Javier Treviño Cantú
El Norte
30 de septiembre de 2004
La semana pasada, México recibió una nueva oportunidad para aprovechar el Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación que tenemos con la Unión Europea desde mediados del 2000. El anuncio no recibió mucha atención. El ruido político, los escándalos y la firma de otro Tratado de Libre Comercio -ahora con Japón- se llevaron las primeras planas.
El 23 de septiembre, la Comisión Europea aprobó un proyecto para financiar una serie de acciones encaminadas a promover la aplicación del Acuerdo. Se trata de una iniciativa casi tan ambiciosa como el mecanismo mismo. Sus objetivos son aumentar el comercio bilateral, impulsar la inversión, potenciar el crecimiento económico y la generación de empleos.
Se busca fortalecer a las instituciones de gobierno encargadas de la operación del Acuerdo, en especial a las aduanas y a los organismos responsables de establecer y vigilar la aplicación de las normas y reglamentos técnicos que regulan los intercambios. Desde los requisitos fitosanitarios para los productos agropecuarios, hasta la protección de los derechos de propiedad intelectual.
Lo que puede resultar más importante de este proyecto es, precisamente, lo que más ha fallado hasta ahora: promover un mayor conocimiento del Acuerdo, de los sistemas y procedimientos que tienen ambas partes, así como ampliar el acceso a la información disponible para las empresas y los demás actores económicos.
El hecho mismo de que se haya tenido que plantear este programa refleja la falta de resultados. Se esperaba mucho del Acuerdo entre nuestro país y la Unión Europea. México por fin tendría una opción para equilibrar sus relaciones económicas y podría ser menos vulnerable a las condiciones de la economía de Estados Unidos. Pero no hemos tenido la visión ni la voluntad para sacarle provecho en serio.
En mayo de este año, se llevó a cabo en Guadalajara la Segunda Cumbre entre México y la UE. Se destacó que, a partir de que el Acuerdo comenzó a funcionar, el comercio bilateral se ha incrementado casi en 40 por ciento. Pero también se reconoció que las cifras siguen siendo muy pobres. Según Bancomext, el año pasado el intercambio comercial total con Europa sumó apenas poco más de 26 mil 500 millones de dólares (MD), 9.3 por ciento más que en 2002.
En 2003 exportamos a esa región 6 mil 400 MD, un raquítico 3.9 por ciento del total. Además, tenemos un déficit con ellos, ya que importamos 20 mil 115 MD. Este año, las cosas van un poco mejor. Entre enero y mayo, el intercambio total superó los 11 mil 500 MD, 10.3 por ciento más que durante el mismo periodo del año anterior. En estos meses, nuestras exportaciones han crecido 13.6 por ciento, al totalizar poco más de 2 mil 900 MD. Sin embargo, siguen representando el mismo 3.9 por ciento del total. Por su parte, Europa sigue teniendo un amplio superávit con nosotros, ya que en esta primera parte de 2004 importamos 8 mil 688 MD.
El potencial sigue estando ahí. A pesar de todas las dificultades que implica la integración de 25 diferentes economías, Europa sigue avanzando. Estados Unidos se ha recuperado más rápido de la última recesión, pero la Unión Europea está creciendo prácticamente al mismo ritmo. Entre el 2000 y la primera mitad de éste, el crecimiento anualizado de Estados Unidos ha sido de 2.5 por ciento, mientras que el de la UE ha sido de 2.25 por ciento.
La diferencia, sobre todo, sigue estando en la productividad. La capacidad de nuestro vecino del norte para impulsar y aplicar los avances en las tecnologías de la comunicación y la información es lo que le ha permitido mantenerse al frente. En 2003, su productividad creció 2.6 por ciento. Para que Europa sea capaz de responder al reto fundamental de mantener su cohesión social, necesita mejorar este indicador.
Una de las respuestas puede provenir de sus nuevos miembros. De acuerdo con la organización The Conference Board, los 10 países que se sumaron a la UE en mayo han registrado un crecimiento promedio en su productividad de 4.2 por ciento durante los pasados ocho años. Ahora, se espera que las reformas estructurales que han impulsado para poder entrar al club les permitan seguir avanzando.
De hecho, las reformas, junto con las políticas públicas que están poniendo en práctica para atraer nuevas inversiones, ya les están dando algunas ventajas competitivas. En particular, la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia están logrando atraer nuevos negocios, como los centros de servicios para empresas multinacionales del resto de Europa, Estados Unidos y otros países.
Aunque la India y China llevan la delantera en el terreno del "outsourcing", los países de Europa Oriental están haciendo lo necesario para capitalizar esta tendencia. Los cálculos de la firma de consultoría McKinsey indican, por ejemplo, que el número de empleos relacionados con servicios empresariales de apoyo en Polonia podría elevarse, de los 3 mil que existen actualmente, a unos 200 mil para el 2008.
El crecimiento de estos mercados "emergentes", así como el del resto de una Europa comprometida a elevar su competitividad, le ofrece un nuevo horizonte a las empresas mexicanas que tengan verdadero interés en crecer y exportar. La buena noticia es que podrían contar con los apoyos que se deriven de la iniciativa anunciada por la Comisión Europea la semana pasada.
La mala noticia es que la Comisión fijó un presupuesto de 16 millones de euros. La mitad la ponen ellos. La otra mitad la tiene que presupuestar el Ejecutivo mexicano y autorizarlo nuestro eficaz Congreso. En los meses próximos veremos si alguien en el gobierno siquiera tomó nota de esta nueva oportunidad. Si no la aprovechamos, el Acuerdo entre México y la Unión Europea seguirá siendo un tesoro enterrado en el fondo del mar.
Friday, May 27, 2005
¿Independencia?
Javier Treviño Cantú
El Norte
16 de septiembre de 2004
Ayer cantamos el Himno Nacional a las 12 del día y dimos "el Grito" a las 11 de la noche. Hoy celebramos un aniversario más de la Independencia de México. Pero, más allá de los símbolos, quizás lo único que en verdad podríamos festejar es nuestra interdependencia.
En la era de la globalización, ningún país es plenamente independiente y soberano. Ni la única superpotencia es inmune a la realidad de una economía mundial cada vez más interrelacionada. Tampoco está a salvo de un mundo cada vez más peligroso, en donde las organizaciones criminales transnacionales aprovechan internet, y la porosidad de las fronteras, para cometer actos terroristas o traficar drogas, personas, armas y mil cosas más.
La creciente integración está generando algunos beneficios indudables. Pero también plantea riesgos muy grandes. Los gobiernos ven con angustia cómo los márgenes de maniobra de su política económica se reducen frente a la influencia de actores tan poderosos como los mercados financieros. En situaciones de recesión o crisis, las posibilidades de un contagio crecen exponencialmente, y cualquiera que no acate las reglas del juego es castigado de manera severa e inmediata.
Esta experiencia la hemos vivido en México varias veces. Desde hace una década, con la entrada en vigor del TLC, nuestra economía es cada vez más interdependiente con la de Estados Unidos. Para no ir más lejos, ahora el gobierno de Nuevo León pretende establecer una integración regional en el noreste del País y estrechar la relación con Texas todavía más. Todo esto significa que, en muchos sentidos, nuestra suerte ya no depende sólo de lo que hagamos nosotros, sino de lo que ocurra al otro lado de nuestra frontera norte, o en otros países y mercados.
Por esta razón, tenemos que estar más atentos que nunca a lo que ocurre en el exterior. Y en estos momentos las noticias no son buenas. De hecho, algunos analistas consideran que la economía global está enfrentando serios peligros. Según Fred Bergsten, director del Institute for International Economics (IEE), su futuro pende de un hilo. En la edición más reciente del semanario The Economist, Bergsten identifica cinco amenazas que debemos tomar en cuenta. Las tres primeras tienen que ver con Estados Unidos, mientras que las otras dos son China y los precios del petróleo.
El riesgo más preocupante es el déficit en la cuenta corriente de Estados Unidos. En estos momentos es de unos 600 mil millones de dólares, alrededor de 5 por ciento de su PIB. Son palabras mayores. De acuerdo con algunos cálculos, esta cifra puede superar el billón (trillón en inglés) de dólares para el año 2010. Estados Unidos está importando más o menos el doble de lo que exporta, y todo parece indicar que la tendencia se mantendrá en el futuro cercano.
Además, los pagos para atender el servicio de su inmensa deuda externa -de unos 2.5 billones de dólares- también seguirán creciendo, sobre todo si las tasas de interés se elevan. Esto significa que, en algún momento, el dólar podría sufrir una fuerte caída. Paul Volcker, el ex director de la Reserva Federal de EU, considera que existe un 75 por ciento de probabilidades de que el dólar sufra una devaluación significativa durante los próximos 5 años.
El segundo peligro es el déficit presupuestal de los mismos Estados Unidos. Se espera que, al 30 de septiembre próximo, éste alcance una cifra récord de 422 mil millones de dólares. Para Bergsten, el tercer riesgo son las tendencias proteccionistas del gobierno estadounidense. Ellas son provocadas por la sobrevaluación del dólar y la pérdida de empleos ante fenómenos como el "outsourcing", la subcontratación de un número cada vez mayor de actividades y procesos de negocios en países con costos más bajos, como la India.
El próximo 2 de noviembre, nuestros vecinos elegirán a su Presidente. Independientemente del ganador, estas tres amenazas seguirán representando un peligro para el resto del mundo, y en especial para nosotros. Debemos estar preparados para enfrentar sus consecuencias.
La cuarta amenaza identificada por el director del IIE es China. Con tasas de crecimiento durante los últimos años de 9-10 por ciento, existe consenso en el sentido de que su economía está "sobrecalentada". Los nuevos dirigentes del gigante asiático, encabezados por Hu Jintao, han estado tomando una serie de medidas para frenarla. Lo que nadie sabe es si logrará un "aterrizaje" suave, o si se estrellará, arrastrando al resto de Asia y buena parte del mundo con ella.
Por último, Fred Bergsten considera que los altos precios nominales del petróleo son el quinto factor que afecta la estabilidad de la economía global. Sus estimaciones indican que por cada 10 dólares que sube el precio del barril, el crecimiento global anual se reduce en unos 250 ó 300 mil millones de dólares. Otros analistas consideran que los precios del barril de petróleo pueden llegar a los 60 ó 70 dólares. Si se producen nuevos atentados terroristas que afecten la producción en el Medio Oriente, Rusia, o inclusive aquí en México, el costo del energético podría ser aun mayor. La consecuencia sería una recesión global de dimensiones sin precedentes.
A estos riesgos se podrían sumar muchos más. Por lo pronto, deberían ser suficientes para ayudarnos a entender que estamos ante un escenario muy delicado. Lo único que no podemos hacer es pretender que no pasa nada. No debemos suponer que las condiciones de la economía mundial, a la que estamos cada vez más integrados, son estables. No tenemos todo el tiempo del mundo para desperdiciarlo en discusiones sobre si el Presidente invitó o no al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México al Grito en Palacio Nacional.
La interdependencia global es una realidad. La mejor forma -si no es que la única- de festejar nuestra "independencia nacional" es poniendo nuestra propia casa en orden. En realidad, no hay tiempo qué perder.
El Norte
16 de septiembre de 2004
Ayer cantamos el Himno Nacional a las 12 del día y dimos "el Grito" a las 11 de la noche. Hoy celebramos un aniversario más de la Independencia de México. Pero, más allá de los símbolos, quizás lo único que en verdad podríamos festejar es nuestra interdependencia.
En la era de la globalización, ningún país es plenamente independiente y soberano. Ni la única superpotencia es inmune a la realidad de una economía mundial cada vez más interrelacionada. Tampoco está a salvo de un mundo cada vez más peligroso, en donde las organizaciones criminales transnacionales aprovechan internet, y la porosidad de las fronteras, para cometer actos terroristas o traficar drogas, personas, armas y mil cosas más.
La creciente integración está generando algunos beneficios indudables. Pero también plantea riesgos muy grandes. Los gobiernos ven con angustia cómo los márgenes de maniobra de su política económica se reducen frente a la influencia de actores tan poderosos como los mercados financieros. En situaciones de recesión o crisis, las posibilidades de un contagio crecen exponencialmente, y cualquiera que no acate las reglas del juego es castigado de manera severa e inmediata.
Esta experiencia la hemos vivido en México varias veces. Desde hace una década, con la entrada en vigor del TLC, nuestra economía es cada vez más interdependiente con la de Estados Unidos. Para no ir más lejos, ahora el gobierno de Nuevo León pretende establecer una integración regional en el noreste del País y estrechar la relación con Texas todavía más. Todo esto significa que, en muchos sentidos, nuestra suerte ya no depende sólo de lo que hagamos nosotros, sino de lo que ocurra al otro lado de nuestra frontera norte, o en otros países y mercados.
Por esta razón, tenemos que estar más atentos que nunca a lo que ocurre en el exterior. Y en estos momentos las noticias no son buenas. De hecho, algunos analistas consideran que la economía global está enfrentando serios peligros. Según Fred Bergsten, director del Institute for International Economics (IEE), su futuro pende de un hilo. En la edición más reciente del semanario The Economist, Bergsten identifica cinco amenazas que debemos tomar en cuenta. Las tres primeras tienen que ver con Estados Unidos, mientras que las otras dos son China y los precios del petróleo.
El riesgo más preocupante es el déficit en la cuenta corriente de Estados Unidos. En estos momentos es de unos 600 mil millones de dólares, alrededor de 5 por ciento de su PIB. Son palabras mayores. De acuerdo con algunos cálculos, esta cifra puede superar el billón (trillón en inglés) de dólares para el año 2010. Estados Unidos está importando más o menos el doble de lo que exporta, y todo parece indicar que la tendencia se mantendrá en el futuro cercano.
Además, los pagos para atender el servicio de su inmensa deuda externa -de unos 2.5 billones de dólares- también seguirán creciendo, sobre todo si las tasas de interés se elevan. Esto significa que, en algún momento, el dólar podría sufrir una fuerte caída. Paul Volcker, el ex director de la Reserva Federal de EU, considera que existe un 75 por ciento de probabilidades de que el dólar sufra una devaluación significativa durante los próximos 5 años.
El segundo peligro es el déficit presupuestal de los mismos Estados Unidos. Se espera que, al 30 de septiembre próximo, éste alcance una cifra récord de 422 mil millones de dólares. Para Bergsten, el tercer riesgo son las tendencias proteccionistas del gobierno estadounidense. Ellas son provocadas por la sobrevaluación del dólar y la pérdida de empleos ante fenómenos como el "outsourcing", la subcontratación de un número cada vez mayor de actividades y procesos de negocios en países con costos más bajos, como la India.
El próximo 2 de noviembre, nuestros vecinos elegirán a su Presidente. Independientemente del ganador, estas tres amenazas seguirán representando un peligro para el resto del mundo, y en especial para nosotros. Debemos estar preparados para enfrentar sus consecuencias.
La cuarta amenaza identificada por el director del IIE es China. Con tasas de crecimiento durante los últimos años de 9-10 por ciento, existe consenso en el sentido de que su economía está "sobrecalentada". Los nuevos dirigentes del gigante asiático, encabezados por Hu Jintao, han estado tomando una serie de medidas para frenarla. Lo que nadie sabe es si logrará un "aterrizaje" suave, o si se estrellará, arrastrando al resto de Asia y buena parte del mundo con ella.
Por último, Fred Bergsten considera que los altos precios nominales del petróleo son el quinto factor que afecta la estabilidad de la economía global. Sus estimaciones indican que por cada 10 dólares que sube el precio del barril, el crecimiento global anual se reduce en unos 250 ó 300 mil millones de dólares. Otros analistas consideran que los precios del barril de petróleo pueden llegar a los 60 ó 70 dólares. Si se producen nuevos atentados terroristas que afecten la producción en el Medio Oriente, Rusia, o inclusive aquí en México, el costo del energético podría ser aun mayor. La consecuencia sería una recesión global de dimensiones sin precedentes.
A estos riesgos se podrían sumar muchos más. Por lo pronto, deberían ser suficientes para ayudarnos a entender que estamos ante un escenario muy delicado. Lo único que no podemos hacer es pretender que no pasa nada. No debemos suponer que las condiciones de la economía mundial, a la que estamos cada vez más integrados, son estables. No tenemos todo el tiempo del mundo para desperdiciarlo en discusiones sobre si el Presidente invitó o no al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México al Grito en Palacio Nacional.
La interdependencia global es una realidad. La mejor forma -si no es que la única- de festejar nuestra "independencia nacional" es poniendo nuestra propia casa en orden. En realidad, no hay tiempo qué perder.
Nuevo periodismo
Javier Treviño Cantú
El Norte
2 de septiembre de 2004
Cuando los periodistas latinoamericanos escriben se puede apreciar, en toda su magnitud, la agenda social pendiente de nuestro continente. Cuando los periodistas latinoamericanos debaten se puede entender, en toda su dimensión, la verdadera esencia de las relaciones entre los medios y el poder político. Y cuando los periodistas latinoamericanos conviven se puede disfrutar, enormemente, al verlos convertirse en los mejores al bailar con la música de Celso Piña. Bastaron dos días para que ocurrieran las tres cosas.
Gabriel García Márquez estuvo de nuevo en Monterrey y la tercera edición del Premio Nuevo Periodismo Cemex FNPI fue un éxito.
La periodista argentina Josefina Licitra, de 29 años, fue la ganadora del premio en la categoría de texto, con el reportaje "Pollita en fuga", realizado en la clandestinidad y publicado en la edición argentina de la revista Rolling Stone. Es la historia de Silvina, una joven de 15 años, acusada de encabezar una banda de secuestradores, quien se escapó por cuarta vez de un instituto de readaptación de menores.
Mauricio Lima, brasileño de 28 años, de la Agencia France Presse, ganó el premio en la categoría de fotografía con el trabajo "Esperanza sin techo", que muestra las vivencias de cinco mil familias del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo que ocuparon un terreno de la Volkswagen por 20 días, además de cuatro edificios vacíos en el centro de Sao Paulo, para presionar al gobierno a construir viviendas populares.
Clóvis Rossi, el gran periodista brasileño de Folha de Sao Paulo, se une ahora al exclusivo club formado por don Julio Scherer, de México y José Salgar, de Colombia. Los tres han sido galardonados con la máxima presea de homenaje que otorga la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano y Cemex.
En estos primeros tres años del Premio han sido inscritos 1 mil 876 trabajos de periodistas de 22 países del Continente Americano que nos presentan los temas que unen a América Latina. Y uno de esos temas es la política. En la mesa redonda sobre "La búsqueda de la calidad periodística y la transformación del periodismo profesional", medio centenar de editores y prestigiados periodistas de toda América dedicaron una sesión al tema del poder político.
La preocupación de los políticos por los medios es ancestral y permanente. No tiene nada de nuevo. Lo interesante es conocer la preocupación de los periodistas por hacer mejor su trabajo cuando describen las entrañas del poder. Medios y políticos están condenados a convivir y a pasar, de relaciones de afecto, a relaciones de adversarios en los meses que dura la transición de una campaña electoral al ejercicio del poder. Los medios son parte del sistema de poder. Establecen la agenda de discusión política. Son el foro inigualable para el debate. Estructuran las noticias.
Sergio Ramírez, destacado escritor, periodista y político nicaragüense, decía en el seminario que, a falta de instituciones, en la tarea de la construcción de nuestras democracias, los medios han desempeñado los papeles de procuradores, fiscales y jueces.
Pero la desconfianza de los políticos no se puede ocultar. Tres comentarios de expositores del seminario ilustran extraordinariamente la obsesión del político con los medios.
Julio Blanck, Editor de Clarín, de Argentina, nos contaba cómo el ex Presidente argentino Carlos Saúl Menem declaraba en el momento de su reelección: "le ganamos a los medios".
Clóvis Rossi, en una frase, describía la relación entre los medios y la política desde la visión del Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva: "noticia es lo que queremos esconder; lo demás es propaganda".
Felipe Edwards, Subdirector de El Mercurio, de Chile, narraba una de sus conversaciones con el Presidente Ricardo Lagos, a bordo del avión que los conducía de regreso a Chile, después de una exitosa gira europea. Lagos le reclamaba a Edwards: "Nuestro país se ha modernizado, pero la prensa no lo ha hecho".
Y estos ejemplos de Argentina, Brasil y Chile nos deben sonar muy familiares en México. Los medios de comunicación, en gran parte, fueron los que llevaron a Vicente Fox a la Presidencia de México. Los medios definieron la agenda informativa. Sin embargo, ya en el gobierno, la relación cambió y los reclamos a los medios son casi diarios.
La sociedad mexicana pasó, en un tiempo muy corto, de una era de grandes expectativas a una era de grandes frustraciones. Esto también se refleja en los medios. La joven democracia mexicana evoluciona lentamente. Los medios también. Desafortunadamente, vivimos en México una cultura política de confrontación que se refleja todos los días en los periódicos, la radio y la televisión. ¿Podrán los políticos pasar ahora de la confrontación al consenso? ¿Pueden los medios de comunicación ayudar a crear los consensos? Hay lecciones que podemos aprender de otros países, si la arrogancia todavía nos lo permite.
Joaquín Estefanía, Director de la Escuela de Periodismo del diario español El País, nos recordaba que la misión del periodismo es proporcionar la información para que el ciudadano sea libre y capaz de gobernarse a sí mismo. Todavía nos falta un largo camino por recorrer. Lo malo es que el mundo avanza velozmente, y bien decía García Márquez: todo indica que "el mundo se le escapó al periodismo".
El Norte
2 de septiembre de 2004
Cuando los periodistas latinoamericanos escriben se puede apreciar, en toda su magnitud, la agenda social pendiente de nuestro continente. Cuando los periodistas latinoamericanos debaten se puede entender, en toda su dimensión, la verdadera esencia de las relaciones entre los medios y el poder político. Y cuando los periodistas latinoamericanos conviven se puede disfrutar, enormemente, al verlos convertirse en los mejores al bailar con la música de Celso Piña. Bastaron dos días para que ocurrieran las tres cosas.
Gabriel García Márquez estuvo de nuevo en Monterrey y la tercera edición del Premio Nuevo Periodismo Cemex FNPI fue un éxito.
La periodista argentina Josefina Licitra, de 29 años, fue la ganadora del premio en la categoría de texto, con el reportaje "Pollita en fuga", realizado en la clandestinidad y publicado en la edición argentina de la revista Rolling Stone. Es la historia de Silvina, una joven de 15 años, acusada de encabezar una banda de secuestradores, quien se escapó por cuarta vez de un instituto de readaptación de menores.
Mauricio Lima, brasileño de 28 años, de la Agencia France Presse, ganó el premio en la categoría de fotografía con el trabajo "Esperanza sin techo", que muestra las vivencias de cinco mil familias del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo que ocuparon un terreno de la Volkswagen por 20 días, además de cuatro edificios vacíos en el centro de Sao Paulo, para presionar al gobierno a construir viviendas populares.
Clóvis Rossi, el gran periodista brasileño de Folha de Sao Paulo, se une ahora al exclusivo club formado por don Julio Scherer, de México y José Salgar, de Colombia. Los tres han sido galardonados con la máxima presea de homenaje que otorga la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano y Cemex.
