Según la Asociación Mexicana de Internet, las cuentas de banda ancha crecieron más de 48% entre 2006 y 2007, llegando a cerca de cuatro millones. Por su parte, la OCDE considera que a mediados del año pasado México tenía menos de 5 suscriptores a servicios de Internet de banda ancha por cada 100 habitantes. Esto nos coloca en el último sitio entre los miembros de la organización; incluso por debajo de países como Turquía y Grecia, a quienes superábamos por amplios márgenes apenas hace dos años.
Por éstas y otras razones, la influencia ejercida por los blogs en el debate político-ciudadano de nuestro país había sido marginal… hasta ahora. En febrero se dieron un par de ejemplos que ilustran la forma en que esto empieza a cambiar.
El primero tuvo que ver con el sendero del peje, un blog que aparentemente se ha vuelto aún más radical que el movimiento original en el que se inspiró. En el marco de la tormentosa lucha interna por el relevo en la dirigencia del PRD, dos diputados de dicho partido, Francisco Sánchez y Antonio Ortega, demandaron ante la PGR al sitio y a su autor, Víctor Hernández, por los delitos de difamación y amenazas. Con ello, el cyberespacio se consolidó como uno de los campos en donde nuestra ilustre clase política y los ciudadanos pueden librar batallas.
El segundo ejemplo de la creciente influencia que están alcanzando los blogs es el famoso video promocional de Pemex, sobre el “tesoro” que yace en el fondo del Golfo de México. Su lanzamiento iba a marcar el inicio de una amplia campaña mediática, para “concientizar” a la opinión pública sobre la necesidad de llevar a cabo una reforma energética tan profunda como las aguas bajo las que se encuentra el tesoro petrolero de la nación.
Pero a los encargados de la comunicación gubernamental se les adelantó el blog gendetta.com. Desde el 19 de febrero el sitio dio a conocer el promocional, y la noticia empezó a circular rápidamente en la red. Aún así, la historia del video se convirtió en noticia hasta el 27 de febrero, cuando un columnista del periódico La Jornada difundió que el video estaba disponible en YouTube.
Esto vino a demostrar que, en México, la información y las opiniones que se intercambian a través de los blogs, sólo se vuelven “relevantes” hasta que son retomados y —en ese sentido— validados por alguno de los medios “tradicionales”, que ya cuentan con el reconocimiento de sus respectivos segmentos de audiencia.
Por otra parte, algunos de los blogs más interesantes y constructivos, logran ganar una mayor proyección cuando estos mismos medios “tradicionales” abren espacios para que sus colaboradores interactúen con el público, como sería el afortunado arribo de los blogs de Jesús Silva-Herzog y varios articulistas más al sitio del Grupo Reforma.
Como señala el nuevo reporte sobre la situación del periodismo en Estados Unidos, estamos ante una transformación histórica. Se están definiendo sobre la marcha nuevos modelos de negocio para toda la industria de los medios; nuevas maneras de entender las diversas profesiones relacionadas con la comunicación; y nuevas formas de participación ciudadana, en un campo esencial para el desarrollo pleno de cualquier sociedad. Lo mejor de todo, es que, en México, apenas estamos en el umbral de cambios inimaginables.
El Norte
26 de marzo de 2008
En México existen pocos indicadores para conocer la forma en la que están evolucionando el periodismo y los noticieros dentro de la industria de los medios de comunicación. Los tirajes reales de los diarios siguen siendo un misterio para la mayoría del público, mientras que los ratings de los programas de radio o televisión solamente son conocidos por los mismos medios, o por empresas con capacidad de pagar sumas considerables para saber a ciencia cierta los niveles de audiencia.
Sin embargo, es evidente que en nuestro país también se presentan muchas de las tendencias que están cambiando de manera radical todo el panorama de la comunicación, tanto por el avance de las tecnologías, como por la forma en la que los ciudadanos están dispuestos a ejercer su capacidad de participar directamente en el proceso para crear o definir lo que es noticia.
Una muestra la tenemos en los noticieros matutinos de las principales televisoras de nuestro país. Uno de sus conductores no sólo mantiene un blog para que él y su equipo sostengan un intercambio directo con los televidentes, sino que incluso ha puesto a trabajar al público, pidiéndole que se transforme en un ejército de reporteros para que investiguen sobre diversos temas y manden imágenes que permitan armar historias periodísticas novedosas.
Hasta en un país tan resistente al cambio como el nuestro, los nuevos “medios sociales” están creciendo. Con base en cifras de la red social bitacoras.com, el blog Rienzie calcula que en México hay más de 22,600 bitácoras personales actualizadas en línea, mientras que el directorio blogsmexico.com incluye casi 11,000.
