Wednesday, June 18, 2008

¿Un peligro para Estados Unidos?

Javier Treviño Cantú
El Norte
18 de junio de 2008

La semana pasada estuve en Washington, para participar en una conferencia organizada por el Mexico Institute del Centro Woodrow Wilson, sobre las elecciones en Estados Unidos y su impacto en la relación bilateral con nuestro país. La pregunta que todo el mundo se hizo es ¿quién le convendría más a México, Barack Obama o John McCain?

La mayoría cree que McCain ofrece mejores perspectivas. Sin embargo, debemos ser realistas: las posibilidades de que Obama gane la Presidencia de Estados Unidos son cada vez más amplias.

Ello puede tener serias implicaciones para México por dos razones. Primero, por que sin duda Obama buscaría revisar el TLC, lo cual podría “contaminar” toda la relación. Segundo, por que, al menos en la conferencia, la percepción fue que el gobierno mexicano no está listo para negociar con una administración demócrata.

La elección arranca con Obama a la cabeza en las encuestas. El viernes pasado, la de NBC y el Wall Street Journal le dio una ventaja sobre McCain de 47% a 41%; el martes, la de ABC y el Washington Post también lo coloca al frente por seis puntos porcentuales, 48% contra 42%. Para McCain, quizás su mejor opción sería retomar uno de los lemas que le dieron el triunfo a Felipe Calderón en el 2000, y tratar de convencer a los votantes de que “Obama es un peligro para Estados Unidos”.

Obama sabe que la elección está muy lejos de haberse decidido, por lo que está buscando atraer electores independientes y a los que no votaron por él en las primarias, incluyendo a los hispanos. Esto se reflejó en la entrevista que le concedió a Jorge Ramos, el presentador de Univisión, publicada por El Mercurio de Chile el 11 de junio.

Obama sostuvo que las bardas en ciertas zonas de la frontera con México pueden “ayudar a salvar vidas”, reconoció que el consumo de drogas en su país debe disminuir, y se comprometió a impulsar una reforma migratoria integral durante su primer año de gobierno. Sobre todo, insistió en que le daría prioridad a México, ya que quiere “descubrir qué necesitan del otro lado de la frontera para promover el desarrollo económico y la creación de empleos. Más trabajos allá significan menos indocumentados que vienen a Estados Unidos".

El problema es que Obama tiene otras prioridades (“cuando se termine la guerra en Irak podremos volver a enfocar nuestra atención en Latinoamérica”), y que está comprometido a renegociar el TLC. Es indudable que ello contribuiría a profundizar el clima de confrontación entre ambos países. Según el Centro Pew, el porcentaje de mexicanos que tienen una percepción positiva de Estados Unidos cayó de 56% en 2007, a sólo 47% este año; lo más grave, es que 31% cree que el vecino país es nuestro “enemigo”.

Iniciar la próxima etapa de la relación revisando el TLC contaminaría toda la agenda bilateral. A reserva de que el Congreso estadounidense apruebe pronto los recursos para la Iniciativa Mérida en términos “aceptables” para el gobierno y el Congreso mexicanos, cualquier avance en materia de cooperación sobre seguridad podría verse truncado, con la consecuente ventaja adicional para el verdadero enemigo común.

Además, las tensiones que provocaría la renegociación del TLC podrían acabar con la posibilidad de que los intereses de nuestros trabajadores migratorios y sus familias en Estados Unidos recibieran cualquier tipo de consideración especial, como parte de la supuesta reforma migratoria integral a la que Obama se ha “comprometido”.

En la conferencia del Centro Woodrow Wilson, la percepción fue que México no se está preparando para hace frente al probable escenario de una administración encabezada por el Presidente Obama. Por ello, un primer paso consistiría en hacer una evaluación exhaustiva sobre los beneficios del TLC y diseñar una campaña informativa para difundirlos, aquí y allá, como parte de un esfuerzo de comunicación más amplio para mejorar la deteriorada imagen de México en Estados Unidos.

En segundo lugar, es urgente empezar a considerar los aspectos que nosotros quisiéramos revisar del TLC, y definir las “fichas” con las que podríamos negociar. Canadá ya anticipó que usaría sus exportaciones petroleras como moneda de cambio, así que México tendrá que ser muy imaginativo para buscar alternativas, por que ese tema ya está previamente contaminado por la discusión de la reforma propuesta para Pemex.

Por último, deberíamos empezar a conocer mejor al equipo de Obama. Es necesario tender puentes con gente como Austan Goolsbee y Jason Furman, sus principales consejeros económicos; Susan Rice, que se perfila como la posible asesora de Seguridad Nacional; Tony Lake y Richard Holbrooke, quienes podrían ocupar el Departamento de Estado; y con Dan Restrepo, el actual encargado en la campaña de las relaciones con América Latina.

El estratega electoral de Obama, David Axelrod, señaló hace poco que uno de los mayores talentos del candidato demócrata es “distinguir entre aquellas cuestiones que son absolutamente esenciales, y las que son secundarias”. Es una habilidad que deberíamos aprovechar, para que conozca la complejidad de la agenda bilateral, y se convenza de que la relación con México en efecto debe recibir una atención prioritaria.

Wednesday, June 04, 2008

Del miedo a la esperanza

Javier Treviño Cantú
El Norte
4 de junio de 2008

El fin de semana pasado estuve en Medellín, Colombia. Cuando aterricé en el aeropuerto José María Córdova no sabía qué esperar. He visitado Bogotá y Cartagena varias veces, pero nunca antes la capital de Antioquia. Las percepciones son difíciles de cambiar. Las imágenes que tenía en mente eran las del Medellín de los años ochenta y noventa, controlado por Pablo Escobar y el narcotráfico, donde el común denominador era el terror, la angustia y la destrucción del capital social. Medellín era el lugar más peligroso del mundo.

Asistí a la junta del consejo del Trust of the Americas, una fundación sin fines de lucro asociada a la Organización de Estados Americanos. Paradójicamente, la OEA realizó en Medellín su Asamblea General para celebrar el 60 aniversario de su fundación, al adoptar en 1948 la Carta de Bogotá. Recorrí la ciudad, visité el Museo de Antioquia y pude ver la obra de Fernando Botero; caminé con toda tranquilidad por el centro y los barrios. Quedé gratamente sorprendido.

La transformación que vive Colombia no se puede entender sin conocer los cambios radicales que han ocurrido en Medellín durante los últimos años. Sin duda esa fue la intención del Presidente Álvaro Uribe, cuando invitó a los representantes de los 34 países integrantes de la OEA a festejar su aniversario en la segunda ciudad más importante del país.

Una cifra resume los esfuerzos para cambiar toda la imagen de Medellín. En 1991 el número de homicidios fue de 6,500; es decir, aproximadamente 380 por cada 100,000 habitantes. En 2006, bajó a 700 homicidios, ó 29 por cada 100,000, muy por debajo del promedio registrado en muchas de las principales ciudades de América Latina o Estados Unidos.

La fórmula para transformar esta ciudad de más de 3 millones de habitantes se concentró en reducir la violencia, mediante una activa participación social, una mayor presencia de fuerzas policiales mejor capacitadas, y programas para permitir la reinserción de unos 4,000 paramilitares.

En forma paralela se han tendido puentes de convivencia, mediante proyectos que incluyen la construcción de parques y excelentes bibliotecas en barrios marginales, y la generación de oportunidades para "emprendedores" que quieren salir de la economía informal. Además, se han desarrollado importantes sistemas de transporte público, como el Metroplús y el Metrocable.

Las pruebas están a la vista: en unos cuantos años, Medellín ha logrado pasar “del miedo a la esperanza”.

El responsable de la transformación de esta ciudad fue Sergio Fajardo, un doctor en matemáticas por la Universidad de Wisconsin, de 51 años. Sin experiencia previa en el terreno político, fue electo alcalde para el periodo 2004-2007, y logró obtener resultados notables con una rapidez impresionante.

Conocí a Fajardo hace un mes, en Washington, en una reunión del Diálogo Inter-Americano en donde analizamos el futuro de América Latina. Me platicó lo que hizo en Medellín, pero no me imaginaba la dimensión de los cambios que impulsó hasta que llegué a su ciudad.

Fajardo se ha vuelto una figura pública, que incluso tiene posibilidades de ser candidato a la presidencia de Colombia. Con un estilo fuera de lo común y un nivel de aprobación cercano al 90% en las encuestas, el ex alcalde de Medellín practicó un valor poco conocido en la política de nuestros países: la coherencia. "Fui un alcalde cívico independiente con una propuesta para Medellín", me decía en Washington. “Desde el primer día en que empezamos a hacer política tuvimos principios bien definidos, una propuesta clara, y siempre actuamos con coherencia. Para mí eso es muy poderoso”.

Como buen científico, basó su propuesta en una planeación rigurosa para evitar la improvisación. Su campaña electoral la hizo en la calle, estableciendo contacto directo con la gente, para tratar de saltarse la estructura clientelar inevitablemente asociada a los partidos políticos. Se rodeó de colaboradores con poca experiencia en el mundo de la política, pero con reconocimiento en los sectores privado, académico y social. Esta fórmula innovadora le dio muy buenos resultados para vincular a la empresa privada con los proyectos públicos que están cambiando a la ciudad.

Su herramienta estratégica fue el programa " Medellín, la más educada". Fajardo destinó el 40% del presupuesto local a la educación, como alternativa fundamental para superar la injusticia social.

¿Cuáles serían algunas de las lecciones de Medellín que podrían aprovechar los aspirantes a gobernar los estados y ciudades de nuestro país? Entre otras, quizás destacarían tres:

Primero, hay que atreverse a impulsar proyectos innovadores, pero basados en diagnósticos precisos, que reflejen las necesidades y preocupaciones de la mayoría de los ciudadanos, para desarrollar políticas públicas bien diseñadas en coordinación con el sector privado y las universidades.

Segundo, es indispensable enfocarse en elevar la calidad de la educación a todos niveles. Este factor sigue reafirmándose como el elemento determinante para mejorar la competitividad a nivel internacional, y sobre todo para reducir la brecha de la desigualdad a nivel interno.

Tercero, sin coherencia entre lo que se ofrece en campaña y lo que se realiza desde los palacios de gobierno, los mejores planes se quedan en simples ocurrencias.

Wednesday, May 21, 2008

La cereza del pastel

Javier Treviño Cantú
El Norte
21 de mayo de 2008

La reciente reunión Cumbre entre la Unión Europea (UE) y los países de América Latina y el Caribe (ALC), reafirmó la percepción de que nuestra capacidad para traducir esa relación en un activo que nos reporte mayores beneficios, sigue siendo muy limitada.

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos redujo su atención hacia Latinoamérica. El subsecretario de Estado Tom Shannon ha reconocido que su país ya no es el “socio por excelencia” en nuestra región. Hace poco, el Council on Foreign Relations (CFR) publicó un reporte que coincide con esta visión.

El informe del CFR señala que “la era de la influencia hegemónica de Estados Unidos en América Latina terminó”. Considera que el vecino del norte debería dedicarle más atención a cuatro temas: pobreza y desigualdad, seguridad pública, migración y seguridad energética. Sugiere que Estados Unidos se concentre en fortalecer sus relaciones con México y Brasil, y en redefinirlas con Venezuela y Cuba.