En estos primeros tres años del Premio han sido inscritos 1 mil 876 trabajos de periodistas de 22 países del Continente Americano que nos presentan los temas que unen a América Latina. Y uno de esos temas es la política. En la mesa redonda sobre "La búsqueda de la calidad periodística y la transformación del periodismo profesional", medio centenar de editores y prestigiados periodistas de toda América dedicaron una sesión al tema del poder político.
La preocupación de los políticos por los medios es ancestral y permanente. No tiene nada de nuevo. Lo interesante es conocer la preocupación de los periodistas por hacer mejor su trabajo cuando describen las entrañas del poder. Medios y políticos están condenados a convivir y a pasar, de relaciones de afecto, a relaciones de adversarios en los meses que dura la transición de una campaña electoral al ejercicio del poder. Los medios son parte del sistema de poder. Establecen la agenda de discusión política. Son el foro inigualable para el debate. Estructuran las noticias.
Sergio Ramírez, destacado escritor, periodista y político nicaragüense, decía en el seminario que, a falta de instituciones, en la tarea de la construcción de nuestras democracias, los medios han desempeñado los papeles de procuradores, fiscales y jueces.
Pero la desconfianza de los políticos no se puede ocultar. Tres comentarios de expositores del seminario ilustran extraordinariamente la obsesión del político con los medios.
Julio Blanck, Editor de Clarín, de Argentina, nos contaba cómo el ex Presidente argentino Carlos Saúl Menem declaraba en el momento de su reelección: "le ganamos a los medios".
Clóvis Rossi, en una frase, describía la relación entre los medios y la política desde la visión del Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva: "noticia es lo que queremos esconder; lo demás es propaganda".
Felipe Edwards, Subdirector de El Mercurio, de Chile, narraba una de sus conversaciones con el Presidente Ricardo Lagos, a bordo del avión que los conducía de regreso a Chile, después de una exitosa gira europea. Lagos le reclamaba a Edwards: "Nuestro país se ha modernizado, pero la prensa no lo ha hecho".
Y estos ejemplos de Argentina, Brasil y Chile nos deben sonar muy familiares en México. Los medios de comunicación, en gran parte, fueron los que llevaron a Vicente Fox a la Presidencia de México. Los medios definieron la agenda informativa. Sin embargo, ya en el gobierno, la relación cambió y los reclamos a los medios son casi diarios.
La sociedad mexicana pasó, en un tiempo muy corto, de una era de grandes expectativas a una era de grandes frustraciones. Esto también se refleja en los medios. La joven democracia mexicana evoluciona lentamente. Los medios también. Desafortunadamente, vivimos en México una cultura política de confrontación que se refleja todos los días en los periódicos, la radio y la televisión. ¿Podrán los políticos pasar ahora de la confrontación al consenso? ¿Pueden los medios de comunicación ayudar a crear los consensos? Hay lecciones que podemos aprender de otros países, si la arrogancia todavía nos lo permite.
Joaquín Estefanía, Director de la Escuela de Periodismo del diario español El País, nos recordaba que la misión del periodismo es proporcionar la información para que el ciudadano sea libre y capaz de gobernarse a sí mismo. Todavía nos falta un largo camino por recorrer. Lo malo es que el mundo avanza velozmente, y bien decía García Márquez: todo indica que "el mundo se le escapó al periodismo".
Poder de las Olimpiadas
Javier Treviño Cantú
El Norte
19 de agosto de 2004
Las Olimpiadas son un espectáculo inigualable. El ideal de ir más rápido, de llegar más lejos y de ser más fuerte es lo que ha impulsado el desarrollo de la civilización humana desde antes de que los juegos tuvieran su origen en Grecia hace casi 3 mil años.
A finales del siglo antepasado, el Barón Pierre de Coubertin les dio un nuevo sentido. Con un enfoque humanista y pedagógico, la lucha por ser el primero ya no sería a muerte, sino simplemente para ganar una medalla. Sin embargo, como diría el escritor inglés George Orwell, "el deporte es una guerra sin armas", y las competencias siguen siendo muy importantes para todas las naciones que participan en ellas.
Me refiero a naciones y no países, porque el Comité Olímpico Internacional (COI) también reconoce organizaciones que representan a territorios independientes, agrupaciones de países -o "commonwealths"-, protectorados y áreas geográficas específicas. Por ejemplo, hace unos días vimos a Puerto Rico, un Estado Libre Asociado a los Estados Unidos de América, derrotar en basquetbol al poderoso "dream team" estadounidense.
En total, el número actual de Comités Olímpicos Nacionales representados en el COI suma 202, más que los países miembros de las Naciones Unidas. De éstos, la gran mayoría participa convencida de que lo importante es competir. Sólo para un puñado de representaciones lo único que vale es ganar. Son aquellas que, juegos tras juegos, quedan en los primeros lugares: Estados Unidos, la Federación Rusa -la antigua Unión Soviética y "Equipo Unificado" en los juegos de Barcelona 92-, la República Democrática (léase comunista) Alemana hasta Seúl 88 y luego sencillamente Alemania desde 1990.
Los países sede también han hecho grandes esfuerzos para elevar su nivel competitivo. En 1968, México tuvo su actuación más destacada en toda la historia, al ocupar el lugar número 15 de la tabla general. En Barcelona 92, España alcanzó el sexto lugar, mientras que Corea del Sur y Australia quedaron en el cuarto sitio en Seúl 88 y Sydney 2000, respectivamente. Con la mira puesta en los próximos juegos de Beijing 2008, China ocupó el tercer puesto en las competencias celebradas hace cuatro años en Australia, y en Atenas, hasta el día de ayer se mantenía en el primer lugar en medallas de oro ganadas.
Lo que está en juego es lo que el profesor de Harvard Joe Nye llama el "poder suave" de un país: el prestigio, la imagen y el respeto que genera una nación ganadora. Por ello, aquellos países que buscan alcanzar un lugar más destacado en el escenario internacional, como China, promueven políticas públicas en materia deportiva a largo plazo. Otro caso sería el de la propia Grecia, que ha gastado una auténtica fortuna para contar con un equipo olímpico competitivo y tener las instalaciones y la infraestructura urbana listas a tiempo.
Además, Grecia se está jugando mucho más que recursos financieros. Tuvo que blindar Atenas como caja fuerte, ya que ésta es la primera Olimpiada que se celebra después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, y del ataque en Madrid del pasado mes de marzo. Los encuentros deportivos internacionales se han vuelto blancos apetitosos para el terrorismo, aunque la relación entre seguridad, política internacional y las Olimpiadas tiene una larga historia.
En 1936, Hitler aprovechó los Juegos de Berlín para demostrar el poderío de la Alemania nazi y promover la propaganda de la supuesta superioridad de la raza aria. El único detalle fue que un hombre de piel negra, Jesse Owens, demostró ser el más rápido al ganar cuatro medallas de oro, en los 100 y 200 metros planos, el salto de longitud y los relevos 4 x 100.
En 1968, la Olimpiada en nuestro país se vio empañada por la represión contra los estudiantes del 2 de octubre y por la invasión soviética a Checoslovaquia dos meses antes. Entre otras imágenes memorables, los Juegos de la Ciudad de México se recordarían por el saludo con el puño enguantado y en alto de los corredores Tommie Smith y John Carlos, quienes de esa forma protestaron durante la ceremonia de premiación por las violaciones a los derechos civiles de los negros en Estados Unidos.
Los Juegos de Munich 72 fueron trágicamente marcados por la matanza de 11 atletas israelíes a manos de terroristas palestinos. La invasión soviética a Afganistán provocó que Estados Unidos boicoteara los Juegos de Moscú 80, y en respuesta la ex URSS no asistió a la cita en Los Ángeles 84. Doce años después, la competencia en Atlanta 96 se cimbraría por la bomba que mató a un espectador e hirió a 100 más.
Ahora, en Atenas vemos los estadios semivacíos, quizás en parte por el temor a un nuevo atentado terrorista. Como su propio nombre lo indica, el terrorismo es un instrumento que busca infundir miedo en la gente y paralizarla. Pero la humanidad no puede rendirse. No está en nuestra naturaleza. En un mundo cada vez más globalizado, con fronteras porosas y economías abiertas al comercio y los flujos de ideas y manifestaciones culturales, debemos encontrar un equilibrio entre seguridad y libertad.
Por lo pronto, los mejores atletas del mundo están reunidos en Atenas, representando a sus naciones y haciendo su máximo esfuerzo por alcanzar el triunfo. Como hemos visto en estos días de competencia, para tener éxito en las Olimpiadas se tiene que trabajar mucho y con visión de largo plazo. La materia prima es el recurso clave de cualquier país: sus niños y jóvenes. La pregunta es si México tendrá que buscar de nuevo la sede para empezar a desarrollar atletas capaces de competir con los mejores del mundo.
El Norte
19 de agosto de 2004
Las Olimpiadas son un espectáculo inigualable. El ideal de ir más rápido, de llegar más lejos y de ser más fuerte es lo que ha impulsado el desarrollo de la civilización humana desde antes de que los juegos tuvieran su origen en Grecia hace casi 3 mil años.
A finales del siglo antepasado, el Barón Pierre de Coubertin les dio un nuevo sentido. Con un enfoque humanista y pedagógico, la lucha por ser el primero ya no sería a muerte, sino simplemente para ganar una medalla. Sin embargo, como diría el escritor inglés George Orwell, "el deporte es una guerra sin armas", y las competencias siguen siendo muy importantes para todas las naciones que participan en ellas.
Me refiero a naciones y no países, porque el Comité Olímpico Internacional (COI) también reconoce organizaciones que representan a territorios independientes, agrupaciones de países -o "commonwealths"-, protectorados y áreas geográficas específicas. Por ejemplo, hace unos días vimos a Puerto Rico, un Estado Libre Asociado a los Estados Unidos de América, derrotar en basquetbol al poderoso "dream team" estadounidense.
En total, el número actual de Comités Olímpicos Nacionales representados en el COI suma 202, más que los países miembros de las Naciones Unidas. De éstos, la gran mayoría participa convencida de que lo importante es competir. Sólo para un puñado de representaciones lo único que vale es ganar. Son aquellas que, juegos tras juegos, quedan en los primeros lugares: Estados Unidos, la Federación Rusa -la antigua Unión Soviética y "Equipo Unificado" en los juegos de Barcelona 92-, la República Democrática (léase comunista) Alemana hasta Seúl 88 y luego sencillamente Alemania desde 1990.
Los países sede también han hecho grandes esfuerzos para elevar su nivel competitivo. En 1968, México tuvo su actuación más destacada en toda la historia, al ocupar el lugar número 15 de la tabla general. En Barcelona 92, España alcanzó el sexto lugar, mientras que Corea del Sur y Australia quedaron en el cuarto sitio en Seúl 88 y Sydney 2000, respectivamente. Con la mira puesta en los próximos juegos de Beijing 2008, China ocupó el tercer puesto en las competencias celebradas hace cuatro años en Australia, y en Atenas, hasta el día de ayer se mantenía en el primer lugar en medallas de oro ganadas.
Lo que está en juego es lo que el profesor de Harvard Joe Nye llama el "poder suave" de un país: el prestigio, la imagen y el respeto que genera una nación ganadora. Por ello, aquellos países que buscan alcanzar un lugar más destacado en el escenario internacional, como China, promueven políticas públicas en materia deportiva a largo plazo. Otro caso sería el de la propia Grecia, que ha gastado una auténtica fortuna para contar con un equipo olímpico competitivo y tener las instalaciones y la infraestructura urbana listas a tiempo.
Además, Grecia se está jugando mucho más que recursos financieros. Tuvo que blindar Atenas como caja fuerte, ya que ésta es la primera Olimpiada que se celebra después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, y del ataque en Madrid del pasado mes de marzo. Los encuentros deportivos internacionales se han vuelto blancos apetitosos para el terrorismo, aunque la relación entre seguridad, política internacional y las Olimpiadas tiene una larga historia.
En 1936, Hitler aprovechó los Juegos de Berlín para demostrar el poderío de la Alemania nazi y promover la propaganda de la supuesta superioridad de la raza aria. El único detalle fue que un hombre de piel negra, Jesse Owens, demostró ser el más rápido al ganar cuatro medallas de oro, en los 100 y 200 metros planos, el salto de longitud y los relevos 4 x 100.
En 1968, la Olimpiada en nuestro país se vio empañada por la represión contra los estudiantes del 2 de octubre y por la invasión soviética a Checoslovaquia dos meses antes. Entre otras imágenes memorables, los Juegos de la Ciudad de México se recordarían por el saludo con el puño enguantado y en alto de los corredores Tommie Smith y John Carlos, quienes de esa forma protestaron durante la ceremonia de premiación por las violaciones a los derechos civiles de los negros en Estados Unidos.
Los Juegos de Munich 72 fueron trágicamente marcados por la matanza de 11 atletas israelíes a manos de terroristas palestinos. La invasión soviética a Afganistán provocó que Estados Unidos boicoteara los Juegos de Moscú 80, y en respuesta la ex URSS no asistió a la cita en Los Ángeles 84. Doce años después, la competencia en Atlanta 96 se cimbraría por la bomba que mató a un espectador e hirió a 100 más.
Ahora, en Atenas vemos los estadios semivacíos, quizás en parte por el temor a un nuevo atentado terrorista. Como su propio nombre lo indica, el terrorismo es un instrumento que busca infundir miedo en la gente y paralizarla. Pero la humanidad no puede rendirse. No está en nuestra naturaleza. En un mundo cada vez más globalizado, con fronteras porosas y economías abiertas al comercio y los flujos de ideas y manifestaciones culturales, debemos encontrar un equilibrio entre seguridad y libertad.
Por lo pronto, los mejores atletas del mundo están reunidos en Atenas, representando a sus naciones y haciendo su máximo esfuerzo por alcanzar el triunfo. Como hemos visto en estos días de competencia, para tener éxito en las Olimpiadas se tiene que trabajar mucho y con visión de largo plazo. La materia prima es el recurso clave de cualquier país: sus niños y jóvenes. La pregunta es si México tendrá que buscar de nuevo la sede para empezar a desarrollar atletas capaces de competir con los mejores del mundo.
Thursday, May 26, 2005
El mejor modelo
Javier Treviño Cantú
El Norte
5 de agosto de 2004
Ante el estancamiento en el que se encuentra México, necesitamos buscar modelos que nos ayuden a definir las prioridades en las que debemos concentrarnos para salir adelante. A nivel local y en todo el País, enfrentamos retos que nos están impidiendo avanzar y que se reflejan en aspectos básicos de nuestro comportamiento como sociedad.
Tomemos dos simples casos que se presentan cotidianamente y que podrían llevar a que nuestra sociedad se mantenga anclada y aislada del cambio que está ocurriendo en el mundo.
Primer ejemplo. La experiencia de conducir un auto en Monterrey puede ilustrar muy bien los aspectos más negativos de nuestra cultura urbana. Hostilidad, competencia, malos modales, egoísmo, impaciencia. Ya sea en San Pedro, Monterrey o San Nicolás, sólo intente usted poner la direccional para tratar de cambiar de carril y vivirá la experiencia de la incivilidad en toda su magnitud: cualquier conductor prefiere chocar antes que ceder el paso a otro auto.
Segundo ejemplo. Desde pequeños, en sus colegios, los futuros ciudadanos regios forman pequeños círculos de amistades que se vuelven perímetros impenetrables para cualquier recién llegado. Si eres de un grupo, ya no puedes ser admitido en otro. Los mismos padres de familia lo fomentan. Y lo único importante es qué carro tienes, dónde vives, cómo te vistes y cuánto tienes. Lo malo es que esta cultura crece, se reproduce y se arraiga a lo largo de los años, de la niñez a la juventud.
Luego nos extrañamos cuando vemos que nuestro país no avanza. En México, el tiempo parece haberse detenido. Estamos metidos en una especie de "burbuja" que nos aísla de la realidad global. En cambio, otros países siguen mejorando su competitividad y la calidad de vida que disfrutan sus ciudadanos.
En estudio tras estudio, un grupo destaca entre todos. Son los cinco países escandinavos de Europa. De acuerdo con el más reciente Indice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, Noruega es considerado como el mejor país del mundo para vivir, por tercer año consecutivo. El 99 por ciento de su población sabe leer y escribir; hay 513 doctores por cada 100 mil habitantes; la expectativa media de vida es de 78.4 años. Con un ingreso per cápita de 36 mil 600 dólares, Noruega es uno de los países más ricos del Planeta y, también, uno de los que más recursos canalizan a la ayuda para el desarrollo.
Le sigue en el segundo lugar Suecia, un país caracterizado por su cultura innovadora. Apoyados en una larga tradición de trabajo coordinado entre el gobierno, la industria y una eficiente red de universidades estatales y centros de investigación, los suecos se están consolidando como una potencia en sectores estratégicos, como la biotecnología. En el séptimo lugar del nuevo Índice del Programa para el Desarrollo de la ONU está Islandia. Finlandia ocupa el lugar número 13 y Dinamarca el 17. Nada más como referencia, México quedó ubicado en el 53, un lugar por debajo de Cuba.
En el Reporte Global de Tecnología de la Información 2003-2004 que elaboran el Foro Económico Mundial, el Banco Mundial y la escuela de negocios INSEAD de Francia, entre los 10 países mejor preparados para aprovechar la conectividad informática, cinco son los escandinavos. Después de Estados Unidos y Singapur, Finlandia tiene el tercer lugar; le siguen Suecia en el cuarto y Dinamarca en el quinto; Noruega está ubicado en el número ocho e Islandia ocupa el décimo. ¿México? Hasta el sitio 44.
En el Índice Global de Competitividad para el mismo periodo del Foro Económico Mundial, Finlandia mantuvo el primer lugar que ya ocupaba en el reporte anterior; Suecia está en tercero y Dinamarca en el cuarto; Islandia es el octavo y Noruega tiene el noveno puesto. Nuestro país ocupa el lugar número 47.
En el Índice 2003 de Percepciones sobre Corrupción de Transparencia Internacional, de los 10 países en donde este problema tiene menor presencia, Finlandia es el número uno, seguido por Islandia y Dinamarca; Suecia está en el sexto lugar y Noruega está empatado en el octavo con Australia y Suiza. En una escala del 0 (corrupción grave) al 10 (corrupción mínima), México y Polonia tienen una calificación de 3.6, empatados en el sitio 64.
Como comentó hace poco el profesor de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs, en un artículo de la revista Newsweek, lo que distingue a los países escandinavos es la prioridad que le han dado a tres cosas. Primero que nada, a la educación. Segundo, han mantenido el compromiso de ofrecerle servicios públicos de primer nivel a la gran mayoría de su gente. Tienen unas de las tasas de impuestos más altas del mundo, pero los servicios educativos, de salud y seguridad social que ofrecen a cambio son de la más elevada calidad. Y, tercero, a su capacidad de promover el crecimiento de un sector privado vigoroso.
El éxito global de compañías como Nokia o Volvo no ha sido un accidente. Los escandinavos son países ricos en recursos naturales, pero lo que venden es conocimiento para aprovechar tales recursos. Ikea no vende madera, sino que ofrece al mundo soluciones al fabricar muebles excelentes a precios accesibles.
No se trata de que México copie el modelo escandinavo. Tenemos una historia y una sociedad muy diferentes. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es estudiarlo y tratar de aprovechar sus lecciones para entender que, por lo menos, tenemos que definir las prioridades en las que debemos enfocarnos para salir del pantano en el que nos hemos metido solos.
Mientras tanto, cuando los adolescentes regios se suban a su Volvo, mientras hablan por su celular Nokia con algún amigo de su exclusivo círculo íntimo, pueden empezar por seguir las más elementales reglas de cortesía y amabilidad al conducir.
El Norte
5 de agosto de 2004
Ante el estancamiento en el que se encuentra México, necesitamos buscar modelos que nos ayuden a definir las prioridades en las que debemos concentrarnos para salir adelante. A nivel local y en todo el País, enfrentamos retos que nos están impidiendo avanzar y que se reflejan en aspectos básicos de nuestro comportamiento como sociedad.
Tomemos dos simples casos que se presentan cotidianamente y que podrían llevar a que nuestra sociedad se mantenga anclada y aislada del cambio que está ocurriendo en el mundo.
Primer ejemplo. La experiencia de conducir un auto en Monterrey puede ilustrar muy bien los aspectos más negativos de nuestra cultura urbana. Hostilidad, competencia, malos modales, egoísmo, impaciencia. Ya sea en San Pedro, Monterrey o San Nicolás, sólo intente usted poner la direccional para tratar de cambiar de carril y vivirá la experiencia de la incivilidad en toda su magnitud: cualquier conductor prefiere chocar antes que ceder el paso a otro auto.
Segundo ejemplo. Desde pequeños, en sus colegios, los futuros ciudadanos regios forman pequeños círculos de amistades que se vuelven perímetros impenetrables para cualquier recién llegado. Si eres de un grupo, ya no puedes ser admitido en otro. Los mismos padres de familia lo fomentan. Y lo único importante es qué carro tienes, dónde vives, cómo te vistes y cuánto tienes. Lo malo es que esta cultura crece, se reproduce y se arraiga a lo largo de los años, de la niñez a la juventud.
Luego nos extrañamos cuando vemos que nuestro país no avanza. En México, el tiempo parece haberse detenido. Estamos metidos en una especie de "burbuja" que nos aísla de la realidad global. En cambio, otros países siguen mejorando su competitividad y la calidad de vida que disfrutan sus ciudadanos.
En estudio tras estudio, un grupo destaca entre todos. Son los cinco países escandinavos de Europa. De acuerdo con el más reciente Indice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, Noruega es considerado como el mejor país del mundo para vivir, por tercer año consecutivo. El 99 por ciento de su población sabe leer y escribir; hay 513 doctores por cada 100 mil habitantes; la expectativa media de vida es de 78.4 años. Con un ingreso per cápita de 36 mil 600 dólares, Noruega es uno de los países más ricos del Planeta y, también, uno de los que más recursos canalizan a la ayuda para el desarrollo.
Le sigue en el segundo lugar Suecia, un país caracterizado por su cultura innovadora. Apoyados en una larga tradición de trabajo coordinado entre el gobierno, la industria y una eficiente red de universidades estatales y centros de investigación, los suecos se están consolidando como una potencia en sectores estratégicos, como la biotecnología. En el séptimo lugar del nuevo Índice del Programa para el Desarrollo de la ONU está Islandia. Finlandia ocupa el lugar número 13 y Dinamarca el 17. Nada más como referencia, México quedó ubicado en el 53, un lugar por debajo de Cuba.
En el Reporte Global de Tecnología de la Información 2003-2004 que elaboran el Foro Económico Mundial, el Banco Mundial y la escuela de negocios INSEAD de Francia, entre los 10 países mejor preparados para aprovechar la conectividad informática, cinco son los escandinavos. Después de Estados Unidos y Singapur, Finlandia tiene el tercer lugar; le siguen Suecia en el cuarto y Dinamarca en el quinto; Noruega está ubicado en el número ocho e Islandia ocupa el décimo. ¿México? Hasta el sitio 44.
En el Índice Global de Competitividad para el mismo periodo del Foro Económico Mundial, Finlandia mantuvo el primer lugar que ya ocupaba en el reporte anterior; Suecia está en tercero y Dinamarca en el cuarto; Islandia es el octavo y Noruega tiene el noveno puesto. Nuestro país ocupa el lugar número 47.