La falta de avances en materia de conectividad en nuestro país ha hecho que su alcance siga siendo limitado. Según la Asociación Mexicana de Internet, las cuentas de banda ancha crecieron más de 48% entre 2006 y 2007, llegando a cerca de cuatro millones. Por su parte, la OCDE considera que a mediados del año pasado México tenía menos de 5 suscriptores a servicios de Internet de banda ancha por cada 100 habitantes. Esto nos coloca en el último sitio entre los miembros de la organización; incluso por debajo de países como Turquía y Grecia, a quienes superábamos por amplios márgenes apenas hace dos años.
Por éstas y otras razones, la influencia ejercida por los blogs en el debate político-ciudadano de nuestro país había sido marginal… hasta ahora. En febrero se dieron un par de ejemplos que ilustran la forma en que esto empieza a cambiar.
El primero tuvo que ver con el sendero del peje, un blog que aparentemente se ha vuelto aún más radical que el movimiento original en el que se inspiró. En el marco de la tormentosa lucha interna por el relevo en la dirigencia del PRD, dos diputados de dicho partido, Francisco Sánchez y Antonio Ortega, demandaron ante la PGR al sitio y a su autor, Víctor Hernández, por los delitos de difamación y amenazas. Con ello, el cyberespacio se consolidó como uno de los campos en donde nuestra ilustre clase política y los ciudadanos pueden librar batallas.
El segundo ejemplo de la creciente influencia que están alcanzando los blogs es el famoso video promocional de Pemex, sobre el “tesoro” que yace en el fondo del Golfo de México. Su lanzamiento iba a marcar el inicio de una amplia campaña mediática, para “concientizar” a la opinión pública sobre la necesidad de llevar a cabo una reforma energética tan profunda como las aguas bajo las que se encuentra el tesoro petrolero de la nación.
Pero a los encargados de la comunicación gubernamental se les adelantó el blog gendetta.com. Desde el 19 de febrero el sitio dio a conocer el promocional, y la noticia empezó a circular rápidamente en la red. Aún así, la historia del video se convirtió en noticia hasta el 27 de febrero, cuando un columnista del periódico La Jornada difundió que el video estaba disponible en YouTube.
Esto vino a demostrar que, en México, la información y las opiniones que se intercambian a través de los blogs, sólo se vuelven “relevantes” hasta que son retomados y —en ese sentido— validados por alguno de los medios “tradicionales”, que ya cuentan con el reconocimiento de sus respectivos segmentos de audiencia.
Por otra parte, algunos de los blogs más interesantes y constructivos, logran ganar una mayor proyección cuando estos mismos medios “tradicionales” abren espacios para que sus colaboradores interactúen con el público, como sería el afortunado arribo de los blogs de Jesús Silva-Herzog y varios articulistas más al sitio del Grupo Reforma.
Como señala el nuevo reporte sobre la situación del periodismo en Estados Unidos, estamos ante una transformación histórica. Se están definiendo sobre la marcha nuevos modelos de negocio para toda la industria de los medios; nuevas maneras de entender las diversas profesiones relacionadas con la comunicación; y nuevas formas de participación ciudadana, en un campo esencial para el desarrollo pleno de cualquier sociedad. Lo mejor de todo, es que, en México, apenas estamos en el umbral de cambios inimaginables.
Wednesday, March 12, 2008
México y Corea: Socios estratégicos
Javier Treviño Cantú
El Norte
12 de marzo de 2008
Existen muchas razones que explican la percepción de que la política exterior durante el sexenio anterior arrojó un balance negativo. El enfriamiento de la relación con Estados Unidos y la consecuente incapacidad para lograr el ansiado acuerdo migratorio bilateral, la pérdida de espacios de interlocución en América Latina por las fricciones con varios países de la zona, o la falta de avances para impulsar lazos más productivos con la Unión Europea, son algunos de los elementos que se citan con mayor frecuencia para construir una narrativa en donde se han impuesto episodios y anécdotas desafortunadas.
Sin embargo, es un hecho que también existen algunos ejemplos de logros valiosos que contribuyeron a darle una mayor proyección a la presencia de México en regiones estratégicas, como Asia, así como para integrar a un mayor número de actores, tanto públicos como no gubernamentales, en el diseño de iniciativas de política exterior muy prometedoras. Sin duda, uno de los casos más notables fue el nuevo enfoque que se le dio a la relación con Corea del Sur.
