Wednesday, October 24, 2007

Mejores consensos

Javier Treviño Cantú
El Norte
24 de octubre de 2007

La reunión del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial reflejó los límites de la arquitectura financiera internacional construida hace poco más de medio siglo, y confirmó el surgimiento de nuevos equilibrios entre los países más desarrollados y las llamadas economías "emergentes".

Como todos los años, la élite financiera mundial se dio cita en Washington para asistir a la reunión conjunta de dos de las principales instituciones surgidas en Bretton Woods. Y, como ya es costumbre, el evento estuvo marcado por profundos desencuentros.

La crisis desatada por el colapso del mercado hipotecario de alto riesgo de Estados Unidos, sin duda ha demostrado la creciente complejidad del sistema financiero internacional. Como señaló recientemente el semanario inglés The Economist, desde el año pasado un economista del Banco Internacional de Pagos (www.bis.org/publ/work216.htm) advirtió que los cambios producidos por la liberación financiera, el éxito de las políticas anti-inflacionarias y la propia globalización, exigían acciones mucho más firmes para evitar tensiones a gran escala.

Las advertencias no fueron escuchadas por las instituciones encargadas de prevenir este tipo de situaciones. Y los reclamos no se han dejado esperar. El Ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, destacó lo "irónico" que resulta el hecho de que hasta ahora la reciente turbulencia financiera haya afectado principalmente a los países que han impuesto los criterios sobre buen gobierno financiero.

La reunión también permitió comprobar el gran peso que han ganado las economías emergentes. El crecimiento acelerado de países como China o la India; el incremento en los precios del petróleo, alimentos y otros productos básicos; los avances macroeconómicos; y el evidente cambio en las percepciones de riesgo entre los inversionistas, les están dando más capacidad de influencia que nunca.

Estas fortalezas se están traduciendo en alternativas concretas al FMI. Un caso se está dando en Asia, con la "Iniciativa de Chiang Mai", lanzada en el 2000 por los países de la Asociación del Sudeste Asiático, Japón, China y Corea del Sur. Otro ejemplo es el "Banco del Sur". Su lanzamiento está programado para el próximo 3 de noviembre, y gracias a las aportaciones de Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay tendrá un capital inicial aproximado de 7 mil millones de dólares.

Además, algunas economías emergentes buscan canalizar los recursos financieros que han acumulado a través de "fondos soberanos de inversión". Según algunos cálculos, estos instrumentos representarían activos de entre dos y tres mil billones de dólares. Son cifras gigantescas, que podrían llegar a desequilibrar los mercados globales. Por ello están tratando de ser regulados por organismos como el FMI, con la consecuente oposición de los países que los controlan.

Quizás uno de los aspectos más destacados de la reunión anual del Fondo y del Banco ha sido la discusión generada sobre los modelos de desarrollo. Las propias cifras del Panorama Económico que dio a conocer el FMI lo dicen todo: mientras se espera que China crezca este año 11.5 por ciento y la India 8.9 por ciento, América Latina en su conjunto previsiblemente lo hará 5 por ciento. Para México, la cifra anticipada es un desalentador 2.9 por ciento.

Ante esta realidad, algunos expertos consideran que habría que cambiar el viejo "consenso de Washington" por uno "mejor". Kuan Lee, de la Universidad Estatal de Seúl, John Matheus de la Universidad Macquarie de Australia, y Robert Wade de la London School of Economics, plantearon un enfoque basado en las políticas seguidas por Beijing, Seúl y Tokio, bautizándolo en inglés como el "BeST Consensus".

La propuesta, publicada hace unos días en el diario Financial Times, incluiría impulsar políticas para apoyar el desarrollo de las capacidades empresariales y tecnológicas de compañías locales. Considera que los gobiernos deben jugar un papel activo para compensar las deficiencias en la estructura de los mercados; no sólo a través de instituciones dedicadas a promover exportaciones, sino también de la sustitución de importaciones con mecanismos que aseguren la competitividad de las empresas beneficiadas.

También incluiría esquemas de financiamiento complementarios, y el suministro de información oportuna y de calidad sobre oportunidades de negocio. Sobre todo, este mejor consenso pone énfasis en impulsar una educación superior de excelencia, un punto que, como señalan los autores, nunca estuvo entre las prioridades del anterior esquema surgido en Washington.

A final de cuentas, el nuevo Director Gerente del Fondo, el francés Dominique Strauss-Kahn, heredará asuntos pendientes tan complejos como la reestructuración del organismo para reducir su déficit presupuestal y la reforma al sistema de cuotas para elevar el grado de representación de las economías emergentes. Con todo, en esta reunión también empezaron a perfilarse nuevos y mejores consensos que, con un poco de suerte y mucho trabajo, podrían ayudar a que países como el nuestro enfrenten las nuevas condiciones de una economía y un sistema financiero global radicalmente diferentes a los de la época cuando se crearon el FMI y el Banco Mundial.

Wednesday, October 10, 2007

Desencanto global

Javier Treviño Cantú
El Norte
10 de octubre de 2007

Después de una campaña que dividió y enfrentó al país, Costa Rica finalmente votó a favor del acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Era el único país que no había ratificado el tratado negociado en el 2004, junto con Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y la República Dominicana.

La forma en la que se resolvió el asunto representó un proceso único, ya que es la primera vez que la aceptación o el rechazo a un instrumento de este tipo se decide mediante un referéndum. Sin embargo, también es un ejemplo de un proceso mucho más amplio, que está reflejando las tensiones y los temores provocados por la globalización. No sólo entre los países "emergentes", sino también en naciones desarrolladas como la de nuestros vecinos del norte.

Someter el acuerdo a un referéndum representó una prueba de fuego para la democracia costarricense. El Presidente Óscar Arias, consciente del riesgo que significaba para su país quedar aislado de un mecanismo en el que participan todos sus vecinos centroamericanos -excepto Belice y Panamá, que negociaron su propio TLC con Estados Unidos-, decidió jugarse todo a una carta muy arriesgada.

El ejercicio democrático acabó contando con todos los elementos para darle un tono dramático a la contienda. Se enfrentaron dos bandos claramente definidos, con el gobierno, la mayoría del sector privado e incluso Washington a favor del "sí", y un grupo muy diverso a favor del "no". Entre ellos estaban sindicatos, grupos de académicos y estudiantes, sectores políticos de centro-izquierda, miembros de la iglesia católica y organizaciones sociales.

El proceso estuvo marcado por el escándalo. El vicepresidente Kevin Casas tuvo que renunciar, tras la filtración de un memorándum en el que recomendaba emprender una campaña para provocar temor entre los trabajadores afectados por el rechazo al acuerdo. El grupo opositor también buscó generar miedo, argumentando que la apertura de sectores como el agropecuario o el de las telecomunicaciones traería consecuencias devastadoras.

Además, las encuestas generaron incertidumbre. Dos meses antes, los sondeos daban como ganador al "sí", pero en las últimas semanas el "no" cerró la brecha y, a unos días de la votación, el periódico Al Día le daba una mínima ventaja a los oponentes del acuerdo. Las encuestas fueron atinadas, ya que el resultado final fue muy cerrado: con un 60 por ciento de participación, 51.6 por ciento estuvo a favor y 48.4 por ciento en contra, según los últimos datos disponibles.

Lo más delicado es que los estrategas de ambos lados convirtieron el referéndum en una lucha de clases entre "ricos y pobres"; entre aquellos dispuestos a competir en el terreno de la dura economía globalizada, contra los defensores de una economía nacionalista y de una cultura con características propias.

En realidad esto no es sorprendente. Como lo muestra una encuesta sobre percepciones globales del Centro Pew (http://pewresearch.org/pubs/607/global-trade-immigration), el temor a los efectos del libre comercio y la migración internacional está manifestándose con más fuerza que nunca.

En los 47 países donde se realizó el estudio, la mayoría de los participantes reconoció los beneficios del comercio global y la economía de mercado. Esto fue más notorio en regiones como Asia y América Latina; sin embargo, destacó que el "entusiasmo" por el libre comercio ha disminuido significativamente durante los pasados cinco años en países como Estados Unidos, Italia, Francia y el Reino Unido.

Prácticamente en todos los lugares incluidos en la encuesta la gente dijo temer una pérdida de su cultura tradicional e identidad nacional. Por la misma razón, la mayoría también manifestó que éstas deberían ser protegidas contra las "amenazas externas".

El aspecto más preocupante de la encuesta es que el temor a otras influencias culturales y el desencanto con las ventajas que ofrece el libre comercio se reflejan en una inquietud generalizada por los efectos de la migración internacional. Tanto en países ricos como en los que están en proceso de desarrollo, una amplia mayoría de los encuestados -incluyendo 71 por ciento en México- se mostró a favor de imponer controles migratorios más estrictos.

Como lo hemos visto en nuestro país, desde mediados de los años 80, y especialmente a raíz del TLC con Estados Unidos y Canadá, la globalización nos ha brindado muchas oportunidades. Al mismo tiempo, nos ha planteado retos que no hemos logrado enfrentar con la velocidad y la precisión necesarias para que sus beneficios alcancen a la gran mayoría de los mexicanos.

Esto se muestra con todo su dramatismo en el éxodo de los millones de migrantes indocumentados que se han ido a Estados Unidos para encontrar trabajos mejor pagados. Ahora, ellos son los que están sufriendo a nivel local las consecuencias del fracaso para alcanzar una reforma migratoria integral en Washington.

La ratificación por parte de Costa Rica del acuerdo comercial tendrá consecuencias no sólo para ese país, sino para toda la región en donde México está buscando recuperar su liderazgo. Esperemos que nuestra experiencia, y las de tantos otros países que están luchando por aprovechar lo mejor de la globalización, les sirva para no cometer los mismos errores que nosotros no hemos sabido reconocer, ni superar.

Wednesday, September 26, 2007

Ironías de la historia

Javier Treviño Cantú
El Norte
26 de septiembre de 2007

La historia se repite. Igual que a principios de la década pasada, la relación entre México y Estados Unidos pasa por un momento clave. La búsqueda de acuerdos fundamentales con una administración que va de salida, coincide con una elección presidencial en donde los principales temas de la agenda común -seguridad, migración y comercio- pueden ser determinantes para definir quién será el próximo ocupante de la Casa Blanca.

En 1992, la negociación del TLC de América del Norte coincidió con la lucha por la Presidencia estadounidense entre el republicano George Bush padre, el demócrata Bill Clinton y Ross Perot. El empresario texano acuñó una de las frases más recordadas de aquella elección, cuando sostuvo que el sonido del TLC era parecido al de una gigantesca aspiradora, por la gran cantidad de empleos que supuestamente irían a parar a México.

A final de cuentas, Clinton ganó, concluyó la negociación y apoyó la ratificación del tratado comercial concebido por la Administración Bush. Pero, en lugar de que la aspiradora del TLC succionara empleos hacia nuestro país, la crisis de 1994-95, la falta de un mecanismo trilateral para apoyar el desarrollo acelerado de México y la ausencia de reformas estructurales acabaron por detonar el crecimiento explosivo de la migración hacia el vecino país.

Ahora, los gobiernos de Felipe Calderón y George W. Bush están negociando un acuerdo de largo alcance en materia de seguridad, que podría tener efectos tan trascendentes como los del TLC.

El domingo pasado, nos volvimos a enterar por un periódico estadounidense, el Dallas Morning News, que las negociaciones van muy avanzadas. En sus declaraciones al diario, la Canciller Patricia Espinosa comentó que ya había terminado la parte "técnica" de las discusiones, y que había un claro entendimiento respecto a los programas de cooperación que se busca impulsar.

La nota confirmó que la ayuda ofrecida sumaría mil millones de dólares, y destacó que el plan deberá ser discutido y aprobado por el Congreso de Estados Unidos. Además, reveló que se estaría considerando una posible visita del Presidente Calderón al rancho del Presidente Bush, en Texas, para que los mandatarios presenten conjuntamente la iniciativa.