En el Índice 2003 de Percepciones sobre Corrupción de Transparencia Internacional, de los 10 países en donde este problema tiene menor presencia, Finlandia es el número uno, seguido por Islandia y Dinamarca; Suecia está en el sexto lugar y Noruega está empatado en el octavo con Australia y Suiza. En una escala del 0 (corrupción grave) al 10 (corrupción mínima), México y Polonia tienen una calificación de 3.6, empatados en el sitio 64.
Como comentó hace poco el profesor de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs, en un artículo de la revista Newsweek, lo que distingue a los países escandinavos es la prioridad que le han dado a tres cosas. Primero que nada, a la educación. Segundo, han mantenido el compromiso de ofrecerle servicios públicos de primer nivel a la gran mayoría de su gente. Tienen unas de las tasas de impuestos más altas del mundo, pero los servicios educativos, de salud y seguridad social que ofrecen a cambio son de la más elevada calidad. Y, tercero, a su capacidad de promover el crecimiento de un sector privado vigoroso.
El éxito global de compañías como Nokia o Volvo no ha sido un accidente. Los escandinavos son países ricos en recursos naturales, pero lo que venden es conocimiento para aprovechar tales recursos. Ikea no vende madera, sino que ofrece al mundo soluciones al fabricar muebles excelentes a precios accesibles.
No se trata de que México copie el modelo escandinavo. Tenemos una historia y una sociedad muy diferentes. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es estudiarlo y tratar de aprovechar sus lecciones para entender que, por lo menos, tenemos que definir las prioridades en las que debemos enfocarnos para salir del pantano en el que nos hemos metido solos.
Mientras tanto, cuando los adolescentes regios se suban a su Volvo, mientras hablan por su celular Nokia con algún amigo de su exclusivo círculo íntimo, pueden empezar por seguir las más elementales reglas de cortesía y amabilidad al conducir.
Convención demócrata
Javier Treviño Cantú
El Norte
22 de julio de 2004
El lunes próximo inicia la Convención del Partido Demócrata en Boston, y su candidato a la Presidencia, John Kerry, sigue siendo un desconocido para muchos estadounidenses. A pesar de que lleva dos años en campaña, de las elecciones primarias y de los aproximadamente 80 millones de dólares que ha gastado en publicidad por televisión, casi un 30 por ciento de los electores no tienen una idea clara de quién es, ni a favor de qué está.
Según la encuesta más reciente del New York Times, la carrera se encuentra técnicamente empatada: 49 por ciento de los estadounidenses votaría por la dupla demócrata John Kerry-John Edwards, mientras que 45 por ciento lo haría por los republicanos George W. Bush-Richard Cheney. Si se incluye al otro candidato, el activista Ralph Nader, Kerry obtendría en estos momentos 45 por ciento de los votos, Bush 42 por ciento y Nader 5 por ciento.
Por ello la Convención es clave para Kerry. Un evento exitoso puede hacer que los candidatos suban 10 puntos o más en las encuestas. En 1992, Bill Clinton pasó del tercer lugar al primero, con 24 puntos de ventaja sobre el Presidente Bush padre, y finalmente ganó la contienda. Ahora, los estrategas republicanos esperan que el "rebote" de Kerry sea de unos 15 puntos porcentuales. Sin embargo, otros piensan que será menor, ya que esta vez parece haber muchos menos votantes indecisos.
En cualquier caso, el reto para Kerry es convertir la Convención Demócrata en una verdadera plataforma que genere entusiasmo. Las Convenciones son grandes fiestas rituales, y Kerry necesita toda la "majestuosidad" que confiere este evento para superar los ataques de sus oponentes. El "war room" -cuarto de guerra- del Presidente Bush trabaja las 24 horas del día para reforzar su mensaje: "Kerry es un liberal que cambia de postura política cada vez que le conviene".
Hasta ahora, el demócrata no ha logrado capitalizar los problemas que están afectando la popularidad del actual mandatario -sobre todo la situación en Iraq y el bajo impacto de la recuperación económica en los bolsillos de los ciudadanos-, a la vez que su propio mensaje es poco claro. Kerry ha desperdigado su atención en una gran cantidad de iniciativas para atender a un amplio número de sectores. Entre éstos destaca el de los hispanos, que se está perfilando como uno de los grupos más importantes para los dos contendientes.
Según algunos reportes, los hispanos han pasado de representar un 7 por ciento del electorado en el 2000, a un 9 por ciento hoy. En la elección anterior, emitieron el 5.6 por ciento de los votos totales, pero ahora son 4 millones más. De acuerdo con cifras recientes de John Zogby -aquel encuestador que en mayo del 2000 diera a conocer una de las primeras encuestas en las que Vicente Fox aparecía en primer lugar para la elección presidencial de ese año-, 58 por ciento de los hispanos estaría a favor de Kerry y 33 por ciento votaría por George W. Bush. Por su parte, una encuesta de Gallup lo pone 19 puntos arriba entre estos mismos electores.
Históricamente, los hispanos en EU han votado por los candidatos demócratas en una proporción de 2 a 1. Sin embargo, como señala The Economist, el voto latino parece ser cada vez más volátil, y la diversidad de la gente que entra en esta categoría hace que su lealtad hacia un partido determinado se complique. Lo que también comenta el semanario inglés es que 2 de cada 3 hispanos son de origen mexicano, lo cual explica la atención que Kerry ha puesto en México.
Nombró como su representante en nuestro país a Ana María Salazar, una ex funcionaria de la administración Clinton y conocida analista de temas relacionados con seguridad nacional. Hace poco envió a su hermana, Diana Kerry, quien encabeza la promoción del voto de los estadounidenses que viven en otros países. Nadie está seguro del número exacto que hay en México. La Embajada del vecino país cree que son unos 350 mil, pero otros calculan que podrían ser más de un millón. Kerry ya ha concedido entrevistas exclusivas a dos periodistas que colaboran aquí, en EL NORTE: Jorge Ramos y Andrés Oppenheimer.
La semana pasada, el candidato demócrata anunció la compra de espacios en medios hispanos por un millón de dólares, y su primer anuncio de televisión en español empieza con el famoso ¡Sí se puede! También ha pronunciado discursos en este idioma, como el del 5 de mayo en una secundaria de Los Ángeles, y se ha reunido con las principales organizaciones hispanas. En un mensaje que dirigió a finales de junio ante la Asociación de Funcionarios Latinos Electos, NALEO, propuso crear una nueva "Comunidad de las Américas" y un "perímetro de seguridad norteamericano", que buscaría coordinar políticas aduaneras, migratorias y de seguridad entre México, Estados Unidos y Canadá.
Kerry ha prometido que, en sus primeros 100 días de gobierno, promoverá una reforma migratoria que le otorgaría la ciudadanía a los migrantes que trabajen duro y paguen impuestos. Además, en la plataforma política del Partido Demócrata se señala que las relaciones con México serán "una prioridad". Seguramente, en caso de ganar la Presidencia, sus verdaderas prioridades serían otras, pero las promesas ahí quedan.
El discurso de John Kerry en la próxima Convención Demócrata será determinante. Si logra el impacto deseado, puede consolidar su ventaja en las encuestas. Todo dependerá de la televisión. Por ello ha contratado a James Moll -un director de Hollywood recomendado por Steven Spielberg- para que produzca el video que lo presentará ante la audiencia. De los cuatro días que dura el evento, las principales cadenas sólo transmitirán en total tres horas. La imagen de Kerry y su mensaje deben ser atractivos para los partidarios que ya están seguros de que votarán por él; pero también para los que todavía no se deciden.
Una encuesta reciente del Centro de Investigación Pew encontró que 63 por ciento de los estadounidenses está convencido de que los resultados de las elecciones serán realmente importantes, y 58 por ciento ha dedicado mucho tiempo a pensar en las mismas. Esto significa que los electores estadounidenses están poniendo atención a las campañas, y que pueden ir a votar el primer martes de noviembre en mayor proporción que en elecciones pasadas. Pero primero se sentarán frente a la televisión, y luego tomarán su decisión.
El Norte
22 de julio de 2004
El lunes próximo inicia la Convención del Partido Demócrata en Boston, y su candidato a la Presidencia, John Kerry, sigue siendo un desconocido para muchos estadounidenses. A pesar de que lleva dos años en campaña, de las elecciones primarias y de los aproximadamente 80 millones de dólares que ha gastado en publicidad por televisión, casi un 30 por ciento de los electores no tienen una idea clara de quién es, ni a favor de qué está.
Según la encuesta más reciente del New York Times, la carrera se encuentra técnicamente empatada: 49 por ciento de los estadounidenses votaría por la dupla demócrata John Kerry-John Edwards, mientras que 45 por ciento lo haría por los republicanos George W. Bush-Richard Cheney. Si se incluye al otro candidato, el activista Ralph Nader, Kerry obtendría en estos momentos 45 por ciento de los votos, Bush 42 por ciento y Nader 5 por ciento.
Por ello la Convención es clave para Kerry. Un evento exitoso puede hacer que los candidatos suban 10 puntos o más en las encuestas. En 1992, Bill Clinton pasó del tercer lugar al primero, con 24 puntos de ventaja sobre el Presidente Bush padre, y finalmente ganó la contienda. Ahora, los estrategas republicanos esperan que el "rebote" de Kerry sea de unos 15 puntos porcentuales. Sin embargo, otros piensan que será menor, ya que esta vez parece haber muchos menos votantes indecisos.
En cualquier caso, el reto para Kerry es convertir la Convención Demócrata en una verdadera plataforma que genere entusiasmo. Las Convenciones son grandes fiestas rituales, y Kerry necesita toda la "majestuosidad" que confiere este evento para superar los ataques de sus oponentes. El "war room" -cuarto de guerra- del Presidente Bush trabaja las 24 horas del día para reforzar su mensaje: "Kerry es un liberal que cambia de postura política cada vez que le conviene".
Hasta ahora, el demócrata no ha logrado capitalizar los problemas que están afectando la popularidad del actual mandatario -sobre todo la situación en Iraq y el bajo impacto de la recuperación económica en los bolsillos de los ciudadanos-, a la vez que su propio mensaje es poco claro. Kerry ha desperdigado su atención en una gran cantidad de iniciativas para atender a un amplio número de sectores. Entre éstos destaca el de los hispanos, que se está perfilando como uno de los grupos más importantes para los dos contendientes.
Según algunos reportes, los hispanos han pasado de representar un 7 por ciento del electorado en el 2000, a un 9 por ciento hoy. En la elección anterior, emitieron el 5.6 por ciento de los votos totales, pero ahora son 4 millones más. De acuerdo con cifras recientes de John Zogby -aquel encuestador que en mayo del 2000 diera a conocer una de las primeras encuestas en las que Vicente Fox aparecía en primer lugar para la elección presidencial de ese año-, 58 por ciento de los hispanos estaría a favor de Kerry y 33 por ciento votaría por George W. Bush. Por su parte, una encuesta de Gallup lo pone 19 puntos arriba entre estos mismos electores.
Históricamente, los hispanos en EU han votado por los candidatos demócratas en una proporción de 2 a 1. Sin embargo, como señala The Economist, el voto latino parece ser cada vez más volátil, y la diversidad de la gente que entra en esta categoría hace que su lealtad hacia un partido determinado se complique. Lo que también comenta el semanario inglés es que 2 de cada 3 hispanos son de origen mexicano, lo cual explica la atención que Kerry ha puesto en México.
Nombró como su representante en nuestro país a Ana María Salazar, una ex funcionaria de la administración Clinton y conocida analista de temas relacionados con seguridad nacional. Hace poco envió a su hermana, Diana Kerry, quien encabeza la promoción del voto de los estadounidenses que viven en otros países. Nadie está seguro del número exacto que hay en México. La Embajada del vecino país cree que son unos 350 mil, pero otros calculan que podrían ser más de un millón. Kerry ya ha concedido entrevistas exclusivas a dos periodistas que colaboran aquí, en EL NORTE: Jorge Ramos y Andrés Oppenheimer.
La semana pasada, el candidato demócrata anunció la compra de espacios en medios hispanos por un millón de dólares, y su primer anuncio de televisión en español empieza con el famoso ¡Sí se puede! También ha pronunciado discursos en este idioma, como el del 5 de mayo en una secundaria de Los Ángeles, y se ha reunido con las principales organizaciones hispanas. En un mensaje que dirigió a finales de junio ante la Asociación de Funcionarios Latinos Electos, NALEO, propuso crear una nueva "Comunidad de las Américas" y un "perímetro de seguridad norteamericano", que buscaría coordinar políticas aduaneras, migratorias y de seguridad entre México, Estados Unidos y Canadá.
Kerry ha prometido que, en sus primeros 100 días de gobierno, promoverá una reforma migratoria que le otorgaría la ciudadanía a los migrantes que trabajen duro y paguen impuestos. Además, en la plataforma política del Partido Demócrata se señala que las relaciones con México serán "una prioridad". Seguramente, en caso de ganar la Presidencia, sus verdaderas prioridades serían otras, pero las promesas ahí quedan.
El discurso de John Kerry en la próxima Convención Demócrata será determinante. Si logra el impacto deseado, puede consolidar su ventaja en las encuestas. Todo dependerá de la televisión. Por ello ha contratado a James Moll -un director de Hollywood recomendado por Steven Spielberg- para que produzca el video que lo presentará ante la audiencia. De los cuatro días que dura el evento, las principales cadenas sólo transmitirán en total tres horas. La imagen de Kerry y su mensaje deben ser atractivos para los partidarios que ya están seguros de que votarán por él; pero también para los que todavía no se deciden.
Una encuesta reciente del Centro de Investigación Pew encontró que 63 por ciento de los estadounidenses está convencido de que los resultados de las elecciones serán realmente importantes, y 58 por ciento ha dedicado mucho tiempo a pensar en las mismas. Esto significa que los electores estadounidenses están poniendo atención a las campañas, y que pueden ir a votar el primer martes de noviembre en mayor proporción que en elecciones pasadas. Pero primero se sentarán frente a la televisión, y luego tomarán su decisión.
Responsabilidad social
Javier Treviño Cantú
El Norte
8 de julio de 2004
Asumir una responsabilidad siempre tiene costos; pero también ofrece muchas recompensas. En el marco de la economía global, ante todo representa la oportunidad de generar ventajas frente a la competencia. Para cualquier compañía, ya sea pequeña, mediana o grande, asumir la responsabilidad que le corresponde con la sociedad y con todos los que tienen algún interés en ella ya no es una opción. Es parte de la estrategia del negocio. Y también es negocio.
Desde hace ya varios años, el concepto RSE -responsabilidad social de la empresa- ha venido evolucionando. No se trata de una tendencia pasajera: es la base más sólida para crear valor y crecer de manera sostenible.
El impacto de internet, por ejemplo, le dio un nuevo poder a los consumidores. Ahora, no sólo se pueden comparar los precios y disponibilidad de cualquier producto alrededor del mundo, sino las condiciones en las que se produce.
Gracias a las nuevas tecnologías, también ha crecido la influencia y capacidad de movilización de las organizaciones sociales, desde las dedicadas a proteger los derechos de los consumidores, hasta aquellas preocupadas por preservar el medio ambiente.
Un creciente número de empresas ha respondido de diversas maneras. Muchas establecieron códigos de conducta. Otras han buscado reducir el impacto ambiental de sus procesos. Algunas han reforzado su transparencia, adoptando nuevas reglas de gobierno corporativo. Otras más se han cobijado en la filantropía, con lo que los programas de apoyo social se han multiplicado. Todo esto implica costos financieros y en términos de recursos humanos y organizacionales. Para algunos analistas e inversionistas, tales actividades pueden representar una distracción del objetivo fundamental de toda empresa: generar valor.
En efecto, ésta es la razón de ser de cualquier compañía. Pero la forma en la que se genera valor sí hace una diferencia. Si lo que se busca es crecer en forma sostenida y competir con éxito a largo plazo, se necesita encontrar un equilibrio que permita producir buenos resultados financieros, asegurar condiciones para un crecimiento sostenible y contribuir a promover una mayor equidad social.
En la economía global integrada de hoy, la competencia es cada vez más intensa, y este equilibrio se perfila como la mejor forma para enfrentar sus retos. No sólo para las grandes empresas, sino para todas.
Sin duda, la responsabilidad social empresarial ha tendido a ser vista casi como un "lujo" que sólo se lo pueden dar las grandes compañías. Pero la competencia es pareja, tanto para éstas como para las pequeñas y medianas. Por ello, cualquier empresa, sin importar su tamaño o su ubicación, puede transformar este reto en una oportunidad.
La buena noticia es que no están solas. Diversas instituciones están impulsando nuevos programas para apoyar a las compañías que reconocen la importancia estratégica del tema y buscan mejorar su competitividad. La RSE es un tema prioritario en Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Unión Europea.
Para las empresas de México y América Latina, un caso particularmente interesante es el del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Desde 2002, el BID ha realizado conferencias anuales para promover la RSE, promoviendo contactos entre el sector privado, gobiernos, organizaciones sociales y centros académicos. La primera fue en Miami. En 2003 se realizó en Panamá, y, a finales de septiembre próximo, la conferencia "Del dicho al hecho" se llevará a cabo en la Ciudad de México. Necesitamos aprovecharla al máximo, porque México sigue perdiendo terreno.
El Instituto IMD de Suiza presentó hace poco su más reciente Anuario Mundial de Competitividad, y de nuevo bajamos de lugar. En 2000 estábamos en el 33, a media tabla. Para 2001 nada más caímos tres lugares, al 36. La situación no parecía grave. Todavía existían posibilidades de que se concretara alguna reforma estructural. Pero las cosas no salieron como esperábamos, y el resultado se reflejó al año siguiente. En 2002 pasamos al lugar 43, y al año siguiente volvimos a descender hasta el 53. Ahora, en 2004 ocupamos el sitio 56. Nada más Polonia, Indonesia, Argentina y Venezuela son un poco menos competitivos que nosotros.
Es cierto que para recuperar posiciones se requieren reformas como la fiscal, eléctrica y laboral. Pero en lo que esto se resuelve o no, las compañías mexicanas tienen una gran oportunidad para mejorar su capacidad de competir asumiendo su responsabilidad social. Antes que nada, con la salud, la seguridad y el desarrollo profesional de los empleados. Con los clientes y con los proveedores, alentándolos a compartir un compromiso que genera beneficios concretos para todos. Con los inversionistas, para asegurar que la capacidad de generar valor sea duradera. Con las comunidades, para propiciar un círculo virtuoso al apoyar su propio avance. Y con el medio ambiente, para alcanzar un desarrollo verdaderamente sustentable. La RSE no es filantropía. Va más allá. Se trata de un enfoque integral y estratégico de negocio.
Ante la crisis de incompetencia gubernamental por la que atraviesa México, vale la pena recordar las palabras de Winston Churchill: "Hay quienes piensan que la empresa privada es como un feroz tigre al que se debe abatir; otros la conciben como una vaca que se puede ordeñar, y sólo unos pocos la ven como lo que realmente es: un potente caballo que tira con fuerza para mover todo el pesado carruaje".
Asumir la responsabilidad social de las empresas como base para el éxito y crecimiento sostenidos implica impulsar un cambio de mentalidad. Éste es nuestro mayor reto, y la clave para nuestro éxito en la economía del Siglo 21.
El Norte
8 de julio de 2004
Asumir una responsabilidad siempre tiene costos; pero también ofrece muchas recompensas. En el marco de la economía global, ante todo representa la oportunidad de generar ventajas frente a la competencia. Para cualquier compañía, ya sea pequeña, mediana o grande, asumir la responsabilidad que le corresponde con la sociedad y con todos los que tienen algún interés en ella ya no es una opción. Es parte de la estrategia del negocio. Y también es negocio.
Desde hace ya varios años, el concepto RSE -responsabilidad social de la empresa- ha venido evolucionando. No se trata de una tendencia pasajera: es la base más sólida para crear valor y crecer de manera sostenible.
El impacto de internet, por ejemplo, le dio un nuevo poder a los consumidores. Ahora, no sólo se pueden comparar los precios y disponibilidad de cualquier producto alrededor del mundo, sino las condiciones en las que se produce.
Gracias a las nuevas tecnologías, también ha crecido la influencia y capacidad de movilización de las organizaciones sociales, desde las dedicadas a proteger los derechos de los consumidores, hasta aquellas preocupadas por preservar el medio ambiente.
Un creciente número de empresas ha respondido de diversas maneras. Muchas establecieron códigos de conducta. Otras han buscado reducir el impacto ambiental de sus procesos. Algunas han reforzado su transparencia, adoptando nuevas reglas de gobierno corporativo. Otras más se han cobijado en la filantropía, con lo que los programas de apoyo social se han multiplicado. Todo esto implica costos financieros y en términos de recursos humanos y organizacionales. Para algunos analistas e inversionistas, tales actividades pueden representar una distracción del objetivo fundamental de toda empresa: generar valor.
En efecto, ésta es la razón de ser de cualquier compañía. Pero la forma en la que se genera valor sí hace una diferencia. Si lo que se busca es crecer en forma sostenida y competir con éxito a largo plazo, se necesita encontrar un equilibrio que permita producir buenos resultados financieros, asegurar condiciones para un crecimiento sostenible y contribuir a promover una mayor equidad social.
En la economía global integrada de hoy, la competencia es cada vez más intensa, y este equilibrio se perfila como la mejor forma para enfrentar sus retos. No sólo para las grandes empresas, sino para todas.
Sin duda, la responsabilidad social empresarial ha tendido a ser vista casi como un "lujo" que sólo se lo pueden dar las grandes compañías. Pero la competencia es pareja, tanto para éstas como para las pequeñas y medianas. Por ello, cualquier empresa, sin importar su tamaño o su ubicación, puede transformar este reto en una oportunidad.
La buena noticia es que no están solas. Diversas instituciones están impulsando nuevos programas para apoyar a las compañías que reconocen la importancia estratégica del tema y buscan mejorar su competitividad. La RSE es un tema prioritario en Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Unión Europea.
Para las empresas de México y América Latina, un caso particularmente interesante es el del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Desde 2002, el BID ha realizado conferencias anuales para promover la RSE, promoviendo contactos entre el sector privado, gobiernos, organizaciones sociales y centros académicos. La primera fue en Miami. En 2003 se realizó en Panamá, y, a finales de septiembre próximo, la conferencia "Del dicho al hecho" se llevará a cabo en la Ciudad de México. Necesitamos aprovecharla al máximo, porque México sigue perdiendo terreno.
El Instituto IMD de Suiza presentó hace poco su más reciente Anuario Mundial de Competitividad, y de nuevo bajamos de lugar. En 2000 estábamos en el 33, a media tabla. Para 2001 nada más caímos tres lugares, al 36. La situación no parecía grave. Todavía existían posibilidades de que se concretara alguna reforma estructural. Pero las cosas no salieron como esperábamos, y el resultado se reflejó al año siguiente. En 2002 pasamos al lugar 43, y al año siguiente volvimos a descender hasta el 53. Ahora, en 2004 ocupamos el sitio 56. Nada más Polonia, Indonesia, Argentina y Venezuela son un poco menos competitivos que nosotros.