Desde el inicio de la década de los 90, nuestro país buscó fortalecer su presencia en una de las áreas más dinámicas del planeta. A la apertura de embajadas en países como Tailandia, Singapur, Malasia y Nueva Zelanda, se sumó nuestro ingreso en 1993 a APEC, el foro de cooperación económica del Pacífico Asiático. Después de las difíciles negociaciones con China para lograr su entrada a la Organización Mundial de Comercio durante el sexenio del Presidente Zedillo, la llegada de la alternancia con el triunfo del PAN en las elecciones presidenciales del 2000 generó condiciones para dar paso a un nuevo capítulo en las relaciones con países asiáticos que ofrecían un gran potencial de crecimiento.
Entre éstos, Corea destacaba por su desarrollo económico en sectores claves, como el de las tecnologías de la información. También, por el indudable éxito de sus políticas educativas, como lo muestra un estudio comparativo entre los sistemas de ese país y México publicado en 2006 por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (www.inee.edu.mx/images/stories/
documentos_pdf/Publicaciones/MexicoyCorea/mexicoycoreac.pdf).
El Gobierno del Presidente Fox buscó elevar las relaciones bilaterales con Corea, al mismo nivel de importancia que hasta entonces sólo habían tenido los intercambios con Japón y China. La forma en la que se buscó replantear los vínculos políticos, económicos y culturales entre los dos países resultó novedosa: durante la visita de Estado que realizó el mandatario mexicano a ese país en 2001, se anunció el establecimiento de la Comisión México-Corea Siglo XXI.
Cuando el Secretario de Relaciones Exteriores de México, Jorge G. Castañeda, me invitó a formar parte de esa Comisión, no sabía exactamente qué esperar. Se trataba de integrar un grupo multidisciplinario de mexicanos y coreanos, compuesto por destacados empresarios, académicos, legisladores y diplomáticos. El encargo que recibimos de ambos presidentes fue estudiar todos los aspectos de la relación, para proponer acciones concretas y definir estrategias a largo plazo que contribuyeran a fortalecerla.
El esfuerzo valió la pena. Nos reunimos en varias ocasiones, tanto en Seúl como en la Ciudad de México. Las diferentes perspectivas de los integrantes enriquecieron las discusiones y nos permitieron combinar elementos para darle una visión integral a nuestro trabajo. Identificamos oportunidades para que nuestras dos economías se complementen y aprovechen las ventajas que ofrece su respectiva ubicación al lado de los mayores mercados mundiales -Estados Unidos y China-, a la vez que evaluamos medidas para darle un enfoque más preciso a las tareas de cooperación bilateral.
Finalmente, en el 2005 presentamos nuestro informe (www.consejomexicano.org/download.php?id=115341,719,7), incluyendo la recomendación que permitió establecer un Acuerdo de Asociación Estratégica para la Prosperidad Mutua, durante la visita a México del entonces Presidente coreano Roh Moo-hyun.
Este mecanismo ha producido avances importantes. En particular, ha generado espacios para abordar temas delicados, como el marcado déficit comercial que sigue arrastrando nuestro país. Según cifras de la Secretaría de Economía, nuestras exportaciones apenas sumaron poco más de 460 millones de dólares en 2006, mientras que las importaciones de productos coreanos superaron ese mismo año los 10 mil 600 millones. Es un asunto importante, y seguramente está muy presente en las negociaciones que se llevan a cabo actualmente para alcanzar un acuerdo de libre comercio.
México y Corea del Sur siguen trabajando para convertirse en socios verdaderamente estratégicos. La tarea del Embajador Jong-Chan Won y la elección en diciembre pasado del nuevo Presidente Lee Myung-bak abren una nueva etapa en las relaciones entre nuestros dos países que, seguramente, permitirá imprimirles un dinamismo aún mayor. En mi caso personal, haber participado en la Comisión Siglo XXI representó una oportunidad extraordinaria para conocer ese gran país, y estar en condiciones de aportar un pequeño grano de arena al acercamiento de nuestros dos pueblos sirviendo ahora como Cónsul Honorario de la República de Corea en Monterrey.
El Norte
12 de marzo de 2008
Existen muchas razones que explican la percepción de que la política exterior durante el sexenio anterior arrojó un balance negativo. El enfriamiento de la relación con Estados Unidos y la consecuente incapacidad para lograr el ansiado acuerdo migratorio bilateral, la pérdida de espacios de interlocución en América Latina por las fricciones con varios países de la zona, o la falta de avances para impulsar lazos más productivos con la Unión Europea, son algunos de los elementos que se citan con mayor frecuencia para construir una narrativa en donde se han impuesto episodios y anécdotas desafortunadas.