La quinta Cumbre EU-ALC, celebrada en Lima, Perú, se articuló precisamente en torno a dos grandes ejes: por un lado, pobreza, desigualdad y cohesión social; por el otro, desarrollo sostenible, cambio climático, medio ambiente y energía.

La reunión arrancó entre señales preocupantes. No asistieron los mandatarios de Gran Bretaña, Francia e Italia, restándole estatura al evento. Justo un día antes de que iniciara, Interpol validó la información de las computadoras aseguradas por Colombia, durante el ataque al campamento de las FARC en Ecuador. Las posibilidades de un nuevo choque tensaron el ambiente.

El presidente peruano, Alan García, se apuntó un logro diplomático al evitar que las diferencias entre sus vecinos acapararan la atención. La Cumbre fue calificada como una de las más fructíferas que se han realizado. La Declaración de Lima tiene mucha sustancia, aunque el formato de la reunión y la amplitud de los temas abordados hicieron que se diluyera la trascendencia de los acuerdos.

Tras bambalinas, se registraron fricciones delicadas. Según el diario El País: “Europa ha decidido variar drásticamente su relación económica, y en el fondo también política, con los países de la zona, dando prioridad a unos sobre otros. Aunque la declaración final enfatiza que la prioridad política es lograr acuerdos por bloques, como el Mercosur o la Comunidad Andina, las trabas puestas por Venezuela y Bolivia han llevado a los europeos a optar por la negociación individual del libre comercio”.

En medio de las turbulencias, el presidente Felipe Calderón tuvo una buena Cumbre en Lima. La mesa de trabajo que presidió le permitió enfocarse en el tema de la seguridad alimentaria. Su propuesta de crear un Fondo Verde, que complemente esfuerzos para reducir el impacto del cambio climático, fue bien recibida, y se confirmó una línea de crédito por 50 millones de euros para programas ambientales en México.

Además, al mismo tiempo que la Iniciativa Mérida avanzaba de manera condicionada por el Congreso de Estados Unidos, la Declaración incluyó un compromiso para impulsar una mayor cooperación en materia de seguridad, en particular para combatir el narcotráfico, con base en el principio de la co-responsabilidad.

Sin duda, la cereza del pastel fue que se formalizó la designación de México como “socio estratégico” de la UE. La medida representa un espaldarazo a las aspiraciones de nuestro país para ser considerado como una de las principales potencias emergentes del escenario internacional. Aparte de Estados Unidos, la UE solamente había incluido en este exclusivo club a Canadá, Japón, Rusia, India, China, Sudáfrica y Brasil.

La noticia se filtró poco antes de la visita que realizó a nuestro país el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Quizás por ello, el anuncio no fue promovido por los encargados de la comunicación gubernamental. Incluso, en la conferencia de prensa conjunta que ofrecieron ambos presidentes en Los Pinos, el tema fue completamente opacado por la reiteración del controvertido llamado que hizo Felipe Calderón, a cerrar filas en torno a su estrategia para combatir al crimen organizado.

El embajador de la UE ante México, Mendel Goldstein, reveló que México fue el que pidió que se le diera el mismo trato que a Brasil (Reforma, “Dice UE que México pidió ser estratégico”, 09/05/2008). Sin embargo, ningún funcionario explicó a los medios el sentido y alcance del nombramiento. Las razones para hacerlo quizás sean evidentes; pero, sin argumentos claros por parte del gobierno, la designación acabó resultando deslucida.

La próxima Cumbre UE-ALC se realizará hasta el 2010, en España, cuando varios países del área estaremos festejando el bicentenario de nuestra independencia.

Para entonces, quizás sabremos si la intención de buscar esta sociedad estratégica era llevar nuestra relación con Europa a un plano cualitativamente superior, para tratar de equilibrar el peso de nuestra cercanía a los Estados Unidos y proyectarnos como una auténtica potencia emergente en un escenario global marcadopor la a-polaridad. O tal vez nos enteraremos que se trató de un ejercicio más de relaciones públicas para mejorar nuestra imagen internacional.

Wednesday, May 07, 2008

México y la elección de EU

Javier Treviño Cantú
El Norte
7 de mayo de 2008

Después de los resultados de ayer en las elecciones primarias de Indiana y Carolina del Norte, aún nadie puede predecir quién ganará la candidatura demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, y mucho menos quién ocupará la Casa Blanca a partir del próximo año. La contienda se ha convertido en un drama verdaderamente épico.

Por un lado, los protagonistas. En la esquina de los demócratas, Hillary Clinton, una mujer que busca reinventarse a sí misma como una estadista con peso político propio, en contra de Barack Obama, un sofisticado pero inexperto Senador afroamericano, que intenta encarnar la esperanza del cambio con una forma post-moderna de hacer política.

Los demócratas siguen enfrascados en una lucha interna fratricida, que les puede significar la derrota ante su oponente republicano: John McCain, un héroe de guerra, capaz de sobreponerse a todo para seguir en la pelea, e incluso con posibilidades de ganar, a pesar de la lamentable situación en que deja al vecino país la administración Bush.

Por otro lado, un escenario marcado por el miedo. Los votantes de la superpotencia mundial se acercan a la hora de las definiciones atemorizados por el impacto de la desaceleración económica y de los profundos ajustes que implica la competencia económica global. También, por las consecuencias de las guerras contra Irak y Afganistán, y por la pérdida de su “poder suave” ante el rechazo generalizado a prácticas ilegales, como la tortura para combatir al terrorismo, o reprobables, como la construcción de la barda en la frontera con México.

En esta lucha épica por la Presidencia de Estados Unidos, también entra la redefinición a corto plazo de la relación con nuestro país.

La semana pasada estuve en Washington para participar en Vanguardia Latina, la extensión del Espacio de vinculación que ha abierto Televisa. Ahí comenté que, desde la perspectiva mexicana, con la elección en Estados Unidos está en juego: 1) la oportunidad de que las relaciones mejoren y se busque una solución integral a los retos comunes que enfrentamos en materia de seguridad, migración y competitividad; 2) el riesgo de que las relaciones empeoren por falta de voluntad, incapacidad institucional o la adopción de políticas proteccionistas; y 3) la probabilidad de que se mantenga la situación actual, sin grandes cambios, para ir sobrellevando una relación incómoda para todos.

El contraste entre los precandidatos demócratas y el republicano es muy claro, sobre todo respecto al libre comercio. Por ello, hay quienes opinan que la elección de McCain ofrecería mejores opciones para nuestro país.

Debido a que es un republicano curtido en temas de seguridad nacional, se considera que existirían mayores probabilidades de que mantenga la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte. En particular, la elección de McCain quizás represente la mejor oportunidad para que se concrete la Iniciativa Mérida, propuesta por el presidente Calderón.

McCain también ha sido consistente en su postura a favor de una reforma integral al sistema migratorio de Estados Unidos. Pero, sobre todo, su abierto rechazo a cualquier posibilidad de replantear los términos actuales del TLC, es lo que despierta mayores esperanzas de que la relación se mantuviera en el rumbo correcto.

Con todas sus fallas y limitaciones, el Tratado ha sido clave para establecer reglas claras y generar una confianza que se traduzca en inversiones productivas de largo plazo. Sin embargo, los Senadores Obama y Clinton han insistido en que, de ganar la Presidencia, procederían de inmediato a renegociar el TLC. Una cosa es la retórica de campaña y otra muy diferente el difícil arte de gobernar, pero con sus repetidas declaraciones, han metido el tema en una camisa de once varas de la que no se podrán escapar.

Un viraje proteccionista radical representa el mayor factor de riesgo pare el futuro de las relaciones bilaterales. Es imposible subestimar el deseo de cambio que existe en Estados Unidos. A pesar de los temores que puedan despertar ambos precandidatos demócratas, eso significa que la probabilidad de que alguno de los dos triunfe en las elecciones de noviembre es alta.

El gobierno mexicano no tiene tiempo que perder. Además de mantener el barco a flote ante el recrudecimiento de la lucha contra el crimen organizado y el vendaval económico global, necesita fortalecer su capacidad para defender los derechos de nuestros connacionales en el vecino país ante la creciente ola antiinmigrante, y promover los intereses de México.

El futuro cambio de gobierno en Estados Unidos no sólo exige a México preparativos para ser anfitriones de la próxima cumbre de la ASPAN, ni reclamos altisonantes para que los vecinos se hagan corresponsables de la inseguridad que nos azota.

Hoy por hoy, ante la posibilidad real de una administración Obama o Clinton, el gobierno mexicano quizás debería empezar por revisar a fondo la estrategia de comunicación y cabildeo que permitió alcanzar la firma del TLC en 1993.

En estos años, la llegada del Internet y las redes de organizaciones han generado cambios estructurales en los dos países. Actualmente, desarrollar un esfuerzo similar para asegurar la supervivencia del TLC sería mil veces más complejo. Es hora de anticipar riesgos.

Wednesday, April 23, 2008

Visiones del nuevo orden mundial

Javier Treviño Cantú
El Norte
23 de abril de 2008

Durante el vuelo de regreso de Nueva Orleáns, seguramente el Presidente Calderón quedó convencido de que está por cerrarse un ciclo al concluir la administración del presidente Bush. Tal vez también se hizo preguntas sobre el futuro.

Después de ganar la Guerra Fría y quedar como la única superpotencia en un sistema unipolar, el consenso es que Estados Unidos ha malgastado su poder al iniciar una guerra injustificable contra Irak, recurrir a prácticas ilegales como la tortura para combatir el terrorismo, y poner en riesgo la estabilidad económica mundial con su incapacidad para prevenir el colapso del mercado hipotecario de alto riesgo.

Para México, el fin del ciclo se resume en la construcción a marchas forzadas de la barda fronteriza, y en el rechazo proteccionista al TLC por parte de los aspirantes demócratas a la presidencia, Hillary Clinton y Barack Obama. Por ello, la visión de cuatro reconocidos analistas puede ayudar a definir algunas preguntas que México necesita hacerse en el marco del nuevo orden mundial que está surgiendo.

Para Fred Kaplan, el mismo fin de la Guerra Fría destruyó el concepto de “superpotencia”. En su libro Daydream Believers: How a Few Grand Ideas Wrecked American Power, sostiene que este cambio debilitó a Estados Unidos, al reducir los espacios para imponerle su voluntad a otros países y actores. Pero, en lugar de reconocerlo, la administración Bush asumió la conclusión opuesta: la idea de que su poderío era casi absoluto los llevó a cometer costosos excesos.

Según Kaplan, Estados Unidos sólo es una potencia más, en un sistema que oscila entre la multipolaridad y la anarquía, por lo que la primera tarea de la siguiente administración sería reconstruir los lazos con sus principales aliados. Igualmente, la primera pregunta para México sería cómo convencer al próximo ocupante de la Casa Blanca de que nuestro país debe ser incluido en esta categoría.

Por su parte, Robert Kagan sostiene en sus ensayos The Return of History and the End of Dreams y The End of the End of History, que el mundo ha regresado a la “normalidad”. El mundo sigue siendo unipolar; lo que ha cambiado es la reanudación de la competencia entre potencias regionales. Estados Unidos sigue a la cabeza, pero rivaliza con Rusia, China, la Unión Europea, Japón y otras naciones para predominar.