Es cierto que para recuperar posiciones se requieren reformas como la fiscal, eléctrica y laboral. Pero en lo que esto se resuelve o no, las compañías mexicanas tienen una gran oportunidad para mejorar su capacidad de competir asumiendo su responsabilidad social. Antes que nada, con la salud, la seguridad y el desarrollo profesional de los empleados. Con los clientes y con los proveedores, alentándolos a compartir un compromiso que genera beneficios concretos para todos. Con los inversionistas, para asegurar que la capacidad de generar valor sea duradera. Con las comunidades, para propiciar un círculo virtuoso al apoyar su propio avance. Y con el medio ambiente, para alcanzar un desarrollo verdaderamente sustentable. La RSE no es filantropía. Va más allá. Se trata de un enfoque integral y estratégico de negocio.
Ante la crisis de incompetencia gubernamental por la que atraviesa México, vale la pena recordar las palabras de Winston Churchill: "Hay quienes piensan que la empresa privada es como un feroz tigre al que se debe abatir; otros la conciben como una vaca que se puede ordeñar, y sólo unos pocos la ven como lo que realmente es: un potente caballo que tira con fuerza para mover todo el pesado carruaje".
Asumir la responsabilidad social de las empresas como base para el éxito y crecimiento sostenidos implica impulsar un cambio de mentalidad. Éste es nuestro mayor reto, y la clave para nuestro éxito en la economía del Siglo 21.
La Nueva República del Río Grande
Javier Treviño Cantú
El Norte
24 de junio de 2004
El martes pasado, el Gobernador de Coahuila hizo una broma. Durante la ceremonia en la que se firmó el Acuerdo para un Progreso Regional Asociado entre Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y Texas, Enrique Martínez y Martínez le dijo al Gobernador Rick Perry que no se preocupara, que la iniciativa no pretende regresarle a México el territorio que una vez fue nuestro. No sé si el Gobernador texano se habrá reído, pero lo que sí es un hecho es que en Estados Unidos este tema lo están tomando muy en serio.
En importantes círculos académicos y militares existe la percepción de que la oleada constante de migrantes que siguen llegando a Estados Unidos representa un peligro para ese país. Incluso se considera que las tensiones que se generan en la zona fronteriza y el desarrollo de una cultura distinta podrían provocar un movimiento separatista.
Desde principios de la década de los 80, un editor del Washington Post definió la región que va desde el sur de California hasta Texas como "MexAmerica". En su libro "Las Nueve Naciones de Norteamérica", Joel Garreau señaló que el área que iría de Los Ángeles a Houston se caracterizaba por un crecimiento explosivo, en donde la escasez de los recursos naturales contrastaba con su desarrollo acelerado.
El año pasado, Victor Davis Hanson publicó un libro titulado "Mexifornia: A State of Becoming". Profesor de estudios clásicos de la Universidad Estatal de California en Fresno, miembro de la Hoover Institution, agricultor y californiano de quinta generación, de origen europeo, en su obra analiza la transformación del estado durante las últimas cinco décadas en "Mexifornia", un espacio con una cultura propia.
Para Hanson, a diferencia de lo que ocurre con los migrantes de países lejanos, el hecho de que los migrantes mexicanos estén tan cerca de su lugar de origen hace que no se integren plenamente al nuevo país donde viven y trabajan. El "cordón umbilical" con México produce una cultura regional única, que no es ni mexicana ni estadounidense.
Estos mismos argumentos son los que utiliza el muy criticado Samuel P. Huntington para dar la voz de alarma sobre el peligro que corre Estados Unidos de convertirse en un país dividido en dos pueblos, dos idiomas y dos culturas. En un artículo publicado hace poco en la revista Foreign Policy y en su nuevo libro, "¿Quiénes Somos?", el autor de "El Choque de las Civilizaciones" parte de la misma base: debido a la proximidad de su país, los migrantes mexicanos siguen hablando español y no tienen la disposición para integrarse plenamente a la cultura anglosajona.
En su opinión, la "reconquista" del suroeste de los Estados Unidos por parte de los migrantes mexicanos está en plena marcha. Cita al profesor Charles Truxillo, de la Universidad de Nuevo México, quien considera que, para el año 2080, los estados del sur de Estados Unidos y los del norte de México podrían formar un nuevo país: la República del Norte.
La visión de la frontera como centro de una nueva cultural transnacional se está discutiendo en círculos militares de Estados Unidos. En septiembre de 2002, "Military Review", una publicación del Centro Conjunto del Ejército en Fort Leavenworth, Kansas, presentó un estudio sobre las posibilidades de un "movimiento irredentista en MexAmerica".
Según los autores, Mark de Socio y Christian Allen, dos académicos de las universidades de Cincinnati y Georgia respectivamente, la región fronteriza está sujeta a profundas tensiones por dos razones.
Primero, mientras las barreras al comercio han desaparecido con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, los obstáculos para prevenir el flujo ilegal de migrantes y drogas siguen creciendo. Segundo, la integración económica y social de la zona está produciendo una "nación fronteriza". Llevadas al extremo, tales fricciones podrían traducirse en un movimiento separatista.
Este tipo de análisis puede tener resonancia en estados como Texas. En palabras del semanario The Economist, Texas es como el resto de Estados Unidos, pero con esteroides. Tiene un sentido de identidad prácticamente nacional, y en los últimos años se ha convertido en el segundo estado más poblado de ese país, sólo detrás de California, mientras que es el que más rápido está creciendo después de Florida. Con un nivel de población de origen latino que supera el 30 por ciento, en Texas confluyen todos los retos de la agenda bilateral entre México y Estados Unidos.
Por ello, y ante la falta de liderazgo de los gobiernos federales de ambos países, las iniciativas como el Acuerdo firmado el martes pasado pueden ayudar a encontrar respuestas eficaces para la enorme cantidad de asuntos que afectan a los estados fronterizos. Pero, para que fructifiquen, tenemos que ir más allá de los estereotipos y prejuicios que han frenado durante tanto tiempo el establecimiento de relaciones más maduras y productivas entre las entidades de ambos países.
No es la primera vez que los estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, junto con Texas, contemplan las ventajas de una relación más estrecha. La primera fue en 1840, cuando los tres estados mexicanos crearon la efímera República del Río Grande. La segunda ocurrió unos años después, cuando se planteó el proyecto de la República de la Sierra Madre.
Si el nuevo y ambicioso Acuerdo firmado esta semana logra concretarse, quizás veamos que no es necesario crear una Nueva República del Río Grande, sino nada más trabajar juntos para alcanzar buenos resultados.
El Norte
24 de junio de 2004
El martes pasado, el Gobernador de Coahuila hizo una broma. Durante la ceremonia en la que se firmó el Acuerdo para un Progreso Regional Asociado entre Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y Texas, Enrique Martínez y Martínez le dijo al Gobernador Rick Perry que no se preocupara, que la iniciativa no pretende regresarle a México el territorio que una vez fue nuestro. No sé si el Gobernador texano se habrá reído, pero lo que sí es un hecho es que en Estados Unidos este tema lo están tomando muy en serio.
En importantes círculos académicos y militares existe la percepción de que la oleada constante de migrantes que siguen llegando a Estados Unidos representa un peligro para ese país. Incluso se considera que las tensiones que se generan en la zona fronteriza y el desarrollo de una cultura distinta podrían provocar un movimiento separatista.
Desde principios de la década de los 80, un editor del Washington Post definió la región que va desde el sur de California hasta Texas como "MexAmerica". En su libro "Las Nueve Naciones de Norteamérica", Joel Garreau señaló que el área que iría de Los Ángeles a Houston se caracterizaba por un crecimiento explosivo, en donde la escasez de los recursos naturales contrastaba con su desarrollo acelerado.
El año pasado, Victor Davis Hanson publicó un libro titulado "Mexifornia: A State of Becoming". Profesor de estudios clásicos de la Universidad Estatal de California en Fresno, miembro de la Hoover Institution, agricultor y californiano de quinta generación, de origen europeo, en su obra analiza la transformación del estado durante las últimas cinco décadas en "Mexifornia", un espacio con una cultura propia.
Para Hanson, a diferencia de lo que ocurre con los migrantes de países lejanos, el hecho de que los migrantes mexicanos estén tan cerca de su lugar de origen hace que no se integren plenamente al nuevo país donde viven y trabajan. El "cordón umbilical" con México produce una cultura regional única, que no es ni mexicana ni estadounidense.
Estos mismos argumentos son los que utiliza el muy criticado Samuel P. Huntington para dar la voz de alarma sobre el peligro que corre Estados Unidos de convertirse en un país dividido en dos pueblos, dos idiomas y dos culturas. En un artículo publicado hace poco en la revista Foreign Policy y en su nuevo libro, "¿Quiénes Somos?", el autor de "El Choque de las Civilizaciones" parte de la misma base: debido a la proximidad de su país, los migrantes mexicanos siguen hablando español y no tienen la disposición para integrarse plenamente a la cultura anglosajona.
En su opinión, la "reconquista" del suroeste de los Estados Unidos por parte de los migrantes mexicanos está en plena marcha. Cita al profesor Charles Truxillo, de la Universidad de Nuevo México, quien considera que, para el año 2080, los estados del sur de Estados Unidos y los del norte de México podrían formar un nuevo país: la República del Norte.
La visión de la frontera como centro de una nueva cultural transnacional se está discutiendo en círculos militares de Estados Unidos. En septiembre de 2002, "Military Review", una publicación del Centro Conjunto del Ejército en Fort Leavenworth, Kansas, presentó un estudio sobre las posibilidades de un "movimiento irredentista en MexAmerica".
Según los autores, Mark de Socio y Christian Allen, dos académicos de las universidades de Cincinnati y Georgia respectivamente, la región fronteriza está sujeta a profundas tensiones por dos razones.
Primero, mientras las barreras al comercio han desaparecido con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, los obstáculos para prevenir el flujo ilegal de migrantes y drogas siguen creciendo. Segundo, la integración económica y social de la zona está produciendo una "nación fronteriza". Llevadas al extremo, tales fricciones podrían traducirse en un movimiento separatista.
Este tipo de análisis puede tener resonancia en estados como Texas. En palabras del semanario The Economist, Texas es como el resto de Estados Unidos, pero con esteroides. Tiene un sentido de identidad prácticamente nacional, y en los últimos años se ha convertido en el segundo estado más poblado de ese país, sólo detrás de California, mientras que es el que más rápido está creciendo después de Florida. Con un nivel de población de origen latino que supera el 30 por ciento, en Texas confluyen todos los retos de la agenda bilateral entre México y Estados Unidos.
Por ello, y ante la falta de liderazgo de los gobiernos federales de ambos países, las iniciativas como el Acuerdo firmado el martes pasado pueden ayudar a encontrar respuestas eficaces para la enorme cantidad de asuntos que afectan a los estados fronterizos. Pero, para que fructifiquen, tenemos que ir más allá de los estereotipos y prejuicios que han frenado durante tanto tiempo el establecimiento de relaciones más maduras y productivas entre las entidades de ambos países.
No es la primera vez que los estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, junto con Texas, contemplan las ventajas de una relación más estrecha. La primera fue en 1840, cuando los tres estados mexicanos crearon la efímera República del Río Grande. La segunda ocurrió unos años después, cuando se planteó el proyecto de la República de la Sierra Madre.
Si el nuevo y ambicioso Acuerdo firmado esta semana logra concretarse, quizás veamos que no es necesario crear una Nueva República del Río Grande, sino nada más trabajar juntos para alcanzar buenos resultados.
Crear o destruir valor
Javier Treviño Cantú
El Norte
10 de junio de 2004
El problema de fondo, desde el inicio de este gobierno, parece ser la falta de una visión verdaderamente estratégica. Se requiere partir de diagnósticos confiables y formular objetivos bien definidos, de largo alcance. Hace falta una cultura de la administración pública novedosa
El domingo pasado vimos en la primera plana de EL NORTE al nuevo Secretario de Energía, el ex Gobernador del Estado Fernando Elizondo, festejando con una taquiza en la sede del PAN en Monterrey. Elizondo les dijo a los panistas: "debemos todos ser factor de unidad, y la receta es siempre pensar en lo que es mejor para nuestro Estado, lo que es mejor para nuestro País. Si actuamos así, ganamos aunque no ganemos".
Elizondo tiene razón. Sin embargo, ahora es miembro de un gabinete que, a pesar de sus buenas intenciones, no ha logrado producir los resultados que se esperaban. Al inicio de la administración se generaron muchas expectativas de que el nuevo equipo haría las cosas de manera diferente. Se suponía que los lazos y la experiencia de muchos de ellos en el sector privado les permitirían no sólo hacer un uso más eficiente de los recursos a su disposición, sino que podrían ir más allá y crear valor público.
Sin embargo, un informe de las Secretarías de Hacienda y de la Función Pública que se presentó al Congreso la semana pasada indica que la "cultura gerencial" del actual gobierno mexicano no ha logrado tener mucho éxito. Se trata del "Diagnóstico de la Administración Pública Federal Centralizada con el objeto de implementar una reingeniería de puestos, funciones y compensaciones dentro del marco del servicio profesional de carrera".
De acuerdo con las pocas notas de prensa que dieron cuenta del hecho, el diagnóstico señala que muchos de los funcionarios actuales siguen percibiendo a las estructuras de la administración pública federal como fines en sí mismas, y no como medios para alcanzar resultados. Las dependencias no definen de la manera más adecuada sus objetivos. La sinergia entre las distintas áreas de la administración federal es inexistente. La mayoría de los servidores públicos no sabe de qué se trata la "cultura gerencial" que se ha intentado poner en práctica.
Las consecuencias están a la vista. Por ejemplo, esta semana, el INEGI dio a conocer los resultados más recientes del Sistema de Cuentas Económicas y Ecológicas. Resulta que, en 2002, el costo del agotamiento y la degradación de nuestros recursos naturales fue superior a los 623 mil millones de pesos, un 10 por ciento del PIB de ese año. Varios estudios han calculado el costo anual de la corrupción en un nivel que supera el 9 por ciento del PIB. ¿Cuál será el de la inseguridad, o el de la falta de un Estado de Derecho que garantice la protección de los derechos de propiedad? ¿Cuánto nos cuesta que los contratos no puedan hacerse valer y que los litigios tarden años en resolverse?
Aunque un poco tarde -considerando que hay quienes dicen que el sexenio ya terminó-, este diagnóstico puede ser una buena noticia. Sobre todo porque la capacidad de crear valor público es cada vez menor. Ya sea en términos de leyes más justas y aplicables, de reformas a las estructuras institucionales, de reglamentos más sencillos y eficaces o de la prestación de cualquier servicio público, durante los últimos años, el valor generado por el Gobierno ha sido mínimo.
La pregunta es si el diagnóstico de Hacienda y la Secretaría de la Función Pública permitirá un replanteamiento a fondo de la estructura burocrática, o si se trata de otra iniciativa -como aquellas famosas "supercoordinaciones" que nacieron y murieron a principios del sexenio-, que al final resulta contraproducente.
El problema de fondo, desde el inicio de este gobierno, parece ser la falta de una visión verdaderamente estratégica. Se requiere partir de diagnósticos confiables y formular objetivos bien definidos, de largo alcance. Hace falta una cultura de la administración pública novedosa, enfocada no sólo en hacer lo mínimo necesario para mantener el barco a flote, sino en generar valor para la gran mayoría de los mexicanos.
Hace ya varios años, un grupo de profesores de Harvard, encabezados por Mark H. Moore, desarrolló un concepto simple, pero poderoso, que podría ayudar a que la administración pública se enfoque en crear valor. Lo llamaron el "triángulo estratégico". El primer vértice tiene qué ver con la definición explícita del valor público que cada área del Gobierno puede crear. Se trata no sólo de cumplir con las responsabilidades específicas de cada oficina, sino también de promover políticas públicas innovadoras con un valor agregado.
El segundo aspecto de este "triángulo" tiene qué ver con la legitimidad política y las fuentes que servirían para apoyar administrativa y presupuestalmente tales iniciativas. Y el tercer vértice se refiere a la capacidad interna, a la organización de los recursos necesarios para sacar adelante las propuestas. Esta visión implica superar el papel "tecnocrático" de los administradores públicos para transformarlos en verdaderos estrategas, dedicados a buscar oportunidades que les permitan utilizar las organizaciones a su cargo para crear valor público.
A principios del 2001, cuando ingresé al sector privado, después de 14 años en el sector público, un amigo que vive en Nueva York me dijo: "Por fin abandonaste el lugar en donde se destruye valor y vas a empezar a crearlo". Yo no estaba seguro de que mi amigo tuviera razón. Ahora tengo más elementos para juzgarlo. Con visión estratégica, sí se podría crear valor en el sector público... aunque por ahora no lo podamos ver.
El Norte
10 de junio de 2004
El problema de fondo, desde el inicio de este gobierno, parece ser la falta de una visión verdaderamente estratégica. Se requiere partir de diagnósticos confiables y formular objetivos bien definidos, de largo alcance. Hace falta una cultura de la administración pública novedosa
El domingo pasado vimos en la primera plana de EL NORTE al nuevo Secretario de Energía, el ex Gobernador del Estado Fernando Elizondo, festejando con una taquiza en la sede del PAN en Monterrey. Elizondo les dijo a los panistas: "debemos todos ser factor de unidad, y la receta es siempre pensar en lo que es mejor para nuestro Estado, lo que es mejor para nuestro País. Si actuamos así, ganamos aunque no ganemos".
Elizondo tiene razón. Sin embargo, ahora es miembro de un gabinete que, a pesar de sus buenas intenciones, no ha logrado producir los resultados que se esperaban. Al inicio de la administración se generaron muchas expectativas de que el nuevo equipo haría las cosas de manera diferente. Se suponía que los lazos y la experiencia de muchos de ellos en el sector privado les permitirían no sólo hacer un uso más eficiente de los recursos a su disposición, sino que podrían ir más allá y crear valor público.
Sin embargo, un informe de las Secretarías de Hacienda y de la Función Pública que se presentó al Congreso la semana pasada indica que la "cultura gerencial" del actual gobierno mexicano no ha logrado tener mucho éxito. Se trata del "Diagnóstico de la Administración Pública Federal Centralizada con el objeto de implementar una reingeniería de puestos, funciones y compensaciones dentro del marco del servicio profesional de carrera".
De acuerdo con las pocas notas de prensa que dieron cuenta del hecho, el diagnóstico señala que muchos de los funcionarios actuales siguen percibiendo a las estructuras de la administración pública federal como fines en sí mismas, y no como medios para alcanzar resultados. Las dependencias no definen de la manera más adecuada sus objetivos. La sinergia entre las distintas áreas de la administración federal es inexistente. La mayoría de los servidores públicos no sabe de qué se trata la "cultura gerencial" que se ha intentado poner en práctica.
Las consecuencias están a la vista. Por ejemplo, esta semana, el INEGI dio a conocer los resultados más recientes del Sistema de Cuentas Económicas y Ecológicas. Resulta que, en 2002, el costo del agotamiento y la degradación de nuestros recursos naturales fue superior a los 623 mil millones de pesos, un 10 por ciento del PIB de ese año. Varios estudios han calculado el costo anual de la corrupción en un nivel que supera el 9 por ciento del PIB. ¿Cuál será el de la inseguridad, o el de la falta de un Estado de Derecho que garantice la protección de los derechos de propiedad? ¿Cuánto nos cuesta que los contratos no puedan hacerse valer y que los litigios tarden años en resolverse?
Aunque un poco tarde -considerando que hay quienes dicen que el sexenio ya terminó-, este diagnóstico puede ser una buena noticia. Sobre todo porque la capacidad de crear valor público es cada vez menor. Ya sea en términos de leyes más justas y aplicables, de reformas a las estructuras institucionales, de reglamentos más sencillos y eficaces o de la prestación de cualquier servicio público, durante los últimos años, el valor generado por el Gobierno ha sido mínimo.
La pregunta es si el diagnóstico de Hacienda y la Secretaría de la Función Pública permitirá un replanteamiento a fondo de la estructura burocrática, o si se trata de otra iniciativa -como aquellas famosas "supercoordinaciones" que nacieron y murieron a principios del sexenio-, que al final resulta contraproducente.
El problema de fondo, desde el inicio de este gobierno, parece ser la falta de una visión verdaderamente estratégica. Se requiere partir de diagnósticos confiables y formular objetivos bien definidos, de largo alcance. Hace falta una cultura de la administración pública novedosa, enfocada no sólo en hacer lo mínimo necesario para mantener el barco a flote, sino en generar valor para la gran mayoría de los mexicanos.
Hace ya varios años, un grupo de profesores de Harvard, encabezados por Mark H. Moore, desarrolló un concepto simple, pero poderoso, que podría ayudar a que la administración pública se enfoque en crear valor. Lo llamaron el "triángulo estratégico". El primer vértice tiene qué ver con la definición explícita del valor público que cada área del Gobierno puede crear. Se trata no sólo de cumplir con las responsabilidades específicas de cada oficina, sino también de promover políticas públicas innovadoras con un valor agregado.
El segundo aspecto de este "triángulo" tiene qué ver con la legitimidad política y las fuentes que servirían para apoyar administrativa y presupuestalmente tales iniciativas. Y el tercer vértice se refiere a la capacidad interna, a la organización de los recursos necesarios para sacar adelante las propuestas. Esta visión implica superar el papel "tecnocrático" de los administradores públicos para transformarlos en verdaderos estrategas, dedicados a buscar oportunidades que les permitan utilizar las organizaciones a su cargo para crear valor público.
A principios del 2001, cuando ingresé al sector privado, después de 14 años en el sector público, un amigo que vive en Nueva York me dijo: "Por fin abandonaste el lugar en donde se destruye valor y vas a empezar a crearlo". Yo no estaba seguro de que mi amigo tuviera razón. Ahora tengo más elementos para juzgarlo. Con visión estratégica, sí se podría crear valor en el sector público... aunque por ahora no lo podamos ver.
Ideas claras y liderazgo
Javier Treviño Cantú
El Norte
27 de mayo de 2004
Todo cambio requiere ideas claras, dirección, liderazgo. Quizá la diferencia más notoria entre la Unión Europea y América Latina es el sentido de propósito y la definición de objetivos precisos y alcanzables. Nuestro Embajador en Bruselas ha puesto el dedo en la llaga, al señalar hace unos días que México cumplió con su responsabilidad internacional al organizar la Cumbre que inicia mañana en Guadalajara, pero que llega "sin un proyecto nacional propio".
La reciente ampliación de la Unión Europea a 25 miembros empezó a desarrollarse hace diez años. En este tiempo, los países de Europa Central han tenido que llevar a cabo reformas a fondo, en prácticamente todos los ámbitos, para poder ingresar al club. De acuerdo con los "criterios de Copenhague", los países que quieran formar parte de la Unión Europea deben ser democracias estables; que garanticen la aplicación de la ley y el respeto de los derechos humanos; que funcionen como economías de mercado; que sean capaces de asumir las obligaciones de los Estados miembros; y, por supuesto, que sean europeos.
Salvo por el último requisito, los nuevos miembros han realizado avances impresionantes en todos los demás terrenos en un plazo muy corto. Si bien su gran esfuerzo ya fue recompensado con la membresía en la Unión, también es un hecho que la transformación ha generado graves tensiones económicas y políticas.