Altos funcionarios mexicanos, citados por el diario, insistieron en que lo significativo del acuerdo no estaría en el nivel de la ayuda estadounidense, sino en la adopción de un enfoque "corresponsable" para hacer frente a las organizaciones criminales transnacionales. Sin embargo, unos días antes, la GAO (la oficina del Congreso encargada de revisar las cuentas y los programas del gobierno estadounidense) presentó un reporte que nos da una idea más clara de lo que puede significar esta "corresponsabilidad".

Según el informe, desde al año pasado Estados Unidos tiene lista una "estrategia antinarcóticos para la zona fronteriza del suroeste", que estaría siendo "revisada" ante las acciones emprendidas por el Gobierno mexicano para combatir al crimen organizado. La GAO recomienda centrarse en cuatro puntos para maximizar su éxito:

1) Promover una mayor coordinación entre el Departamento de Defensa de EU y las Fuerzas Armadas de México; 2) alcanzar un acuerdo de cooperación marítima para que las autoridades estadounidenses puedan interceptar y abordar embarcaciones en aguas soberanas de México; 3) restablecer la "Operación Halcón" de vigilancia aérea en la frontera, resolviendo los pendientes relacionados con las responsabilidades en que podrían incurrir los pilotos estadounidenses; y 4) evaluar el equipo aéreo que necesita México para determinar la ayuda que puede ofrecer Estados Unidos.

En el documento de la GAO queda claro lo mucho que ellos esperan de nosotros. Lo que seguimos sin saber es qué está pidiendo el Gobierno mexicano, en qué va a ceder cada parte, y a cambió de qué.

La "ventana de oportunidad" es muy estrecha para que el Congreso de Estados Unidos autorice este año los fondos que requiere un plan de tales dimensiones. Además, por la complejidad del tema y las diferencias partidistas al respecto, la discusión entre los congresistas estadounidenses -y ojalá que también entre los legisladores mexicanos- deberá ser muy cuidadosa. En ese sentido, sería lógico que, en el mejor de los casos, un auténtico plan de cooperación de seguridad bilateral pudiera empezar a aplicarse hasta el próximo año; es decir, cuando la elección presidencial de Estados Unidos estará en pleno apogeo.

Al proceso electoral de nuestros vecinos todavía le falta mucho. Pero es un hecho que, hasta ahora, los demócratas le llevan una amplia delantera a los republicanos en casi todas las encuestas de opinión, y que, entre los demócratas, Hillary Clinton está consolidando la ventaja que tiene sobre sus principales oponentes.

Resultaría irónico que, en uno de los escenarios más probables, la Senadora Clinton ganara la Presidencia de Estados Unidos, y que su Gobierno tuviera que acabar de negociar y apoyar la ratificación del acuerdo de seguridad concebido por la administración de George W. Bush. Por lo pronto, a casi 15 años del TLC, otros miembros de las familias Bush y Clinton están jugando papeles centrales en un nuevo tipo de cooperación bilateral.

Wednesday, September 12, 2007

Desastres políticos naturales

Javier Treviño Cantú
El Norte
12 de septiembre de 2007

Los ejes de la política interna y la política exterior del gobierno del Presidente Felipe Calderón volvieron a cruzarse. Ahora fue en la coyuntura del primer Informe y la gira que realizó a Nueva Zelanda, Australia -para participar en la reunión del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC)-, y la India.

Junto con el combate al crimen organizado, la política exterior ha sido uno de los terrenos que más frutos le han redituado al Presidente Calderón en el primer tramo de su gobierno. El trabajo serio y profesional de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que ha permitido ir recuperando lo mejor de la tradición diplomática de nuestro país, se convirtió en una pieza clave de la estrategia seguida por la actual administración para contrastarse simbólicamente con la de su antecesor.

Esta vez, después de entregar por escrito el primer Informe de Gobierno en la Cámara de Diputados y del mensaje televisado desde Palacio Nacional al día siguiente, en lugar de que el Presidente y su gabinete salieran a promover sus logros, casi todos desaparecieron del mapa informativo. Con ello, crearon un vacío que acabó por desinflar el circo armado alrededor del evento ritual.

Ante la avalancha de críticas por la "falla técnica" que sacó del aire a la diputada Ruth Zavaleta, y en un tenso ambiente político por la discusión simultánea de las reformas electoral y fiscal, prácticamente la única dependencia que salió a dar la cara ante los medios fue Relaciones Exteriores. El inminente viaje del Presidente Calderón a Oceanía y la India abrió el espacio para citar a una inusual conferencia de prensa en la Cancillería.

Sin embargo, la evaporación mediática del propio Presidente Calderón hizo que el arranque de su nueva gira internacional fuera totalmente "anticlimático". A diferencia de sus viajes previos, esta vez el Mandatario no ofreció ni una sola entrevista, a medios nacionales o extranjeros, para precisar personalmente los objetivos de la excursión asiática.

En medio de las tormentas e inundaciones causadas por el huracán "Henriette", resultó paradójico que Calderón viajara precisamente para discutir la forma de combatir el cambio climático en la reunión de los líderes de las economías de APEC. Junto con las visitas a Nueva Zelanda y la India para impulsar su diplomacia comercial, esta gira marcó así la culminación de una primera etapa, en la que el Presidente ha ido cumpliendo -en la forma, más que en el fondo- cada uno de los objetivos centrales que se trazó al inicio de su administración.

Después de dedicarle una atención prioritaria a América Latina para recomponer relaciones maltrechas; de realizar dos giras a Europa para tratar de equilibrar el enorme peso que ejerce nuestra cercanía a Estados Unidos; de buscar "en lo oscurito" un replanteamiento de la cooperación sobre seguridad con nuestro vecino del norte; y de decidirse a jugar un papel activo en los foros multilaterales manteniendo la candidatura de México al Consejo de Seguridad de la ONU en 2009-2010, solamente faltaba la visita a Asia para acabar de "palomear" la lista de tareas iniciales.

En el fondo, sin embargo, la gira deja dos grandes pendientes. El primero es regional: este viaje no incluyó visitas a China y Japón, con lo que se pospuso el relanzamiento de dos relaciones bilaterales claves para México. El segundo pendiente es de carácter estratégico: una vez cumplidas las formas diplomáticas de esta primera etapa, ahora es necesario dotar de verdadero contenido a la política exterior de nuestro país.

El problema, como se vio en las distintas conferencias de prensa que sí tuvo que ofrecer el Presidente Calderón durante la gira, es que el eje de la política interna seguirá reclamando la mayor parte de su atención. Sobre todo, porque los desastres naturales causados por los huracanes que deberá atender, no se comparan con el desastroso giro que está tomando el panorama nacional. Ni modo: toda la política es local.

A su regreso lo esperan cinco malas noticias: 1) una segunda llamada de alerta sobre los riesgos reales para nuestra seguridad nacional, después de los nuevos atentados contra la infraestructura energética del País; 2) la evidente falta de previsión de los aparatos de inteligencia y de capacidad operativa por parte de los encargados de la gobernabilidad del País; 3) un rompecabezas legislativo que obstaculiza el logro de reformas económicas y políticas realmente estructurales, con todo el lastre para nuestra estabilidad y competitividad que ello implica; 4) la reactivación de los enfrentamientos con la dirigencia del PAN; y 5) un nuevo escándalo internacional, por la detención en Estados Unidos del que fuera zapatero personal del ex Presidente Fox, Martín Villegas, acusado por el Departamento de Justicia de aquel país de tráfico ilegal de especies en peligro de extinción y lavado de dinero, después de una investigación que tenía más de tres años.

Después de esta gira, las únicas buenas noticias en casa para el Presidente Calderón son que puede contar con una Cancillería que ahora sí está dedicada a hacer su trabajo con eficacia, y que siempre podrá seguir contando con su antecesor para recordarnos que no todo tiempo pasado fue mejor.

Wednesday, August 29, 2007

Inteligencia 2.0

Javier Treviño Cantú
El Norte
29 de agosto de 2007

Los nuevos "medios sociales" de comunicación, conocidos como Web 2.0, pueden tener un profundo impacto en las instituciones gubernamentales y las empresas. Todavía es muy pronto para medir su efecto, ya sea en la estructura de las organizaciones, o en la forma en la que pueden facilitar una comunicación interna y externa más productiva.

Pero el hecho de que los medios 2.0 estén siendo adoptados no sólo por un creciente número de compañías en todo el mundo, sino también por instituciones de gobierno tan complejas como la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, indica que su aplicación va mucho más allá de una tendencia pasajera.

Los medios 2.0 se distinguen, al menos, por tres razones: 1) Los usuarios juegan un papel central en la producción de contenidos -como los blogs- y en el establecimiento de redes "colaborativas" para la generación y actualización constante de bases de datos e información institucional, con base en modelos similares a la Wikipedia.

2) Incluyen plataformas de comunicación basadas en internet, desde sistemas de correo electrónico e intranets de acceso restringido, hasta sitios para la interacción social como Facebook.

3) Utilizan sistemas para "agregar" noticias e información, como los que permiten incluir datos en los mapas de Google Earth, y recibir servicios informativos a través de RSS ("sindicación realmente simple") o transmisiones de audio y video de los podcasts.

La semana pasada, la firma de consultoría McKinsey dio a conocer un estudio sobre el uso de medios 2.0, basado en una encuesta a más de 2 mil 800 altos ejecutivos de compañías de todo el mundo. Sus resultados son reveladores. Setenta por ciento de los entrevistados señaló que usan una combinación de estas tecnologías para mantener relaciones con sus clientes que van mucho más allá de las ventas. Por ejemplo, a través de blogs establecen un diálogo directo que les permite mejorar su atención al cliente, e inclusive desarrollar nuevos productos y servicios.

Dentro de las empresas, las tecnologías más eficaces son las que facilitan la colaboración, en especial las "wikis". Su uso permite superar barreras entre los niveles jerárquicos y las distintas funciones de la organización, generando un flujo constante de información entre todas las áreas para alcanzar un mismo objetivo.

El estudio destaca que el éxito de estas iniciativas depende de dos factores claves:

1) El apoyo de las áreas directivas, para asegurar que toda la organización cuente con los recursos y los espacios de colaboración necesarios; y 2) el establecimiento de reglas muy claras, para evitar que el uso de estos medios resulte contraproducente (por ejemplo, al generar mensajes contradictorios en los blogs, en donde se confunda una opinión personal con la postura institucional de la organización), o distraiga a la gente de sus responsabilidades fundamentales.

La aplicación de estas tecnologías 2.0 en el terreno empresarial ya tiene tiempo. Sin embargo, el caso que está generando una gran controversia sobre sus ventajas y riesgos, es la decisión que tomó la Dirección Nacional de Inteligencia de Estados Unidos de incorporarlas.

La "comunidad" de agencias estadounidenses dedicadas al espionaje, la intercepción de señales electrónicas y el análisis de datos clasificados e información "abierta" tienen fama de ineficiente por algunas fallas evidentes. Dos de las más recientes son la incapacidad para prevenir los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, y el fiasco de las armas de destrucción masiva que supuestamente estarían en poder del régimen de Sadam Hussein, y que sirvieron como argumento para la invasión de Iraq.

La misma naturaleza "secreta" del trabajo que implican las tareas de inteligencia, la rivalidad histórica entre las distintas agencias, la incompatibilidad de sus respectivos sistemas tecnológicos y una cultura que "compartamentaliza" la información son algunos de los elementos que han impedido generar auténtica inteligencia, con la rapidez y flexibilidad necesarias para responder a las nuevas amenazas transnacionales que enfrenta la superpotencia.