Sin embargo, es un hecho que también existen algunos ejemplos de logros valiosos que contribuyeron a darle una mayor proyección a la presencia de México en regiones estratégicas, como Asia, así como para integrar a un mayor número de actores, tanto públicos como no gubernamentales, en el diseño de iniciativas de política exterior muy prometedoras. Sin duda, uno de los casos más notables fue el nuevo enfoque que se le dio a la relación con Corea del Sur.
Desde el inicio de la década de los 90, nuestro país buscó fortalecer su presencia en una de las áreas más dinámicas del planeta. A la apertura de embajadas en países como Tailandia, Singapur, Malasia y Nueva Zelanda, se sumó nuestro ingreso en 1993 a APEC, el foro de cooperación económica del Pacífico Asiático. Después de las difíciles negociaciones con China para lograr su entrada a la Organización Mundial de Comercio durante el sexenio del Presidente Zedillo, la llegada de la alternancia con el triunfo del PAN en las elecciones presidenciales del 2000 generó condiciones para dar paso a un nuevo capítulo en las relaciones con países asiáticos que ofrecían un gran potencial de crecimiento.
Entre éstos, Corea destacaba por su desarrollo económico en sectores claves, como el de las tecnologías de la información. También, por el indudable éxito de sus políticas educativas, como lo muestra un estudio comparativo entre los sistemas de ese país y México publicado en 2006 por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (www.inee.edu.mx/images/stories/
documentos_pdf/Publicaciones/MexicoyCorea/mexicoycoreac.pdf).
El Gobierno del Presidente Fox buscó elevar las relaciones bilaterales con Corea, al mismo nivel de importancia que hasta entonces sólo habían tenido los intercambios con Japón y China. La forma en la que se buscó replantear los vínculos políticos, económicos y culturales entre los dos países resultó novedosa: durante la visita de Estado que realizó el mandatario mexicano a ese país en 2001, se anunció el establecimiento de la Comisión México-Corea Siglo XXI.
Cuando el Secretario de Relaciones Exteriores de México, Jorge G. Castañeda, me invitó a formar parte de esa Comisión, no sabía exactamente qué esperar. Se trataba de integrar un grupo multidisciplinario de mexicanos y coreanos, compuesto por destacados empresarios, académicos, legisladores y diplomáticos. El encargo que recibimos de ambos presidentes fue estudiar todos los aspectos de la relación, para proponer acciones concretas y definir estrategias a largo plazo que contribuyeran a fortalecerla.
El esfuerzo valió la pena. Nos reunimos en varias ocasiones, tanto en Seúl como en la Ciudad de México. Las diferentes perspectivas de los integrantes enriquecieron las discusiones y nos permitieron combinar elementos para darle una visión integral a nuestro trabajo. Identificamos oportunidades para que nuestras dos economías se complementen y aprovechen las ventajas que ofrece su respectiva ubicación al lado de los mayores mercados mundiales -Estados Unidos y China-, a la vez que evaluamos medidas para darle un enfoque más preciso a las tareas de cooperación bilateral.
Finalmente, en el 2005 presentamos nuestro informe (www.consejomexicano.org/download.php?id=115341,719,7), incluyendo la recomendación que permitió establecer un Acuerdo de Asociación Estratégica para la Prosperidad Mutua, durante la visita a México del entonces Presidente coreano Roh Moo-hyun.
Este mecanismo ha producido avances importantes. En particular, ha generado espacios para abordar temas delicados, como el marcado déficit comercial que sigue arrastrando nuestro país. Según cifras de la Secretaría de Economía, nuestras exportaciones apenas sumaron poco más de 460 millones de dólares en 2006, mientras que las importaciones de productos coreanos superaron ese mismo año los 10 mil 600 millones. Es un asunto importante, y seguramente está muy presente en las negociaciones que se llevan a cabo actualmente para alcanzar un acuerdo de libre comercio.
México y Corea del Sur siguen trabajando para convertirse en socios verdaderamente estratégicos. La tarea del Embajador Jong-Chan Won y la elección en diciembre pasado del nuevo Presidente Lee Myung-bak abren una nueva etapa en las relaciones entre nuestros dos países que, seguramente, permitirá imprimirles un dinamismo aún mayor. En mi caso personal, haber participado en la Comisión Siglo XXI representó una oportunidad extraordinaria para conocer ese gran país, y estar en condiciones de aportar un pequeño grano de arena al acercamiento de nuestros dos pueblos sirviendo ahora como Cónsul Honorario de la República de Corea en Monterrey.
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