Paradójicamente, la severidad de los cambios que se han tenido que impulsar en estos países para formar parte de la UE está generando un sentimiento "antieuropeo" en muchos de ellos. Pero ello no se convierte en una barrera infranqueable, sino en un reto para aquel liderazgo que sabe lo que debe hacerse por la nación desde el Estado.
Uno de los casos más claros es Polonia, en donde el populismo se está afianzando como una opción de gobierno tan real como peligrosa. Según algunas encuestas, el partido Samoobrona, que podría traducirse como "Autogestión", se está consolidando como la segunda fuerza electoral del país. Hace poco, el diario El País publicó un artículo ("El populismo irrumpe en Polonia", 7-04-2004) en donde se describían algunas de las características de su líder, Andrzej Lepper.
De acuerdo con la nota del periódico español, Lepper "se ha convertido en la esperanza de los desesperados, el caudillo capaz de representar a los excluidos o perjudicados por el salto de Polonia a la modernidad que representa la entrada a la UE. Lepper se convirtió en líder de las protestas campesinas contra la política liberal encarnada en Leszek Balzerowickz, (quien) es la 'bestia negra' de Lepper y lo fustiga en todas sus intervenciones como si se tratase de la encarnación del mal. Lepper adquirió notoriedad con violentos bloqueos de carreteras... ahora el caudillo populista ha adquirido cierto refinamiento y ha aprendido a moverse con soltura ante los medios de comunicación". Cualquier parecido con uno de nuestros precandidatos a la Presidencia, cuyas iniciales son AMLO, no es una mera coincidencia, sino parte de un mismo perfil que busca explotar el descontento popular por los costos que implican los ajustes estructurales necesarios para competir en el marco de la economía global.
Pero no sólo en Polonia hace aire. Aunque la República Checa se está mostrando como un país competitivo y preparado para atraer inversión extranjera mediante la subcontratación de procesos de negocio y servicios, el Presidente Vaclav Klaus ha manifestado públicamente su preocupación por la pérdida de soberanía nacional que implica su entrada a la UE. En Eslovaquia, las protestas por los recortes en el sistema de seguridad social se han vuelto cada vez más agresivas, y en Hungría, el gobierno enfrenta presiones similares.
Sin embargo, Europa se mueve. A pesar de los obstáculos y de las diferencias sobre cuestiones fundamentales, el proyecto de integración sigue avanzando. La siguiente expansión está programada para 2007, cuando se espera que Bulgaria y Rumania estén listos para unirse. Además, está por definirse la situación de Turquía; y desde 2001 se firmaron los llamados Acuerdos de Estabilización y Asociación con Croacia y Macedonia.
Ahora, la UE está enfocada en definir la nueva Constitución y en hacer realidad su objetivo de convertirse en la economía, basada en el conocimiento, más competitiva del mundo para la próxima década. El pasado 26 de marzo, el Consejo Europeo formó un "grupo de alto nivel" para identificar las medidas que permitan llevar a la práctica los objetivos planteados en la Cumbre de Lisboa. De hecho, el problema no es la falta de un buen plan, sino que los Estados miembros no se han decidido a emprender las nuevas reformas estructurales que se requieren en terrenos políticamente espinosos, como la liberación de los mercados laborales.
Los objetivos definidos en Lisboa son otra muestra de la capacidad de la UE para formular ideas claras, fijarse metas ambiciosas y tener un sentido de dirección. La conformación del grupo de alto nivel es la prueba de que, cuando las cosas se complican, las grandes iniciativas no se abandonan a la primera. Ahí entra en juego el liderazgo. Recientemente, el diario Financial Times señaló que uno de los principales problemas es que, además de las metas centrales, se ha planteado una gran cantidad de asuntos colaterales, como las medidas para promover una mayor cohesión social. Por ello, el objetivo principal del nuevo grupo será establecer prioridades entre los distintos objetivos para alcanzar primero el más importante: crecer de manera sostenida y con base en el conocimiento.
La Cumbre que mañana inicia puede tener resultados más trascendentes que las anécdotas y declaraciones. América Latina y el Caribe tenemos mucho qué aprender y aprovechar de la experiencia europea. Lo más relevante, quizá, sea que necesitamos impulsar cambios constantes para responder a las nuevas condiciones de la economía globalizada. No se trata de que en Guadalajara nos den otra tanda de "recetas" para salir del pantano en el que se encuentra la mayoría de las economías latinoamericanas, pero sí de reconocer y de valorar la importancia que tiene saber hacia dónde se quiere ir, y cómo llegar.
El Norte
27 de mayo de 2004
Todo cambio requiere ideas claras, dirección, liderazgo. Quizá la diferencia más notoria entre la Unión Europea y América Latina es el sentido de propósito y la definición de objetivos precisos y alcanzables. Nuestro Embajador en Bruselas ha puesto el dedo en la llaga, al señalar hace unos días que México cumplió con su responsabilidad internacional al organizar la Cumbre que inicia mañana en Guadalajara, pero que llega "sin un proyecto nacional propio".
La reciente ampliación de la Unión Europea a 25 miembros empezó a desarrollarse hace diez años. En este tiempo, los países de Europa Central han tenido que llevar a cabo reformas a fondo, en prácticamente todos los ámbitos, para poder ingresar al club. De acuerdo con los "criterios de Copenhague", los países que quieran formar parte de la Unión Europea deben ser democracias estables; que garanticen la aplicación de la ley y el respeto de los derechos humanos; que funcionen como economías de mercado; que sean capaces de asumir las obligaciones de los Estados miembros; y, por supuesto, que sean europeos.
Salvo por el último requisito, los nuevos miembros han realizado avances impresionantes en todos los demás terrenos en un plazo muy corto. Si bien su gran esfuerzo ya fue recompensado con la membresía en la Unión, también es un hecho que la transformación ha generado graves tensiones económicas y políticas.
Paradójicamente, la severidad de los cambios que se han tenido que impulsar en estos países para formar parte de la UE está generando un sentimiento "antieuropeo" en muchos de ellos. Pero ello no se convierte en una barrera infranqueable, sino en un reto para aquel liderazgo que sabe lo que debe hacerse por la nación desde el Estado.
Uno de los casos más claros es Polonia, en donde el populismo se está afianzando como una opción de gobierno tan real como peligrosa. Según algunas encuestas, el partido Samoobrona, que podría traducirse como "Autogestión", se está consolidando como la segunda fuerza electoral del país. Hace poco, el diario El País publicó un artículo ("El populismo irrumpe en Polonia", 7-04-2004) en donde se describían algunas de las características de su líder, Andrzej Lepper.
De acuerdo con la nota del periódico español, Lepper "se ha convertido en la esperanza de los desesperados, el caudillo capaz de representar a los excluidos o perjudicados por el salto de Polonia a la modernidad que representa la entrada a la UE. Lepper se convirtió en líder de las protestas campesinas contra la política liberal encarnada en Leszek Balzerowickz, (quien) es la 'bestia negra' de Lepper y lo fustiga en todas sus intervenciones como si se tratase de la encarnación del mal. Lepper adquirió notoriedad con violentos bloqueos de carreteras... ahora el caudillo populista ha adquirido cierto refinamiento y ha aprendido a moverse con soltura ante los medios de comunicación". Cualquier parecido con uno de nuestros precandidatos a la Presidencia, cuyas iniciales son AMLO, no es una mera coincidencia, sino parte de un mismo perfil que busca explotar el descontento popular por los costos que implican los ajustes estructurales necesarios para competir en el marco de la economía global.
Pero no sólo en Polonia hace aire. Aunque la República Checa se está mostrando como un país competitivo y preparado para atraer inversión extranjera mediante la subcontratación de procesos de negocio y servicios, el Presidente Vaclav Klaus ha manifestado públicamente su preocupación por la pérdida de soberanía nacional que implica su entrada a la UE. En Eslovaquia, las protestas por los recortes en el sistema de seguridad social se han vuelto cada vez más agresivas, y en Hungría, el gobierno enfrenta presiones similares.
Sin embargo, Europa se mueve. A pesar de los obstáculos y de las diferencias sobre cuestiones fundamentales, el proyecto de integración sigue avanzando. La siguiente expansión está programada para 2007, cuando se espera que Bulgaria y Rumania estén listos para unirse. Además, está por definirse la situación de Turquía; y desde 2001 se firmaron los llamados Acuerdos de Estabilización y Asociación con Croacia y Macedonia.
Ahora, la UE está enfocada en definir la nueva Constitución y en hacer realidad su objetivo de convertirse en la economía, basada en el conocimiento, más competitiva del mundo para la próxima década. El pasado 26 de marzo, el Consejo Europeo formó un "grupo de alto nivel" para identificar las medidas que permitan llevar a la práctica los objetivos planteados en la Cumbre de Lisboa. De hecho, el problema no es la falta de un buen plan, sino que los Estados miembros no se han decidido a emprender las nuevas reformas estructurales que se requieren en terrenos políticamente espinosos, como la liberación de los mercados laborales.
Los objetivos definidos en Lisboa son otra muestra de la capacidad de la UE para formular ideas claras, fijarse metas ambiciosas y tener un sentido de dirección. La conformación del grupo de alto nivel es la prueba de que, cuando las cosas se complican, las grandes iniciativas no se abandonan a la primera. Ahí entra en juego el liderazgo. Recientemente, el diario Financial Times señaló que uno de los principales problemas es que, además de las metas centrales, se ha planteado una gran cantidad de asuntos colaterales, como las medidas para promover una mayor cohesión social. Por ello, el objetivo principal del nuevo grupo será establecer prioridades entre los distintos objetivos para alcanzar primero el más importante: crecer de manera sostenida y con base en el conocimiento.
La Cumbre que mañana inicia puede tener resultados más trascendentes que las anécdotas y declaraciones. América Latina y el Caribe tenemos mucho qué aprender y aprovechar de la experiencia europea. Lo más relevante, quizá, sea que necesitamos impulsar cambios constantes para responder a las nuevas condiciones de la economía globalizada. No se trata de que en Guadalajara nos den otra tanda de "recetas" para salir del pantano en el que se encuentra la mayoría de las economías latinoamericanas, pero sí de reconocer y de valorar la importancia que tiene saber hacia dónde se quiere ir, y cómo llegar.
Monday, May 23, 2005
Buscando la brújula
Javier Treviño Cantú
El Norte
13 de mayo de 2004
La política exterior de México parece haber perdido la brújula. Después del "bilateralismo multilateral" -¿o era "multilateralismo bilateral"?- de la época de Jorge G. Castañeda, no se ha logrado definir un nuevo hilo conductor que oriente las acciones de nuestro país en el mundo.
Ante el reciente conflicto diplomático con Cuba, las dudas sobre el sentido y propósito de la diplomacia mexicana se han agudizado. La intención de que México tuviera un papel más "activo" en el escenario internacional se explicaba por la llegada de la alternancia en el poder. México era una democracia "hecha y derecha", por lo que ahora podíamos promover causas como la defensa de los derechos humanos en donde nos conviniera.
Se decidió buscar un lugar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sin pensar que las posturas que tendríamos que adoptar afectarían las relaciones bilaterales con Estados Unidos y otros países. Incluso se llegó a considerar que podíamos convertirnos en mediadores para resolver conflictos como el que sostienen desde hace más de medio siglo las dos Coreas.
Esta visión "dinámica" de nuestra política exterior, sin embargo, no fue acompañada por una práctica diplomática eficaz. Nunca utilizamos lo que mi profesor de Harvard, Joe Nye, llama el "soft power" -el poder que tienen la cultura, los valores o la ideología-. Teníamos fuentes de poder: el que nos daba el prestigio ganado en el ámbito internacional por la prudencia y consistencia de nuestra política exterior, además de la riqueza de nuestra cultura. Pero decidimos perseguir nuestros nuevos fines con malos modales y muy poco tacto.
En estos últimos años se han generado fricciones innecesarias con países como Repúbica Dominicana, a quien le arrebatamos el lugar que ya tenía asegurado en el Consejo de Seguridad de la ONU. Con Estados Unidos, la falta de capacidad para definir una postura coherente tras los atentados del 11 de septiembre, la cancelación intempestiva de la visita programada en 2002 al rancho del Presidente Bush en Crawford, y la falta de decisión para sustentar la razón del rechazo a la guerra contra Iraq, llevaron la relación bilateral a uno de sus puntos más bajos en su historia reciente.
Hemos tenido enfrentamientos con Colombia y China por declaraciones poco afortunadas de altos funcionarios. Con Gran Bretaña se desató una tormenta diplomática en un vaso de agua, por la historia de los militares que exploraban las cuevas en Cuetzalan. A unos días de que se lleve a cabo la Cumbre de Guadalajara, nuestro Embajador ante la Unión Europea declaró que, si Europa no se decide a construir una verdadera relación con América Latina, el encuentro será "una farsa". Y, por supuesto, está el caso de Cuba, que representa el ejemplo más reciente de la falta de una racionalidad para determinar el sentido de nuestra política exterior.
Viendo el lamentable espectáculo mediático en el que se ha convertido nuestra relación con la isla, recordé las lecciones de Hans Morgenthau, uno de los teóricos más respetados del enfoque "realista", para explicar las relaciones internacionales. En su libro "Política entre las naciones: la lucha por el poder y la paz", Morgenthau identificó cuatro "reglas fundamentales" para que la política exterior contribuya a promover el interés nacional.
La primera es que la diplomacia debe despojarse de un espíritu de "cruzada". En casos como la defensa de los migrantes mexicanos a Estados Unidos, o la promoción del respeto a los derechos humanos en cualquier parte del mundo, nuestra diplomacia debe enfocarse a conseguir resultados tangibles con medios eficaces, y no con "cruzadas" morales contra molinos de viento.
La segunda regla es que los objetivos de la política exterior deben definirse en términos del interés nacional de un país. La pregunta en muchos de los conflictos diplomáticos y decisiones de política exterior de los últimos años es precisamente en dónde radica el interés de nuestro país. ¿Qué ganamos entrando al Consejo de Seguridad? ¿Qué interés tenemos en generar un conflicto, por causas poco claras, con Cuba? ¿Está en nuestro mejor interés nacional enfocarnos prácticamente de manera exclusiva en las relaciones con Estados Unidos?
La tercera regla es que la diplomacia debe observar el escenario internacional también desde el punto de vista de otros países. Quizás el ejemplo más claro, y costoso, de que México no ha hecho el intento por ponerse en los zapatos del otro sea el del acuerdo migratorio con el vecino del norte. Como lo relata en su reciente libro el ex Embajador Jeffrey Davidow, a pesar del compromiso del gobierno estadounidense para alcanzar una solución al reclamo mexicano, durante la visita de Estado a Washington unos días antes de los atentados terroristas de 2001 se intentó forzar la situación en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca para ponerle una fecha límite al acuerdo. El resultado fue la congelación del proyecto, aun antes de que la preocupación por su seguridad dominara completamente la agenda estadounidense.
La cuarta regla es que los países deben estar dispuestos a hacer concesiones en todos los asuntos que no sean esenciales para ellos. Para México, de nuevo, el problema es que no sabemos en dónde apretar ni en dónde aflojar, sencillamente porque no se ha logrado definir con claridad en qué consiste nuestro interés nacional.
Ya es hora de revisar las consecuencias de la acción política. Recuperar la prudencia, que es la virtud suprema de la política, puede ayudarnos a encontrar la brújula. Debemos ir más allá de la ética en abstracto y concentrarnos en lo que dicta la ética política. Hans Morgenthau era muy claro: no puede haber moralidad política sin prudencia, es decir, sin considerar las consecuencias políticas de cada acción.
El Norte
13 de mayo de 2004
La política exterior de México parece haber perdido la brújula. Después del "bilateralismo multilateral" -¿o era "multilateralismo bilateral"?- de la época de Jorge G. Castañeda, no se ha logrado definir un nuevo hilo conductor que oriente las acciones de nuestro país en el mundo.
Ante el reciente conflicto diplomático con Cuba, las dudas sobre el sentido y propósito de la diplomacia mexicana se han agudizado. La intención de que México tuviera un papel más "activo" en el escenario internacional se explicaba por la llegada de la alternancia en el poder. México era una democracia "hecha y derecha", por lo que ahora podíamos promover causas como la defensa de los derechos humanos en donde nos conviniera.
Se decidió buscar un lugar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sin pensar que las posturas que tendríamos que adoptar afectarían las relaciones bilaterales con Estados Unidos y otros países. Incluso se llegó a considerar que podíamos convertirnos en mediadores para resolver conflictos como el que sostienen desde hace más de medio siglo las dos Coreas.
Esta visión "dinámica" de nuestra política exterior, sin embargo, no fue acompañada por una práctica diplomática eficaz. Nunca utilizamos lo que mi profesor de Harvard, Joe Nye, llama el "soft power" -el poder que tienen la cultura, los valores o la ideología-. Teníamos fuentes de poder: el que nos daba el prestigio ganado en el ámbito internacional por la prudencia y consistencia de nuestra política exterior, además de la riqueza de nuestra cultura. Pero decidimos perseguir nuestros nuevos fines con malos modales y muy poco tacto.
En estos últimos años se han generado fricciones innecesarias con países como Repúbica Dominicana, a quien le arrebatamos el lugar que ya tenía asegurado en el Consejo de Seguridad de la ONU. Con Estados Unidos, la falta de capacidad para definir una postura coherente tras los atentados del 11 de septiembre, la cancelación intempestiva de la visita programada en 2002 al rancho del Presidente Bush en Crawford, y la falta de decisión para sustentar la razón del rechazo a la guerra contra Iraq, llevaron la relación bilateral a uno de sus puntos más bajos en su historia reciente.
Hemos tenido enfrentamientos con Colombia y China por declaraciones poco afortunadas de altos funcionarios. Con Gran Bretaña se desató una tormenta diplomática en un vaso de agua, por la historia de los militares que exploraban las cuevas en Cuetzalan. A unos días de que se lleve a cabo la Cumbre de Guadalajara, nuestro Embajador ante la Unión Europea declaró que, si Europa no se decide a construir una verdadera relación con América Latina, el encuentro será "una farsa". Y, por supuesto, está el caso de Cuba, que representa el ejemplo más reciente de la falta de una racionalidad para determinar el sentido de nuestra política exterior.
Viendo el lamentable espectáculo mediático en el que se ha convertido nuestra relación con la isla, recordé las lecciones de Hans Morgenthau, uno de los teóricos más respetados del enfoque "realista", para explicar las relaciones internacionales. En su libro "Política entre las naciones: la lucha por el poder y la paz", Morgenthau identificó cuatro "reglas fundamentales" para que la política exterior contribuya a promover el interés nacional.
La primera es que la diplomacia debe despojarse de un espíritu de "cruzada". En casos como la defensa de los migrantes mexicanos a Estados Unidos, o la promoción del respeto a los derechos humanos en cualquier parte del mundo, nuestra diplomacia debe enfocarse a conseguir resultados tangibles con medios eficaces, y no con "cruzadas" morales contra molinos de viento.
La segunda regla es que los objetivos de la política exterior deben definirse en términos del interés nacional de un país. La pregunta en muchos de los conflictos diplomáticos y decisiones de política exterior de los últimos años es precisamente en dónde radica el interés de nuestro país. ¿Qué ganamos entrando al Consejo de Seguridad? ¿Qué interés tenemos en generar un conflicto, por causas poco claras, con Cuba? ¿Está en nuestro mejor interés nacional enfocarnos prácticamente de manera exclusiva en las relaciones con Estados Unidos?
La tercera regla es que la diplomacia debe observar el escenario internacional también desde el punto de vista de otros países. Quizás el ejemplo más claro, y costoso, de que México no ha hecho el intento por ponerse en los zapatos del otro sea el del acuerdo migratorio con el vecino del norte. Como lo relata en su reciente libro el ex Embajador Jeffrey Davidow, a pesar del compromiso del gobierno estadounidense para alcanzar una solución al reclamo mexicano, durante la visita de Estado a Washington unos días antes de los atentados terroristas de 2001 se intentó forzar la situación en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca para ponerle una fecha límite al acuerdo. El resultado fue la congelación del proyecto, aun antes de que la preocupación por su seguridad dominara completamente la agenda estadounidense.
La cuarta regla es que los países deben estar dispuestos a hacer concesiones en todos los asuntos que no sean esenciales para ellos. Para México, de nuevo, el problema es que no sabemos en dónde apretar ni en dónde aflojar, sencillamente porque no se ha logrado definir con claridad en qué consiste nuestro interés nacional.
Ya es hora de revisar las consecuencias de la acción política. Recuperar la prudencia, que es la virtud suprema de la política, puede ayudarnos a encontrar la brújula. Debemos ir más allá de la ética en abstracto y concentrarnos en lo que dicta la ética política. Hans Morgenthau era muy claro: no puede haber moralidad política sin prudencia, es decir, sin considerar las consecuencias políticas de cada acción.
'Out' del 'outsourcing'
Javier Treviño Cantú
El Norte
29 de abril de 2004
A fines de marzo estuve en una cena con Thomas Friedman, uno de los mejores editorialistas del periódico The New York Times. Comentó que lamentaba lo que le ocurre a los mexicanos: "Están escuchando, en estéreo, un gigantesco sonido de succión de empleos y mercados, de China por un oído y de India por el otro. Lo peor es que México parece estar paralizado, sin capacidad de diseñar una respuesta estratégica coherente".
En su columna del jueves pasado, Friedman señalaba que Estados Unidos está librando una guerra no sólo contra el terrorismo internacional, sino también otra, en contra de India, China, Japón y sus vecinos, en términos de competitividad e innovación. Se refería a un tema que se ha convertido en la preocupación central de muchos estadounidenses: el "offshore outsourcing".
Esto se podría traducir como la subcontratación de procesos de negocio o servicios, por parte de compañías de todo tamaño, en países donde los costos de operación son menores y los gobiernos ofrecen diversos incentivos para que las empresas se instalen en su territorio.
Gracias al avance de la tecnología y a la caída en los precios de las telecomunicaciones, la lista de actividades que se están subcontratando crece todos los días. Entre otras funciones, por ejemplo, están los centros de llamadas, que permiten atender las quejas o comentarios de millones de consumidores, por una fracción del costo que tendría hacerlo en Estados Unidos. Lo mismo ocurre con procesos más complejos, como la preparación de declaraciones de impuestos, que requieren la capacidad para trabajar en ambientes virtuales mediante programas de software colaborativos.
De la misma forma, cada vez más empresas multinacionales están llevando sus labores de investigación y desarrollo a países en donde existen las condiciones para mantener estándares de la más alta calidad, a un costo mucho más bajo.
En el camino están surgiendo industrias completamente nuevas, como el "turismo médico". Por el mismo precio, en lugar de someterse a una cirugía del corazón que cuesta 30 mil dólares en Estados Unidos, un creciente número de personas está viajando a diversos países de Asia para que les hagan la misma operación por 4 mil dólares, y luego se recuperan en alguno de los centros turísticos que ofrecen estos países. Tan sólo el año pasado, más de 600 mil pacientes de naciones avanzadas -y costos médicos igualmente avanzados- fueron atendidos en Malasia, Singapur y Tailandia.
En el marco de la contienda electoral por la Presidencia de Estados Unidos, el tema -por supuesto- se ha politizado. Hace poco, Greg Mankiw, el presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Bush, declaró que esta tendencia era buena para la economía estadounidense. Las críticas no se hicieron esperar. El candidato demócrata John Kerry acusó a su oponente de no defender los empleos de sus compatriotas, y está proponiendo un nuevo impuesto para las empresas que subcontraten operaciones en otros países.