Ante este escenario, en el 2005, Calvin Andreus ganó un concurso, convocado por la CIA, con un ensayo sobre los blogs y wikis como medios para que la comunidad de inteligencia tuviera la capacidad de adaptarse al inseguro mundo actual. A mediados de este año, el director de Inteligencia Nacional, Mike McConnell, publicó su propio ensayo en la revista Foreign Affairs, señalando que estaba en proceso de crear "comunidades virtuales de analistas".

Ahora, el diario inglés Financial Times reportó que, para finales de este año, la comunidad de inteligencia estadounidense podrá interactuar en un sitio llamado "A-Space", siguiendo el modelo de MySpace. También contará con una "Intellipedia", basada en el esquema colaborativo de la Wikipedia, y con una biblioteca digital.

Si en el caso de las empresas todavía no existen mejores prácticas para evaluar el impacto de los medios 2.0, medir su éxito en un área tan sensible como la comunidad de inteligencia de Estados Unidos dependerá de un referente muy claro: su capacidad para alertar a tiempo sobre un nuevo ataque terrorista o alguna otra amenaza a gran escala.

Wednesday, August 15, 2007

Desencuentro norteamericano

Javier Treviño Cantú
El Norte
15 de agosto de 2007

El encuentro que sostendrán el próximo lunes los líderes de México, Estados Unidos y Canadá en Montebello, Québec, tal vez refleje con más claridad que nunca las desventajas y los límites de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN).

Desde que se lanzó en marzo del 2005, este controvertido mecanismo ha generado más dudas que certidumbre. Su naturaleza opaca, alejada de la luz que pudieran arrojar los congresos de cada país, ha provocado sospechas acerca de sus verdaderos objetivos y alcances.

El propósito de la Alianza es impulsar la competitividad regional y vincular la prosperidad con la seguridad colectiva. Sin embargo, en el caso de nuestros dos vecinos del norte no parece estarlo logrando, como lo muestran dos ejemplos recientes. El primero tiene que ver con la añeja controversia comercial por las exportaciones canadienses de madera "suave". Después del acuerdo alcanzado en octubre del 2006, a principios de este mes la Representante Comercial de Estados Unidos, Susan Schwab, consideró que Canadá estaba violando el convenio y decidió llevar el caso ante la Corte Internacional de Arbitraje de Londres.

El segundo ejemplo son las diferencias por la intención que tiene Canadá de ejercer su soberanía sobre el "paso marítimo del noroeste", que puede conectar a los océanos Pacífico y Atlántico ante el descongelamiento provocado por el calentamiento global.

Estados Unidos sostiene que debe ser un espacio abierto a la navegación internacional, pero el Primer Ministro canadiense, Stephen Harper, tiene otro punto de vista: ha adoptado un discurso nacionalista, señalando que "o ejercen su soberanía o la pierden", e incluso ha tomado decisiones de corte "belicista" para ejercer control sobre el paso marítimo, como la compra de barcos para patrullarlo y el establecimiento de dos nuevas bases militares. Habrá que ver si en la reunión del lunes se da a conocer alguna medida que ayude a romper el hielo entre los aliados, pero parece improbable.

En lo que toca a México, la opacidad de la ASPAN dificulta saber si es el mecanismo a través del cual se está tratando de alcanzar el nuevo esquema de cooperación sobre seguridad con Estados Unidos. Desde que las historias periodísticas provenientes del norte nos alertaron sobre la negociación para dar un nuevo enfoque a la ayuda que ofrece el vecino, nunca se ha planteado que las discusiones se dieran en el marco de la Alianza.

A principios de mes, la más reciente historia nos llegó mediante el Washington Post. Se señalaba que el acuerdo estaba a punto de concretarse y que implicaba la participación activa del Congreso estadounidense, ya que los montos de la ayuda considerados irían de los cientos a los miles de millones de dólares.

Las autoridades mexicanas tuvieron que confirmar la nota, pero los detalles y las condiciones del proyecto siguen manteniéndose en la sombra. Algunos pensaron que la próxima reunión trilateral en Canadá podría servir para hacer el esperado anuncio del llamado "Plan México", pero esto también parece improbable. La participación del Congreso estadounidense en el acuerdo iría en contra del espíritu "discreto" que ha caracterizado a la ASPAN, por lo que hay pocas posibilidades de que se formalice la próxima semana.

En cuanto a la agenda para la prosperidad, la Alianza ha registrado algunos avances importantes. Aunque tampoco se enmarcó como parte de los esfuerzos de la ASPAN, la firma -esta semana- del "Plan Estratégico Aduanero Bilateral México-EU" está plenamente alineada con sus objetivos originales.

Además, la creación de organismos como el Consejo Norteamericano para la Competitividad ha permitido generar relaciones constructivas entre los sectores privados de los tres países y otros actores comprometidos con el avance de la región. Es un esquema valioso, que puede impulsar una participación más activa de nuestras respectivas sociedades en la búsqueda de soluciones eficaces a los retos que compartimos.

Aun así, la Alianza no ha contribuido a superar algunas de nuestras viejas controversias comerciales bilaterales, como el acceso de los camiones de carga mexicanos a Estados Unidos; ni permite abordar con un enfoque regional el tema migratorio. Éste es el principal obstáculo para fortalecer la competitividad de América del Norte, pero como la Alianza no contempla su discusión, seguimos arrastrando un lastre cada vez más pesado.

Hasta ahora, la ASPAN no le ha reportado ventajas clave a México en los principales terrenos de la agenda bilateral: migración, competitividad y seguridad. ¿Cuál es el sentido de mantener la estructura de una Alianza que no nos está produciendo ganancias netas?

Si la Cumbre de Montebello resulta un desencuentro, habrá que buscar en otra parte las definiciones para impulsar una mayor seguridad y prosperidad de América del Norte. Como con tantas otras cosas, primero tendremos que esperar al cambio de administración en Estados Unidos para replantear a fondo estructura, agenda y compromiso con la transparencia de la ASPAN. Claro está, a no ser que México o Canadá se decidan a hacer una propuesta viable para sustituirla por un nuevo mecanismo, que conduzca al establecimiento de una auténtica Alianza.

Wednesday, August 01, 2007

Historias del norte

Javier Treviño Cantú
El Norte
1 de agosto de 2007

Los medios de comunicación han sido uno de los principales motores de la democratización de México. La prensa escrita y los medios electrónicos han jugado un papel determinante en este proceso y, sin embargo, hoy sus esfuerzos parecen estar quedándose cortos. Sobre todo, en el terreno del periodismo de investigación.

Ante la presión impuesta por internet, los periódicos buscan rivalizar con la radio y la televisión a través de sus sitios electrónicos. En el camino, pueden perder su esencia. Como señaló hace poco el escritor Héctor Aguilar Camín, leyendo los diarios mexicanos "uno se entera de lo que pasa sin entender lo que sucede". Tiene razón. La mayoría de los periódicos se están convirtiendo en un espacio donde se multiplican narrativas inconexas, que acaban perdiéndose en el tiempo. Cada nuevo escándalo sepulta al anterior. Los hilos quedan sueltos.

La tendencia resulta conveniente para algunos actores. En especial para los gobiernos, que siempre han sido el principal objetivo de atención periodística. Ante un público saturado de noticias "sueltas", si un gobierno logra superar la primera andanada mediática cuando ocurre algún asunto delicado, puede esperar que la atención vaya diluyéndose, hasta que surja el nuevo tema que acapare las primeras planas.

Algo de esto parece estar ocurriendo con la estrategia del actual gobierno mexicano en lo que toca a su política de seguridad internacional.

Como no se veía desde el sexenio de Miguel de la Madrid, casi toda la información sobre las acciones que aparentemente se están impulsando para promover nuevos esquemas de cooperación en materia de seguridad a nivel regional -tanto con Estados Unidos como con Centroamérica y Colombia- nos están llegando a través de la prensa extranjera. O, en el mejor de los casos, mediante breves apuntes de los principales corresponsales mexicanos en Washington.

Por ejemplo, a mediados de marzo, después de la visita del Presidente Bush a Mérida, el Presidente Calderón invitó al corresponsal del Washington Post a que lo acompañara en el TP-01 durante un vuelo de Mexicali al DF. Ahí, el Mandatario mexicano habló sobre su visión y definió la relación bilateral como "compleja y difícil", y calificó de "absurdas" las políticas estadounidenses para ejercer un mayor control fronterizo, incluyendo la construcción del muro. Con ello reafirmó una estrategia basada en el reclamo público como base para replantear los términos de la cooperación bilateral.

El 3 de mayo, el San Antonio Express News reportó que el gobierno de Estados Unidos había decidido entregarle a la AFI un sofisticado sistema para interceptar llamadas telefónicas, correos electrónicos y otras formas de comunicación electrónica. Ese mismo día, el Embajador mexicano ante Washington "aclaró" que el sistema no era una transferencia de gobierno a gobierno, sino que había sido comprado directamente por México, lo cual fue reportado al día siguiente por EL NORTE y otros medios.

Sin embargo, a finales de ese mismo mes, Los Angeles Times precisó que los fondos para la adquisición del equipo sí provenían del Departamento de Estado. "Es una operación del gobierno mexicano financiada por los Estados Unidos", señaló en una cita textual Susan Pittman, funcionaria de ese Departamento, quien pidió que cualquier pregunta al respecto se le hiciera al gobierno de nuestro país. Pero aquí nadie pareció interesado en aclarar de quién es el equipo, con qué dinero se pagó, cuáles fueron las condiciones impuestas para comprarlo y, lo más importante, si hay algún acuerdo para compartir la inteligencia que se derive de su uso.

La historia desapareció gracias a la controversia desatada por la negociación del supuesto "Plan México". El 10 de mayo, la información nuevamente provino del norte, ahora a través del Dallas Morning News. El tema generó un poco más de interés en nuestro país, pero la discusión se limitó a rechazar que esto pudiera representar un esfuerzo similar al "Plan Colombia", ya que no incluiría la participación directa de asesores militares estadounidenses en territorio nacional.

La atención sobre el "Plan México" fue disminuyendo, hasta que el Representante Silvestre Reyes reactivó el tema en la 46 Reunión Interparlamentaria, a principios de junio, en Austin, Texas. Al confirmar frente a los legisladores mexicanos que se había solicitado más ayuda para combatir al narcotráfico y la delincuencia organizada, Reyes volvió a agitar la tormenta. En el Senado las voces se alzaron para exigir que el gobierno mexicano explicara el alcance de las negociaciones. Y, como siempre, desde entonces no se supo nada más.

El tema del "Plan México" desapareció ante el nuevo escándalo desatado desde Estados Unidos, ahora por Zhenli Ye Gong. La historia sobre el supuesto origen de los 205 millones de dólares asegurados en la casa de Las Lomas, urdida por sus abogados estadounidenses, capturó la atención de los medios mexicanos. Ahora que Estados Unidos decidió procesarlo allá antes de considerar la solicitud para que sea extraditado a México, la información sobre las corruptelas que permitieron la importación de la seudoefedrina se convertirá en historias periodísticas que seguirán viniendo del norte.

Wednesday, July 18, 2007

Guerra ciberespacial

Javier Treviño Cantú
El Norte
18 de julio de 2007

¿Cuándo fue la última vez que habló por su teléfono celular? ¿Cuántas veces al día revisa su Palm, su BlackBerry o su mismo celular para ver si le llegó un nuevo correo electrónico o un mensaje de texto? ¿Maneja su cuenta bancaria por internet? ¿Ha hecho reservaciones, comprado boletos para un evento o realizado algún trámite de gobierno en línea? ¿Está leyendo este artículo en la edición impresa o en elnorte.com?

Desde principios de los 90, el avance de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ha mantenido un paso frenético. Las TIC han ganado tanto terreno, en tan poco tiempo, que hacer prácticamente cualquier cosa sin ellas ya resulta inimaginable. En muchos sentidos, nos han dado mayor libertad y, por lo mismo, seguridad.