De acuerdo con Kagan, las democracias liberales además compiten en el terreno ideológico con autocracias económicamente exitosas, como China y en menor medida Rusia, por definir el mejor modelo de desarrollo para miles de millones de personas.

Ante la falta de acuerdos básicos entre las potencias, Kagan opina que Estados Unidos podría encabezar una nueva “liga de países democráticos”, que complemente los esfuerzos de organismos como la ONU. John McCain, el candidato Republicano a la presidencia estadounidense, ya incluyó esta idea en su plataforma electoral. En caso de que gane, la pregunta es cómo lograr que México se sume a este club, cuando nuestra inmadura democracia puede ser secuestrada por un dirigente mesiánico.

Parag Khanna ofrece un enfoque alternativo. En su libro The Second World: Empires and Influence in the New Global Order, considera que hay tres grandes potencias: Estados Unidos, la Unión Europea y China. La competencia entre ellas estaría dándose en el “segundo mundo” de las potencias regionales, desde Rusia y la India, hasta Brasil.

Lo que caracteriza a las potencias “segundomundistas” más exitosas, sería la capacidad de equilibrar sus relaciones con las tres potencias principales, para no depender de una sola. A pesar de contar con un acuerdo privilegiado con la Unión Europea y de los puentes con Asia a través de la membresía en APEC, México ha puesto prácticamente todos sus huevos en la canasta norteamericana. La pregunta, por lo tanto, sigue siendo cómo ir más allá de la retórica para reducir la vulnerabilidad estratégica que significa nuestra excesiva dependencia frente al vecino del norte.

Por último, Richard N. Haass, uno de los internacionalistas estadounidenses más influyentes, acaba de publicar un largo artículo en la revista Foreign Affairs, en donde sostiene que el mundo se ha vuelto “a-polar”: el poder se ha dispersado entre un creciente número de centros, donde los Estados apenas son uno de los actores.

Para Haass, el poder de los gobiernos nacionales se ve limitado desde “arriba”, por los organismos multilaterales y regionales; desde “abajo”, por las organizaciones criminales transnacionales; y desde los “lados”, por las capacidades de las grandes compañías multinacionales y de ONGs dedicadas a temas como los derechos humanos.

De acuerdo con Haass, el mundo a-polar es por naturaleza inestable, lo que aumenta los riesgos y las dificultades para concertar acciones frente a retos globales como la inseguridad energética. En este sentido, las alianzas cobran mayor importancia que nunca, así como la diplomacia multilateral.

México probablemente ocupará un asiento no-permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU durante los dos próximos años. La pregunta es si está preparado para aprovechar ese espacio, o si, como ocurrió la vez anterior, terminará pagando costos tan altos como el enfriamiento glacial de la relación con los Estados Unidos, justo al arranque del nuevo ciclo que está por comenzar.

Wednesday, April 09, 2008

Una cómoda apuesta

Javier Treviño Cantú
El Norte
9 de abril de 2008

A unos días de que se celebre la cumbre de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), México parece ir a contracorriente en su relación con Estados Unidos. El mundo espera grandes cambios cuando llegue una nueva administración a la Casa Blanca, ya sea demócrata o republicana. Sin embargo, en México el Gobierno le está apostando a la inercia del continuismo.

Los pendientes en materia de política exterior que deja Bush a su sucesor(a) son interminables: Iraq y Afganistán; el Medio Oriente; China, Rusia, la India y otras potencias emergentes con programas nucleares; la relación transatlántica con Europa; África. Todos recibirán una atención prioritaria antes de que alguien se ocupe de América Latina.

Además, el nuevo Gobierno deberá definir su postura frente a temas globales como la "guerra contra el terrorismo", la proliferación de armas de destrucción masiva, el calentamiento global, la inseguridad energética, la promoción de la democracia y, por supuesto, la reactivación de la economía estadounidense.

Es cierto que algunos especialistas opinan que la política exterior de la siguiente administración será definida más por la continuidad, que por el cambio. Si acaso tienen razón, la clave estará en el nuevo "principio rector" que oriente la toma de decisiones en la Casa Blanca para distinguir entre lo urgente, y lo importante.

Parecería que México le está apostando a este escenario de continuismo. En el caso de la relación comercial tiene sentido. La gran mayoría de los estudios muestra que, con todo y sus limitaciones, el TLC ha tenido efectos positivos para México. Por ello el Gobierno mexicano ha cerrado filas para defenderlo a capa y espada. El pasado fin de semana, el Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, sostuvo en Miami que "lo que importa es que (el TLC) continúe... nosotros no expresamos, como miembros de gobierno, preferencia por ningún candidato".

El caso de la ASPAN es más complicado. Ésta fue una iniciativa de Washington para atender las preocupaciones por su seguridad tras los atentados del 11 de septiembre. Nunca contempló espacios para discutir otros asuntos de importancia fundamental para las contrapartes, especialmente el tema migratorio. Su peculiar diseño ha despertado sospechas y temores, especialmente en Estados Unidos. En México y Canadá también existe un gran escepticismo acerca de sus ventajas.

A pesar de todo, el Gobierno mexicano considera que la ASPAN es el mejor instrumento para asegurar la supervivencia de proyectos como la "Iniciativa Mérida". Los mil 400 millones de dólares que solicitó el mandatario estadounidense para esta iniciativa están congelados en su Congreso. El pasado 4 de abril se publicaron declaraciones del Subsecretario para América del Norte, Carlos Rico Ferrat, quien habría sostenido que "para nosotros es fundamental que quien llegue (a la Presidencia de Estados Unidos) no quiera cambiarnos la agenda o no aprovechar todo el avance que hemos logrado". Con ello, reafirmó que la continuidad de la ASPAN es una de las principales metas para la cumbre que sostendrán los Presidentes Bush y Calderón, junto con el Primer Ministro canadiense Stephen Harper, el 21 y 22 de abril en Nueva Orleans.

El Presidente Felipe Calderón llegará a esa cumbre con una posición de fuerza relativa. La economía mexicana ha resistido mejor de lo esperado la desaceleración económica en Estados Unidos. La estrategia de combate a la inseguridad dista mucho de haber logrado sus objetivos, pero la reestructuración de la Policía Federal y otras medidas indican que México por lo menos está tratando de hacer su parte para enfrentar el reto común. Además, se ha recuperado capacidad de interlocución con América Latina a través de la presidencia del Grupo de Río, y pronto ocuparemos un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Para que México capitalice esta fortaleza del Presidente y los "espacios ganados" a los que se refirió el Subsecretario Rico, habría que concentrarse en cuatro aspectos: 1) Replantear la estrategia de comunicación internacional del Gobierno para dejar atrás los reclamos altisonantes y la dispersión de mensajes. 2) Designar un nuevo encargado de llevar todos los hilos de la ASPAN. La agenda de seguridad está a cargo de la Secretaría de Gobernación, y la de prosperidad queda bajo la coordinación de la Secretaría de Economía, ambas con todo el apoyo de la Cancillería. Pero el diseño de la ASPAN exige que haya un responsable de mantener la perspectiva global, y para ello debe estar lo más cerca posible del Presidente, en Los Pinos. 3) Mejorar la coordinación dentro del gabinete de seguridad. Esto es esencial, particularmente ante las recientes muestras públicas de diferencias entre la SSP y la Sedena. 4) Diseñar un nuevo modelo para ampliar la participación de otros actores en el mecanismo, sin perder efectividad, tomando como referente la experiencia del Consejo de Competitividad de América del Norte.

Ante la oportunidad de que México presente una iniciativa de reforma para la relación con Estados Unidos y Canadá, en la próxima cumbre de la ASPAN deberíamos apartarnos de la cómoda apuesta por la continuidad.

Wednesday, March 26, 2008

Cambios en las noticias

Javier Treviño Cantú
El Norte
26 de marzo de 2008

En México existen pocos indicadores para conocer la forma en la que están evolucionando el periodismo y los noticieros dentro de la industria de los medios de comunicación. Los tirajes reales de los diarios siguen siendo un misterio para la mayoría del público, mientras que los ratings de los programas de radio o televisión solamente son conocidos por los mismos medios, o por empresas con capacidad de pagar sumas considerables para saber a ciencia cierta los niveles de audiencia.

Sin embargo, es evidente que en nuestro país también se presentan muchas de las tendencias que están cambiando de manera radical todo el panorama de la comunicación, tanto por el avance de las tecnologías, como por la forma en la que los ciudadanos están dispuestos a ejercer su capacidad de participar directamente en el proceso para crear o definir lo que es noticia.

Una muestra la tenemos en los noticieros matutinos de las principales televisoras de nuestro país. Uno de sus conductores no sólo mantiene un blog para que él y su equipo sostengan un intercambio directo con los televidentes, sino que incluso ha puesto a trabajar al público, pidiéndole que se transforme en un ejército de reporteros para que investiguen sobre diversos temas y manden imágenes que permitan armar historias periodísticas novedosas.

Hasta en un país tan resistente al cambio como el nuestro, los nuevos “medios sociales” están creciendo. Con base en cifras de la red social bitacoras.com, el blog Rienzie calcula que en México hay más de 22,600 bitácoras personales actualizadas en línea, mientras que el directorio blogsmexico.com incluye casi 11,000.

La falta de avances en materia de conectividad en nuestro país ha hecho que su alcance siga siendo limitado. Según la Asociación Mexicana de Internet, las cuentas de banda ancha crecieron más de 48% entre 2006 y 2007, llegando a cerca de cuatro millones. Por su parte, la OCDE considera que a mediados del año pasado México tenía menos de 5 suscriptores a servicios de Internet de banda ancha por cada 100 habitantes. Esto nos coloca en el último sitio entre los miembros de la organización; incluso por debajo de países como Turquía y Grecia, a quienes superábamos por amplios márgenes apenas hace dos años.

Por éstas y otras razones, la influencia ejercida por los blogs en el debate político-ciudadano de nuestro país había sido marginal… hasta ahora. En febrero se dieron un par de ejemplos que ilustran la forma en que esto empieza a cambiar.

El primero tuvo que ver con el sendero del peje, un blog que aparentemente se ha vuelto aún más radical que el movimiento original en el que se inspiró. En el marco de la tormentosa lucha interna por el relevo en la dirigencia del PRD, dos diputados de dicho partido, Francisco Sánchez y Antonio Ortega, demandaron ante la PGR al sitio y a su autor, Víctor Hernández, por los delitos de difamación y amenazas. Con ello, el cyberespacio se consolidó como uno de los campos en donde nuestra ilustre clase política y los ciudadanos pueden librar batallas.

El segundo ejemplo de la creciente influencia que están alcanzando los blogs es el famoso video promocional de Pemex, sobre el “tesoro” que yace en el fondo del Golfo de México. Su lanzamiento iba a marcar el inicio de una amplia campaña mediática, para “concientizar” a la opinión pública sobre la necesidad de llevar a cabo una reforma energética tan profunda como las aguas bajo las que se encuentra el tesoro petrolero de la nación.

Pero a los encargados de la comunicación gubernamental se les adelantó el blog gendetta.com. Desde el 19 de febrero el sitio dio a conocer el promocional, y la noticia empezó a circular rápidamente en la red. Aún así, la historia del video se convirtió en noticia hasta el 27 de febrero, cuando un columnista del periódico La Jornada difundió que el video estaba disponible en YouTube.