Esto muestra que nadie queda exento de los efectos de una globalización que sigue avanzando, y que genera ganadores y perdedores. Los empleos en el sector servicios que pierden los contadores, programadores, administradores y doctores estadounidenses los están ganando sus pares en los países a los que se refería Thomas Friedman.
De acuerdo con un nuevo índice de la prestigiada firma de consultoría A.T. Kearney, el país más atractivo para las empresas interesadas en subcontratar algún proceso de negocio o servicio es la India. Le siguen China, Malasia, la República Checa, Singapur, Filipinas, Brasil, Canadá y Chile.
¿Y México? Bueno, pues resulta que nuestro país cayó hasta el lugar 14 en el nuevo índice, después de estar empatado con Canadá en el segundo sitio en 2002.
Lo que hace atractivos a estos países son tres factores. El primero y más importante es una fuerza de trabajo bien preparada, con los conocimientos y las habilidades necesarias para participar en esta "nueva" economía global, incluyendo dominio del inglés y del uso de sistemas de computación. En segundo lugar, un ambiente de negocios propicio, en donde exista seguridad para las inversiones y la propiedad intelectual, así como la infraestructura adecuada. Y, por último, condiciones financieras competitivas por el nivel de los costos fiscales, de mano de obra, energía, transporte y demás.
Lamentablemente, salvo contadas excepciones, en ninguno de estos tres aspectos se están tomando decisiones en México que nos permitan aprovechar las oportunidades que ofrecen tendencias como el "outsourcing". De entrada, la enseñanza del inglés no parece ser considerada como una necesidad urgente. En cambio, como comentaba Andrés Oppenheimer el lunes pasado en EL NORTE, países como Malasia, Singapur y Tailandia sí le están dando prioridad a este tema, con clases intensivas desde primero de primaria, mientras que China y Corea del Sur lo hacen a partir de tercero de primaria.
El periodo ordinario de sesiones de la Cámara de Diputados acaba mañana, y no se concretó una sola iniciativa para que la economía mexicana avance. La inseguridad, la corrupción y los elevados costos de la energía, del transporte y del acceso a herramientas como internet -en Estados Unidos, la suscripción a algún proveedor de internet de alta velocidad cuesta 15 dólares al mes, mientras que aquí varía entre 35 y 50 dólares, o más-, siguen frenando nuestra capacidad de crecer al ritmo que exige la misma globalización en la que estamos inmersos.
En lugar de ir hasta un lejano país de Asia, ¿cuántos estadounidenses y canadienses podrían recibir atención médica de calidad en México, y luego recuperarse en alguno de los destinos turísticos de nuestro país? ¿No podemos atender las llamadas de los millones de consumidores hispanos en Estados Unidos y Canadá? ¿Y el desarrollo de software en español?
Thomas Friedman tenía razón: no estamos siendo capaces de diseñar una respuesta estratégica coherente a los retos de la globalización.
El Norte
29 de abril de 2004
A fines de marzo estuve en una cena con Thomas Friedman, uno de los mejores editorialistas del periódico The New York Times. Comentó que lamentaba lo que le ocurre a los mexicanos: "Están escuchando, en estéreo, un gigantesco sonido de succión de empleos y mercados, de China por un oído y de India por el otro. Lo peor es que México parece estar paralizado, sin capacidad de diseñar una respuesta estratégica coherente".
En su columna del jueves pasado, Friedman señalaba que Estados Unidos está librando una guerra no sólo contra el terrorismo internacional, sino también otra, en contra de India, China, Japón y sus vecinos, en términos de competitividad e innovación. Se refería a un tema que se ha convertido en la preocupación central de muchos estadounidenses: el "offshore outsourcing".
Esto se podría traducir como la subcontratación de procesos de negocio o servicios, por parte de compañías de todo tamaño, en países donde los costos de operación son menores y los gobiernos ofrecen diversos incentivos para que las empresas se instalen en su territorio.
Gracias al avance de la tecnología y a la caída en los precios de las telecomunicaciones, la lista de actividades que se están subcontratando crece todos los días. Entre otras funciones, por ejemplo, están los centros de llamadas, que permiten atender las quejas o comentarios de millones de consumidores, por una fracción del costo que tendría hacerlo en Estados Unidos. Lo mismo ocurre con procesos más complejos, como la preparación de declaraciones de impuestos, que requieren la capacidad para trabajar en ambientes virtuales mediante programas de software colaborativos.
De la misma forma, cada vez más empresas multinacionales están llevando sus labores de investigación y desarrollo a países en donde existen las condiciones para mantener estándares de la más alta calidad, a un costo mucho más bajo.
En el camino están surgiendo industrias completamente nuevas, como el "turismo médico". Por el mismo precio, en lugar de someterse a una cirugía del corazón que cuesta 30 mil dólares en Estados Unidos, un creciente número de personas está viajando a diversos países de Asia para que les hagan la misma operación por 4 mil dólares, y luego se recuperan en alguno de los centros turísticos que ofrecen estos países. Tan sólo el año pasado, más de 600 mil pacientes de naciones avanzadas -y costos médicos igualmente avanzados- fueron atendidos en Malasia, Singapur y Tailandia.
En el marco de la contienda electoral por la Presidencia de Estados Unidos, el tema -por supuesto- se ha politizado. Hace poco, Greg Mankiw, el presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Bush, declaró que esta tendencia era buena para la economía estadounidense. Las críticas no se hicieron esperar. El candidato demócrata John Kerry acusó a su oponente de no defender los empleos de sus compatriotas, y está proponiendo un nuevo impuesto para las empresas que subcontraten operaciones en otros países.
Esto muestra que nadie queda exento de los efectos de una globalización que sigue avanzando, y que genera ganadores y perdedores. Los empleos en el sector servicios que pierden los contadores, programadores, administradores y doctores estadounidenses los están ganando sus pares en los países a los que se refería Thomas Friedman.
De acuerdo con un nuevo índice de la prestigiada firma de consultoría A.T. Kearney, el país más atractivo para las empresas interesadas en subcontratar algún proceso de negocio o servicio es la India. Le siguen China, Malasia, la República Checa, Singapur, Filipinas, Brasil, Canadá y Chile.
¿Y México? Bueno, pues resulta que nuestro país cayó hasta el lugar 14 en el nuevo índice, después de estar empatado con Canadá en el segundo sitio en 2002.
Lo que hace atractivos a estos países son tres factores. El primero y más importante es una fuerza de trabajo bien preparada, con los conocimientos y las habilidades necesarias para participar en esta "nueva" economía global, incluyendo dominio del inglés y del uso de sistemas de computación. En segundo lugar, un ambiente de negocios propicio, en donde exista seguridad para las inversiones y la propiedad intelectual, así como la infraestructura adecuada. Y, por último, condiciones financieras competitivas por el nivel de los costos fiscales, de mano de obra, energía, transporte y demás.
Lamentablemente, salvo contadas excepciones, en ninguno de estos tres aspectos se están tomando decisiones en México que nos permitan aprovechar las oportunidades que ofrecen tendencias como el "outsourcing". De entrada, la enseñanza del inglés no parece ser considerada como una necesidad urgente. En cambio, como comentaba Andrés Oppenheimer el lunes pasado en EL NORTE, países como Malasia, Singapur y Tailandia sí le están dando prioridad a este tema, con clases intensivas desde primero de primaria, mientras que China y Corea del Sur lo hacen a partir de tercero de primaria.
El periodo ordinario de sesiones de la Cámara de Diputados acaba mañana, y no se concretó una sola iniciativa para que la economía mexicana avance. La inseguridad, la corrupción y los elevados costos de la energía, del transporte y del acceso a herramientas como internet -en Estados Unidos, la suscripción a algún proveedor de internet de alta velocidad cuesta 15 dólares al mes, mientras que aquí varía entre 35 y 50 dólares, o más-, siguen frenando nuestra capacidad de crecer al ritmo que exige la misma globalización en la que estamos inmersos.
En lugar de ir hasta un lejano país de Asia, ¿cuántos estadounidenses y canadienses podrían recibir atención médica de calidad en México, y luego recuperarse en alguno de los destinos turísticos de nuestro país? ¿No podemos atender las llamadas de los millones de consumidores hispanos en Estados Unidos y Canadá? ¿Y el desarrollo de software en español?
Thomas Friedman tenía razón: no estamos siendo capaces de diseñar una respuesta estratégica coherente a los retos de la globalización.
La Invención de Norteamérica
Javier Treviño Cantú
El Norte
15 de abril de 2004
Norteamérica es una región unida por la geografía, pero históricamente dividida por el idioma y la cultura. Esto empezó a cambiar el 15 de abril de 1988, cuando George Bush padre dirigió un mensaje a la Sociedad Americana de Editores de Periódicos. El entonces candidato del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos propuso crear una zona de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México.
Era una idea difícil de vender. Con un comercio bilateral de 52 mil millones de dólares, México era el cuarto socio comercial de Estados Unidos, después de Canadá, la Comunidad Europea y Japón. El mismo Bush comentaba que lograr este objetivo podía llevar años, pero que seguramente se convertiría en un motor de crecimiento económico.
Dos años más tarde, el 26 de marzo de 1990, recibí una llamada de Peter Truell, del periódico The Wall Street Journal. Mi función como Ministro de Información y Vocero de la Embajada de México en Washington me convertía en un punto de referencia obligado para los medios estadounidenses interesados en México. Peter se especializaba en comercio internacional, y fue al grano: "tengo información confiable, de altos funcionarios estadounidenses, sobre una serie de reuniones que sostuvieron a fines de febrero Jaime Serra y José Córdoba con James Baker, Brent Scowcroft, Carla Hills, Robert Mosbacher y Michael Boskin, en donde acordaron negociar un acuerdo de libre comercio entre México y Estados Unidos".
Era cierto. Durante meses se había trabajado de manera discreta para iniciar la negociación de un Tratado de Libre Comercio. No había duda de que la filtración provenía de una fuente estadounidense. Lo que no quedaba claro era la intención: ¿se trataba de acelerar el proceso, o de aniquilarlo antes de que pudiera despegar?
Al día siguiente, en este diario se publicó un artículo que marcaría el inicio de una nueva etapa en la cobertura periodística sobre México en los medios de Estados Unidos: "U.S. and Mexico Agree to Seek Free Trade Pact -Bush Aides Confirm Talks; Result Would Be Market For All of North America".
Con este artículo se daba el banderazo de salida a un nuevo tipo de escrutinio. Al margen de la negociación comercial, los medios, los actores políticos, los académicos y los ciudadanos de Estados Unidos querían conocer mejor a este socio potencial, que hasta ese momento sólo era un vecino distante al sur del "Río Grande". No era concebible negociar con alguien a quien no sólo desconocían, sino que, además, no entendían. De ahí la tarea de editores y productores de medios electrónicos para llenar un profundo vacío informativo.
Artículos, editoriales, reportajes y perfiles se publicaron en las páginas de los principales diarios y revistas estadounidenses durante los tres años que duró la negociación del TLC. Programas de radio y televisión intentaron mostrar a los estadounidenses algunos aspectos de la vida de los mexicanos. Parecía que los temas de corrupción, narcotráfico y pobreza dejarían su lugar a los temas económicos y comerciales.
El gobierno de México fortaleció su presencia en Washington, aprendió a cabildear y a acercarse a los miembros del Congreso de Estados Unidos. Funcionarios mexicanos se reunieron con los consejos editoriales de los periódicos regionales y locales; sostuvieron entrevistas en radio y televisión; y hablaron ante todo tipo de asociaciones, llevando el mensaje de los beneficios que un TLC generaría en Estados Unidos y en México. Se establecieron alianzas entre los sectores empresariales para generar un ambiente favorable a la negociación comercial. Había una idea clara y un objetivo concreto, y todo el esfuerzo nacional se orientó a lograrlo.
Como anticipaba Bush padre, negociar, firmar y poner en marcha el TLC fue toda una proeza. También tuvo razón al prever el impulso económico que representaría: hoy, el comercio bilateral sobrepasa los 250 mil millones de dólares. Pero el comercio no lo es todo en esta compleja relación bilateral. Todavía nos falta un largo camino para conocernos mejor y avanzar en la integración plena de América del Norte.
En estos últimos tres años hemos visto que los gobiernos avanzan lentamente en la tarea de construir un nuevo entendimiento bilateral. Sin embargo, las sociedades de ambos países van más allá de las visiones burocráticas de Washington y la Ciudad de México: escriben sobre el otro, estudian al otro, trabajan con el otro y promueven una creciente integración por regiones.
Como parte de este proceso, a iniciativa de Enrique Krauze y con el apoyo del Mexico Institute del Woodrow Wilson Center, hoy y mañana se llevará a cabo en el Tecnológico de Monterrey el III Encuentro Letras Libres, para discutir sobre "Ustedes y nosotros: convergencias y divergencias en la relación México-Estados Unidos".
En 1958, Edmundo O'Gorman publicó "La invención de América". El descubrimiento del "cuarto continente" representó un proceso de cambio científico, ideológico y político. O'Gorman señalaba con razón que "América fue la instancia que hizo posible, en el seno de la Cultura de Occidente, la extensión de la imagen del mundo a toda la tierra y la del concepto de historia universal a toda la humanidad".
Al inicio del Siglo 21, los ciudadanos, los centros de estudio y las empresas demuestran que son ellos quienes están inventando, día a día, una nueva región llamada Norteamérica.
El Norte
15 de abril de 2004
Norteamérica es una región unida por la geografía, pero históricamente dividida por el idioma y la cultura. Esto empezó a cambiar el 15 de abril de 1988, cuando George Bush padre dirigió un mensaje a la Sociedad Americana de Editores de Periódicos. El entonces candidato del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos propuso crear una zona de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México.
Era una idea difícil de vender. Con un comercio bilateral de 52 mil millones de dólares, México era el cuarto socio comercial de Estados Unidos, después de Canadá, la Comunidad Europea y Japón. El mismo Bush comentaba que lograr este objetivo podía llevar años, pero que seguramente se convertiría en un motor de crecimiento económico.
Dos años más tarde, el 26 de marzo de 1990, recibí una llamada de Peter Truell, del periódico The Wall Street Journal. Mi función como Ministro de Información y Vocero de la Embajada de México en Washington me convertía en un punto de referencia obligado para los medios estadounidenses interesados en México. Peter se especializaba en comercio internacional, y fue al grano: "tengo información confiable, de altos funcionarios estadounidenses, sobre una serie de reuniones que sostuvieron a fines de febrero Jaime Serra y José Córdoba con James Baker, Brent Scowcroft, Carla Hills, Robert Mosbacher y Michael Boskin, en donde acordaron negociar un acuerdo de libre comercio entre México y Estados Unidos".
Era cierto. Durante meses se había trabajado de manera discreta para iniciar la negociación de un Tratado de Libre Comercio. No había duda de que la filtración provenía de una fuente estadounidense. Lo que no quedaba claro era la intención: ¿se trataba de acelerar el proceso, o de aniquilarlo antes de que pudiera despegar?
Al día siguiente, en este diario se publicó un artículo que marcaría el inicio de una nueva etapa en la cobertura periodística sobre México en los medios de Estados Unidos: "U.S. and Mexico Agree to Seek Free Trade Pact -Bush Aides Confirm Talks; Result Would Be Market For All of North America".
Con este artículo se daba el banderazo de salida a un nuevo tipo de escrutinio. Al margen de la negociación comercial, los medios, los actores políticos, los académicos y los ciudadanos de Estados Unidos querían conocer mejor a este socio potencial, que hasta ese momento sólo era un vecino distante al sur del "Río Grande". No era concebible negociar con alguien a quien no sólo desconocían, sino que, además, no entendían. De ahí la tarea de editores y productores de medios electrónicos para llenar un profundo vacío informativo.
Artículos, editoriales, reportajes y perfiles se publicaron en las páginas de los principales diarios y revistas estadounidenses durante los tres años que duró la negociación del TLC. Programas de radio y televisión intentaron mostrar a los estadounidenses algunos aspectos de la vida de los mexicanos. Parecía que los temas de corrupción, narcotráfico y pobreza dejarían su lugar a los temas económicos y comerciales.
El gobierno de México fortaleció su presencia en Washington, aprendió a cabildear y a acercarse a los miembros del Congreso de Estados Unidos. Funcionarios mexicanos se reunieron con los consejos editoriales de los periódicos regionales y locales; sostuvieron entrevistas en radio y televisión; y hablaron ante todo tipo de asociaciones, llevando el mensaje de los beneficios que un TLC generaría en Estados Unidos y en México. Se establecieron alianzas entre los sectores empresariales para generar un ambiente favorable a la negociación comercial. Había una idea clara y un objetivo concreto, y todo el esfuerzo nacional se orientó a lograrlo.
Como anticipaba Bush padre, negociar, firmar y poner en marcha el TLC fue toda una proeza. También tuvo razón al prever el impulso económico que representaría: hoy, el comercio bilateral sobrepasa los 250 mil millones de dólares. Pero el comercio no lo es todo en esta compleja relación bilateral. Todavía nos falta un largo camino para conocernos mejor y avanzar en la integración plena de América del Norte.
En estos últimos tres años hemos visto que los gobiernos avanzan lentamente en la tarea de construir un nuevo entendimiento bilateral. Sin embargo, las sociedades de ambos países van más allá de las visiones burocráticas de Washington y la Ciudad de México: escriben sobre el otro, estudian al otro, trabajan con el otro y promueven una creciente integración por regiones.
Como parte de este proceso, a iniciativa de Enrique Krauze y con el apoyo del Mexico Institute del Woodrow Wilson Center, hoy y mañana se llevará a cabo en el Tecnológico de Monterrey el III Encuentro Letras Libres, para discutir sobre "Ustedes y nosotros: convergencias y divergencias en la relación México-Estados Unidos".
En 1958, Edmundo O'Gorman publicó "La invención de América". El descubrimiento del "cuarto continente" representó un proceso de cambio científico, ideológico y político. O'Gorman señalaba con razón que "América fue la instancia que hizo posible, en el seno de la Cultura de Occidente, la extensión de la imagen del mundo a toda la tierra y la del concepto de historia universal a toda la humanidad".
Al inicio del Siglo 21, los ciudadanos, los centros de estudio y las empresas demuestran que son ellos quienes están inventando, día a día, una nueva región llamada Norteamérica.
Los 10 Mandamientos
Javier Treviño Cantú
El Norte
1 de abril de 2004
La tragedia del 11 de marzo en Madrid y la forma en la que el gobierno español en funciones manejó la situación antes de la jornada electoral dejan no sólo lecciones, sino auténticos "mandamientos" que deberían ser observados por cualquier gobierno democrático.
Uno: no subestimarás el peligro que representa la amenaza terrorista global. A los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono han seguido ataques terroristas en Marruecos, Indonesia, Turquía, Paquistán, Iraq y, ahora, España. La pregunta no es si habrá nuevos ataques, sino en dónde.
Dos: no pondrás en riesgo la seguridad de otros países ocultando información. El mismo 11 de marzo, el Ministro del Interior, Ángel Acebes, le aseguró a su contraparte alemán que quien estaba detrás de los atentados era ETA. En lugar de tomar medidas preventivas, el ministro Otto Schily condenó a ETA y declaró públicamente que lo que había ocurrido en Madrid no representaba un peligro para Alemania.
Tres: no impulsarás políticas públicas que sean rechazadas contundentemente por la gran mayoría de los ciudadanos. El gobierno de José María Aznar le impuso al pueblo español la decisión de participar activamente en la guerra contra Saddam Hussein, y el domingo 14 de marzo pagó las consecuencias políticas. Si bien unos días antes de los ataques la mayoría de las encuestas mostraba que el PP tenía una ligera ventaja, algunos estudios electorales confiables indicaban que el PSOE podía ganar, por lo que es difícil considerar que el atentado alterara radicalmente las intenciones de voto de la mayoría de los españoles.
Cuatro: no utilizarás el servicio exterior para fines político-partidistas. La Ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, envió instrucciones a los embajadores españoles para que insistieran en confirmar que la autoría de los atentados era de ETA. En Nueva York, el representante español ante las Naciones Unidas logró que el Consejo de Seguridad emitiera la Resolución 1530, que condenó los ataques "perpetrados por el grupo terrorista ETA".
Cinco: no pondrás en riesgo a las Fuerzas Armadas por razones personales. A pesar de que el PSOE había informado oficialmente que no tenía nada qué oponer al relevo de tropas españolas en Iraq, que se lleva a cabo cada cuatro meses, el Presidente Aznar suspendió directa y personalmente el vuelo programado para el lunes pasado hasta que el Presidente electo, José Luis Rodríguez Zapatero, se pronunciara "por escrito" al respecto.
Seis: no usarás las instituciones del Estado en vano. Mientras CNN Internacional transmitía en vivo el mensaje del Rey Juan Carlos, Televisión Española, un ente público, presentaba en su pantalla al ministro Acebes insistiendo en que la dinamita utilizada era "la habitual de ETA". El sábado 13 de marzo, después de que fueron detenidos los cinco primeros sospechosos, tres marroquíes y dos indios, la agencia estatal de noticias EFE difundía un cable titulado "Las pistas apuntan a ETA y descartan a Al-Qaeda".
Siete: no manipularás a los medios de información. El Presidente Aznar llamó personalmente a los directores de los principales diarios de España para asegurarles que ETA era responsable de los atentados. Ante la contundencia del mandatario, Jesús Ceberio, el director del prestigiado diario El País, cambió el encabezado de su edición especial de "Matanza terrorista en Madrid", a "Matanza de ETA en Madrid". Mientras tanto, funcionarios del gobierno se dedicaban a llamar a los corresponsales extranjeros acreditados en España para insistir en el mismo mensaje: "Fue ETA".
Ocho: no sacrificarás la cooperación internacional en aras de controlar el mensaje. La cooperación internacional es indispensable para prevenir y responder en mejores condiciones a un atentado terrorista. Sin embargo, el gobierno español rechazó, sin mayores explicaciones, la ayuda ofrecida por Estados Unidos e Israel para identificar a las víctimas.
Nueve: harás del manejo de crisis una responsabilidad prioritaria de gobierno. En un mundo que cambia a gran velocidad, los peligros para la seguridad de cualquier país se multiplican constantemente. La forma en la que se condujo el gobierno del todavía Presidente Aznar debe convertirse en un estudio de caso sobre lo que no se debe hacer en situaciones de emergencia.
Diez: no engañarás a una ciudadanía informada. En una democracia plena, los gobiernos no pueden pretender que saben más que los ciudadanos. Vivimos en la era de la democracia informativa, y el gobierno que intente manipular flagrantemente la realidad lo hace bajo su propio riesgo.
Para México, el peligro de que nuestro país sea utilizado como plataforma para lanzar ataques contra Estados Unidos, o como puente para que grupos terroristas ingresen a territorio estadounidense, es real.
La porosidad de nuestras fronteras norte y sur, de nuestras costas y de nuestros aeropuertos representa un riesgo muy grande, para nuestro vecino y para nosotros. Ojalá nuestros políticos no olviden estos "10 mandamientos"... por su propio bien.