Sin embargo, las TIC también nos han hecho más vulnerables. Dependemos cada vez más de ellas. Por eso, cuando fallan o, peor aún, cuando se usan para cometer delitos y realizar ataques en contra de alguna institución pública o privada, e inclusive un país entero, también pueden causar miedo y provocar consecuencias muy serias.

El temor al impacto tecnológico ha sido aprovechado desde hace mucho por la industria del entretenimiento. Películas como "Enemigo del Estado" mostraban la manera en que las TIC pueden ser usadas contra ciudadanos inocentes. Ahora tenemos un nuevo ejemplo, con el estreno de "Duro de Matar 4.0". Esta vez, Hollywood busca explotar el miedo a quedar desconectados.

La inseguridad que provocan las TIC no es gratuita. Estamos viendo cómo se multiplican todo tipo de virus y amenazas informáticas. Crímenes como el "robo de identidad" son cada vez más comunes, y las redes multinacionales dedicadas a la pornografía siguen creciendo. Los accidentes también ocurren con mayor frecuencia. A finales de junio, el daño a un cable de fibra óptica en las costas de Colombia dejó a millones de personas sin servicio de internet en cinco países de Centro y Sudamérica.

Pero el caso más grave registrado hasta ahora es el ataque masivo desatado hace poco en contra de toda la infraestructura informática de Estonia. De hecho, ya se le conoce como la primera guerra del ciberespacio.

Entre abril y mayo, durante tres semanas esta pequeña república perteneciente a la Unión Europea recibió un ciberataque tras otro. Según varios reportes periodísticos, los blancos incluyeron al sistema telefónico, los principales bancos, las dependencias de gobierno, el Parlamento, sitios de partidos políticos, diarios y estaciones de televisión.

El ciberataque fue despiadado. Por su duración sostenida y grado de sofisticación, difícilmente podría haber sido realizado por un "hacker" solitario. Las sospechas recayeron en Rusia, el poderoso vecino con el que Estonia ha tenido una difícil relación. El enfrentamiento más reciente se debió a la decisión de retirar la estatua de un soldado soviético que conmemoraba la II Guerra Mundial.

Las autoridades de Estonia esperaban algún tipo de reacción, pero nunca se imaginaron la dimensión que tendría. El Gobierno ruso negó haber tenido alguna responsabilidad, y el carácter anónimo de la ciberofensiva hace casi imposible identificar a los culpables.

Pero lo que sí quedó claro es que la propia naturaleza abierta de internet, y el éxito de las políticas públicas que ha impulsado Estonia para promover la conectividad, hicieron más vulnerable la seguridad nacional de este país.

El Reporte Global de Tecnología de la Información 2006-2007, del Foro Económico Mundial y la escuela de negocios INSEAD, describe la forma en que Estonia ha logrado convertirse en uno de los países más avanzados en el uso de las TIC. El liderazgo de Maart Laar, quien fuera Primer Ministro entre 1992 y 2002, ayudó a que Estonia desarrollara una regulación y un entorno propicios para la conectividad, al grado de que hoy todos sus ciudadanos tienen acceso gratis a internet de banda ancha desde cientos de ubicaciones en todo el país.

Los avances registrados hicieron que Estonia pasara del lugar 23, en el Índice de Conectividad 2005 del Foro Económico Mundial, al sitio número 20 en el del 2006-2007. Aunque México sigue muy retrasado en este terreno, también ha registrado cierto progreso. En el 2005 ocupamos el sitio 55, mientras que en el más reciente índice estamos ubicados en el lugar 49.

Para México, la primera guerra ciberespacial deja al menos dos lecciones. Una es que, conforme crece nuestra propia conectividad, tenemos que dedicarle mucha mayor atención a todo lo relacionado con la seguridad informática. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Internet, este año habrá en México casi 23 millones de "internautas", los cuales navegan a través de 63 millones de teléfonos celulares y 15 millones de PC, de las cuales 59 por ciento están conectadas a internet.

La otra lección es que México tiene que participar activamente en el debate que deberá darse pronto en los foros multilaterales. Como señala la revista The Economist, debemos definir con urgencia un código internacional que precise los distintos tipos de cibercrímenes, y la forma de castigar a nivel nacional uno de los fenómenos globales más peligrosos de nuestro tiempo. Si no lo hacemos, un día nos vamos a quedar desconectados.

Wednesday, July 04, 2007

Epitafio

Javier Treviño Cantú
El Norte
4 de julio de 2007

La reforma migratoria que se discutía en el Senado de Estados Unidos finalmente murió la semana pasada. Apenas unos días antes había caído en coma, después de que el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, la retirara de la agenda legislativa por la interminable avalancha de enmiendas para "mejorarla".

El Presidente George W. Bush se negó a darse por vencido. Echó mano de todos los recursos que le quedaban para tratar de salvar la última iniciativa de política interna significativa de su periodo final. Era la única posibilidad de equilibrar el legado histórico de su presidencia, definido ante todo por el peso mayúsculo del fracaso en Iraq.

Sin embargo, la misma decisión con la que buscó revivir la propuesta resultó contraproducente. Al hacer tan evidente su interés -o desesperación- por obtener un último triunfo, acabó por escribir su epitafio. La percepción de que la administración del Presidente Bush se encuentra en fase terminal hizo que hasta sus antiguos partidarios republicanos lo abandonaran. Fue una tragedia.

Pero si bien la propuesta murió, de causas políticamente naturales, su cadáver quedó insepulto, y ya empezó a descomponerse. Como dijo el Presidente Calderón, el problema ahí sigue, con sus consecuencias inmediatas para la clase política de los Estados Unidos, y para otros gobiernos. También sigue ahí el impacto negativo para los indocumentados que ya están del otro lado de la frontera, así como para los que pueden ver en esta coyuntura una última oportunidad para tratar de llegar al mercado laboral estadounidense.

La primera víctima política de la tragedia migratoria es el Presidente Bush. A un año y medio de que acabe su mandato, esta derrota oficializa su condición de "lame duck", el término que se usa en Estados Unidos para un Mandatario sin capacidad de maniobra.

Otras víctimas son los candidatos a la Presidencia. Hasta ahora, el más perjudicado ha sido el Senador John McCain. Pero el impacto será resentido por todos los aspirantes del Partido Republicano, que verán alejarse nuevamente de sus filas al electorado "hispano", el segmento de la población de más rápido crecimiento, y que puede inclinar la balanza electoral en varios estados.

Los candidatos del Partido Demócrata también sufrirán las consecuencias. En lugar de estar a la altura del mandato que los llevó a recuperar el control del Congreso, los demócratas volvieron a jugar con fuego político al tratar de quedar bien con los grupos de interés proteccionistas que los apoyan, como el sindicato de transportistas, y con un electorado inseguro frente al alcance de una reforma tan amplia.

Los más afectados, sin duda, serán los inmigrantes. Los que ya se encuentran en Estados Unidos verán que las medidas para detectarlos y deportarlos se endurecen, así sean de las autoridades federales, estatales o locales. Según el diario Washington Post, tan sólo entre enero y mayo de este año se han presentado mil 100 iniciativas a nivel estatal para impedirles que obtengan empleo, vivienda, licencias de manejo y servicios básicos.

Además, el hecho de que la discusión haya quedado en el limbo, puede representar un escopetazo de salida para cientos de miles de migrantes potenciales. La construcción de la barda física y de la valla virtual va a seguir. Antes de que terminen de levantarse, y ante la posibilidad de una futura reforma migratoria que les permita regularizar su estancia, los que dudaban probablemente se decidirán a emprender el viaje antes de que sea demasiado tarde.

Todo esto coloca al gobierno mexicano en una situación delicada por dos razones:

En primer lugar, porque debe cuidarse de no hacer un cálculo equivocado. Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia. Creer que se pueden obtener concesiones, dictar condiciones o renegociar los términos de la relación bilateral mediante declaraciones altisonantes puede ser un error de consecuencias inimaginables. Los espejismos son peligrosos. No contamos con una posición de fuerza relativa frente a la debilitada administración Bush.

En segundo lugar, porque si bien la "desmigratización" de la agenda bilateral ha aliviado cierta presión, los ataques mediáticos seguirán basándose en el argumento de que México es el principal causante del "problema" migratorio que vive Estados Unidos. La discusión es más profunda de lo que pensamos. Se está debatiendo la esencia misma de la nación americana. El peso que va a tener el tema migratorio en el debate electoral del próximo año puede llevar a un aumento de las recriminaciones en contra de un Gobierno mexicano que llegó al poder prometiendo una mayor creación de empleos.

En lo que Estados Unidos se decide a retomar el asunto, el Gobierno mexicano enfrenta un triple reto: primero, reforzar la red consular en Estados Unidos, para proteger los derechos de los mexicanos que ya se encuentran allá; segundo, establecer mecanismos de coordinación mucho más eficientes con las autoridades locales y federales, para evitar que la frontera común acabe por convertirse en un barril de pólvora que pueda estallar en cualquier momento; y tercero, prepararse para definir la estrategia que seguirá una vez que la próxima administración ocupe la Casa Blanca en el 2009.

Wednesday, June 20, 2007

Cuestión de logística

Javier Treviño Cantú
El Norte
20 de junio de 2007

Se calcula que un gramo de cocaína en las calles de Atlanta cuesta entre 80 y 100 dólares. En Miami, el precio va desde 20 hasta 110 dólares. En Chicago oscila entre 75 y 100 dólares. La DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos, tiene todas las métricas de cada mercado local en el vecino país.

En ocasiones, la mejor herramienta para el análisis es la aritmética. Colombia produce al año 545 toneladas de cocaína; Perú, 165, y Bolivia, 70. Si estas 780 toneladas se comercializan entre 50 y 100 dólares el gramo, resulta que los estadounidenses gastan, solamente en cocaína, entre 39 mil y 78 mil millones de dólares anualmente. A eso habría que agregarle lo que dedican a consumir mariguana, heroína, metanfetaminas y demás drogas.

Desde el 2000, el gobierno de Estados Unidos ha gastado 5 mil millones de dólares en el "Plan Colombia". Además, el presupuesto anual de la DEA rebasa los mil 600 millones de dólares. Pero la cocaína sigue en las calles de las principales ciudades estadounidenses. De eso no hay duda.

Hace unos días, The New York Times reseñaba la forma en la que esta droga ha vuelto a ponerse de moda. Después de entrevistar durante cinco meses a gente del mundo de las finanzas, el espectáculo y la vida nocturna de la ciudad que nunca duerme, la conclusión del diario es que el uso de la cocaína se ha generalizado.

Lo más preocupante es la actitud de indiferencia que existe. En parte, señala The New York Times, esto se debe a que la cultura popular estadounidense ha "asimilado" el consumo. En el cine, la literatura, la música y la televisión estadounidenses, utilizar drogas se ha vuelto "socialmente aceptable".

Como dice Joe Nye, el reconocido profesor de Harvard, es cierto que sus distintas manifestaciones culturales le han dado un gran "poder suave" a Estados Unidos. El problema es que, para el resto del mundo, ese poder suave se relaciona cada vez más con el uso de drogas duras. Por ello, cuando el Procurador General de la República, Eduardo Medina Mora, calificó de "cínica" la política antidrogas de nuestros vecinos, prácticamente no se alzó una sola voz en el gobierno de Estados Unidos para desmentirlo.

El Procurador tiene razón. Considerando que Estados Unidos declaró la "guerra" contra las drogas desde los años 70, la situación actual muestra el grado del fracaso. Aun así, desde el punto de vista estadounidense esta guerra ha incluido "batallas exitosas", pero que han tenido un grave impacto para nuestro país.

La más costosa quizás ha sido la batalla de Florida. Sus repercusiones las seguimos viviendo hoy en México -y en Monterrey- con una creciente intensidad.