Esto vino a demostrar que, en México, la información y las opiniones que se intercambian a través de los blogs, sólo se vuelven “relevantes” hasta que son retomados y —en ese sentido— validados por alguno de los medios “tradicionales”, que ya cuentan con el reconocimiento de sus respectivos segmentos de audiencia.

Por otra parte, algunos de los blogs más interesantes y constructivos, logran ganar una mayor proyección cuando estos mismos medios “tradicionales” abren espacios para que sus colaboradores interactúen con el público, como sería el afortunado arribo de los blogs de Jesús Silva-Herzog y varios articulistas más al sitio del Grupo Reforma.

Como señala el nuevo reporte sobre la situación del periodismo en Estados Unidos, estamos ante una transformación histórica. Se están definiendo sobre la marcha nuevos modelos de negocio para toda la industria de los medios; nuevas maneras de entender las diversas profesiones relacionadas con la comunicación; y nuevas formas de participación ciudadana, en un campo esencial para el desarrollo pleno de cualquier sociedad. Lo mejor de todo, es que, en México, apenas estamos en el umbral de cambios inimaginables.

Wednesday, March 12, 2008

México y Corea: Socios estratégicos

Javier Treviño Cantú
El Norte
12 de marzo de 2008

Existen muchas razones que explican la percepción de que la política exterior durante el sexenio anterior arrojó un balance negativo. El enfriamiento de la relación con Estados Unidos y la consecuente incapacidad para lograr el ansiado acuerdo migratorio bilateral, la pérdida de espacios de interlocución en América Latina por las fricciones con varios países de la zona, o la falta de avances para impulsar lazos más productivos con la Unión Europea, son algunos de los elementos que se citan con mayor frecuencia para construir una narrativa en donde se han impuesto episodios y anécdotas desafortunadas.

Sin embargo, es un hecho que también existen algunos ejemplos de logros valiosos que contribuyeron a darle una mayor proyección a la presencia de México en regiones estratégicas, como Asia, así como para integrar a un mayor número de actores, tanto públicos como no gubernamentales, en el diseño de iniciativas de política exterior muy prometedoras. Sin duda, uno de los casos más notables fue el nuevo enfoque que se le dio a la relación con Corea del Sur.

Desde el inicio de la década de los 90, nuestro país buscó fortalecer su presencia en una de las áreas más dinámicas del planeta. A la apertura de embajadas en países como Tailandia, Singapur, Malasia y Nueva Zelanda, se sumó nuestro ingreso en 1993 a APEC, el foro de cooperación económica del Pacífico Asiático. Después de las difíciles negociaciones con China para lograr su entrada a la Organización Mundial de Comercio durante el sexenio del Presidente Zedillo, la llegada de la alternancia con el triunfo del PAN en las elecciones presidenciales del 2000 generó condiciones para dar paso a un nuevo capítulo en las relaciones con países asiáticos que ofrecían un gran potencial de crecimiento.

Entre éstos, Corea destacaba por su desarrollo económico en sectores claves, como el de las tecnologías de la información. También, por el indudable éxito de sus políticas educativas, como lo muestra un estudio comparativo entre los sistemas de ese país y México publicado en 2006 por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (www.inee.edu.mx/images/stories/
documentos_pdf/Publicaciones/MexicoyCorea/mexicoycoreac.pdf).

El Gobierno del Presidente Fox buscó elevar las relaciones bilaterales con Corea, al mismo nivel de importancia que hasta entonces sólo habían tenido los intercambios con Japón y China. La forma en la que se buscó replantear los vínculos políticos, económicos y culturales entre los dos países resultó novedosa: durante la visita de Estado que realizó el mandatario mexicano a ese país en 2001, se anunció el establecimiento de la Comisión México-Corea Siglo XXI.

Cuando el Secretario de Relaciones Exteriores de México, Jorge G. Castañeda, me invitó a formar parte de esa Comisión, no sabía exactamente qué esperar. Se trataba de integrar un grupo multidisciplinario de mexicanos y coreanos, compuesto por destacados empresarios, académicos, legisladores y diplomáticos. El encargo que recibimos de ambos presidentes fue estudiar todos los aspectos de la relación, para proponer acciones concretas y definir estrategias a largo plazo que contribuyeran a fortalecerla.

El esfuerzo valió la pena. Nos reunimos en varias ocasiones, tanto en Seúl como en la Ciudad de México. Las diferentes perspectivas de los integrantes enriquecieron las discusiones y nos permitieron combinar elementos para darle una visión integral a nuestro trabajo. Identificamos oportunidades para que nuestras dos economías se complementen y aprovechen las ventajas que ofrece su respectiva ubicación al lado de los mayores mercados mundiales -Estados Unidos y China-, a la vez que evaluamos medidas para darle un enfoque más preciso a las tareas de cooperación bilateral.

Finalmente, en el 2005 presentamos nuestro informe (www.consejomexicano.org/download.php?id=115341,719,7), incluyendo la recomendación que permitió establecer un Acuerdo de Asociación Estratégica para la Prosperidad Mutua, durante la visita a México del entonces Presidente coreano Roh Moo-hyun.

Este mecanismo ha producido avances importantes. En particular, ha generado espacios para abordar temas delicados, como el marcado déficit comercial que sigue arrastrando nuestro país. Según cifras de la Secretaría de Economía, nuestras exportaciones apenas sumaron poco más de 460 millones de dólares en 2006, mientras que las importaciones de productos coreanos superaron ese mismo año los 10 mil 600 millones. Es un asunto importante, y seguramente está muy presente en las negociaciones que se llevan a cabo actualmente para alcanzar un acuerdo de libre comercio.

México y Corea del Sur siguen trabajando para convertirse en socios verdaderamente estratégicos. La tarea del Embajador Jong-Chan Won y la elección en diciembre pasado del nuevo Presidente Lee Myung-bak abren una nueva etapa en las relaciones entre nuestros dos países que, seguramente, permitirá imprimirles un dinamismo aún mayor. En mi caso personal, haber participado en la Comisión Siglo XXI representó una oportunidad extraordinaria para conocer ese gran país, y estar en condiciones de aportar un pequeño grano de arena al acercamiento de nuestros dos pueblos sirviendo ahora como Cónsul Honorario de la República de Corea en Monterrey.

Wednesday, February 27, 2008

Islas de seguridad

Javier Treviño Cantú
El Norte
27 de febrero de 2008

Como lo muestra la construcción del muro fronterizo entre México y Estados Unidos, o la propuesta para levantar una reja que separe a los municipios de San Nicolás y Guadalupe en Nuevo León, muchos gobiernos siguen limitándose a tratar de contener los retos que estamos experimentando en la era de la globalización con simples respuestas técnicas y tecnológicas, en lugar de buscarles soluciones políticas de fondo.

Muchas de las paradojas que vivimos hoy se deben al desfase entre la economía y la política. Mientras que la primera en efecto se ha globalizado, la segunda sigue teniendo un carácter predominantemente nacional. Tip O'Neill, un antiguo líder de la Cámara de Representantes de Estados Unidos ya fallecido, decía que toda la política es local, y ése es uno de los problemas que está impidiendo encontrar respuestas eficaces a muchos problemas estructurales.

Después de la caída del Muro de Berlín, el Consenso de Washington recetó una mínima interferencia de los gobiernos en la actividad económica. Eso significó un adelgazamiento que dejó a muchos de ellos en condiciones anémicas. En el caso de México, después de la ola privatizadora y del TLC, la crisis por el "error de diciembre" a finales de 1994 redujo aun más la capacidad de los gobiernos a nivel federal, estatal y municipal para hacer frente a retos como el de la inseguridad.

Con la llegada de la alternancia política en el 2000, revivió la esperanza de que nuestros diversos aparatos gubernamentales se fortalecerían. No fue así. Sin recursos presupuestales adicionales y, sobre todo, sin proyectos para mejorar las capacidades de las administraciones públicas, los problemas se multiplicaron. Como toda la política es local, el espacio donde los retos se conjuntan, y magnifican, es en los municipios.

Ahora, ante una reforma electoral que no incluyó ampliar los plazos de gobierno municipal o la reelección de sus titulares para impulsar políticas públicas de largo plazo, la racionalidad que impone una democracia electoral ha resultado en la búsqueda de soluciones simples, baratas e instantáneas.

En lugar de diseñar programas multisectoriales y multianuales con la participación de los tres órdenes de gobierno, empresas privadas, universidades, organizaciones sociales y la comunidad para hacer frente a una problemática real, resulta mucho más "sencillo" cercar colonias enteras, poner casetas de vigilancia en los puentes peatonales como las que existían en el "Checkpoint Charlie" entre Berlín del este y del oeste, y separar con una reja dos municipios vecinos.

La iniciativa sigue el mismo modelo de lo que ocurre en la frontera norte. Ante la amenaza de un enemigo invisible tras los ataques terroristas del 11de septiembre de 2001, y frente al crecimiento explosivo de la población inmigrante indocumentada, la administración Bush decidió fortalecer las capacidades del Estado para garantizar la seguridad de su país.

En lugar de reconocer la naturaleza estructural del fenómeno como base para realizar una reforma integral a su propio sistema migratorio y establecer un acuerdo multilateral que incluyera a México y otros países, la opción más "sencilla" fue reforzar el control sobre su frontera sur construyendo bardas físicas y una valla virtual.

El viernes pasado, el Secretario Michael Chertoff anunció que el Departamento de Seguridad Territorial se hará cargo del "Proyecto 28". Se trata del muro electrónico desarrollado por la compañía Boeing en un área cercana a Tucson, Arizona, con una extensión equivalente a 45 kilómetros. Según algunos reportes periodísticos, el gobierno estadounidense le habría pagado a Boeing alrededor de 80 millones de dólares por el sistema, pero ante las fallas que sigue presentando, es muy probable que el experimento tecnológico no sea ampliado a otras partes de la frontera.

Lo que sí seguirá avanzando es la construcción de las bardas. Chertoff declaró que le daba "un gran gusto" anunciar que ya tienen más de 480 kilómetros de muros y topes para frenar el paso de personas y vehículos. Igualmente, dio a conocer que para finales de este año esperan completar mil 65 kilómetros de vallas y que la Patrulla Fronteriza contará con 18 mil agentes, el doble que al inicio de la administración Bush.

Sin duda, en la etapa de la globalización los problemas son cada vez más complejos. Y esa creciente complejidad genera muchos desequilibrios; pero, mientras en algunas economías emergentes éstos son considerados como una oportunidad, en países avanzados como Estados Unidos son vistos como un peligro.

La percepción de riesgo está llevando a un replanteamiento de la forma en la que los gobiernos deben actuar, y la tendencia parece apuntar hacia un movimiento pendular que refuerce las capacidades tecnológicas y regulatorias del Estado para contener fenómenos como la inseguridad o la migración indocumentada.

Hay quienes todavía creen -en Washington o en San Nicolás- que pueden construir islas de seguridad. El problema es que, sin soluciones políticas sólidas a nivel local, nacional y multilateral, los retos que sólo se contienen generan mayores presiones. Y, cuando finalmente estallen en toda su dimensión, no habrá barda ni tecnología que pueda impedir una catástrofe.