El Norte
1 de abril de 2004
La tragedia del 11 de marzo en Madrid y la forma en la que el gobierno español en funciones manejó la situación antes de la jornada electoral dejan no sólo lecciones, sino auténticos "mandamientos" que deberían ser observados por cualquier gobierno democrático.
Uno: no subestimarás el peligro que representa la amenaza terrorista global. A los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono han seguido ataques terroristas en Marruecos, Indonesia, Turquía, Paquistán, Iraq y, ahora, España. La pregunta no es si habrá nuevos ataques, sino en dónde.
Dos: no pondrás en riesgo la seguridad de otros países ocultando información. El mismo 11 de marzo, el Ministro del Interior, Ángel Acebes, le aseguró a su contraparte alemán que quien estaba detrás de los atentados era ETA. En lugar de tomar medidas preventivas, el ministro Otto Schily condenó a ETA y declaró públicamente que lo que había ocurrido en Madrid no representaba un peligro para Alemania.
Tres: no impulsarás políticas públicas que sean rechazadas contundentemente por la gran mayoría de los ciudadanos. El gobierno de José María Aznar le impuso al pueblo español la decisión de participar activamente en la guerra contra Saddam Hussein, y el domingo 14 de marzo pagó las consecuencias políticas. Si bien unos días antes de los ataques la mayoría de las encuestas mostraba que el PP tenía una ligera ventaja, algunos estudios electorales confiables indicaban que el PSOE podía ganar, por lo que es difícil considerar que el atentado alterara radicalmente las intenciones de voto de la mayoría de los españoles.
Cuatro: no utilizarás el servicio exterior para fines político-partidistas. La Ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, envió instrucciones a los embajadores españoles para que insistieran en confirmar que la autoría de los atentados era de ETA. En Nueva York, el representante español ante las Naciones Unidas logró que el Consejo de Seguridad emitiera la Resolución 1530, que condenó los ataques "perpetrados por el grupo terrorista ETA".
Cinco: no pondrás en riesgo a las Fuerzas Armadas por razones personales. A pesar de que el PSOE había informado oficialmente que no tenía nada qué oponer al relevo de tropas españolas en Iraq, que se lleva a cabo cada cuatro meses, el Presidente Aznar suspendió directa y personalmente el vuelo programado para el lunes pasado hasta que el Presidente electo, José Luis Rodríguez Zapatero, se pronunciara "por escrito" al respecto.
Seis: no usarás las instituciones del Estado en vano. Mientras CNN Internacional transmitía en vivo el mensaje del Rey Juan Carlos, Televisión Española, un ente público, presentaba en su pantalla al ministro Acebes insistiendo en que la dinamita utilizada era "la habitual de ETA". El sábado 13 de marzo, después de que fueron detenidos los cinco primeros sospechosos, tres marroquíes y dos indios, la agencia estatal de noticias EFE difundía un cable titulado "Las pistas apuntan a ETA y descartan a Al-Qaeda".
Siete: no manipularás a los medios de información. El Presidente Aznar llamó personalmente a los directores de los principales diarios de España para asegurarles que ETA era responsable de los atentados. Ante la contundencia del mandatario, Jesús Ceberio, el director del prestigiado diario El País, cambió el encabezado de su edición especial de "Matanza terrorista en Madrid", a "Matanza de ETA en Madrid". Mientras tanto, funcionarios del gobierno se dedicaban a llamar a los corresponsales extranjeros acreditados en España para insistir en el mismo mensaje: "Fue ETA".
Ocho: no sacrificarás la cooperación internacional en aras de controlar el mensaje. La cooperación internacional es indispensable para prevenir y responder en mejores condiciones a un atentado terrorista. Sin embargo, el gobierno español rechazó, sin mayores explicaciones, la ayuda ofrecida por Estados Unidos e Israel para identificar a las víctimas.
Nueve: harás del manejo de crisis una responsabilidad prioritaria de gobierno. En un mundo que cambia a gran velocidad, los peligros para la seguridad de cualquier país se multiplican constantemente. La forma en la que se condujo el gobierno del todavía Presidente Aznar debe convertirse en un estudio de caso sobre lo que no se debe hacer en situaciones de emergencia.
Diez: no engañarás a una ciudadanía informada. En una democracia plena, los gobiernos no pueden pretender que saben más que los ciudadanos. Vivimos en la era de la democracia informativa, y el gobierno que intente manipular flagrantemente la realidad lo hace bajo su propio riesgo.
Para México, el peligro de que nuestro país sea utilizado como plataforma para lanzar ataques contra Estados Unidos, o como puente para que grupos terroristas ingresen a territorio estadounidense, es real.
La porosidad de nuestras fronteras norte y sur, de nuestras costas y de nuestros aeropuertos representa un riesgo muy grande, para nuestro vecino y para nosotros. Ojalá nuestros políticos no olviden estos "10 mandamientos"... por su propio bien.
Petro-Estado
Javier Treviño Cantú
El Norte
18 de marzo de 2004
El editor de la revista Foreign Policy, Moisés Naim, enumeraba hace poco las características que distinguen a un "petro-Estado". Por supuesto, además de una gran cantidad de petróleo, los países que entran en esta categoría por lo general cuentan con instituciones de gobierno débiles, un sector público poco eficiente y una elevada concentración del poder y la riqueza.
Además, los petro-Estados enfrentan dificultades para generar empleos, su base fiscal es muy frágil y el "centro gravitacional" de su vida política gira en torno a las disputas por el control de los ingresos petroleros. Naim se refería en su artículo al caso específico de Rusia (The New York Times, "If Geology is Destiny, Then Russia is in Trouble", 4/12/03), pero las coincidencias con México son evidentes.
A diez años de haber entrado en vigor el TLC con Estados Unidos y Canadá, en muchos sentidos México sigue siendo un país petrolizado. Es cierto que ahora la gran mayoría de nuestras exportaciones son manufacturas. Sin embargo, las finanzas públicas siguen dependiendo demasiado de los impuestos y recursos que aporta Pemex.
Las transferencias de la compañía petrolera al Gobierno representan un 40 por ciento de los recursos presupuestales, al pasar de 293 mil millones de pesos en 2002 a 382 mil millones el año pasado. Esto es más del 60 por ciento de sus ventas totales. Como ha venido ocurriendo desde hace décadas, esta situación sigue afectando su capacidad de invertir en su propio desarrollo. Por ello, Pemex es una empresa cada vez más endeudada: al cierre de 2003, su deuda total superaba los 37 mil millones de dólares, un aumento superior al 30 por ciento en sólo un año.
La industria petrolera es una de las más globalizadas, y si Pemex va a estar en condiciones de contribuir al avance de nuestro país, tiene que encontrar las respuestas que le permitan ser más eficiente. Por lo pronto, el año pasado, los recursos invertidos en exploración permitieron revertir la tendencia a la baja de nuestras reservas petroleras. Éstas crecieron 26 por ciento y, a finales de 2003, el total de reservas probadas llegó a casi 19 mil millones de barriles.
En 2003, Pemex produjo una cifra récord de 3.37 millones de barriles al día, y tiene como meta alcanzar los 4 millones en el 2006. De acuerdo con los cálculos de algunos analistas, esto significa que la relación de reservas contra producción es de apenas poco menos de 12 años. Para entonces, la producción petrolera global probablemente alcanzará su nivel máximo, y luego empezará a declinar hasta agotarse irremediablemente.
A principios de enero, el ex Ministro de Medio Ambiente de la Gran Bretaña, Michael Meacher, señalaba que la producción total de petróleo puede llegar a un tope de 90 millones de barriles por día en 2015. A pesar de que todo el mundo depende de los hidrocarburos, hasta la fecha no existe ninguna fuente de energía alternativa que pueda sustituirlos. Para Meacher la conclusión es clara: "Si no planeamos inmediatamente el cambio a una fuente de energía renovable, la civilización enfrentará la dislocación más aguda y quizás violenta en su historia reciente" (Financial Times, "Plan for a world without oil", 4/01/04).
Actualmente, el mercado petrolero global ya está experimentando una gran turbulencia, sobre todo por el crecimiento acelerado de la demanda en China. En 2003, el gigante asiático sobrepasó a Japón como el segundo consumidor de petróleo, con 5.46 millones de barriles por día, y se espera que este año la cifra aumente a 6 millones. El único país que lo supera es Estados Unidos, que consume la módica cantidad de 20 millones de barriles diarios.
China está impulsando una política muy agresiva para acercarse a países productores tan importantes como Arabia Saudita, lo que ha generado inquietud en ciertos círculos de Estados Unidos. Esto se debe a que el país vecino depende cada vez más de las importaciones para satisfacer su propia demanda. En 1980, éstas representaban 37 por ciento de su consumo total; en 1990, la cifra se había incrementado a 42 por ciento y en 2002 llegó a 54 por ciento. Según el Departamento de Energía, para el 2025, las importaciones pueden llegar a 70 por ciento del consumo total.
De ahí la importancia estratégica de México para Estados Unidos. Junto con Canadá y Arabia Saudita, México es uno de sus principales proveedores de crudo, y por esta razón la cooperación sobre energía se ha consolidado como uno de los principales puntos de la agenda bilateral. Muchos analistas han señalado que Canadá, Estados Unidos y México son cada vez más interdependientes en materia energética, y que se deben explorar nuevos mecanismos para que los tres países se beneficien de un esquema integral.
Sin embargo, en el ambiente político que vivimos, parecería que estos temas no importan demasiado. El domingo pasado en Los Cabos, ante los miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa, el Presidente de México dijo: "Para todas, para todos los mexicanos, mi Gobierno es una casa de puertas abiertas, una caja de cristal; somos un poder sin secretos ni ocultamientos. Los tres órdenes de Gobierno, los tres Poderes de la Unión, las entidades federativas, las organizaciones de la sociedad civil; todas y todos los mexicanos tenemos el deber de asegurar la permanencia de este clima de transparencia y libertades que hoy vivimos".
No cabe duda de que por buenas intenciones no paramos. Pero por más discursos sobre transparencia y espíritu cristalino que se repitan, si el Gobierno no hace su tarea y avanza con las reformas estructurales pendientes, la "caja de cristal" del Presidente Fox sólo dejará ver la ruidosa, oxidada y dependiente maquinaria de un verdadero petro-Estado.
El Norte
18 de marzo de 2004
El editor de la revista Foreign Policy, Moisés Naim, enumeraba hace poco las características que distinguen a un "petro-Estado". Por supuesto, además de una gran cantidad de petróleo, los países que entran en esta categoría por lo general cuentan con instituciones de gobierno débiles, un sector público poco eficiente y una elevada concentración del poder y la riqueza.
Además, los petro-Estados enfrentan dificultades para generar empleos, su base fiscal es muy frágil y el "centro gravitacional" de su vida política gira en torno a las disputas por el control de los ingresos petroleros. Naim se refería en su artículo al caso específico de Rusia (The New York Times, "If Geology is Destiny, Then Russia is in Trouble", 4/12/03), pero las coincidencias con México son evidentes.
A diez años de haber entrado en vigor el TLC con Estados Unidos y Canadá, en muchos sentidos México sigue siendo un país petrolizado. Es cierto que ahora la gran mayoría de nuestras exportaciones son manufacturas. Sin embargo, las finanzas públicas siguen dependiendo demasiado de los impuestos y recursos que aporta Pemex.
Las transferencias de la compañía petrolera al Gobierno representan un 40 por ciento de los recursos presupuestales, al pasar de 293 mil millones de pesos en 2002 a 382 mil millones el año pasado. Esto es más del 60 por ciento de sus ventas totales. Como ha venido ocurriendo desde hace décadas, esta situación sigue afectando su capacidad de invertir en su propio desarrollo. Por ello, Pemex es una empresa cada vez más endeudada: al cierre de 2003, su deuda total superaba los 37 mil millones de dólares, un aumento superior al 30 por ciento en sólo un año.
La industria petrolera es una de las más globalizadas, y si Pemex va a estar en condiciones de contribuir al avance de nuestro país, tiene que encontrar las respuestas que le permitan ser más eficiente. Por lo pronto, el año pasado, los recursos invertidos en exploración permitieron revertir la tendencia a la baja de nuestras reservas petroleras. Éstas crecieron 26 por ciento y, a finales de 2003, el total de reservas probadas llegó a casi 19 mil millones de barriles.
En 2003, Pemex produjo una cifra récord de 3.37 millones de barriles al día, y tiene como meta alcanzar los 4 millones en el 2006. De acuerdo con los cálculos de algunos analistas, esto significa que la relación de reservas contra producción es de apenas poco menos de 12 años. Para entonces, la producción petrolera global probablemente alcanzará su nivel máximo, y luego empezará a declinar hasta agotarse irremediablemente.
A principios de enero, el ex Ministro de Medio Ambiente de la Gran Bretaña, Michael Meacher, señalaba que la producción total de petróleo puede llegar a un tope de 90 millones de barriles por día en 2015. A pesar de que todo el mundo depende de los hidrocarburos, hasta la fecha no existe ninguna fuente de energía alternativa que pueda sustituirlos. Para Meacher la conclusión es clara: "Si no planeamos inmediatamente el cambio a una fuente de energía renovable, la civilización enfrentará la dislocación más aguda y quizás violenta en su historia reciente" (Financial Times, "Plan for a world without oil", 4/01/04).
Actualmente, el mercado petrolero global ya está experimentando una gran turbulencia, sobre todo por el crecimiento acelerado de la demanda en China. En 2003, el gigante asiático sobrepasó a Japón como el segundo consumidor de petróleo, con 5.46 millones de barriles por día, y se espera que este año la cifra aumente a 6 millones. El único país que lo supera es Estados Unidos, que consume la módica cantidad de 20 millones de barriles diarios.
China está impulsando una política muy agresiva para acercarse a países productores tan importantes como Arabia Saudita, lo que ha generado inquietud en ciertos círculos de Estados Unidos. Esto se debe a que el país vecino depende cada vez más de las importaciones para satisfacer su propia demanda. En 1980, éstas representaban 37 por ciento de su consumo total; en 1990, la cifra se había incrementado a 42 por ciento y en 2002 llegó a 54 por ciento. Según el Departamento de Energía, para el 2025, las importaciones pueden llegar a 70 por ciento del consumo total.
De ahí la importancia estratégica de México para Estados Unidos. Junto con Canadá y Arabia Saudita, México es uno de sus principales proveedores de crudo, y por esta razón la cooperación sobre energía se ha consolidado como uno de los principales puntos de la agenda bilateral. Muchos analistas han señalado que Canadá, Estados Unidos y México son cada vez más interdependientes en materia energética, y que se deben explorar nuevos mecanismos para que los tres países se beneficien de un esquema integral.
Sin embargo, en el ambiente político que vivimos, parecería que estos temas no importan demasiado. El domingo pasado en Los Cabos, ante los miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa, el Presidente de México dijo: "Para todas, para todos los mexicanos, mi Gobierno es una casa de puertas abiertas, una caja de cristal; somos un poder sin secretos ni ocultamientos. Los tres órdenes de Gobierno, los tres Poderes de la Unión, las entidades federativas, las organizaciones de la sociedad civil; todas y todos los mexicanos tenemos el deber de asegurar la permanencia de este clima de transparencia y libertades que hoy vivimos".
No cabe duda de que por buenas intenciones no paramos. Pero por más discursos sobre transparencia y espíritu cristalino que se repitan, si el Gobierno no hace su tarea y avanza con las reformas estructurales pendientes, la "caja de cristal" del Presidente Fox sólo dejará ver la ruidosa, oxidada y dependiente maquinaria de un verdadero petro-Estado.
Sunday, May 22, 2005
Camino a Crawford
Javier Treviño Cantú
El Norte
4 de Marzo de 2004
El Presidente de México viajará a Texas para ver al Presidente Bush este fin de semana. Fox llegará al Rancho Crawford a unos días de haberse definido la candidatura demócrata a la Presidencia. Después de las elecciones primarias en 10 estados el pasado "súper martes", el Senador John F. Kerry tiene asegurada la nominación. El Presidente George W. Bush inicia el día de hoy su propia campaña con los primeros anuncios en televisión. Y, para hacer más interesante la competencia, la atención también estará puesta en Ralph Nader, el candidato incómodo que tanto le costó a Al Gore en la elección del 2000.
El competidor más cercano de Kerry, el Senador John Edwards, finalmente no logró despegar y ayer anunció que se retira de la contienda. Pero el camino todavía es cuesta arriba para el demócrata. Según la encuesta más reciente del diario USA Today, CNN y Gallup, Kerry obtendría 55 por ciento de los votos y Bush 43 por ciento. Sin embargo, la última vez que un Senador logró ganar la Presidencia fue en 1960, y sus iniciales eran las mismas del actual candidato: JFK.
El Senador por Massachusetts enfrenta dos grandes obstáculos. Primero, que se parece mucho a la inelegible caricatura política del clásico liberal del noreste, y segundo, los casi 6 mil votos que ha emitido durante su carrera de 19 años como legislador. Estos serán usados por su oponente para presentarlo como un político contradictorio, a favor de una postura y luego en contra; en suma, como alguien "poco confiable".
Kerry cuenta con varios factores a su favor, incluyendo que es un héroe de la guerra de Vietnam. Esto puede ser determinante para superar el debate en torno a su capacidad para conducir a Estados Unidos en la guerra global contra el terrorismo. Su estrategia: definir la contienda como una opción entre los valores tradicionales de los estadounidenses y el "extremismo" de la actual administración Bush.
Por su parte, el Presidente Bush ya ha definido a la elección como la opción entre la seguridad que ofrece su liderazgo y el peligro que representa alguien en quien no se puede confiar por sus posturas ambivalentes. Esta estrategia pone gran énfasis en un aspecto que ha sido clave para sus anteriores éxitos políticos: su credibilidad.
En la edición del pasado 16 de febrero, la revista Time preguntaba en su portada si el Presidente Bush enfrentaba una "brecha" en este sentido. En gran medida, esto se debe a que la operación política desde la Casa Blanca no ha estado funcionando bien durante las últimas semanas.
De hecho, Bush enfrenta una especie de "revuelta" entre su base electoral. Iniciativas como el programa espacial para poner un hombre en Marte generaron dudas sobre su sintonía con las preocupaciones del ciudadano común. El déficit fiscal, que este año puede alcanzar los 478 mil millones de dólares, y la ley que firmó en diciembre para que los ciudadanos de la "tercera edad" tengan acceso a medicamentos subsidiados, con un costo calculado en otros 400 mil millones de dólares, dividieron a los conservadores.
La gota que aparentemente derramó el vaso fue la propuesta de reforma migratoria. Para muchos conservadores, la iniciativa del Presidente Bush es sinónimo de amnistía. La reacción entre la mayoría de los republicanos ha sido tan negativa, que prácticamente nadie considera que la Casa Blanca presentará su plan migratorio ante el Congreso este año.
Por una parte, esto ha hecho que el Presidente Bush busque afianzar la relación con la base, como lo refleja su propuesta de reformar la Constitución para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por la otra, parece haberlo forzado a adelantar los tiempos de su propia campaña electoral. Hoy jueves comienzan a transmitirse los primeros anuncios a través de la televisión por cable.
En una estrategia sin precedente, se calcula que la oficina de campaña de Bush ha gastado unos 4.5 millones de dólares para comprar tiempo en canales de noticias como Fox, CNN, MSNBC y CNBC, junto con espacios en canales de deportes como Fox Sports, ESPN y el Golf Channel.
Además, la estrategia también incluye una atención muy especial para el segmento electoral de más rápido crecimiento en Estados Unidos: el hispano. Mientras, en México, el politólogo Samuel Huntington ha desencadenado reacciones de todo tipo al considerar que los ciudadanos estadounidenses que hablan español son una amenaza para su país, los políticos estadounidenses de ambos partidos los ven como un codiciado trofeo electoral. Por ello, la semana próxima comenzarán a transmitirse anuncios en español por las cadenas Univisión y Telemundo en estados como Florida, Arizona, Nuevo México y Nevada.
Pero la contienda sería relativamente aburrida sin un tercero en discordia. Al igual que en el 2000, Ralph Nader, el defensor de los derechos de los consumidores, anunció que se sumaba a la carrera como candidato independiente. Esto ha causado mucho temor entre los demócratas, ya que consideran que en la pasada elección esto costó varios estados a Al Gore, como Florida, y con ellos, la Presidencia. Ante la posibilidad de que esta elección de nuevo tenga un final de fotografía, los votos para Nader literalmente pueden hacer toda la diferencia del mundo.
Sin reformas estructurales, nuestra economía depende enormemente de lo que ocurra en Estados Unidos. La insistencia en alcanzar un acuerdo migratorio probablemente será atendida en Crawford con diplomáticas sonrisas y una buena foto, pero no se debe esperar mucho más de lo que ya está sobre la mesa.
El verdadero juego por la Presidencia de Estados Unidos apenas comienza, y ojalá que la visita al rancho texano no se interprete como el apoyo abierto a uno de los candidatos. Los estadounidenses empiezan a pensar en serio en la elección hasta después del primer lunes de septiembre, cuando se celebra el "Labor Day". Mientras tanto, todavía pueden pasar muchas cosas... en los dos países.
El Norte
4 de Marzo de 2004
El Presidente de México viajará a Texas para ver al Presidente Bush este fin de semana. Fox llegará al Rancho Crawford a unos días de haberse definido la candidatura demócrata a la Presidencia. Después de las elecciones primarias en 10 estados el pasado "súper martes", el Senador John F. Kerry tiene asegurada la nominación. El Presidente George W. Bush inicia el día de hoy su propia campaña con los primeros anuncios en televisión. Y, para hacer más interesante la competencia, la atención también estará puesta en Ralph Nader, el candidato incómodo que tanto le costó a Al Gore en la elección del 2000.
El competidor más cercano de Kerry, el Senador John Edwards, finalmente no logró despegar y ayer anunció que se retira de la contienda. Pero el camino todavía es cuesta arriba para el demócrata. Según la encuesta más reciente del diario USA Today, CNN y Gallup, Kerry obtendría 55 por ciento de los votos y Bush 43 por ciento. Sin embargo, la última vez que un Senador logró ganar la Presidencia fue en 1960, y sus iniciales eran las mismas del actual candidato: JFK.
El Senador por Massachusetts enfrenta dos grandes obstáculos. Primero, que se parece mucho a la inelegible caricatura política del clásico liberal del noreste, y segundo, los casi 6 mil votos que ha emitido durante su carrera de 19 años como legislador. Estos serán usados por su oponente para presentarlo como un político contradictorio, a favor de una postura y luego en contra; en suma, como alguien "poco confiable".
Kerry cuenta con varios factores a su favor, incluyendo que es un héroe de la guerra de Vietnam. Esto puede ser determinante para superar el debate en torno a su capacidad para conducir a Estados Unidos en la guerra global contra el terrorismo. Su estrategia: definir la contienda como una opción entre los valores tradicionales de los estadounidenses y el "extremismo" de la actual administración Bush.
Por su parte, el Presidente Bush ya ha definido a la elección como la opción entre la seguridad que ofrece su liderazgo y el peligro que representa alguien en quien no se puede confiar por sus posturas ambivalentes. Esta estrategia pone gran énfasis en un aspecto que ha sido clave para sus anteriores éxitos políticos: su credibilidad.