A principios de los 80, casi 90 por ciento de la cocaína que entraba a Estados Unidos lo hacía por la ruta del Caribe. El Presidente Ronald Reagan estableció en 1982 la "South Florida Task Force", un grupo de trabajo a nivel de gabinete, dirigido por el entonces vicepresidente George Bush, para coordinar las acciones del Gobierno federal, estatal y local en el combate a la delincuencia organizada en el sur de Florida.

La operación fue tan exitosa que forzó a los narcotraficantes a reducir drásticamente sus actividades en la ruta del Caribe. Los logros demostraron que ninguna agencia de gobierno puede enfrentar al narcotráfico por sí sola. Para tener éxito se necesita contar con autoridad al más alto nivel, y coordinar esfuerzos entre todos los niveles de gobierno. Es una lección clave, que debemos valorar en nuestra propia lucha contra el crimen organizado.

Sin embargo, para México, la batalla de Florida tuvo un costo enorme, ya que la mayor parte del narcotráfico se desvió hacia la frontera que compartimos con Estados Unidos. En un artículo publicado en la edición de julio/agosto de la revista The Atlantic, Ken Dermota, periodista de la AFP, presenta un mapa que ilustra claramente las rutas de la cocaína. De las 780 toneladas de cocaína pura que se producen en Colombia, Perú y Bolivia, el 88 por ciento pasa hoy por México para llegar a Estados Unidos. Sólo el 9 por ciento de esos cargamentos lo hacen por el Caribe.

¿Qué pasaría si lográramos cambiar la ecuación? ¿Qué pasaría si, además de mantener los "operativos conjuntos", nos concentráramos en volver a tratar de "sellar" nuestra frontera sur y ejercer control pleno sobre nuestro mar territorial, el espacio aéreo y las aduanas? Así evitaríamos que México siga siendo utilizado como plataforma para llegar a Estados Unidos, y también podríamos impedir la entrada de drogas a un mercado nacional que crece cada día.

Lo único cierto es que, mientras haya demanda, seguirá habiendo oferta. La diferencia está en la logística. Si el costo de colocar la droga en el mercado estadounidense se vuelve demasiado alto, las organizaciones criminales buscarán nuevas rutas de acceso. Transporte y riesgo en cada etapa del camino hacen que aumente el precio de reposición de las drogas cuando son confiscadas.

Por su naturaleza transnacional, una operación "sellamiento" necesita una amplia cooperación con otros países, tanto con Estados Unidos, como con los países del Caribe, Centro y Sudamérica. La pregunta es si las acusaciones, los reclamos y las descalificaciones son la mejor política para lograrla.

Wednesday, June 06, 2007

Cinco pistas

Javier Treviño Cantú
El Norte
6 de junio de 2007

La segunda gira por Europa que está llevando a cabo en estos días el Presidente Felipe Calderón se parece a un complicado circo de cinco pistas, por los distintos espacios y planos en los que se desarrolla.

En la primera pista se encuentran los contactos programados a nivel bilateral en El Vaticano, Italia, Bélgica, Francia, Alemania y Dinamarca.

Las visitas al Vaticano siempre son delicadas para los mandatarios mexicanos, pero esta vez había varios temas que podían generar "ruido", como la impugnación de la PGR a la ley que despenaliza el aborto en el DF, las polémicas declaraciones del Papa en Brasil o la participación de la familia presidencial en la ceremonia de canonización de la fundadora de la orden religiosa del colegio al que asisten sus hijos.

Sin embargo, la gira arrancó bien. Calderón volvió a diferenciarse de su antecesor, al separar claramente los aspectos públicos y privados de la visita a la Santa Sede, y al lograr un equilibrio en el trato respetuoso y cordial, pero a la vez institucional, con el jefe de la iglesia católica.

La segunda pista de la gira se ubica en Bruselas, sede de las principales instituciones que soportan a la Unión Europea. A 50 años de haber comenzado el camino hacia la integración, Europa ha entrado a su siguiente etapa con la llegada al poder de nuevos líderes en Alemania, Francia y, próximamente, el Reino Unido. Su prioridad es buscar una opción para superar el rechazo a la Constitución europea, y quizás ello refleje la ausencia de una agenda más amplia para la visita del Presidente Calderón, así como la falta de un encuentro con el Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.

La tercera pista está en el balneario alemán de Heiligendamm. Ahí se realiza la reunión del Grupo de los 8 países más industrializados del mundo, a la cual nuevamente fueron invitadas las cinco principales "economías emergentes", incluyendo a México, en lo que ya se conoce como el G8+5.

La presencia de nuestro país en estos encuentros anuales es clave para reafirmar la percepción de que México tiene un papel que jugar en la solución de los grandes retos globales, como es el caso del cambio climático. Éste es el tema central de la reunión del G8+5, y la Academia Mexicana de Ciencias, junto con las instituciones de los otros 12 países que asisten a la reunión, participó en la elaboración de la agenda científica y tecnológica que se discutirá en Heiligendamm.

Sin embargo, las diferencias fundamentales respecto a este tema prioritario entre Estados Unidos y la anfitriona del evento, la Canciller alemana Angela Merkel, permiten anticipar serias dificultades para alcanzar un acuerdo definitivo. Lo más delicado, al menos para México, es que la situación acabe polarizándose, al grado de que los invitados se vean forzados a tomar partido por alguna de las dos opciones que han sido planteadas hasta ahora. Y, en nuestro caso, eso podría significar la apertura de un nuevo espacio de fricción con nuestros vecinos del norte.

En este sentido, la cuarta pista de la gira por Europa vuelve a pasar por Washington. De hecho, el Presidente Calderón decidió incluir la relación con Estados Unidos en su agenda europea antes de partir hacia el viejo continente. En una entrevista con la agencia de noticias alemana DPA, volvió a insistir en que la causa de los problemas que enfrenta México con el narcotráfico y el crimen organizado, se deben principalmente a que Estados Unidos no ha hecho lo suficiente para reducir el consumo de drogas en ese país, ni para ejercer un mayor control fronterizo que permita evitar el tráfico de armas hacia México.

El lunes pasado, el tema volvió a surgir en las reuniones que sostuvo en Italia para conocer sus experiencias en la lucha contra la delincuencia organizada. Durante la conferencia de prensa que ofreció junto con el Presidente del Consejo de Ministros, Romano Prodi, Calderón nuevamente señaló que México está haciendo su trabajo, y que espera que Estados Unidos haga el suyo para superar este "problema común".

Finalmente, la quinta pista donde tiene lugar la gira, es la de la política interna de nuestro país. Desde un principio, el viaje estuvo ligado a este terreno, ya que el Presidente Calderón salió rumbo a Europa después de participar en la tormentosa asamblea del PAN. Además, la invitación a los dirigentes de los partidos políticos para que lo acompañaran en su comitiva, incluyendo al panista Manuel Espino, garantizaba que buena parte de la atención mediática se concentraría en este aspecto del viaje.

Durante la primera visita que realizó el Presidente Calderón a Europa, el pasado mes de febrero, cuando participó en el Foro Económico de Davos y luego fue a España, se generó la percepción de que el sentido de la gira se perdió en el laberinto de las confrontaciones con Venezuela y la dirigencia del PAN.

Ahora, habrá que ver si una gira que transcurre en cinco distintas pistas ayuda a cumplir el propósito de que Europa se convierta en una verdadera opción para equilibrar el peso que ejerce en nuestra política exterior la vecindad con Estados Unidos, o si solamente quedará en otra fuente de anécdotas y oportunidades perdidas.

Wednesday, May 23, 2007

Vieja historia de nueva reforma

Javier Treviño Cantú
El Norte
23 de mayo de 2007

La nueva propuesta bipartidista para reformar el sistema migratorio de Estados Unidos, que se está discutiendo en el Senado del vecino país, ha vuelto a desatar las pasiones políticas en Washington. Una y otra vez, la búsqueda de soluciones eficaces a este complejo reto se ha estrellado contra el muro político-electoral que rige la toma de decisiones en la capital estadounidense. La situación no es diferente en esta ocasión, y las posibilidades de que se concrete una reforma integral siguen pareciendo muy limitadas.

El reloj juega en contra de la administración Bush. La rapidez con la que se adelantaron los tiempos para la próxima elección presidencial le ha restado margen de maniobra. Ésta puede ser la última oportunidad que tendrá el Presidente Bush de lograr una reforma migratoria que sea parte de su legado. Por eso encargó al Secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, y al de Seguridad Territorial, Michael Chertoff, que encabezaran las negociaciones y atendieran las distintas preocupaciones de los senadores demócratas y republicanos para alcanzar un acuerdo viable.

Paradójicamente, al tratar de quedar bien con todo el mundo, los negociadores de la Casa Blanca parecen haber logrado el resultado contrario. Si bien esta iniciativa representa un avance, la complejidad de los equilibrios que se pretende alcanzar ha hecho que nadie quede del todo satisfecho con la propuesta dada a conocer la semana pasada. Por lo tanto, casi de inmediato empezó a recibir ataques de todas partes.

Algunos de los precandidatos republicanos a la Presidencia, como el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney, rápidamente señalaron que se debería cambiar el nombre de las nuevas visas "z", y llamarles visas "a", porque supuestamente representan una "amnistía" para los 12 millones de migrantes indocumentados que se verían beneficiados con un camino que podría llevarlos a obtener la ciudadanía.

La propuesta para crear un programa de trabajadores temporales, con base en la asignación de un sistema de "puntos", también fue criticada por asociaciones empresariales y organizaciones defensoras de los migrantes. Dado que los trabajadores ya no podrían ser "nominados" por alguna empresa para obtener una visa, no hay garantías de que lleguen al mercado laboral las personas que cada compañía necesita.

Además, existe la preocupación de que el modelo favorezca a futuros migrantes con mayores habilidades y preparación académica, a costa de trabajadores menos calificados, pero dispuestos a realizar trabajos en el sector agrícola, en la construcción, el cuidado de personas mayores y otros similares.

Más aún, el nuevo sistema de "puntos" acabaría con la tradición de promover la integración familiar de los migrantes que ya se encuentran en Estados Unidos. De hecho, ésta ha sido una de las principales preocupaciones de Nancy Pelosi, la líder demócrata de la Cámara de Representantes.

La postura adoptada por la dirigente política muestra uno de los principales obstáculos a la nueva propuesta: si bien existe una remota posibilidad de que el Presidente Bush obtenga el apoyo de suficientes legisladores republicanos, resulta muy difícil considerar que los congresistas demócratas vayan a cederle el gran triunfo político que significaría para él una reforma migratoria de fondo.

Finalmente, lo único en lo que parece existir un consenso bipartidista es en la necesidad de seguir reforzando el control de la frontera con México, antes de emprender cualquier nueva medida para que los migrantes indocumentados puedan regularizar su situación o participar en el programa de trabajadores temporales.

Se calcula que las disposiciones contempladas en el acuerdo, como la contratación de 18 mil nuevos agentes para la Patrulla Fronteriza, o la construcción de 600 kilómetros adicionales de bardas a lo largo de la línea divisoria, tardarían al menos 18 meses en estar listas. Eso significa que el verdadero proceso que podría llevar a los indocumentados actuales a convertirse en ciudadanos estadounidenses, estaría a cargo de la administración que ocupará la Casa Blanca a partir de enero del 2009.

La nueva propuesta en sí representa un avance, y el hecho de que se esté discutiendo la forma de mejorarla es una buena señal. Para México, sin embargo, el panorama no es demasiado alentador. Si bien muchos de los paisanos que ya están del otro lado podrían dejar atrás su condición ilegal, el proceso sería largo, lento y costoso. Por su parte, el programa de trabajadores huéspedes parece diseñado para migrantes de otros países, como la India, en donde cada año se gradúan casi medio millón de ingenieros que hablan inglés.