Wednesday, February 13, 2008

Todo cambió y todo sigue igual

Javier Treviño Cantú
El Norte
13 de febrero de 2008

Igual que hace 20 años, la relación entre México y Estados Unidos sigue centrada en los mismos temas que ocuparon a Miguel de la Madrid y Ronald Reagan. Y así como ocurrió en la gira de 1991 del presidente Carlos Salinas, es evidente que nunca existe un momento ideal para hacer acto de presencia en tierras vecinas con objeto de promover intereses mutuos que, al mismo tiempo, son parte fundamental de la agenda interna de cada país.

Hace dos décadas, un día como hoy de la Madrid y Reagan tuvieron su último encuentro en Mazatlán. Gracias a un acuerdo para que las diferencias por Centroamérica no opacaran el evento, las pláticas se concentraron en la economía y la cooperación antinarcóticos. O, más bien, la falta de cooperación.

Según el New York Times (Clash over drugs as Reagan meets with Mexico chief, 14/02/1988), de la Madrid insistió en que todo el problema se debía al consumo de los vecinos, y en su brindis durante la cena denunció que “en ciertos sectores” de Estados Unidos no se apreciaban los esfuerzos de México para combatir el narcotráfico.

Detrás de estas tensiones se encontraba el infame proceso de “certificación”. Como señaló el diario, muchos funcionarios del vecino país creían que México no cooperaba lo suficiente, pero tampoco querían suspender toda la ayuda por que el impacto sería contraproducente.

En la carta que envió al Congreso en abril de ese mismo año para pedir la certificación (http://www.presidency.ucsb.edu/ws/?pid=35678), Reagan sostenía que “si bien México continuará su propia lucha contra el narcotráfico, podría cortar la relación con Estados Unidos para el programa de erradicación aérea de cultivos y rechazar la ayuda por $814.5 millones de dólares que le damos actualmente. El resultado seguramente será un incremento del flujo de drogas a Estados Unidos”.

Palabras más, palabras menos, el monto de los apoyos y los argumentos son básicamente los mismos que presentaron la semana pasada los funcionarios estadounidenses que testificaron ante su Congreso, para “convencer” a los legisladores de que deben aprobar los recursos para la Iniciativa Mérida.

El otro tema del encuentro entre de la Madrid y Reagan fue la economía. Después de un sexenio en crisis, la deuda externa había alcanzado límites insostenibles y México necesitaba el respaldo de Estados Unidos para aplicar un programa que aliviara la presión. Por su parte, Reagan llegaba decidido a impulsar uno de sus proyectos preferidos: el Mercado Común de América del Norte.

Las pláticas no prosperaron en Mazatlán. Las esperanzas de la Madrid y, sobre todo, de su sucesor, estaban puestas en las negociaciones para concluir la Ronda Uruguay del GATT. El mismo New York Times (Ailing Mexico economy will be a focus of talks, 12/02/1988), citaba declaraciones del candidato Salinas, quien consideraba que las diferencias entre México y Estados Unidos eran “tan grandes, que no creo que un mercado común le ofrezca una ventaja a ninguno de los dos países”.

Su visión no tardaría en cambiar. Tres años después, el TLC se había convertido en la mejor opción para crecer. En su libro México, un paso difícil a la modernidad, el ex mandatario describe la ofensiva de cabildeo y promoción que desarrolló su gobierno en Estados Unidos para lograr la aprobación.

Salinas llevó a cabo una gira por varias ciudades de la Unión Americana en 1991. Después de entrevistarse con el primer Presidente Bush en Houston y de reunirse en Canadá con el Primer Ministro Mulroney, Salinas regresó a Boston para un encuentro en la universidad de Harvard. Ahí acuñó una de sus frases memorables: “México quiere exportar bienes y no personas”. El lunes pasado, en la misma universidad el Presidente Calderón pronunció palabras muy parecidas: “yo no estoy tratando de colocar a la gente allá, sino que estoy luchando arduamente por preservar las oportunidades para las personas en México”.

Salinas se trasladó de Boston a Chicago, donde fue el primer mandatario mexicano en ir al barrio de La Villita, otro de los lugares visitados por el Presidente Calderón. Y, en lugar de ir a California como el actual presidente, Salinas viajó a Texas para reforzar el apoyo de las comunidades hispanas al TLC.

Como toda historia, la relación entre los dos países cumple sus ciclos, y esta vez le correspondió al Presidente Calderón cerrar uno de ellos con su primera gira a Estados Unidos. Sin embargo, no podemos esperar que el viaje produzca resultados dramáticos a corto plazo.

Todavía habrá que esperar para ver si la economía mexicana agarra un “catarrito” o toda una gripe por la desaceleración estadounidense, pero los esfuerzos orientados a diversificar los mercados para nuestras exportaciones tomarán un buen tiempo.

La posibilidad de replantear un acuerdo migratorio bilateral o, al menos, influir para que se emprenda una reforma migratoria integral, deberá esperar a que la Casa Blanca tenga un nuevo inquilino.

El aumento de la cooperación para enfrentar al crimen organizado, también tendrá que esperar a que los Presidentes Calderón y Bush precisen los avances de la Iniciativa Mérida, durante la reunión trilateral que tendrán en abril con el mandatario canadiense en Nueva Orleans.

Todo cambió entre México y Estados Unidos en los últimos 20 años. Pero, a la vez, el nuevo ciclo que acaba de completarse parece indicar que la historia de nuestra relación sigue siendo la misma de siempre.

Wednesday, January 30, 2008

Segundo mundo

Javier Treviño Cantú
El Norte
30 de enero de 2008

El Presidente George W. Bush presentó el lunes su séptimo y último "informe" sobre la situación en que se encuentra Estados Unidos. El ejercicio del poder es desgastante, y sin duda el mandatario llega a la etapa final de su gobierno en condiciones menos favorables de las que seguramente hubiera deseado.

Los niveles de aprobación del Presidente apenas superan el 30 por ciento, y más del 70 por ciento de la población estadounidense considera que su país va en la dirección equivocada. Pero nada de esto resultó evidente la noche del lunes. George W. Bush intentó mostrarse más seguro que nunca, y mantuvo un tono desafiante frente al Congreso dominado por una titubeante oposición demócrata.

A casi un año de que termine una de las etapas más controvertidas y dramáticas en la historia del vecino país del norte, el legado del gobierno encabezado por el segundo Presidente Bush todavía está por escribirse. Aun así, el momento se aprovecha para evaluar si su gestión ha representado un verdadero cambio.

Algunos consideran que no hay nada nuevo bajo el sol. Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia, y el resto del mundo tiene que ajustarse a sus decisiones. Por ejemplo, para la consultoría Stratfor (Net Assessment: US, 31/12/07) los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 no afectaron su posición global. Su "preeminencia" se mantiene "intacta", lo cual hace que no sufra amenazas "estratégicas".

Mientras Estados Unidos mantenga el control de los mares y su economía equivalga al 25 por ciento del PIB global, lo que el resto del mundo piense de ellos es irrelevante. Según Stratfor, "los Estados Unidos son más poderosos de lo que parecen, más importantes para el sistema internacional de lo que muchos creen y, si bien no son tan 'listos', tampoco son tan estúpidos como otros los consideran".

En cambio, investigadores como Parag Khanna, de la New American Foundation, opinan que la distribución del poder geopolítico ha cambiado fundamentalmente durante los dos periodos de gobierno del Presidente Bush. Para él, ahora Estados Unidos compite (y va perdiendo) con otras dos superpotencias globales: la Unión Europea y China.

En un ensayo publicado en la revista dominical del New York Times (Weaving goodbye to hegemony, 27/01/08), Khanna considera que la batalla entre los "tres grandes" se está dando en el "segundo mundo": los países con importancia regional por su dimensión (Rusia), sus recursos energéticos y naturales (Brasil) o su influencia regional (Turquía).

Algunos de estos países son los que estarían obteniendo mayores ventajas, al equilibrar sus relaciones para atraer inversiones y concesiones en terrenos como la seguridad, pero sin generar condiciones de dependencia excesiva respecto a uno solo de los tres grandes.

Nuestro país no es mencionado por Khanna. Pero la perspectiva se ajusta precisamente a las condiciones en las que México sigue encontrándose, en un entorno global que sí ha cambiado, mientras nuestra forma de enfocar la posición que queremos ocupar apenas comienza a hacerlo.

Para nosotros, Estados Unidos se mantiene como nuestro referente obligado. Y, al igual que siempre, nuestro objetivo estratégico también sigue siendo el mismo. México necesita sacar el mayor provecho posible de una vecindad que le ofrece grandes ventajas, y a la vez le genera algunos de los principales retos para su supervivencia como un Estado capaz de garantizar bienes públicos esenciales para su sociedad, empezando por la seguridad.

Al mismo tiempo, México necesita mantener el mayor grado posible de independencia frente a la superpotencia vecina, para darle viabilidad a un proyecto de nación que lo ubique como un actor relevante y soberano, así sea en términos relativos. En pocas palabras, quizá debemos ubicarnos en ese segundo mundo, aplicando la misma estrategia para equilibrar nuestras relaciones entre Estados Unidos, Europa y China.

Nuestra cercanía geográfica dificulta el proceso, pero la racionalidad es clara. La Unión Europea y China ofrecen opciones reales para reducir lo que el propio Presidente Felipe Calderón ha llamado nuestra "vulnerabilidad" frente a Estados Unidos. No sólo en el terreno económico y comercial, sino también en el de la seguridad.

En su informe, el Presidente Bush anunció que la próxima reunión de la ASPAN será en Nueva Orleans. Uno de los temas a tratar será la Iniciativa Mérida, que todavía no se concreta. Paradójicamente, eso puede ser lo mejor que le suceda a nuestro país. No se trata de si son 500 millones de dólares o mil 500. La clave de la propuesta es cualitativa. Una vez que se abra la puerta a la integración de los sistemas operativos de comunicación y control informático, no habrá marcha atrás. Europa ofrece una opción clara en materia de equipamiento tecnológico, e incluso China puede representar una alternativa.

Tenemos que atrevemos a pensar en grande, como todo un país del segundo mundo. Si no estamos dispuestos a jugar ahora en el nuevo tablero geopolítico, lo único seguro es que dentro de cinco años, cuando las campañas electorales por la Presidencia estén en su apogeo, algún candidato nos va a volver a ofrecer la "diversificación de las relaciones internacionales de México" como la solución a nuestra dependencia norteamericana.

Wednesday, January 16, 2008

Quemar puentes

Javier Treviño Cantú
El Norte
16 de enero de 2008

La breve visita del Presidente Felipe Calderón a Guatemala sirvió para reiterar el mensaje: América Latina es prioritaria en el diseño de su política exterior. Sin embargo, la realidad es terca. Durante la reciente reunión anual de Embajadores y Cónsules de México, se demostró que la relación con Estados Unidos sigue ocupando el espacio más importante.

A lo largo de su primer año, el Gobierno del Presidente Calderón logró mantener cierto equilibrio en su política exterior. América Latina recibió una atención destacada para empezar a recuperar los espacios perdidos. Las dos giras por Europa demostraron la intención de profundizar las relaciones. Aparte de una productiva visita a la India, Asia quedó como una asignatura pendiente.

En el ámbito multilateral, México tuvo una actuación relevante. Ocupamos, por derecho propio, un lugar entre las principales economías emergentes del G5, y se decidió buscar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU para el periodo 2009-2010.