En la edición del pasado 16 de febrero, la revista Time preguntaba en su portada si el Presidente Bush enfrentaba una "brecha" en este sentido. En gran medida, esto se debe a que la operación política desde la Casa Blanca no ha estado funcionando bien durante las últimas semanas.
De hecho, Bush enfrenta una especie de "revuelta" entre su base electoral. Iniciativas como el programa espacial para poner un hombre en Marte generaron dudas sobre su sintonía con las preocupaciones del ciudadano común. El déficit fiscal, que este año puede alcanzar los 478 mil millones de dólares, y la ley que firmó en diciembre para que los ciudadanos de la "tercera edad" tengan acceso a medicamentos subsidiados, con un costo calculado en otros 400 mil millones de dólares, dividieron a los conservadores.
La gota que aparentemente derramó el vaso fue la propuesta de reforma migratoria. Para muchos conservadores, la iniciativa del Presidente Bush es sinónimo de amnistía. La reacción entre la mayoría de los republicanos ha sido tan negativa, que prácticamente nadie considera que la Casa Blanca presentará su plan migratorio ante el Congreso este año.
Por una parte, esto ha hecho que el Presidente Bush busque afianzar la relación con la base, como lo refleja su propuesta de reformar la Constitución para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por la otra, parece haberlo forzado a adelantar los tiempos de su propia campaña electoral. Hoy jueves comienzan a transmitirse los primeros anuncios a través de la televisión por cable.
En una estrategia sin precedente, se calcula que la oficina de campaña de Bush ha gastado unos 4.5 millones de dólares para comprar tiempo en canales de noticias como Fox, CNN, MSNBC y CNBC, junto con espacios en canales de deportes como Fox Sports, ESPN y el Golf Channel.
Además, la estrategia también incluye una atención muy especial para el segmento electoral de más rápido crecimiento en Estados Unidos: el hispano. Mientras, en México, el politólogo Samuel Huntington ha desencadenado reacciones de todo tipo al considerar que los ciudadanos estadounidenses que hablan español son una amenaza para su país, los políticos estadounidenses de ambos partidos los ven como un codiciado trofeo electoral. Por ello, la semana próxima comenzarán a transmitirse anuncios en español por las cadenas Univisión y Telemundo en estados como Florida, Arizona, Nuevo México y Nevada.
Pero la contienda sería relativamente aburrida sin un tercero en discordia. Al igual que en el 2000, Ralph Nader, el defensor de los derechos de los consumidores, anunció que se sumaba a la carrera como candidato independiente. Esto ha causado mucho temor entre los demócratas, ya que consideran que en la pasada elección esto costó varios estados a Al Gore, como Florida, y con ellos, la Presidencia. Ante la posibilidad de que esta elección de nuevo tenga un final de fotografía, los votos para Nader literalmente pueden hacer toda la diferencia del mundo.
Sin reformas estructurales, nuestra economía depende enormemente de lo que ocurra en Estados Unidos. La insistencia en alcanzar un acuerdo migratorio probablemente será atendida en Crawford con diplomáticas sonrisas y una buena foto, pero no se debe esperar mucho más de lo que ya está sobre la mesa.
El verdadero juego por la Presidencia de Estados Unidos apenas comienza, y ojalá que la visita al rancho texano no se interprete como el apoyo abierto a uno de los candidatos. Los estadounidenses empiezan a pensar en serio en la elección hasta después del primer lunes de septiembre, cuando se celebra el "Labor Day". Mientras tanto, todavía pueden pasar muchas cosas... en los dos países.
Mala imagen
Javier Treviño Cantú
El Norte
19 de febrero de 2004
La imagen de México en la televisión de Estados Unidos está evolucionando. Antes, nuestro país nada más era cuna de narcotraficantes; ahora, somos la plataforma desde donde éstos lanzan ataques bioterroristas contra nuestros vecinos del norte.
En enero de 1990 la NBC transmitió la miniserie "Drug Wars", la historia del agente de la DEA Enrique Camarena. El año pasado, la misma cadena de televisión presentó "Kingpin", otra miniserie en donde un mexicano educado en la prestigiada Universidad de Princeton controlaba el narcotráfico en ambos lados de la frontera. Pasaron 15 años y las cosas cambiaron muy poco. Las constantes imágenes de la bandera nacional en las oficinas de senadores, generales y jefes policiacos corruptos no dejaban lugar a dudas: en México las autoridades son parte del problema, no de la solución.
Si bien después del 11 de septiembre del 2001 el narcotráfico ya no es el mayor peligro, nuestro país sigue siendo su base de operaciones y ahora los capos cuentan con recursos cada vez más sofisticados. El lunes pasado, la versión para América Latina de la cadena Fox comenzó a transmitir la nueva temporada de su exitosa serie "24", en donde un agente antiterrorista combate durante un día alguna amenaza para su país. Esta vez, se trata de un ataque bioterrorista lanzado desde México contra el área de Los Angeles, para rescatar a un narcotraficante que había sido aprehendido por el héroe de la serie televisiva.
Esta percepción que se tiene de nuestro país, como un peligro para Estados Unidos, se viene a sumar al impacto negativo que causó la oposición del Gobierno mexicano a la guerra unilateral contra Iraq. Y por si esto fuera poco, ahora se suma también la afrenta que recibieron los jugadores estadounidenses de la selección de futbol Sub 23. Durante el partido entre México y Estados Unidos en el reciente torneo eliminatorio para los Juegos Olímpicos de Atenas que se realizó en Guadalajara, algunos seguidores de la selección mexicana corearon el nombre de Osama bin Laden, lo cual ha causado todo tipo de reacciones.
Bill O'Reilly, conductor del programa "El Factor O'Reilly", que se transmite en el canal de noticias Fox News, sugirió que los estadounidenses deberían realizar un boicot turístico contra nuestro país, mientras que Tom Tancredo, Representante Republicano por el estado de Colorado, ha pedido que el gobierno mexicano se disculpe formalmente.
Pero no sólo en la televisión de Estados Unidos tenemos una mala imagen. A finales del año pasado, The New York Times publicó un editorial cuyo encabezado lo dice todo: "México a la deriva". En la edición de enero/febrero de la revista Foreign Affairs, la "mexicanóloga" M. Delal Baer, quien lamentablemente acaba de fallecer víctima del cáncer, señalaba que si bien México no parece estar al borde de una crisis, sí está en un atolladero político, económico y diplomático que le impide avanzar.
En la edición del 25 de enero de la revista dominical de The New York Times se publicó un amplio reportaje sobre las mujeres y niñas que son llevadas desde nuestro país a Estados Unidos para ser usadas como esclavas sexuales en ciudades como Nueva York, Los Angeles, Atlanta, Chicago y un largo etcétera. El artículo es verdaderamente impactante. Pero en México no recibió la más mínima atención, ni por parte de las autoridades ni de nuestros propios medios de comunicación.
En una prueba más de que la globalización borra los límites entre los asuntos internos y externos, el domingo pasado, los diarios de Estados Unidos le dieron una amplia cobertura a la marcha que encabezaron, en Ciudad Juárez, las actrices Jane Fonda, Sally Field y Christine Lahti, junto con Eve Ensler, la autora de "Los Monólogos de la Vagina", para protestar por los interminables asesinatos de mujeres en ese lugar.
Por suerte, la mala imagen de México en los medios de Estados Unidos no parece estar afectando la percepción de los mercados, que siguen viendo en la aparente "estabilidad" de nuestro país un signo positivo. El nuevo índice publicado por The Economist Intelligence Unit incluso considera que el riesgo de invertir en México disminuyó ligeramente con respecto al año pasado, ubicándose en alrededor de los 45 puntos, en una escala del 0 al 100. De igual forma, la firma de análisis World Markets Research Centre considera que el riego que representa hacer negocios en nuestro país ha bajado desde 1998, al pasar de 2.80 a 2.50. En comparación, el nivel de riesgo de Brasil es mayor, con 2.75, mientras que el de Chile es de 2.0.
Si en efecto la convergencia es inevitable, y México y Estados Unidos van a trabajar juntos para resolver su retos comunes, es indispensable superar primero los prejuicios y las percepciones distorsionadas. La semana próxima, la revista Letras Libres y el Mexico Institute del Woodrow Wilson Center organizarán una importante conferencia en Washington justamente sobre este tema. Esperemos que nos ayude a entendernos mejor.
El Norte
19 de febrero de 2004
La imagen de México en la televisión de Estados Unidos está evolucionando. Antes, nuestro país nada más era cuna de narcotraficantes; ahora, somos la plataforma desde donde éstos lanzan ataques bioterroristas contra nuestros vecinos del norte.
En enero de 1990 la NBC transmitió la miniserie "Drug Wars", la historia del agente de la DEA Enrique Camarena. El año pasado, la misma cadena de televisión presentó "Kingpin", otra miniserie en donde un mexicano educado en la prestigiada Universidad de Princeton controlaba el narcotráfico en ambos lados de la frontera. Pasaron 15 años y las cosas cambiaron muy poco. Las constantes imágenes de la bandera nacional en las oficinas de senadores, generales y jefes policiacos corruptos no dejaban lugar a dudas: en México las autoridades son parte del problema, no de la solución.
Si bien después del 11 de septiembre del 2001 el narcotráfico ya no es el mayor peligro, nuestro país sigue siendo su base de operaciones y ahora los capos cuentan con recursos cada vez más sofisticados. El lunes pasado, la versión para América Latina de la cadena Fox comenzó a transmitir la nueva temporada de su exitosa serie "24", en donde un agente antiterrorista combate durante un día alguna amenaza para su país. Esta vez, se trata de un ataque bioterrorista lanzado desde México contra el área de Los Angeles, para rescatar a un narcotraficante que había sido aprehendido por el héroe de la serie televisiva.
Esta percepción que se tiene de nuestro país, como un peligro para Estados Unidos, se viene a sumar al impacto negativo que causó la oposición del Gobierno mexicano a la guerra unilateral contra Iraq. Y por si esto fuera poco, ahora se suma también la afrenta que recibieron los jugadores estadounidenses de la selección de futbol Sub 23. Durante el partido entre México y Estados Unidos en el reciente torneo eliminatorio para los Juegos Olímpicos de Atenas que se realizó en Guadalajara, algunos seguidores de la selección mexicana corearon el nombre de Osama bin Laden, lo cual ha causado todo tipo de reacciones.
Bill O'Reilly, conductor del programa "El Factor O'Reilly", que se transmite en el canal de noticias Fox News, sugirió que los estadounidenses deberían realizar un boicot turístico contra nuestro país, mientras que Tom Tancredo, Representante Republicano por el estado de Colorado, ha pedido que el gobierno mexicano se disculpe formalmente.
Pero no sólo en la televisión de Estados Unidos tenemos una mala imagen. A finales del año pasado, The New York Times publicó un editorial cuyo encabezado lo dice todo: "México a la deriva". En la edición de enero/febrero de la revista Foreign Affairs, la "mexicanóloga" M. Delal Baer, quien lamentablemente acaba de fallecer víctima del cáncer, señalaba que si bien México no parece estar al borde de una crisis, sí está en un atolladero político, económico y diplomático que le impide avanzar.
En la edición del 25 de enero de la revista dominical de The New York Times se publicó un amplio reportaje sobre las mujeres y niñas que son llevadas desde nuestro país a Estados Unidos para ser usadas como esclavas sexuales en ciudades como Nueva York, Los Angeles, Atlanta, Chicago y un largo etcétera. El artículo es verdaderamente impactante. Pero en México no recibió la más mínima atención, ni por parte de las autoridades ni de nuestros propios medios de comunicación.
En una prueba más de que la globalización borra los límites entre los asuntos internos y externos, el domingo pasado, los diarios de Estados Unidos le dieron una amplia cobertura a la marcha que encabezaron, en Ciudad Juárez, las actrices Jane Fonda, Sally Field y Christine Lahti, junto con Eve Ensler, la autora de "Los Monólogos de la Vagina", para protestar por los interminables asesinatos de mujeres en ese lugar.
Por suerte, la mala imagen de México en los medios de Estados Unidos no parece estar afectando la percepción de los mercados, que siguen viendo en la aparente "estabilidad" de nuestro país un signo positivo. El nuevo índice publicado por The Economist Intelligence Unit incluso considera que el riesgo de invertir en México disminuyó ligeramente con respecto al año pasado, ubicándose en alrededor de los 45 puntos, en una escala del 0 al 100. De igual forma, la firma de análisis World Markets Research Centre considera que el riego que representa hacer negocios en nuestro país ha bajado desde 1998, al pasar de 2.80 a 2.50. En comparación, el nivel de riesgo de Brasil es mayor, con 2.75, mientras que el de Chile es de 2.0.
Si en efecto la convergencia es inevitable, y México y Estados Unidos van a trabajar juntos para resolver su retos comunes, es indispensable superar primero los prejuicios y las percepciones distorsionadas. La semana próxima, la revista Letras Libres y el Mexico Institute del Woodrow Wilson Center organizarán una importante conferencia en Washington justamente sobre este tema. Esperemos que nos ayude a entendernos mejor.
Reforma migratoria
Javier Treviño Cantú
El Norte
5 de febrero de 2004
La propuesta que hiciera el Presidente George W. Bush, a principios de año, de promover una reforma migratoria ante el Congreso de su país, ha generado una gran controversia. Esta es una buena noticia, ya que se requiere una discusión seria y a fondo del tema para que se logre obtener el mejor acuerdo posible.
La necesidad de un nuevo marco que regule los flujos migratorios, no sólo hacia los Estados Unidos sino a escala mundial, es uno de los grandes pendientes de la globalización. Como señalara en octubre del año pasado el reconocido economista de la Universidad de Columbia Jagdish Bhagwati, en un artículo publicado en el Financial Times, actualmente la migración ilegal y legal de trabajadores de países en proceso de desarrollo hacia las economías ricas ha puesto en evidencia un "hueco en la arquitectura institucional internacional".
El tema de la movilidad laboral no ha sido incluido en los acuerdos bilaterales, regionales y multilaterales de libre comercio, y no existe una "Organización Mundial de Migración" que, al menos, busque dar el mínimo orden a una realidad que parece estar destinada a crecer por las tendencias demográficas globales.
Según proyecciones discutidas en el Foro Económico Mundial de Davos, se espera que la población mundial crezca durante los próximos 50 años poco menos de un 50 por ciento, para alcanzar una cifra cercana a los nueve mil millones de personas. La mayor parte de este incremento ocurrirá en países en desarrollo: la población de la India crecería casi en 500 millones de personas y la de Nigeria se duplicaría, para llegar a unos 258 millones. Pero, sobre todo, el cambio se reflejará en la edad de estas poblaciones, en donde habrá menos niños y jóvenes, y más personas en edad de trabajar.
Es lo que aquí en México se ha llamado el "bono demográfico". Según datos del Consejo Nacional de Población, la población económicamente activa, que actualmente es de unos 42 millones de trabajadores, ascenderá a unos 55 millones en 2010 y a 64 millones en 2020. Esto representaría un "bono" si el país contara con la capacidad de generar empleos bien remunerados. Pero todo parece indicar que esto no será así. Las opciones, entonces, serían dos: integrarse a una economía informal cada vez más acotada por las autoridades fiscales del país, o emigrar a los Estados Unidos.
Sin embargo, esta "válvula de seguridad nacional" para México está en proceso de cerrarse, ante la preocupación central del gobierno estadounidense de reforzar su propia seguridad interna. Es en este contexto que se enmarca la propuesta del Presidente Bush, así como otras iniciativas presentadas por congresistas, que buscan dos cosas fundamentales: primero, tener un mayor conocimiento y un control más eficaz sobre toda la gente que vive y trabaja en Estados Unidos; y segundo, tener una mayor capacidad de regular sus porosas fronteras.
Curiosamente, la iniciativa presentada por el Presidente Bush en realidad no es nueva. En un estudio sobre "Globalizaciones Posibles" publicado en julio del 2002, el profesor de la Universidad de Harvard Dani Rodrick señalaba que, ante los límites para alcanzar una integración económica global más profunda, habría que considerar alternativas que permitieran impulsar un desarrollo más equilibrado. Una opción sería un "esquema de visas negociado a nivel multilateral que permitiera la entrada temporal de más trabajadores calificados y no-calificados de naciones en proceso de desarrollo a las naciones avanzadas".
De acuerdo con Rodrik, un esquema de visas temporales que diera acceso al mercado laboral de países ricos, y que incluyera incentivos para que los trabajadores regresaran a sus países de origen después de un periodo de entre 3 y 5 años, "fácilmente podría generar 200 mil millones de dólares al año para los ciudadanos de los países en desarrollo".
Como se puede observar, la propuesta del Presidente Bush es muy parecida, ya que entre sus principales aspectos destacan la temporalidad de los permisos para trabajar, de tres años renovables por una sola vez, y el énfasis en promover incentivos para que los trabajadores regresen a casa, en lugar de quedarse en Estados Unidos para buscar la ciudadanía.
Este es el punto que ha generado más controversia. Según la Encuesta Nacional de Latinos de 2002 del Pew Hispanic Center, 59 por ciento de la población total y 71 por ciento de los latinos en Estados Unidos estarían a favor de un programa de trabajadores que incluyera la obligación de regresar a su país después de un tiempo determinado. Sin embargo, para algunas de las principales organizaciones hispanas, como la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos, LULAC, uno de los temas que más les interesa es precisamente una reforma migratoria que "recompense la contribución de los trabajadores hispanos a la economía estadounidense con la ciudadanía" (The New York Times, "The Hispanic Vote: A Vital Bloc, Realizing Its Power, Measures Its Suitors", 2/02/04).
En el marco de la lucha electoral que se desarrollará este año, parece difícil que se logre concretar una reforma migratoria en Estados Unidos que deje contentos a todos. Sin embargo, la propuesta del Presidente Bush está generando una sana y muy intensa discusión sobre este tema. Pronto se iniciarán las audiencias de análisis en el Congreso de los Estados Unidos.
Para México, esto abre una ventana para promover nuestros intereses mediante acciones de gobierno eficaces. Sobre todo, representa una oportunidad que no debemos desaprovechar para dejar a un lado la retórica e influir en el sentido de la discusión con ideas prácticas y novedosas.
El Norte
5 de febrero de 2004
La propuesta que hiciera el Presidente George W. Bush, a principios de año, de promover una reforma migratoria ante el Congreso de su país, ha generado una gran controversia. Esta es una buena noticia, ya que se requiere una discusión seria y a fondo del tema para que se logre obtener el mejor acuerdo posible.
La necesidad de un nuevo marco que regule los flujos migratorios, no sólo hacia los Estados Unidos sino a escala mundial, es uno de los grandes pendientes de la globalización. Como señalara en octubre del año pasado el reconocido economista de la Universidad de Columbia Jagdish Bhagwati, en un artículo publicado en el Financial Times, actualmente la migración ilegal y legal de trabajadores de países en proceso de desarrollo hacia las economías ricas ha puesto en evidencia un "hueco en la arquitectura institucional internacional".
El tema de la movilidad laboral no ha sido incluido en los acuerdos bilaterales, regionales y multilaterales de libre comercio, y no existe una "Organización Mundial de Migración" que, al menos, busque dar el mínimo orden a una realidad que parece estar destinada a crecer por las tendencias demográficas globales.
Según proyecciones discutidas en el Foro Económico Mundial de Davos, se espera que la población mundial crezca durante los próximos 50 años poco menos de un 50 por ciento, para alcanzar una cifra cercana a los nueve mil millones de personas. La mayor parte de este incremento ocurrirá en países en desarrollo: la población de la India crecería casi en 500 millones de personas y la de Nigeria se duplicaría, para llegar a unos 258 millones. Pero, sobre todo, el cambio se reflejará en la edad de estas poblaciones, en donde habrá menos niños y jóvenes, y más personas en edad de trabajar.
Es lo que aquí en México se ha llamado el "bono demográfico". Según datos del Consejo Nacional de Población, la población económicamente activa, que actualmente es de unos 42 millones de trabajadores, ascenderá a unos 55 millones en 2010 y a 64 millones en 2020. Esto representaría un "bono" si el país contara con la capacidad de generar empleos bien remunerados. Pero todo parece indicar que esto no será así. Las opciones, entonces, serían dos: integrarse a una economía informal cada vez más acotada por las autoridades fiscales del país, o emigrar a los Estados Unidos.
Sin embargo, esta "válvula de seguridad nacional" para México está en proceso de cerrarse, ante la preocupación central del gobierno estadounidense de reforzar su propia seguridad interna. Es en este contexto que se enmarca la propuesta del Presidente Bush, así como otras iniciativas presentadas por congresistas, que buscan dos cosas fundamentales: primero, tener un mayor conocimiento y un control más eficaz sobre toda la gente que vive y trabaja en Estados Unidos; y segundo, tener una mayor capacidad de regular sus porosas fronteras.
Curiosamente, la iniciativa presentada por el Presidente Bush en realidad no es nueva. En un estudio sobre "Globalizaciones Posibles" publicado en julio del 2002, el profesor de la Universidad de Harvard Dani Rodrick señalaba que, ante los límites para alcanzar una integración económica global más profunda, habría que considerar alternativas que permitieran impulsar un desarrollo más equilibrado. Una opción sería un "esquema de visas negociado a nivel multilateral que permitiera la entrada temporal de más trabajadores calificados y no-calificados de naciones en proceso de desarrollo a las naciones avanzadas".
De acuerdo con Rodrik, un esquema de visas temporales que diera acceso al mercado laboral de países ricos, y que incluyera incentivos para que los trabajadores regresaran a sus países de origen después de un periodo de entre 3 y 5 años, "fácilmente podría generar 200 mil millones de dólares al año para los ciudadanos de los países en desarrollo".
Como se puede observar, la propuesta del Presidente Bush es muy parecida, ya que entre sus principales aspectos destacan la temporalidad de los permisos para trabajar, de tres años renovables por una sola vez, y el énfasis en promover incentivos para que los trabajadores regresen a casa, en lugar de quedarse en Estados Unidos para buscar la ciudadanía.
Este es el punto que ha generado más controversia. Según la Encuesta Nacional de Latinos de 2002 del Pew Hispanic Center, 59 por ciento de la población total y 71 por ciento de los latinos en Estados Unidos estarían a favor de un programa de trabajadores que incluyera la obligación de regresar a su país después de un tiempo determinado. Sin embargo, para algunas de las principales organizaciones hispanas, como la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos, LULAC, uno de los temas que más les interesa es precisamente una reforma migratoria que "recompense la contribución de los trabajadores hispanos a la economía estadounidense con la ciudadanía" (The New York Times, "The Hispanic Vote: A Vital Bloc, Realizing Its Power, Measures Its Suitors", 2/02/04).
En el marco de la lucha electoral que se desarrollará este año, parece difícil que se logre concretar una reforma migratoria en Estados Unidos que deje contentos a todos. Sin embargo, la propuesta del Presidente Bush está generando una sana y muy intensa discusión sobre este tema. Pronto se iniciarán las audiencias de análisis en el Congreso de los Estados Unidos.
Para México, esto abre una ventana para promover nuestros intereses mediante acciones de gobierno eficaces. Sobre todo, representa una oportunidad que no debemos desaprovechar para dejar a un lado la retórica e influir en el sentido de la discusión con ideas prácticas y novedosas.
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