En cualquier caso, la reciente iniciativa de reforma migratoria implica un paso más en el cierre paulatino de la frontera que cada vez nos separa más de Estados Unidos. Es una vieja historia. Por su naturaleza internacional, el fenómeno migratorio exige compromisos y supone responsabilidades. La nueva propuesta que se discute en Estados Unidos dista mucho de ser una solución definitiva, por lo que México deberá mantener una política de protección a los derechos de los migrantes muy activa y, a la vez, tendrá que hacer su parte para crear más y mejores empleos en el País.

Wednesday, May 09, 2007

¿Ciudad exitosa?

Javier Treviño Cantú
El Norte
9 de mayo de 2007

¿Es Monterrey una ciudad exitosa? Hasta hace poco, en el resto de nuestro país -y en muchas partes del mundo- se le asociaba con factores positivos que le daban una buena imagen. Por lo general, las principales ciudades del mundo se identifican con un atributo en especial, y durante mucho tiempo la idea de Monterrey estuvo ligada a su carácter emprendedor e industrial.

La capacidad de su gente para sobreponerse a las duras condiciones geográficas y salir adelante generó una percepción positiva de Monterrey. Ser la cuna donde nacieron algunas de las compañías mexicanas más reconocidas, muchas de las cuales han alcanzado una importante dimensión internacional, también fue clave para proyectar una imagen "ganadora".

La calidad de las universidades, públicas y privadas, hizo que Monterrey fuera una ciudad atractiva. Jóvenes de otras partes de la República, o de América Latina, venían a estudiar aquí su carrera. Muchos se quedaban a trabajar y a formar una familia por las oportunidades que encontraban. Igualmente, muchas compañías de otros países decidían ubicarse en Monterrey por la calidad profesional de la gente que podían emplear.

A pesar de que estos atributos siguen siendo muy valiosos para la imagen de nuestra ciudad, hay que reconocer que varios factores negativos le están restando valor a la "marca Monterrey".

El domingo pasado, por ejemplo, leíamos en estas páginas sobre el desorden que existe en los anuncios espectaculares de nuestras principales avenidas. Los que vivimos aquí ya nos acostumbramos al triste y sucio panorama urbano. Pero si pensamos en los empresarios extranjeros que nos visiten por primera vez, será muy difícil cambiar la primera impresión negativa que se lleven.

Por supuesto, lo que más está afectando la imagen de Monterrey es la inseguridad. Al igual que otras ciudades del País, enfrentamos un reto muy grave, para el que no hay soluciones fáciles. Pero, a diferencia de otros sitios, lo que está pasando aquí es algo relativamente nuevo, y quizá por eso llama más la atención: hace un mes, el Gobierno de Estados Unidos amplió la advertencia para que sus ciudadanos tomen precauciones ante la violencia que impera en nuestra ciudad.

Esta situación puede cambiar si se toman las decisiones correctas. ¿O nos vamos a quedar con los brazos cruzados? La semana pasada, la revista The Economist publicó un interesante reportaje sobre el futuro de las ciudades. Apuntaba tres aspectos fundamentales para que las ciudades puedan tener éxito: 1) la capacidad de integrarse a la economía global; 2) la necesidad de contar con gobiernos y administraciones públicas eficientes; y 3) la disposición para que la ciudad se reinvente a sí misma.

Hoy en día, las ciudades de todo el mundo están compitiendo más que nunca para atraer inversiones, turistas y toda clase de recursos. Esto exige contar con infraestructura adecuada, condiciones competitivas en materia de costos e impuestos y profesionistas con las habilidades necesarias para trabajar en compañías internacionales.

Implica que necesitamos invertir más en educación y promover más alianzas entre las universidades, los negocios y los gobiernos. La competencia de hoy es por el talento. Monterrey tiene que convertirse en un centro de innovación, investigación y desarrollo a la altura de los mejores del mundo. De otra forma, tendremos muy poco que ofrecer a la economía global.

Como señaló The Economist, lo segundo que se necesita son gobiernos de calidad. Aquí hay mucho que hacer. Pero, antes que nada, esto significa que, en Monterrey y en todo nuestro país, necesitamos cambiar los términos de los mandatos municipales. No podemos seguir esperando los resultados que se necesitan de administraciones locales con una duración de tres años.

La Alcaldía de Monterrey, junto con el Gobierno del Estado, pueden tomar la estafeta y proponer un cambio de fondo en este terreno clave. Una posible opción serían periodos de cuatro años, como ya han hecho otros municipios, pero añadiendo una sola reelección consecutiva para un total de ocho años. Otra opción podría ser ampliar un periodo único a seis años. Sin un cambio institucional de este tipo, nunca vamos a tener autoridades locales que puedan ver más allá del corto plazo, ni desarrollar proyectos de largo alcance.

Por último, Monterrey tiene que reinventarse a sí misma. Existen muchos ejemplos exitosos a nivel mundial. Dublín en Irlanda, Sydney en Australia, Calgary en Canadá y muchas más han demostrado que sí se puede. Monterrey ya ha dado pasos importantes en este sentido. La idea de que se convierta en una "ciudad del conocimiento" va en la dirección correcta, pero toda la sociedad tiene que hacer un esfuerzo para concretarla.

Durante mucho tiempo tuvimos la suerte de contar con una valiosa "marca Monterrey". Desafortunadamente, en los últimos años la hemos erosionado en forma por demás irresponsable. La marca Monterrey no le pertenece ni al Gobierno del Estado, ni a la Alcaldía de la ciudad. Es de todos. Ante las fuerzas de la globalización, necesitamos una marca Monterrey que nos distinga por nuestro propio carácter, y por una historia de éxito de la que todos podamos sentirnos orgullosos.

Wednesday, April 25, 2007

Ni fragmentada, ni integrada

Javier Treviño Cantú
El Norte
25 de abril de 2007

La semana pasada se realizó un importante seminario internacional en la Ciudad de México para analizar si América Latina está en proceso de fragmentarse, o si, por el contrario, está en camino de avanzar en el viejo propósito de una mayor integración regional.

El seminario estuvo patrocinado por la Fundación Grupo Mayan y fue organizado por el ITAM, la revista Foreign Affairs en Español y el Centro Woodrow Wilson de Estados Unidos. Entre otras destacadas personalidades, participaron el escritor Mario Vargas Llosa, los historiadores Enrique Krauze y Eric Hobsbawm, el reconocido analista Francis Fukuyama, el Alto Representante de la Unión Europea Javier Solana, el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, y el ex Presidente de Chile Ricardo Lagos, a quien tuve el honor de presentar, antes de que cerrara el evento con una conferencia sobre el tema principal del Seminario.

La discusión en torno a si América Latina se está fragmentando o integrando se ha intensificado a últimas fechas. Sin duda, parte de la razón tiene que ver con el activismo que ha desplegado el Presidente Hugo Chávez de Venezuela, y con la decisión que han tomado países como Cuba, Bolivia, Argentina, Nicaragua y Ecuador de sumarse a las iniciativas de Caracas.

La idea de que el subcontinente se encuentra ante una disyuntiva también tiene que ver con la construcción de un escenario mediático de confrontación. Las buenas noticias, como sería el caso de los avances en materia de integración, nunca resultan demasiado atractivas para llamar la atención de lectores, radioescuchas o televidentes. En cambio, las que se enfocan en las diferencias de los modelos económicos y políticos que se siguen en la zona, o en los choques de personalidades entre mandatarios, siempre ocupan las primeras planas.

La supuesta opción radical que tendría América Latina ante sí, obedece en buena medida a ese afán "reduccionista" al que se ha referido el ex Presidente Lagos. Hace unos días, en el discurso que pronunció en la ceremonia donde la UNAM le otorgó un Doctorado Honoris Causa junto a otros seis galardonados, Lagos volvió a plantear que es necesario enfrentar estos reduccionismos para encontrar soluciones complejas a los retos igualmente complejos que enfrentan nuestros países.

Por una parte, a pesar de compartir una herencia cultural común, la complejidad de América Latina se expresa en la multiplicidad de historias nacionales y experiencias singulares. Como apuntó Vargas Llosa, los esfuerzos de integración deben partir de la premisa que significa la falta de homogeneidad que caracteriza a la región, por lo que buscar un "colectivo uniforme" representaría el primer obstáculo a la integración.

Por otra parte, considerar que América Latina estaría en riesgo de "fragmentarse" implicaría desconocer la complejidad del entramado institucional que con tantos esfuerzos se ha ido construyendo a todos niveles desde hace más de medio siglo.

En el plano económico, por ejemplo, hoy se cuenta con acuerdos comerciales y aduaneros bilaterales, subregionales y multinacionales, que además de vincular a los países del área, unen a muchos de ellos con América del Norte, la Unión Europea o la Cuenca del Pacífico. Como sostuvo Jaime Zabludovski, "el TLC ha hecho más por la integración latinoamericana que 20 años de discursos retóricos integracionistas".

De hecho, una muestra de la voluntad que existe para seguir impulsando la unidad regional se dio en forma paralela al Seminario: su celebración coincidió con la cumbre sobre energía en Venezuela, donde los países de la rebautizada Unión de Naciones Sudamericanas acordaron establecer una secretaría permanente para este organismo en Quito, y adoptaron la "Declaración de Isla Margarita: Construyendo la Integración Energética del Sur".

Igualmente, en el terreno del diálogo político y la concertación se ha establecido toda una serie de instrumentos que incluso se traslapan. El Mecanismo de Tuxtla, el Sistema de Integración Centroamericana, el Grupo de Río, la Cumbre de las Américas, la Cumbre Iberoamericana y muchos otros se suman a una arquitectura basada en organismos multilaterales como la OEA.

Además, en el plano cultural se manifiesta con toda su fuerza el grado de identificación que existe entre los pueblos de Latinoamérica. De nueva cuenta, como dijo Mario Vargas Llosa, "sólo en el ámbito de la cultura hemos logrado una integración real. Es ahí donde se descubre que lo que nos une es más importante que lo que nos separa".

Más que prevenir una posible fragmentación, el reto pareciera consistir en darle un sentido renovado al esfuerzo que realizan los países latinoamericanos a través de todos estos mecanismos, para reducir el tamaño de las burocracias que los sustentan y agilizar sus respectivas tareas en favor de objetivos más precisos y alcanzables.

Debido a la extrema complejidad que implica, la plena integración de América Latina quizás sea una utopía. Pero, al menos, después de este excelente Seminario, hoy tenemos una idea más clara de que, como señaló el ex Presidente Ricardo Lagos, si nos lo proponemos y nos esforzamos, sigue siendo posible que algún día nuestra región "pueda hablar con una voz común".

Wednesday, April 11, 2007

Cumbre trascendente

Javier Treviño Cantú
El Norte
11 de abril de 2007

La decisión de realizar la Cumbre de Campeche para revigorizar al Plan Puebla-Panamá (PPP), como parte del esfuerzo del gobierno del Presidente Felipe Calderón por recuperar espacios de interlocución y liderazgo en América Latina, puede llegar a tener un impacto trascendental.

Este proyecto siempre estará asociado a su antecesor, Vicente Fox, quien lo lanzó en 2001, con todo lo que eso significa. Como en muchos otros casos, el ex Mandatario primero generó grandes expectativas con esta iniciativa, luego dejó de darle el seguimiento necesario para que fructificara, y acabó por generar la percepción de que resultó inoperante para fomentar el desarrollo y una mayor integración de toda el área.

Desde el inicio de su administración, Felipe Calderón ha hecho del contraste con la forma de operar que tenía el gobierno anterior una de sus principales herramientas de política. En este sentido, el "relanzamiento" del PPP puede verse como un esfuerzo más para reafirmar un estilo personal de gobernar. En realidad, es una oportunidad para demostrar que, si se le dedica una atención prioritaria, el Plan puede convertirse en un pilar de la política exterior mexicana.