A pesar de que no se realizó el acostumbrado viaje presidencial a Estados Unidos, el Gobierno mexicano fue capaz de imprimirle un sello propio a la relación bilateral más compleja y demandante. Logró poner sobre la mesa de negociaciones temas relevantes para el interés nacional, sin recurrir a la famosa, y engañosa, "química personal" entre los respectivos mandatarios.

Este año, el reto para la política exterior de nuestro país será acabar de resolver los pendientes heredados, y dotar de verdadero contenido a sus diversas iniciativas, en especial al aún fallido Plan Puebla-Bogotá. Además, habrá que prepararse para enfrentar el desafío que significará ocupar un lugar en el Consejo de Seguridad, justo cuando comenzarán a producirse serias redefiniciones en el sistema internacional por el cambio de Gobierno en Estados Unidos.

El Presidente Calderón ya había dejado en claro que buscaría darle un enfoque más práctico a la política exterior. Ahora, vimos que ya llegaron los instrumentos para medir el éxito de las políticas y la actuación de nuestros funcionarios públicos.

En la reunión con los Embajadores y Cónsules del pasado 7 de enero, el director de ProMéxico, Bruno Ferrari, anunció que se han propuesto "alcanzar metas numéricas tanto en atracción de inversiones como en exportaciones para cada región del mundo". Además, sostuvo que "será necesaria la implementación de mecanismos eficaces de evaluación (y dar) seguimiento a los indicadores de desempeño mes a mes, para poder alinear estrategias y tácticas, corregir el rumbo y tener muy claros los avances realizados y dónde tenemos que redoblar esfuerzos".

Más allá del estrecho enfoque numérico, el Presidente Calderón habló sobre comercio y migración. Puntualizó que la desaceleración estadounidense no sólo "presenta un panorama complejo para nuestra economía", sino que "es, al mismo tiempo, una oportunidad para diversificar nuestro sector externo y reducir nuestra vulnerabilidad respecto de nuestro país vecino".

Con esa frase, Felipe Calderón resumió la difícil posición en la que se encuentra México. Las dos economías están más integradas que nunca, y lo que ocurra de aquel lado de la frontera tiene un efecto inmediato aquí.

El Presidente defendió, atinada y oportunamente, el TLC de América del Norte. Con todos sus defectos, el TLCAN ha sido un instrumento clave para México. En ambos países, los llamados populistas para que sea "renegociado" son una falsa opción que debe ser resistida a toda costa.

Además, la relación con Estados Unidos trasciende el ámbito comercial. Las remesas de los paisanos son un pilar básico de la estabilidad social en algunas de las zonas más rezagadas de México y, hasta que la frontera común no se selle por completo, la migración seguirá funcionado como una válvula de seguridad nacional. Por ello, la firmeza con la que el Gobierno ha retomado la defensa de los derechos de los migrantes también fue una de las señales más positivas de la reunión. Pero hay formas de hacer las cosas.

El tono de reclamo adoptado para replantear la cooperación sobre seguridad fue asimilado por los estadounidenses sin mayores problemas, debido a que la "Iniciativa Mérida" está perfectamente alineada con la agenda definida por Washington desde la creación de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte.

El caso migratorio, en la coyuntura electoral y ante la contracción económica que ya está ocurriendo, es diferente. Por su naturaleza, el fenómeno exige un enfoque internacional. Aún así, no se puede desconocer que el tema migratorio se ha convertido en un asunto de política interna para Estados Unidos. Si el Gobierno mexicano insiste en quejarse cada vez que alguno de los candidatos a la Presidencia propone alguna medida "antiinmigrante", está cayendo en su propia trampa.

Para nuestro país, el cambio de Gobierno en Estados Unidos será el principal desafío. Habrá que extremar cuidados para seguir avanzando con los vecinos del norte en los asuntos que están en nuestro interés, en las mejores condiciones posibles, y en medio del proceso electoral más competido e incierto de su historia reciente. Eso significa evitar, ahora, quemar puentes que no se podrán cruzar después.

Wednesday, January 02, 2008

La ideología del pragmatismo

Javier Treviño Cantú
El Norte
2 de enero de 2008

El pragmatismo parece haberse convertido en la nueva ideología de la era global. Hace apenas un par de semanas tuvimos dos muestras de ello: la famosa revista Time nombró como “persona del año” al Presidente ruso, Vladimir Putin; y el semanario inglés The Economist presentó en la portada de su edición navideña al histórico dirigente chino, Mao Tse-tung.

El Presidente Putin mereció el nombramiento por volver a colocar a Rusia en el mapa de las principales potencias regionales. Como señala Time, por su extensión geográfica, el tamaño de su población, los abundantes recursos energéticos y minerales con que cuenta y, sobre todo, por su gigantesco arsenal nuclear, lo que suceda en Rusia tiene una importancia clave para todo el mundo, empezando por los Estados Unidos.

Las relaciones entre estos dos países se han deteriorado, y la creciente posibilidad de un choque entre los viejos rivales está causando mucha preocupación en algunos círculos de Washington. Recientemente, el director del Centro Nixon, Dimitri Simes, alertó en la influyente revista Foreign Affairs sobre este riesgo, y destacó que la estabilidad de Rusia debería ser una prioridad para el gobierno del Presidente Bush.

Curiosamente, ésta es la razón principal de Time para otorgarle su distinción. Según la revista, el nombramiento no representa un premio, un concurso de popularidad, ni una expresión de apoyo. En todo caso, dice, es un reconocimiento al liderazgo de las personalidades que destacaron durante el año. Y, en su opinión, lo más sobresaliente del presidente Putin ha sido su liderazgo para restaurar la estabilidad en Rusia.

El título de la nota donde Time explica sus motivos lo dice todo: “Escogiendo el orden sobre la libertad”. En la era del pragmatismo a ultranza, la estabilidad es preferible a la democracia plena. Más vale la estabilidad que el imperio de la ley para garantizar la propiedad privada, la libertad de prensa y el respeto a los derechos humanos.

En una reveladora entrevista publicada dos semanas antes, Time calificaba al presidente ruso como un nuevo “zar”. “Antes que nada --señalaba el enviado de la revista-- Putin es un lider pragmático, que ha desarrollado un sistema (parecido al de China) basado en el libre mercado (aunque con una buena dosis de corrupción), pero que a la vez se apoya en un Estado fuerte para mantener el orden”.

Quizás esto explique la igualmente curiosa portada que The Economist dedicó a Mao. En uno de los artículos especiales que incluyó en su edición navideña, el semanario considera —nada más y nada menos— que el máximo símbolo del comunismo puede ser tomado como un modelo a seguir por los ejecutivos y administradores de empresas con dificultades para sobresalir.

De acuerdo con The Economist, el éxito de Mao para conservar una buena imagen a pesar de haber causado la muerte de más de 70 millones de chinos, se debe a cuatro factores que podrían ser útiles en el terreno de los negocios: 1) su habilidad para definir con claridad y precisión un mensaje convincente; 2) la capacidad para controlar y difundir su mensaje a través de los medios más adecuados; 3) la disposición para sacrificar a sus amigos y culpar a sus enemigos de cualquier fracaso; y 4) que siempre tuvo algún plan para sustituir la ineficacia con un torbellino de iniciativas constantes.

Por supuesto, el pragmatismo no es algo nuevo en la realpolitik. Sin embargo, el indudable éxito económico en el mundo globalizado de China (y también de Rusia, aunque por factores más coyunturales que estructurales), ha hecho que resurja la rivalidad ideológica entre el liberalismo y el absolutismo.

Como ha señalado el polémico analista e historiador Robert Kagan, los líderes de estos dos países parecen estar convencidos de las ventajas que plantea el sistema autocrático para alcanzar la prosperidad, en especial por el orden y la estabilidad que supuestamente ofrece. Y, cuando dos de las potencias nucleares más importantes del mundo, con una población combinada de mil 500 millones de personas, están comprometidas a seguir este camino, no se puede declarar a la autocracia como una ideología muerta.

Esta batalla ideológica también se está manifestando en nuestro continente. La falta de resultados económicos tangibles para las grandes mayorías, y la consecuente incapacidad para cerrar la brecha de la desigualdad, han generado un desencanto con la política en general, y con los partidos en particular, en muchos países latinoamericanos.

Esto puede aumentar tanto por el impacto de la desaceleración económica que está provocando la crisis financiera en Estados Unidos como por las limitaciones de la democracia.

En México las tensiones pueden crecer por cuestiones como la apertura del mercado agropecuario, los golpes sucesivos que ha recibido nuestro frágil andamio democrático con la decisión de la Suprema Corte en el caso de la periodista Lydia Cacho, la aprobación de una reforma electoral que sigue despertando temores, y el relevo inconcluso de los consejeros del IFE.

Esperemos que en el 2008 nuestros actores políticos no se vean deslumbrados por el espejismo que supone la aparente efectividad de la autocracia, ni por las ventajas —insostenibles en el largo plazo— que implica el más descarnado pragmatismo.

Wednesday, December 19, 2007

Encender la lectura

Javier Treviño Cantú
El Norte
19 de diciembre de 2007

¿A usted le gustan los libros? Hacia finales del siglo pasado, en el apogeo de la burbuja ".com", el paso de los libros a la era digital parecía inminente. La capacidad de generar, transmitir y almacenar textos por internet se consideraba un cambio solamente comparable a la invención de la imprenta. Sin embargo, en la práctica esto ha resultado más complicado de lo esperado por cuestiones legales y tecnológicas.

Algunos casos judiciales en Estados Unidos han obstaculizado el proceso, debido a las diferencias en torno a los derechos de autor y las regalías de las obras literarias entre escritores, casas editoriales y distribuidores, así como las compañías, bibliotecas y organizaciones sin fines de lucro que buscan digitalizarlas.

Uno de los casos emblemáticos es el de Random House contra Rosetta Books, la cual adquirió los derechos "electrónicos" de varios libros escritos antes de 1995, incluyendo a autores que mantenían contratos con la editorial. Random demandó a Rosetta en 2001, pero un juez consideró que los términos de los contratos no aplicaban para todos los tipos de libros, en especial los distribuidos de manera electrónica. Hoy, Rosetta ofrece en línea más de cien títulos, como "La Muerte de Artemio Cruz", de Carlos Fuentes.

Otro caso es el que describe Kevin Kelly en un polémico artículo ("Scan this Book", New York Times, 14/05/06), donde se reseña la demanda que interpuso en el 2005 la Asociación de Autores estadounidenses contra Google por su proyecto BookSearch, para digitalizar las colecciones completas de universidades como Harvard, Stanford y Oxford.

En México también se han dado controversias legales de otro tipo. En octubre del 2006, el Presidente Fox vetó la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro. La manzana de la discordia fue la propuesta de establecer un "precio único" para los libros. En la reciente Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Presidente Calderón declaró que se necesita una nueva ley, pero no especificó si trabajará con el Congreso para resolver las diferencias que han impedido que se concrete esta iniciativa.

Paradójicamente, otro aspecto que ha frenado la llegada del libro a la era digital es la tecnología. Para muchos lectores, una de las virtudes de los libros es el placer de sostenerlos en las manos, olerlos y apreciar todas sus características, por lo que algunos empresarios han ideado propuestas alternativas.