Es difícil subestimar la importancia estratégica que tiene el PPP para nuestro país. Si bien el Presidente Calderón ha reiterado la intención de que México juegue un papel de liderazgo en toda América Latina, el "área natural de influencia" donde México puede, y debe, demostrar esta capacidad, es precisamente en la zona vecina.

A diferencia de América del Sur, en donde la actuación de México se verá equilibrada -o contrarrestada- por factores como el peso de Brasil, Mesoamérica ofrece la mejor opción para proyectar nuestra dimensión económica y geopolítica. No se trata tan sólo de una cuestión de tamaño o de recursos, sino de la capacidad para definir y conducir un proyecto viable, que contribuya al avance de los temas que conforman la agenda regional.

Después de la Cumbre de Campeche, esta agenda es un reflejo fiel de lo que nos une y, paradójicamente, nos distancia de la otra región clave para todos los países del área: América del Norte. En esencia, la agenda se centra en los mismos puntos clave: seguridad, migración y competitividad.

La cooperación en materia de seguridad se impuso en la Cumbre de Campeche. La amenaza planteada por las organizaciones dedicadas al narcotráfico y bandas criminales se ha manifestado con toda su fuerza este año en los límites de los tres "círculos concéntricos" que formarían el "perímetro de seguridad" regional:

1) La frontera entre México y Estados Unidos; 2) la frontera de México con Guatemala, país en donde, por ejemplo, a mediados de febrero fueron asesinados tres diputados salvadoreños al Parlamento Centroamericano, y luego los mismos policías que habrían cometido el crimen murieron en una cárcel de alta seguridad; y 3) el borde sur de Mesoamérica, entre Panamá y Colombia, donde cada vez surgen más muestras de la presencia de los cárteles mexicanos.

El segundo tema de la agenda, la migración, busca ser atendido por el PPP impulsando el desarrollo regional, pero también debe ser puesto en el contexto de las acciones emprendidas por el gobierno del Presidente Bush para reforzar el control sobre su frontera sur y lograr así una reforma migratoria integral.

En la medida en que el paso hacia el mercado laboral estadounidense se dificulte, la presión irá incrementándose para todos los países del área. Pero sobre todo para México. No sólo por el cierre de la "válvula de escape" para nuestros trabajadores, sino por los miles de migrantes provenientes de Latinoamérica que irán quedándose en territorio nacional ante la imposibilidad de cruzar a Estados Unidos.

Por último, la red de acuerdos comerciales que ya existen entre los países de Norte y Mesoamérica, aunada a los recientes acuerdos con Panamá, Colombia y Perú que deben ser ratificados por el Congreso estadounidense, ofrece bases para una integración económica mucho más profunda. Cada uno de los países mesoamericanos, empezando por México, tiene que hacer su propia tarea y, a la vez, trabajar coordinadamente en el marco del PPP para aprovechar al máximo las ventajas que ofrece este andamiaje institucional.

México ha buscado estrechar sus lazos con Mesoamérica de distintas formas. Desde los esfuerzos en los 80 para poner fin a los conflictos armados, pasando por la creación de la Comisión para la Cooperación con Centroamérica en 1990 y del Mecanismo de Tuxtla en 1991, hasta el PPP, se han acumulado una serie de instrumentos y experiencias que deberían permitir un salto cualitativo en la integración regional.

Por su importancia fundamental para la seguridad, estabilidad y prosperidad de toda la región, y en especial por el impacto que puede tener para recobrar el papel de liderazgo que nuestro país busca jugar en América Latina, los nueve puntos acordados para fortalecer al PPP deben recibir una atención verdaderamente prioritaria durante los próximos años.

El tiempo dirá si la Cumbre de Campeche marcó un auténtico parteaguas. Pero es un hecho que, de todas las áreas en las que el nuevo gobierno mexicano puede tener éxito diferenciándose del anterior, ésta es una de las más trascendentes.

Wednesday, March 28, 2007

Dos largos años

Javier Treviño Cantú
El Norte
28 de marzo de 2007

La semana pasada participé en la conferencia anual que organizan la Universidad Internacional de Texas A&M y el Tec de Monterrey, en donde se analizaron diversos aspectos de la relación entre México y Estados Unidos.

Entre otras cosas, discutimos sobre el impacto que tiene la llegada al poder de una nueva administración. En ocasiones, la coyuntura genera oportunidades para replantear el conjunto de la agenda bilateral. Otras veces sólo ofrece la posibilidad de un entendimiento temporal, hasta que otro relevo permita buscar nuevos espacios de negociación.

Los triunfos electorales en el 2000 de Vicente Fox en México, y de George W. Bush en Estados Unidos, abrieron una "ventana de oportunidad" para que el gobierno mexicano buscara redefinir a fondo la agenda con el vecino país del norte.

En cierta medida, gracias al "bono democrático" que produjo la derrota del PRI, el Presidente Fox y su equipo lograron colocar el tema migratorio en el centro de la discusión bilateral. Además, el cabildeo para poner fin al proceso de "certificación" en materia de cooperación antinarcóticos tuvo buenos resultados. Inclusive, el "bono" alcanzó para que México ocupara un asiento como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU entre 2002 y 2003.

Sin embargo, ese "bono" se devaluó. La posibilidad de un acuerdo migratorio quedó enterrada en los escombros de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. La falta de capacidad para comunicar las atinadas razones que llevaron al gobierno mexicano a rechazar la pretensión de que el Consejo de Seguridad aprobara la intervención en Iraq sumió a la relación en uno de sus momentos más difíciles. Y el tema de la seguridad regresó al primer lugar de la agenda bilateral, tanto por los atentados, como por el incremento de la violencia en la zona fronteriza.

Después de su reelección en noviembre de 2004, las prioridades para la administración del Presidente Bush se plasmaron en la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte. Desde su firma en marzo de 2005, la pérdida de capacidad negociadora por parte del gobierno mexicano saliente fue evidente, como también resultó evidente la pérdida de poder político de la administración Bush.

La recuperación del Congreso estadounidense por parte del Partido Demócrata, el empantanamiento en Iraq, los errores cometidos por un equipo gobernante que se había forjado una imagen de eficiencia operativa -y los escándalos derivados de estos errores- acabaron por restarle capacidad de maniobra al Presidente Bush.

En este contexto, la elección de Felipe Calderón después del turbulento proceso electoral y postelectoral de 2006 naturalmente generó espacios para revisar la agenda bilateral. Pero, a diferencia de su antecesor, el Presidente Calderón no llegó a su primera cita oficial con el Presidente Bush con un bono democrático, ni tampoco se encontró con un Mandatario estadounidense en plenitud política.

El tono y el contenido de la reunión que se celebró hace un par de semanas en Mérida mostró que la agenda bilateral entre México y Estados Unidos está en un proceso de transición que, por lo pronto, durará dos años, hasta que la próxima administración tome el poder en enero del 2009.

En su comparecencia ante el Senado, el nuevo Embajador de México en Washington, Arturo Sarukhán, señaló que su trabajo se dividiría en un "ciclo corto", donde buscaría cabildear a favor de una reforma migratoria integral, y un "ciclo largo". El primero iría hasta fines de noviembre, antes de que toda la clase política del vecino país se enfoque en las elecciones del próximo año. Por su parte, el "ciclo largo" comenzaría una vez que el ganador de la contienda llegara a la Casa Blanca.

El problema es que la elección de 2008 se adelantó, y junto con Iraq, el tema migratorio ya es uno de los más controvertidos. Inclusive está provocando que precandidatos como el Senador republicano John McCain cambien su postura, para evitar que se les asocie con una supuesta "amnistía" para millones de trabajadores indocumentados.

La nueva propuesta que presentaron los representantes Jeff Flake, republicano de Arizona, y Luis V. Gutiérrez, demócrata de Illinois, sumada al último intento del Presidente Bush para dejar una reforma migratoria de largo alcance como parte de su legado, ha hecho que renazcan las esperanzas.

Sin embargo, el tema ha probado ser tan complejo y riesgoso que difícilmente podrán superarse los obstáculos que enfrenta una reforma de este tipo en unos cuantos meses. Por ello, lo más probable es que el "ciclo corto" de la relación bilateral se extienda hasta el inicio de 2009.

Hay quien opina que lo único que México puede hacer en estos dos próximos años es "nadar de muertito". Eso sería un error. En Estados Unidos hay mucho que hacer para transformar nuestra red consular en un instrumento verdaderamente estratégico y promover mejor nuestros intereses.

Pero, sobre todo, la transición podría ser aprovechada por el gobierno mexicano para escoger sus batallas, generar resultados y acumular "fichas" para que, cuando se siente a la mesa con el próximo Presidente, o Presidenta, de Estados Unidos, cuente con más elementos para negociar y ofrecer algo más que los reclamos expresados en Mérida.

Wednesday, March 14, 2007

Saber decir 'no'

Javier Treviño Cantú
El Norte
14 de marzo de 2007

La gira por América Latina del Presidente George W. Bush no puede considerarse como un simple acto de escapismo político o un ejercicio de relaciones públicas. El viaje obedece a razones de fondo. Para toda la región, empezando por México, puede tener profundas consecuencias.

El viaje ha sido interpretado como un intento por distraer la atención de los escándalos políticos que siguen asolando a la Casa Blanca, y de la desastrosa situación que sigue imperando en Iraq. Pero más que un "descanso de primavera", lo que el Mandatario estadounidense parece estar buscando ante este panorama, son opciones para que el legado histórico de su administración no quede exclusivamente definido por una guerra injustificable.

En el plano interno está esforzándose por trabajar junto con los legisladores demócratas para sacar adelante iniciativas como la reforma migratoria, o evitar que le bloqueen los recursos necesarios para aumentar el nivel de las tropas en Iraq. Y, en el plano externo, desde que nombró a la Secretaria Condoleezza Rice para ocuparse del Departamento de Estado, y ahora con John D. Negroponte como su segundo de a bordo, la diplomacia estadounidense ha tomado un rumbo distinto.

El nuevo enfoque diplomático, definido por el propio Presidente Bush como "más discreto y efectivo", se ha reflejado, por ejemplo, en el acuerdo alcanzado con Corea del Norte, y en la mesa de diálogo que reunió este fin de semana a representantes de 13 países y de tres organizaciones internacionales en Bagdad.

Por supuesto, también se manifestó en la visita del Presidente Bush a cinco países de América Latina, incluyendo a México. En cada uno trató asuntos específicos, que interesan a los anfitriones. Sin embargo, todos y cada uno de los puntos abordados por el Mandatario estadounidense parecieron tener un mismo "hilo conductor".

A pesar de los esfuerzos de los comunicadores de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, la percepción generalizada fue que la gira se diseñó con un solo objetivo: buscar un equilibrio al creciente peso del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Era algo que se esperaba desde hace tiempo. Ante el vacío generado por la falta de atención estadounidense hacia la región, y gracias a factores como la bonanza provocada por los altos precios de los energéticos, el Mandatario venezolano ha logrado articular una opción al modelo de desarrollo impulsado por nuestros vecinos.

También se esperaba que Estados Unidos buscaría sumar aliados para tratar de recuperar el terreno perdido. Desde hace varias semanas, el semanario inglés The Economist sostuvo que son los países latinoamericanos los que estarían mejor ubicados para contrarrestar la influencia de Chávez.

Es una opinión que comparten personalidades como el ex Canciller Jorge Castañeda. En un artículo publicado el 7 de marzo en el diario Washington Post, señaló que, si recibe la "cobertura política y el apoyo financiero" que se requieren, el más indicado para enfrentar a Hugo Chávez sería el Presidente Felipe Calderón. Castañeda es un gran conocedor de la región, y sus opiniones son valoradas por los centros de decisión. Pero esta vez se equivoca. México no tiene nada que ganar entrando en una dinámica de confrontación con Venezuela.