El reconocido editor Jason Epstein y la compañía OnDemandBooks, por ejemplo, llevan años trabajando en la "Espresso Book Machine". Es una máquina parecida a los cajeros automáticos de los bancos, capaz de imprimir y encuadernar entre 15 y 20 libros de su catálogo digital por hora. A la fecha tienen operando dos de ellas, una en la librería del Banco Mundial, en Washington, y la segunda en la legendaria Biblioteca de Alejandría, en Egipto.

Otra de las evidentes virtudes de los libros es que son portátiles. La gran mayoría se puede llevar y disfrutar en cualquier lugar. Por ello, la idea de leerlos en un pequeño e incómodo aparato electrónico, como las Palm o el iPod, no ha tenido mucha aceptación.

El más exitoso, hasta ahora, había sido el Sony Reader. Salió al mercado el año pasado; tiene una pantalla de 6 pulgadas, y fue el primero en usar e-ink (la innovadora "tinta electrónica" surgida del Instituto Tecnológico de Massachusetts), que hace mucho más legible el texto. El problema del Reader es su falta de conectividad a la red. Primero hay que bajar el libro a la computadora, y luego pasarlo al Reader. Sobre todo, esto impide hacer búsquedas dentro del libro o establecer ligas a otros sitios.

Jeff Bezos, el creador de la tienda digital Amazon, vio en estas limitaciones una oportunidad de negocio: acaba de lanzar el Kindle, un nombre que se refiere a la capacidad de "encender" el conocimiento que ofrece la lectura. Es un aparato del tamaño aproximado de un libro de bolsillo, ligero, con una pantalla de dimensiones similares a las del Reader y que también usa e-ink.

La diferencia es que puede conectarse de manera inalámbrica a internet (mediante un sistema parecido al de los teléfonos celulares avanzados, conocido como Whispernet), y que Amazon se hace cargo de este costo. Según Bezos, esto hace que el Kindle no sea otro simple aparato electrónico, sino todo un servicio: permite consultar el catálogo de Amazon (con más de 90 mil títulos disponibles), comprar el libro (la mayoría a un precio único de 9.99 dólares), bajarlo de la red en menos de un minuto, y sumarlo a una biblioteca que puede almacenar hasta 200 volúmenes.

Al menos en México, el Kindle no será uno de los regalos más populares para esta próxima Navidad. Su precio es de 399 dólares, y el servicio de Whispernet sólo está disponible en algunas partes de Estados Unidos. Pero si logra convertirse en el producto que finalmente represente un parteaguas para la era digital del libro, es muy probable que pronto llegue a otros países. Mientras tanto, si se quiere conocer algo más de lo que significa la lectura en nuestro tiempo, el investigador de El Colegio de México Fernando Escalante recientemente publicó "A la Sombra de los Libros", y se puede comprar en línea visitando https://publicaciones.colmex.mx.

Wednesday, December 05, 2007

Frentes fríos para el 2008

Javier Treviño Cantú
El Norte
5 de diciembre de 2007

Se cumplió el primer año de gobierno del Presidente Felipe Calderón. Como él mismo lo ha dicho, sus aciertos han ido de la mano con los errores que necesariamente implica una difícil "curva de aprendizaje". Hacer predicciones es un negocio que no tiene futuro, inclusive en el terreno meteorológico. Sin embargo, ya se puede advertir que al inicio del 2008 le esperan, cuando menos, cinco frentes fríos:

1) En el propio Gobierno federal. El control ejercido sobre la agenda gubernamental y la disciplina impuesta al gabinete son dos de los cambios más contrastantes y bienvenidos. La necesidad de limitar el número de temas prioritarios es lógica, pero puede generar la percepción de que se descuidan asuntos que, cuando surgen, "sorprenden" al Gobierno. El caso del precio de la tortilla mostró la importancia de anticiparse a situaciones que impactan a la opinión pública, así como la necesidad de aplicar una política de comunicación más abierta y eficaz.

Igualmente, la decisión de restringir el protagonismo mediático de los secretarios de Estado ha servido para reafirmar la imagen de liderazgo que debe asumir el jefe del Ejecutivo. El truco está en los equilibrios. Si esta postura se lleva al extremo, como hasta ahora, el Presidente no tiene "fusibles" que lo protejan y, por lo tanto, junto a los aplausos, también se lleva todas las críticas.

2) En el entorno político. Al cargar a su cuenta personal las costosas alianzas que estableció, el Presidente Calderón mandó un mensaje invaluable: es un actor político que cumple su palabra. La confianza que generó esta señal explica muchos de los avances registrados cuando parecía imposible alcanzar acuerdos.

Ahora, como lo revelaron las declaraciones de su secretario particular en Monterrey, estas alianzas serán evaluadas y ajustadas ante los cambios registrados en el escenario. La conclusión de los relevos en las dirigencias de los tres principales partidos políticos abrirá nuevos espacios de interlocución para el Gobierno. Por otra parte, la reforma electoral marca el inicio de un juego político muy diferente, que exigirá nuevas prácticas para tratar de sacar adelante la siguiente serie de modificaciones constitucionales, antes de que el proceso electoral del 2009 cierre el camino.

3) En el panorama económico. A nuestros problemas estructurales pendientes se suman graves retos coyunturales. Los altos precios de los energéticos son un alivio para las finanzas públicas, pero ejercen un pesado lastre para el aparato productivo nacional. Tendencias similares en los precios internacionales de los alimentos coinciden con la apertura final del mercado agropecuario norteamericano, generando una enorme tensión social que se verá amplificada por la entrada en vigor del pospuesto "gasolinazo".

Todavía no hay acuerdo sobre el verdadero alcance del estallido de la burbuja hipotecaria de alto riesgo en Estados Unidos, pero nadie duda que tendrá un severo impacto en todo el mundo. Empezando por las economías más ligadas a la del vecino país, como la nuestra. Además, las dificultades económicas al otro lado de la frontera que están desalentando la migración, junto con los avances para "sellar" la línea divisoria, generarán una creciente presión laboral.

4) En el ámbito de la seguridad. A los límites de los "operativos conjuntos" contra de la delincuencia organizada, se añade el riesgo latente de nuevas acciones por parte de organizaciones como el EPR, que apenas el lunes pasado anunció la reanudación de su "hostigamiento militar".

El llamado del Presidente Calderón a frenar la narcontaminación electoral muestra el grado del peligro que amenaza a nuestra democracia. La conjunción de estos fenómenos con reclamos en comunidades afectadas por el desarrollo de las obras de infraestructura contempladas para el próximo año puede provocar turbulencias mayúsculas al mismo tiempo que se busca amarrar la Iniciativa Mérida.

5) En el campo de la diplomacia. Hacia el norte, las presiones de la saliente administración Bush, el clima antiinmigrante y el resurgimiento del proteccionismo comercial en la campaña presidencial de EU, exigirán un manejo de la relación con guantes de terciopelo.

Hacia el sur, resulta difícil que México siga manteniéndose al margen de las tensiones que provoca la búsqueda sostenida de modelos de desarrollo económico y político radicalmente alternativos. Otros actores están tratando de resolver este rompecabezas. La visita de Estado que supuestamente se haría a Brasil en el 2008 quizás ofrezca la oportunidad para una definición explícita del Gobierno mexicano.

Finalmente, la reciente visita a Asia de la Secretaria de Relaciones Exteriores indicó que se están preparando los viajes del Presidente Calderón a Japón y China, en un momento muy delicado por las dificultades que implican los Juegos Olímpicos. Son dos asignaturas pendientes claves que demandarán mucha mayor atención.

Nada es más cierto que la incertidumbre. Es imposible saber en qué condiciones se encontrará el gobierno del Presidente Calderón dentro de un año. Pero si queremos estar preparados para evitar alguna sorpresa estratégica en este helado clima, debemos empezar por pensar lo impensable.

Wednesday, November 21, 2007

Benchmarking con los BRICs

Javier Treviño Cantú
El Norte
21 de noviembre de 2007

México no fue incluido en el estudio publicado en 2003 por Goldman Sachs que dio origen al concepto de "economías emergentes BRIC", las siglas que identifican a Brasil, Rusia, India y China. Muchos han insistido en que nuestro país debe ser considerado en ese grupo de potencias regionales.

Más allá de buenos deseos, lo que hace falta es lo que en el mundo de los negocios se conoce como "benchmarking": una evaluación sistemática para analizar y comparar los procesos de un país con los de otras naciones líderes, a fin de obtener información que ayude a tomar decisiones y mejorar el desempeño propio.

Este benchmarking se podría iniciar en un área clave para la competitividad global: el desarrollo de infraestructura. El Foro Económico Mundial lo ubicó como el segundo pilar de su Índice de Competitividad Global 2007-2008. En este apartado, China ocupa el lugar 52, seguido por México en el sitio 61, Rusia en el 65, India en el 67 y Brasil en el 78.

Según algunos cálculos, tan sólo entre 2004 y 2006, China invirtió más de 950 mil millones de dólares en infraestructura. Es una cifra descomunal, que ha soportado tasas anuales de crecimiento superiores al 10 por ciento desde 2005. El costo, por supuesto, también ha sido enorme.

Por ejemplo, a un año de que la Presa de las Tres Gargantas fuera oficialmente terminada, el Wall Street Journal señaló en agosto pasado que plantea graves "peligros encubiertos", incluyendo contaminación, deslaves y otros desastres ecológicos a escala gigantesca.

Poco después, en un foro público, un alto funcionario chino reconoció abiertamente que el riesgo de una "catástrofe ambiental" merecía ser atendido. Lo destacado no fue que lo aceptara, sino que la agencia oficial de noticias Xinhua difundió ampliamente sus comentarios, provocando aun más dudas acerca del impacto que tendrá la presa.

La India, en cambio, ha logrado crecer a tasas cercanas al 9 por ciento anual, pero con grandes rezagos en su infraestructura. Existe un consenso en el sentido de que éste es el principal factor que está frenando un crecimiento aún más elevado, por lo que el gobierno calcula invertir 320 mil millones de dólares de aquí al 2012.

La pregunta que todos se hacen es si el dinero se gastará en forma adecuada. Como señala un reporte de Chatham House (sede del Real Instituto de Asuntos Internacionales del Reino Unido), la crisis de la infraestructura en la India tiene causas fundamentalmente políticas, ya que los recursos se asignan con base en criterios clientelares -sobre todo en los estados-, y no existe un marco regulatorio eficaz.

Por su parte, Rusia anunció un ambicioso programa para convertirse en la quinta economía mundial antes del 2020. Según el Financial Times, en septiembre el gobierno ruso reveló un plan a 10 años para invertir mil billones de dólares en su deteriorada infraestructura.

Un proyecto de estas dimensiones sólo se explica por dos razones. Primero, porque el cambio estructural en el mercado energético global le permite anticipar que seguirá contando con grandes flujos de efectivo provenientes de las exportaciones de petróleo y gas natural. Segundo, por que el estricto control político ejercido por el Presidente Putin y su equipo cercano "facilita" definir, sin mayores discusiones, los proyectos a los que se canalizarán los recursos.

En cuanto a Brasil, la administración encabezada por el Presidente Lula da Silva anunció en enero del 2007 un Plan para Acelerar el Crecimiento de la economía. Su objetivo es elevar la tasa actual, de menos de 3 por ciento en promedio, a 5 por ciento anual, para lo cual contempla destinar 250 mil millones de dólares a infraestructura hasta el 2010.