México necesita hacer su propia tarea para recuperar los espacios de interlocución que perdimos en el área durante los últimos años, y concentrarse en aplicar una política exterior activa, con un gran oficio diplomático, que contribuya al desarrollo del País.

Antes que nada, el gobierno del Presidente Calderón tiene que definir la forma en que buscará conducir la relación con Estados Unidos durante los dos años que le restan a la administración del Presidente Bush, y preparar desde ahora el terreno para entrar a una nueva etapa cuando se defina quién será su sucesor. La clave es ver hacia el futuro.

En la reunión de Mérida entre ambos mandatarios vimos que el Presidente Calderón y su equipo desean impulsar una relación más equitativa, de corresponsabilidad frente a los retos que compartimos. Para lograrlo, lo primero que hay que hacer es ganarse el respeto de nuestros interlocutores actuando con seriedad, decisión y consistencia.

"Decir que no" siempre es algo muy difícil. De acuerdo con la reseña publicada en la revista Time, William Ury, director del Proyecto Global de Negociación de la Universidad de Harvard, señala en su más reciente libro que hacerlo pone de manifiesto la tensión entre la capacidad de ejercer el poder con que se cuenta para obtener resultados inmediatos, y mantener abiertas las opciones para seguir sosteniendo relaciones constructivas en el largo plazo.

Después de la gira latinoamericana de George W. Bush, México parece encontrarse precisamente en esta disyuntiva. Si lo que se busca a corto plazo es que nos sumemos, en forma directa o tangencial, a una "coalición de los dispuestos" a competir con Venezuela para contribuir a un legado histórico que no sólo pase por Iraq, habrá que estar dispuestos a decir que no. Con claridad, mucho tacto y, sobre todo, firmeza.

De otra manera, el canto de las sirenas puede hacer que el barco de la relación bilateral vuelva a encallar de aquí al 2009. Son dos años que no podemos desperdiciar.

Wednesday, February 28, 2007

Alianza de palabra

Javier Treviño Cantú
El Norte
28 de febrero de 2007

Hizo honor a su fama de ser un "mecanismo opaco". La reciente reunión de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) pasó prácticamente inadvertida en nuestro país.

En parte, se debió a la fecha: viernes en la tarde, en Ottawa, por lo que era de esperarse que los artículos sobre el encuentro ministerial no tuvieran gran impacto. Los sábados no son el día que los periódicos tienen más lectores, ni los noticiarios la mayor audiencia. Pero, sobre todo, el reciente encuentro trilateral no llamó la atención porque no produjo anuncios espectaculares.

La ASPAN fue una iniciativa diseñada por la Casa Blanca para responder a tres preocupaciones estadounidenses: 1) las nuevas condiciones de seguridad tras los atentados terroristas del 2001; 2) las amenazas a su seguridad interna por la violencia en la frontera con México, el incremento en el flujo de trabajadores migratorios indocumentados y la porosidad de la frontera con Canadá; y 3) la pérdida de competitividad regional.

Desde que fue instituida en marzo del 2005, la Alianza ha pasado por cambios de gobierno tanto en Canadá como en México. El Primer Ministro Harper asumió el poder en febrero del 2006, poco antes de la reunión de Cancún en marzo de ese año. Ahora le tocó el turno a México, después de que Felipe Calderón tomara las riendas del gobierno mexicano en diciembre.

Sin embargo, ni Canadá ni México han aprovechado esas coyunturas para buscar un replanteamiento del esquema considerado originalmente por este peculiar espacio de diálogo y cooperación entre los tres países. Tanto México como Canadá asumieron que la agenda coincidía con sus propios intereses nacionales, y la nueva Canciller mexicana, Patricia Espinosa, así lo ratificó en la reunión del viernes en Ottawa.

Sin duda está en nuestro interés mejorar nuestra seguridad nacional, fortalecer la seguridad regional y hacer más eficientes los intercambios de bienes y servicios. El problema es que estas cuestiones tienen que ser vistas con distintas ópticas por naciones con grados de desarrollo tan diferentes como los de México y Estados Unidos, y por países con agendas que no siempre coinciden, como está ocurriendo entre Estados Unidos y Canadá.

En nuestro caso, la ASPAN tiene dos fallas estructurales: no incluye la migración como parte de los temas a discutir y nos exige una definición de fondo en torno a la cooperación militar que se requiere para cumplir sus objetivos.

La migración se ha vuelto un asunto de política interna para Estados Unidos. Nuestros vecinos deberán definir la reforma que requiere su sistema. Pero mientras no se decidan a considerarlo como un asunto que, por su naturaleza transnacional, también debe negociarse, hablar de prosperidad y competitividad regional seguirá siendo un ejercicio limitado.

En cuanto a la cooperación militar -la cual presupone una estrecha coordinación para establecer un "perímetro de seguridad norteamericano"-, el gobierno del Presidente Calderón primero deberá aclarar si siguen existiendo diferentes posturas al interior de su gabinete, ya que hasta finales del año pasado las Secretarías de la Defensa y de la Marina Armada dieron muestras claras de tener opiniones contrarias al respecto.

En el libro "Armada de México: Retos y Desafíos" que se publicó en el 2006, se señala que "en el contexto de la agenda de seguridad de la ASPAN, la SEMAR adquiere toda la responsabilidad y el peso de los compromisos del Estado mexicano, por lo que esta alianza debe ser considerada como el medio que impulse la consolidación del desarrollo integral de la Armada en los próximos años".

En cambio, cuando Estados Unidos creó en el 2002 el Comando Norte, el entonces Secretario de Defensa mexicano declaró que, a diferencia de Canadá, México no participaría en dicho organismo, y que reconocía como único contacto institucional para sus relaciones bilaterales al Pentágono. Esto no cambió a raíz de la creación de la ASPAN, y hasta donde es posible saber, la SEDENA sigue manteniendo una postura de "sana distancia" frente a sus pares del otro lado de la frontera.

La situación es compleja, porque una cosa es pedirle al Ejército que se coordine con las demás dependencias del gobierno para llevar a cabo los operativos conjuntos en contra del narcotráfico, y otra muy distinta es ordenarle que cambie todo su enfoque, su doctrina y su política de equipamiento para "compatibilizar" sus sistemas de comando, control, comunicación y computación con los del vecino.

Esto no significa que el Ejército mexicano no deba considerar esta opción. Pero hay que tomar en cuenta que es una decisión fundamental, con implicaciones muy profundas, no sólo en materia de seguridad, sino en términos políticos. Y, a dos años de que cambie la administración estadounidense, hay que valorar con extremo cuidado si se quiere dar un paso que tendrá repercusiones de lago alcance.

El tema requiere una reflexión, porque si México y Canadá no han hecho el intento por adecuar la agenda de la ASPAN a sus propias necesidades, es muy probable que, a partir de finales de 2008, el próximo inquilino de la Casa Blanca sí quiera replantear los términos de una Alianza que, hasta ahora, sólo es de palabra.

Wednesday, February 14, 2007

El Campus México

Javier Treviño Cantú
El Norte
14 de febrero de 2007

El lunes pasado asistí a un evento en la residencia del Embajador estadounidense Tony Garza. El motivo de la reunión fue conocer los avances de la Comexus, la Comisión México-Estados Unidos para el Intercambio Educativo y Cultural. Se fundó en 1990, y tuve el privilegio de copresidirla de 1994 a 1997. Entre otras actividades, se encarga de otorgar las becas Fulbright-García Robles, gracias a una de las cuales yo pude estudiar una maestría en políticas públicas en la Universidad de Harvard de 1985 a 1987.

Cuando consideramos algunos de los instrumentos para impulsar una mejor relación con Estados Unidos pensamos de inmediato en nuestra Embajada en Washington, en el Instituto Cultural que tenemos en esa misma ciudad, en los medios de comunicación y en las empresas de cabildeo.

También nos acordamos de la red de Consulados que tenemos prácticamente en toda la Unión Americana. Es una infraestructura admirada y envidiada alrededor del mundo. Además de atender los distintos trámites que deben hacer nuestros paisanos y proteger sus derechos, esta red consular nos da la oportunidad de cabildear a nivel local.

Sin embargo, existe otro instrumento que puede llegar a ser muy útil, si dejamos de desaprovecharlo y pensamos en la forma de darle un sentido estratégico. Se trata de la comunidad formada por los casi 14 mil estudiantes mexicanos que cursan algún programa en las universidades de Estados Unidos.

De acuerdo con "Open Doors 2006", el informe anual de movilidad académica internacional que publica el Institute of International Education con el apoyo del Departamento de Estado, durante el año escolar 2005-06 estuvieron inscritos en alguna institución de educación superior de Estados Unidos 564 mil 766 estudiantes provenientes de diversos países.

Las economías emergentes de Asia son las que tienen mayores contactos académicos con nuestro vecino del norte. De ese medio millón de estudiantes internacionales, poco más de 76 mil provenían de la India, unos 62 mil de China, casi 59 mil de Corea, otros 38 mil de Japón y más de 27 mil de Taiwán. Los otros dos países con un número significativo de estudiantes fueron Canadá, con 28 mil 202, y México, con 13 mil 931.

Estos casi 14 mil estudiantes mexicanos podrían ser considerados por el nuevo Gobierno federal como un activo de valor incalculable para mejorar a fondo nuestra relación bilateral más importante. Para lograrlo, habría que verlos no como un grupo disperso de historias individuales, sino como una comunidad que representa en conjunto a nuestro país. Habría que verlos como el "Campus México" en Estados Unidos.

Estudiar una licenciatura, un posgrado o alguna especialidad en el extranjero es una experiencia muy enriquecedora. En el caso de un país como Estados Unidos -aunque en casi en todas partes ya "se habla español"-, para obtener un grado académico superior hay que dominar el idioma, lo cual implica una apertura mental hacia "los otros".

Se entra en contacto con profesores de gran nivel, con las tecnologías más avanzadas y con gente de todas partes, que pueden llegar a formar una red global de contactos para toda la vida. Sobre todo, al estudiar en otro país se tiene una relación directa con su gente, con su cultura, sus valores y su forma de percibir al mundo. En pocas palabras, se puede entender mejor, y por tanto, apreciar más a ese país y a sus ciudadanos.

Sin duda, México y Estados Unidos necesitamos entendernos mucho mejor. A pesar de nuestra cercanía geográfica; de la creciente integración de nuestras economías; de los millones de mexicanos que viven y trabajan al otro lado de la frontera; de la enorme cantidad de estadounidenses que también vienen a estudiar, trabajar y vivir en nuestro País; y de una relación intercultural cada vez más intensa, seguimos sin valorar la importancia de convertir al conocimiento mutuo en la base fundamental que sostenga una mejor relación.

Los cerca de 14 mil universitarios de México que estudian en Estados Unidos son en sí mismos una excepcional historia de éxito. En la gran mayoría de los casos, han logrado su meta con muy poca ayuda del gobierno y enormes sacrificios por parte de sus familias. Son gente valiosa, que a su regreso pueden contribuir mucho al desarrollo de nuestro País, y también a que logremos tener un mayor entendimiento con nuestros vecinos.

Para darle forma al "Campus México" y poder apoyarlos, primero hay que saber quiénes son, en dónde está cada uno de ellos, qué estudian, cuáles son sus aspiraciones profesionales y cuándo deberán regresar. Con las tecnologías actuales, no se necesita un gran esfuerzo para lograrlo. Lo que se requiere es la visión política para considerarlos como uno de los recursos que pueden hacer grandes aportaciones a la construcción de una relación más firme, madura y benéfica para los dos países.

El próximo mes de marzo, cuando el Presidente Bush visite México como parte de su gira para reencontrarse con América Latina, seguramente tendrá muchos temas que platicar con el Presidente Calderón. Pero si ambos aspiran a dejar un legado de entendimiento mutuo entre México y los Estados Unidos, tendrían que dedicarle una atención prioritaria al tema de la cooperación educativa.