Según Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Centro Woodrow Wilson, el proyecto fue recibido con escepticismo por los analistas y la comunidad financiera internacional, debido a los antecedentes de corrupción e ineficiencia asociados a estos proyectos. Confirmando lo anterior, hace unos meses The Economist reportó que la mayoría de los planes para este año estaban retrasados.

En nuestro caso, el gobierno mexicano parece tener claro que la infraestructura es un asunto prioritario. El Presidente Calderón dio a conocer en julio el Programa Nacional de Infraestructura 2007-2012, que considera una inversión total cercana a los 250 mil millones de dólares, de los cuales 50 mil se ejercerán el próximo año.

Los esfuerzos de los BRICs nos dejan algunas lecciones que pueden ser útiles: 1) No todo es cuestión de dinero. Para que la nueva infraestructura contribuya al desarrollo sustentable del país, debe tomarse en cuenta su impacto ambiental y el efecto sobre las poblaciones vecinas. 2) Es indispensable contar con marcos regulatorios bien definidos y ejercer una transparencia ejemplar, para asegurar que los recursos lleguen a donde deben. 3) Se requiere un esfuerzo conjunto con los gobiernos estatales para definir las acciones que exigen las localidades y evitar que se diseñen desde un escritorio en la capital. 4) Se necesitan políticas de comunicación eficaces para superar el escepticismo que, por razones históricas muy presentes en la memoria colectiva, despiertan este tipo de iniciativas. Y, por último, lo que también hace falta es un verdadero benchmarking.

Wednesday, November 07, 2007

A un año de la elección

Javier Treviño Cantú
El Norte
7 de noviembre de 2007

Aun año de la elección presidencial en Estados Unidos, es claro que México estará muy presente en un proceso con características poco usuales. Esto, sumado a las políticas migratorias de la saliente administración Bush y las fricciones que provocará la llamada Iniciativa Mérida, sin duda pondrá a prueba la relación bilateral a lo largo de todo el 2008.

Por primera vez en casi medio siglo, ninguno de los precandidatos estadounidense es un Vicepresidente en funciones, con lo que la competencia se ha emparejado. Entre los aspirantes del Partido Republicano, el ex Alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, lleva una ligera ventaja, pero la lucha se mantiene muy cerrada. Por el Partido Demócrata, la Senadora Hillary Clinton sigue al frente en la mayoría de las encuestas, y las posibilidades de que logre obtener la candidatura son muy altas.

Sin embargo, la idea de que su triunfo era "inevitable" se esfumó el martes de la semana pasada. Durante un debate, la Senadora Clinton acaparó los cuestionamientos de sus rivales demócratas, y también del moderador, Tim Russert. Uno de los entrevistadores más serios y duros de la televisión estadounidense, Russert insistió en pedirle que respondiera sin ambigüedades si apoyaba la iniciativa del Gobernador de Nueva York para que los inmigrantes indocumentados puedan tener una licencia de manejar.

Para sorpresa de todos, la Senadora Clinton perdió su aplomo. No logró responder en forma contundente, y reafirmó la imagen de que busca quedar bien con todos los electores: sostuvo que "tenía sentido" dar licencias para conducir a los inmigrantes, pero sin respaldar la propuesta del Gobernador Eliot Spitzer. El traspié se magnificó, porque al día siguiente "jugó" con el tema del género, al señalar que los demás aspirantes demócratas la habían "atacado" no por ser mujer, sino por ir adelante.

Además de mostrar que ni la candidatura, ni el triunfo en la elección del 4 de noviembre de 2008, de la Senadora Clinton están asegurados, el incidente finalmente logró poner a la migración en el centro del debate electoral estadounidense.

El futuro de los millones de inmigrantes indocumentados que ya se encuentran en Estados Unidos, y la forma de evitar que sigan llegando sin control nuevas oleadas de trabajadores a través de la frontera con México, se ha convertido en un tema fundamental de la agenda de política interna de ese país.

Desde el fracaso de la reforma migratoria integral, el Gobierno del Presidente Bush está aplicando con todo rigor las leyes vigentes para detectar, detener y deportar a la mayor cantidad posible de indocumentados, así como para avanzar a marchas forzadas con la construcción de las bardas físicas y virtuales en la frontera. Mientras tanto, a nivel local se sigue restringiendo el acceso de los migrantes a servicios básicos y beneficios como las licencias de manejo, provocando tensiones cada vez más difíciles de manejar.

En este marco, los precandidatos del Partido Republicano ya parecen haber hecho sus cálculos. Si bien su dureza frente al tema migratorio les puede costar el apoyo del electorado "hispano", parecen confiar en que el resto de los votantes los respaldará para hacerse cargo de un asunto de "seguridad nacional": un terreno donde siempre han llevado ventaja frente al Partido Demócrata.

A pesar de su carácter internacional, parecería que el Gobierno mexicano ya reconoció y aceptó que la migración sea tratada como un tema estadounidense "interno". La "desmigratización" de la agenda bilateral se mantiene como uno de los pilares de nuestra política hacia el vecino del norte. Una de las posibles explicaciones es que se haya decidido mantener un perfil bajo para no "contaminar" la negociación de la Iniciativa Mérida.

El esfuerzo para elevar la cooperación en materia de seguridad ha resultado un ejercicio muy controvertido. No se ha generado la percepción de que se trató de una propuesta del Gobierno mexicano para cambiar los términos del esfuerzo bilateral y lograr que nuestros vecinos asuman una mayor responsabilidad en el combate al crimen organizado transnacional. En cambio, la estrategia de comunicación seguida ha reafirmado la imagen de un México apegado a la agenda definida por Estados Unidos desde el lanzamiento, en el 2005, de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte.

En el 2008, el recrudecimiento del clima antiinmigrante en Estados Unidos, la conclusión de la apertura del mercado agropecuario bajo el TLCAN -en un momento en que los precios de los granos muestran una tendencia global al alza-, y el proceso para echar a andar la Iniciativa Mérida, estarán formando un "caldo de cultivo" ideal para que las tensiones entre los dos países crezcan como la espuma.

A un año de la elección, si no se hace un corte de caja y se afinan las estrategias, es muy probable que, cuando sepamos quién es el próximo Presidente -o Presidenta- de Estados Unidos, iniciemos la siguiente etapa de la relación bilateral en medio de un clima de agravios y recriminaciones. La política exterior de México se pondrá a prueba. ¿Tendremos la capacidad para atender la gran cantidad de temas que nos unen más que nunca y, a la vez, nos distancian como siempre?

Wednesday, October 24, 2007

Mejores consensos

Javier Treviño Cantú
El Norte
24 de octubre de 2007

La reunión del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial reflejó los límites de la arquitectura financiera internacional construida hace poco más de medio siglo, y confirmó el surgimiento de nuevos equilibrios entre los países más desarrollados y las llamadas economías "emergentes".

Como todos los años, la élite financiera mundial se dio cita en Washington para asistir a la reunión conjunta de dos de las principales instituciones surgidas en Bretton Woods. Y, como ya es costumbre, el evento estuvo marcado por profundos desencuentros.

La crisis desatada por el colapso del mercado hipotecario de alto riesgo de Estados Unidos, sin duda ha demostrado la creciente complejidad del sistema financiero internacional. Como señaló recientemente el semanario inglés The Economist, desde el año pasado un economista del Banco Internacional de Pagos (www.bis.org/publ/work216.htm) advirtió que los cambios producidos por la liberación financiera, el éxito de las políticas anti-inflacionarias y la propia globalización, exigían acciones mucho más firmes para evitar tensiones a gran escala.

Las advertencias no fueron escuchadas por las instituciones encargadas de prevenir este tipo de situaciones. Y los reclamos no se han dejado esperar. El Ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, destacó lo "irónico" que resulta el hecho de que hasta ahora la reciente turbulencia financiera haya afectado principalmente a los países que han impuesto los criterios sobre buen gobierno financiero.

La reunión también permitió comprobar el gran peso que han ganado las economías emergentes. El crecimiento acelerado de países como China o la India; el incremento en los precios del petróleo, alimentos y otros productos básicos; los avances macroeconómicos; y el evidente cambio en las percepciones de riesgo entre los inversionistas, les están dando más capacidad de influencia que nunca.

Estas fortalezas se están traduciendo en alternativas concretas al FMI. Un caso se está dando en Asia, con la "Iniciativa de Chiang Mai", lanzada en el 2000 por los países de la Asociación del Sudeste Asiático, Japón, China y Corea del Sur. Otro ejemplo es el "Banco del Sur". Su lanzamiento está programado para el próximo 3 de noviembre, y gracias a las aportaciones de Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay tendrá un capital inicial aproximado de 7 mil millones de dólares.

Además, algunas economías emergentes buscan canalizar los recursos financieros que han acumulado a través de "fondos soberanos de inversión". Según algunos cálculos, estos instrumentos representarían activos de entre dos y tres mil billones de dólares. Son cifras gigantescas, que podrían llegar a desequilibrar los mercados globales. Por ello están tratando de ser regulados por organismos como el FMI, con la consecuente oposición de los países que los controlan.

Quizás uno de los aspectos más destacados de la reunión anual del Fondo y del Banco ha sido la discusión generada sobre los modelos de desarrollo. Las propias cifras del Panorama Económico que dio a conocer el FMI lo dicen todo: mientras se espera que China crezca este año 11.5 por ciento y la India 8.9 por ciento, América Latina en su conjunto previsiblemente lo hará 5 por ciento. Para México, la cifra anticipada es un desalentador 2.9 por ciento.

Ante esta realidad, algunos expertos consideran que habría que cambiar el viejo "consenso de Washington" por uno "mejor". Kuan Lee, de la Universidad Estatal de Seúl, John Matheus de la Universidad Macquarie de Australia, y Robert Wade de la London School of Economics, plantearon un enfoque basado en las políticas seguidas por Beijing, Seúl y Tokio, bautizándolo en inglés como el "BeST Consensus".

La propuesta, publicada hace unos días en el diario Financial Times, incluiría impulsar políticas para apoyar el desarrollo de las capacidades empresariales y tecnológicas de compañías locales. Considera que los gobiernos deben jugar un papel activo para compensar las deficiencias en la estructura de los mercados; no sólo a través de instituciones dedicadas a promover exportaciones, sino también de la sustitución de importaciones con mecanismos que aseguren la competitividad de las empresas beneficiadas.

También incluiría esquemas de financiamiento complementarios, y el suministro de información oportuna y de calidad sobre oportunidades de negocio. Sobre todo, este mejor consenso pone énfasis en impulsar una educación superior de excelencia, un punto que, como señalan los autores, nunca estuvo entre las prioridades del anterior esquema surgido en Washington.

A final de cuentas, el nuevo Director Gerente del Fondo, el francés Dominique Strauss-Kahn, heredará asuntos pendientes tan complejos como la reestructuración del organismo para reducir su déficit presupuestal y la reforma al sistema de cuotas para elevar el grado de representación de las economías emergentes. Con todo, en esta reunión también empezaron a perfilarse nuevos y mejores consensos que, con un poco de suerte y mucho trabajo, podrían ayudar a que países como el nuestro enfrenten las nuevas condiciones de una economía y un sistema financiero global radicalmente diferentes a los de la época cuando se crearon el FMI y el Banco Mundial.